Una imagen oficial del anime Saint Seiya de Netflix

Saint Seiya: Knights Of The Zodiac es un proyecto lleno de buenas intenciones pero fracasa en el fondo y la forma.


Para poder escribir esta reseña tuve que ver dos veces los seis episodios que conforman Saint Seiya: Knights of the Zodiac. No quería que el esperpéntico doblaje -Darío Yazbek Bernal es nefasto como Seiya- influyera demasiado en mi opinión con respecto a la serie. Así que, la segunda vuelta la vi en japonés y  las voces resultaron mucho, pero mucho mejores.

Si bien este intento de Netflix está lleno de buenas intenciones y busca adaptar la clásica historia de Masami Kurumada para las nuevas  generaciones -y ver si por fin convence a las audiencias estadounidenses a abrazar Saint Seiya– fallan en el fondo y la forma, dejando la sensación de que Knights of the Zodiac pudo ser mucho mejor.

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La historia clásica con un twist

Todos estamos familiarizados con la premisa principal de Saint Seiya: un grupo de jóvenes valientes se convierten en Caballeros para proteger a Athena, y de paso a la humanidad. En Knights of the Zodiac esa premisa básica se mantiene. Aunque con notables diferencias.

En esta versión de los Caballeros del Zodiaco, tenemos a Seiya como el eje de  toda la historia. A diferencia del anime -y del manga- de Kurmada, Athena no ha reencarnado para salvar al mundo. No. Ha renacido para destruir a la humanidad, ya que está destinada a perder las Guerras Sagradas contra Poseidon y Hades y condenará a todos. Eso hace que El Santuario la persiga para asesinarla. Pero, como ya sabemos, Aioros da su vida para proteger a la bebé Athena, a quién conocemos como Saori.

Otra diferencia está en el trasfondo de Seiya. Sí, lo separan de Seika, pero en este caso porque es ella quien manifiesta primero habilidades para manejar el cosmos. Hablando del cosmos, eso también es diferente. A diferencia de lo que ya conocemos en Saint Seiya, el cosmos tiene más pinta de la Fuerza a la Star Wars. Es decir, el cosmos no lo puede desarrollar cualquiera, sino que se manifiesta en unos cuántos. Es por eso que, en el primer episodio de Knights of Zodiac, apenas Seiya hace gala de su poder, Matusmasa Kido lo elige para que proteja a su nieta, Saori.

Esto cambia un tanto el espíritu de la serie en comparación con el manga y el anime original. Porque, además, no sabemos de dónde salieron todos los Caballeros que pelearan por la armadura dorada de Sagitario en la clandestinidad (algo que contrasta con el Torneo Galáctico transmitido por TV a todo el mundo).  Sólo están ahí, con diferentes motivos, pero sin ese trasfondo de haber compartido su infancia en un orfanato que hacía que ya tuvieran lazos que sólo se hacen más fuertes cuando se vuelven Caballeros de Athena. Al despojarlos de esos antecedentes, su amistad y su fraternidad se siente apresurada y bastante forzada, como muchos otros elementos de la serie.

Otro cambio importante es el propio Mitusmasa Kido. El otrora padre de todos los Caballeros ahora es un hombre de una moral casi intachable, que quiere cuidar a Saori  y evitar que, tanto el Santuario como Vander Graad, un nuevo villano, se apoderen de la armadura dorada y lastimen a Athena.

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Vander Graad y la tecnología entre mitología

Ya en el anime original teníamos un guiño de tecnología en Saint Seiya cuando Saori hacía gala del poder adquisitivo de la Fundación Kido, o con la aparición de los Caballeros de Acero (un invento de Toei y Bandai para vender muñequitos). Sin embargo, ahora la tecnología juega un rol más preponderante de la mano del Vander Graad, el ex socio de Mitsumasa Kido.

Resulta que cuando Kido se encuentra a Aioros malherido, no está solo. Está con Vander Graad, quien, a diferencia de Kido, resiente un odio contra los dioses por su influencia en la vida de los humanos y quiere ser él quien proteja a la humanidad. Para ello, usa el desarrollo tecnológico y  crea su propio ejército de Caballeros. Así surgen los Caballeros Negros (con un sustancial cambió que podría afectar el rumbo de las 12 Casas), que son despojados de toda personalidad, tipo cyborgs que son totalmente olvidables.

Al ser tan pocos episodios, Vander Graad me resultó bastante soso y gris como antagonista. No genera empatía en su lucha, ni desprecio por sus métodos. Más allá del notable parecido con Jango -el líder de los Santos Negros en la Isla de la Reina Muerte- el trasfondo de Graad no está demasiado desarrollado y, si bien podemos comprender sus motivos para resistirse a ser un juguete a manos de los dioses, parece más bien un relleno en lo que el Santuario se manifiesta en todo su esplendor para perseguir a Athena.

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Shun mujer, armaduras medallón y peleas desabridas

Otro de los cambios notables, como ya sabíamos, es el género de Shun. La ahora hermana de Ikki es la Caballero de Bronce que tiene su pasado menos desarrollado y, al final, nos da igual si es hombre o mujer. Sigue rehusándose a pelear, es medio inútil y dependiente. En ese sentido, la apuesta pagó, ya que no afecta en nada este cambio.

Lo que sí me generó algo de conflicto fue la ausencia de las Pandora Box. Ya en Omega se deshicieron de ellas y en Netflix, en vez de cargar la caja con la cloth, la llevan en un medallón. Una parte que resultaba genial del anime y el manga de Saint Seiya era ver a los personajes cargar en la espalda la caja de sus armaduras. Era parte de su cruz y destino. El esfuerzo de llevar la armadura sobre sus hombros a dónde fuera nos hablaba de su sacrificio por ser portadores de esas sagradas investiduras. El que no aparezcan siempre resta un poco.

Esto nos lleva a hablar de las peleas. Si bien, la animación no es terrible, aunque no es de lo mejor que se pueda ver en cuanto a CGI, durante las peleas nos damos cuenta que el resultado final pudo ser mucho mejor. Las peleas no son nada espectaculares, no nos dan ese sentido épico que teníamos en la versión animada original y suelen terminar con un sólo golpe.La pelea de Shiryu y Seiya, que fue la que logró enganchar a generaciones al anime de los Caballeros del Zodiaco, es bastante insípida en esta versión. Todas las peleas lo son. Puedo entender que hayan querido hacer la serie “más amigable” para que los más pequeños puedan verla y, por eso, haya una notoria ausencia de sangre, pero eso no evita que se resienta la falta de emotividad (el soundtrack es  insustancial y nos hace extrañar horrores a Seiji Yokoyama) que tanto caracteriza a Saint Seiya.

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Guiños al manga de Saint Seiya

Más allá de que la historia va a la velocidad del rayo y quieren abarcar mucho en 6 episodios, lo que provoca que el desarrollo de personajes y de la trama en sí misma sea algo floja -si no has visto antes Saint Seiya te deja muchas preguntas-, se debe de aplaudir y agradecer que hayan incluido guiños al manga. Eso ayudó a que no cojeara tanto la trama y que se sostenga un poco mejor. Las motivaciones oscuras de Hyoga, la presencia de Shaka en la Isla de la Reina Muerte, el diseño del Santuario como aparece en Next Dimension, son referencias que se agradecen, sobre todo cuando todo pasa tan rápido y con tan poca emotividad.

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La voz de Seiya

Más allá de la animación, la historia, la falta de desarrollo de personajes o la música, el doblaje es lo peor que tiene Knights of the Zodiac. Se agradece mucho que hayan invitado al proyecto a las voces originales de Shiryu, Ikki, Athena, Marin, Casio, Shaina, Jabu, Tatsumi, pero lo que hicieron con la voz de Seiya es un verdadero oprobio.

Labo, la empresa encargada del doblaje, decidió -erróneamente- apostar por Darío Yazbek Bernal para tomar la batuta del eterno Jesús Barreiro (qepd). Y, si bien, sé que no habrá nadie que se pueda medir con el fallecido actor de doblaje, lo de Yazbek es patético y nefasto. El directo de doblaje, Arturo Castañeda Mendoza, jamás supo como orientarlo y el resultado final es insoportable, paupérrimo y denota la falta de experiencia de Yazbek en el doblaje, y muestra sus carencias como actor. Su voz incómoda, repele, lo que corrobora que el Star Talent (famosos haciendo doblaje) no necesariamente te asegura el éxito. Hubiéramos preferido un actor de doblaje menos conocido, pero que seguramente con todas las bases y tablas de esta especialidad de la actuación, habría logrado hacer de la voz de Seiya algo que no provocaran ganas de darle mute. 

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Lo bueno
  • Los guiños al manga.
  • Saori es menos odiosa.
  • Las ilustraciones sobre evocaciones del pasado son preciosas.
  • Esa aparición de Shaka.
  • Las voces originales.
  • El intento de darle un giro a la historia original.
Lo malo
  • Dario Yazbek Bernal.
  • La voz de Seiya.
  • La persona que presta su voz a Seiya.
  • Labo por ponerle esa voz a Seiya.
  • Todo pasa demasiado rápido.
  • Dejar de lado las Pandora Box.
  • La animación de las peleas.
  • Peleas carentes de emotividad.
  • El gag de la alcantarilla.
  • Vander Graad es insípido como villano.
  • Los Caballeros Negros.
  • Cosmos como la Fuerza.

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Veredicto

Knights of the Zodiac: Saint Seiya es un esfuerzo que se tiene que aplaudir por sus buenas intenciones, pero que fracasa en su fondo y su forma. El querer introducir un nuevo villano, la tecnología con un peso específico y alterar ciertos factores básicos (como el cosmos y las armaduras) en tan sólo seis episodios hacen que fallen al intentar abarcar demasiado en tan poco tiempo. Si bien, se agradece que haya guiños al manga que no tuvimos en el anime original, la falta de emotividad es notoria, la música es intrascendente (el opening sin duda dividirá las opiniones) y los personajes carecen del trasfondo que justifique su fraternidad. Además, la voz de Seiya no ayuda a que podamos disfrutar del resto de voces originales, por el trabajo tan poco profesional del hermano de Gael García Bernal. Habrá a quienes les guste a pesar de lo anterior, pero es un producto que deja la sensación que pudo resultar mejor si no se hubieran apresurado en contar tanto en tan pocos capítulos.


Título: Knights of the Zodiac: Saint Seiya.

Duración: 144 min.

Director: Yoshiharu Ashino.

Elenco: Darío Yazbek Bernal, Ricardo Mendoza, Alfonso Herrera, Isabel Martiñón, Marcos Patiño, María Fernanda Morales (doblaje).

País: Japón.

Fecha de Estreno: 19 de julio de 2019.

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