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Scary Stories to Tell in the Dark tiene enormes torpezas narrativas... aún así, es una adaptación interesante de los libros de Alvin Schwartz.

“Las historias lastiman, las historias sanan”: ese es el principio de la adaptación de Scary Stories to Tell in the Dark de André Øvredal. El talentoso director noruego que nos trajo joyas como Trollhunter (2010) y The Autopsy of Jane Doe (2016) se dio a la tarea, con la complicidad de Guillermo del Toro, de llevar a la pantalla grande los hermosos libros de Alvin Schwartz ilustrados por Stephen Gommel. Es la misma idea que intentó hacer Sony, el año pasado, con la rarísima Goosebumps protagonizada por Jack Black. La diferencia aquí es que el material original -y los creadores que lo adaptan- son mucho más interesantes.

“Las historias lastiman, las historias sanan”. El dicho parece un mantra que nos recuerda el lugar de nuestras pasiones torcidas; lugar que se encuentra en los caminos narrativos cotidianos y en las historias extraordinarias. Con este dicho, sabemos que Scary Stories to Tell in the Dark es una cinta particularmente consciente de sí misma; una cinta que, frente a la violencia de nuestro mundo, se posiciona como una defensa del terror, de los monstruos y de las historias de miedo que contamos susurrando. Con el sello de Del Toro en una época políticamente convulsa, Scary Stories to Tell in the Dark trata de ser mucho más que una película de horror estadounidense. Y, por momentos, los logra.

Ésta es una cinta torpe, llena de errores inocentes y con una estructura francamente fallida. Sin embargo, muestra suficiente amor y respeto por el material original para lograr momentos memorables. Ésta es una interesante película de horror para niños y adolescentes que no podrá complacer a fans más radicales del género y que, ciertamente, no acabará por convencer a los millennials que crecieron leyendo a Schwartz, sin embargo, como introducción al horror para una nueva generación y como documento de un momento político, la película de Øvredal trasciende sus limitadas miras.

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La historia de las historias

Tal vez muchos pensaron que, para adaptar Scary Stories to Tell in the Dark era necesario hacer una película de antología. De hecho, ese formato (o el de una serie de capítulos cortos) se adecua mejor al texto original de Schwartz que una película de más de dos horas. Sin embargo, a Del Toro se le ocurrió otra cosa. A pesar de que nuestro superhéroe / director mexicano no escribió el guión, él planteó un marco narrativo general para introducir, en una trama coherente, algunas de las historias icónicas de Schwartz.

La idea de Scary Stories to Tell in the Dark está inspirada, entonces, más que en la narrativa fracturada de los libros originales, en la estructura de las películas de horror infantil de los años ochenta. Estoy pensando, por supuesto, en todo el entretenimiento de Spielberg con E.T. (que, entre toda la familiaridad, es una cinta cercana al horror), en The Goonies (1985) y en todas esas fórmulas replicadas hasta el cansancio en series como Stranger Things y películas como Super 8 (2011) y Summer of 84 (2018).

Está película se sitúa en Halloween de 1968: Nixon está a punto de ser elegido presidente, la guerra de Vietnam está en pleno apogeo y George A. Romero está estrenando la seminal Night of the Living Dead. Es una época complicada para la historia americana entre problemas de derechos civiles, paranoia anticomunista y el recelo de los sectores más conservadores ante la ola hippie y new wave. En medio de este contexto, un grupo de amigos quiere celebrar una noche de brujas distinta.

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Stella (Zoe Colletti), Auggie (Gabriel Rush) y Chuck (Austin Zajur) son los rechazados ñoños en la secundaria de un pequeño pueblo en Pennsylvania. Stella, en particular, es una niña callada y brillante que sueña con ser escritora de horror y que tiene tapizado su cuarto, como buena geek del tema, con pósters de monstruos de Universal y los varios rostros de Vincent Price. Juntos, planean una revancha en contra de Tommy (Austin Abrams), el bully escolar que siempre los golpea y humilla en Halloween. La revancha funciona, pero desencadena una persecución que los obliga a refugiarse en el auto del misterioso -y encantador- Ramón Morales (Michael Garza).

Para acabar Halloween en buena forma después de esta desagradable experiencia, el grupo decide explorar la tenebrosa casa embrujada del pueblo, junto al elusivo y apuesto joven que acaban de encontrar. Se trata de una vieja mansión en la que, se rumora, vive el fantasma de Sarah Bellows, la hija albina del viejo magnate del pueblo. Por ser diferente, Bellows fue encerrada durante años tras las paredes de la mansión familiar, condenada a contar cuento a los que se acercaban a hablar con ella a través de la pared. Sus historias eran terroríficas y, además, parecían provocar desapariciones misteriosas.

Ahora, después de que Stella descubre, en el cuarto secreto en el que vivía Sarah, un libro de historias espeluznantes, la vieja maldición reaparecerá en el pueblo.

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Las torpezas necias

En general, Scary Stories to Tell in the Dark funciona bastante bien como una cinta de horror para niños: es escalofriante sin ser necesariamente violenta, es desconcertante sin ser tener una temática compleja, es lo suficientemente sorprendente y lo suficientemente convencional. Pero, antes de explicarles cuáles son estas bondades, es necesario ver algunas de sus deficiencias. Porque esta cinta cae, una y otra vez, en clichés insulsos que no pueden amalgamarse bien con los momentos más memorables de su trama.

Para empezar, el marco de la historia propuesto por Guillermo del Toro es interesante, pero su realización en el guión escrito por los hermanos Hageman no lo es tanto. Dan y Kevin Hageman llevan tiempo escribiendo proyectos de enorme calidad. Ellos estuvieron, por ejemplo, detrás de la historia de la maravillosa The Lego Movie (2014) y tras la adaptación genial de Trollhunters del mismo Del Toro para Netflix. Pero, aquí, sí se les fue el juego de las manos.

Para lograr retratar las historias de “Harold”, “The Big Toe”, “The Red Spot”, “The Dream” y “Me Tie Dough-ty Walker!” -todas incluídas en el primer y tercer volumen de los libros de Alvin Schwartz- con la historia general que propuso Del Toro, los hermanos Hageman cayeron en todos los clichés posibles del género. Como mencioné antes, la cinta intenta emular la fórmula de las películas de horror y aventura adolescente de los ochenta. Y, como mencioné antes también, el resultado no varía mucho de las decenas recreaciones que hemos visto últimamente. La diferencia, claro está, es que estos personajes no son tan interesantes como los de cintas como It Follows (2015) y, definitivamente, no son tan empáticos como la pandilla de Stranger Things.

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A partir de una estructura que hemos visto repetida hasta el cansancio, el guión cae en una cantidad imperdonable de clichés que resultan en frases aparatosas, personajes superficiales, huecos terribles en la trama y situaciones que, por querer ser emotivas, acaban siendo empalagosas. Y, más allá de estas torpezas choteadas, la trama sobrenatural parece aquí un completo contrasentido.

Parte del encanto de los libros de Schwartz es que cada historia sea inexplicable. No hay ahí un principio, un nudo y un final para resolverlo todo con la esperada congruencia narrativa de una fábula bien formada. No, aquí las historias empiezan en un contexto incomprensible y terminaban antes de que podamos comprenderlo. La idea detrás de todo este folklore americano reunido por Alvin Schwartz es fragmentaria en esencia. Ésta es una reescritura de la tradición oral para mantener viva la tradición de los campfires. Es, así, un rescate de la oralidad americana en su sentido más visceral e inconexo.

El miedo que producen estas historias no está, entonces, en que hagan o no hagan sentido, sino en que son terriblemente ominosas por su falta de contexto y de lógica. La brevedad es, aquí, una ventaja ineludible: una vez que empezamos a comprender, la magia se va. El punto es que, acabando la historia, voltees a ver a tu alrededor: lo incompleto hace que la ficción atraviese tu mundo para que tengas miedo de continuar pensando en lo impensable. Nadie sabe por qué Harold estira una piel humana en el techo del granero, pero la imagen es profundamente perturbadora y se queda contigo al final del cuento.

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El problema con la estructura narrativa de esta cinta es que el planteamiento clásico de las historias de fantasmas -o, al menos, como las hace Hollywood en nuestros días- es absolutamente incompatible con la libertad breve y caprichosa de los cuentos de Schwartz. Las historias de fantasmas que concluyen con una búsqueda para resolver la tortura del alma en pena; que plantean el camino de una incomprensión hasta la liberación de una iluminación, no son, en lo absoluto, lo que propone el material original. En Scary Stories to Tell in the Dark todo se estructura como una aritmética comprensible para vencer a un fantasma con toda la presentación, el nudo y la resolución de una narración choteada hasta el tuétano.

En medio de esta idea absolutamente predecible, están espolvoreadas las historias dementes de Schwartz. Y son, solamente, en esos momentos incomprensibles que la cinta en realidad funciona. Todo lo demás queda como un marco inestable que, a pesar de proponer ciertos atisbos de reflexión meta, demeritan el hermoso material folklórico y desconcertante de los libros.

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La mano de Del Toro

No quiero parecer un completo enajenado al echarle flores al trabajo de Guillermo del Toro en esta película. Es cierto que el querido director mexicano ha producido más de una película desastrosa. Me refiero, específicamente a la horrenda Julia’s Eyes (2010) de Guillem Morales, a Pacific Rim: Uprising (2018) de Steven S. DeKnight y a Mama (2013) de Andy Muschietti (lo siento para todo los que amaron el ambiente tenso de esta adaptación de la leyenda de La Llorona).

Tampoco queremos minimizar la importancia del director noruego André Øvredal. Desde la rareza dosmilera que coescribió y codirigió, Future Murder (2000), hasta la maravillosa y poco apreciada The Autopsy of Jane Doe (2016), pasando por una de los más geniales empleos del found footage en nuestra década en Trollhunter (2010), Øvredal es una de las grandes promesas del género. Y, aquí, el director noruego no decepciona. Ésta es una cinta dirigida con conciencia de los mecanismos de horror y de sus limitaciones. Øvredal sabe cómo crear suspenso y utilizar a su favor las restricciones del PG-13. Además de ser un director que gusta de jugar con las formas sin perder la tensión del suspenso.

Sin embargo, en los mejores momentos de Scary Stories to Tell in the Dark, se nota la mano de Guillermo del Toro. En primer lugar, es raro ver una película de horror contemporánea que no guste de abusar, en un momento u otro, del CGI. Es cierto, esta cinta termina con un horrendo monstruo animado por computadora que arruina todo el trabajo previo de un brillante equipo de maquillaje. Pero, a pesar de estos desaciertos, el diseño de los personajes tomados directamente de los dibujos de Stephen Gammell es, simplemente, espectacular.

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Las ilustraciones de Gammell, como las historias de Schwartz, son imprecisas: bocetos apenas delineados en blancos y negros que sugieren una forma sin revelar el completo horror de las criaturas imaginadas. Para traerlos a la vida, los maquillistas crearon complejas formas de látex y pelucas hechas a la medida con cabello humano. Y algunos de los que portaron estos prostéticos son actores fetiche de Del Toro, como Javier Botet que apareció en múltiples papeles en El Laberinto del Fauno (2006) y que, también, interpretó los momentos más horrendos de la fallida Mama de Muschietti.

La mano de Del Toro está ahí, sin duda, en el aspecto visual, sin embargo, en donde más importa es en el marco general de la trama. Lo que entreteje estas historias, la trama que creó Del Toro, plantea un trasfondo político importante más allá de la realización fallida de los hermanos Hageman en el guión. La idea aquí está en el lema central de la cinta: “las historias lastiman, las historias curan”.

La idea es que las narrativas nocivas pueden crear realidades peligrosas. En este contexto, estas narrativas dictan, por supuesto, que la guerra de Vietnam es una causa justa, que Richard Nixon será un presidente honesto, que los hombres deben ser valientes, que los ñoños deben ser bulleados, que los extranjeros son peligrosos (como ladrones de trabajos o como amenaza de magia negra) y que todo ese veneno que habita la realidad cotidiana americana tiene sentido. Estas narrativas del miedo y del odio tienen una importancia esencial si se hace el traslado al ambiente político que se vive en Estados Unidos cincuenta años después. Hoy, las mentiras compulsivas de Trump impactan la realidad cotidiana y la prensa balcanizada replica, como cámara de ecos, lo que cada espectro político quiere escuchar. Hoy, más que nunca, todas estas historias lastiman.

Frente a todas estas historias perversas, ¿Qué solución propone la película? ¿Qué opone Scary Stories to Tell in the Dark a la lógica viciosa del odio y la mentira? Sencillo: la idea misma de la investigación.

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Como en muchas historias de fantasmas, el espíritu intranquilo es conjurado a través de la investigación de archivo, a través de una búsqueda de fuentes y de orígenes. Los niños perseguidos por el fantasma de Sarah Bellows deben investigar qué hay detrás de su ira y, en el proceso, demuestran la importancia de las narrativas de verdad, éticas, del periodismo de investigación. Richard Brody, el gran crítico del New Yorker, dice, incluso, que esta apología de la investigación es una oda al trabajo de Alvin Schwartz. Porque, claro, el escritor tuvo que hacer una extensa e intensa investigación para encontrar los cuentos de folklore que recopila en sus libros de historias espeluznantes.

En cualquier caso, frente a las narrativas nocivas de gobiernos y empresas, ante la xenofobia y el racismo, la moraleja de esta historia de horror para niños es que la verdad y la ficción pueden servir para curar. Sarah Bellows, con su venganza metafísica, es culpable de una cantidad enorme de asesinatos. Sin embargo, hasta la ira milenaria de injusticias inolvidables puede aplacarse con la verdad admitida. El mensaje es particularmente poderoso para una cultura resentida por tantas injusticias como la cultura estadounidense. Y este mensaje nace, sin duda, de la filosofía de Guillermo del Toro; un hombre que, película tras películas, ha creado un monumento al poder curativo de la imaginación.

Con este importante trasfondo, a pesar de las torpezas evidentes y los clichés, Scary Stories to Tell in the Dark es un documento del momento político que vive Estados Unidos. Este didactismo puede ser inocente, pero no deja de ser relevante para una película de terror dedicada a adolescentes desprevenidos. Por eso, más que una película para millennials nostálgicos, Scary Stories to Tell in the Dark es una cinta de relevo generacional; una cinta que quiere pasar la batuta de la imaginación mórbida; una cinta que, al mismo tiempo, quiere mostrarle a los más jóvenes que la fantasía importa tanto como la verdad.

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Lo bueno
  • La mano de Del Toro.
  • Los hermosos efectos prácticos.
  • El maquillaje que es excepcional.
  • Que por ahí salga Botet.
  • El marco político inocente, pero pertinente.
  • Todo lo que rescata el espíritu de las historias de Alvin Schwartz.
  • Que demuestra que el horror puede ser intenso sin ser necesariamente violento.
  • Que es una buena película para introducir a niños al horror.
Lo malo
  • Las actuaciones que no son brillantes.
  • Los personajes burdos.
  • El terrible guión de los hermanos Hageman.
  • El marco de la historia que contradice la libertad del material original.
  • Que no acaba de hacer honor al material original.
Veredicto

Scary Stories to Tell in the Dark es una gran película de horror para principiantes. En ese sentido, no se ancla en la nostalgia millennial por los libros de Alvin Schwartz sino que trata de pasar la estafeta a otra generación. A pesar del guión torpe y la historia convulsa, esta cinta logra comunicar la pasión de Del Toro por los efectos prácticos, el maquillaje, las alocadas ficciones que nos constituyen. Un buen documento político de una época convulsa y una cinta interesante para principiantes del género. Lo inocente puede ser, también, muy inquietante.

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Título: Scary Stories to Tell in the Dark.

Duración: 108 min.

Director: André Øvredal.

Elenco: Zoe Colletti, Michael Garza, Gabriel Rush, Austin Abrams, Dean Norris, Gil Bellows, Lorraine Toussaint.

País: Estados Unidos.

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