Ready Player One es, más allá de su impresionante lujo visual, la película más divertida que ha hecho Steven Spielberg en décadas.

Ready Player One es, sin duda, una de las películas más esperadas del año. Pero no nada más es una película ñoña, sino que va que vuela para ser una de las cintas más ñoñas de nuestro naciente siglo. Por su ñoñería rampante, por los anteriores bodrios de Spielberg en el género de acción y aventura (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull y The BFG) y por la falta de penetración del libro de Ernest Cline, no se ha sentido tanto la emoción por Ready Player One en nuestras tierras.

Sin embargo, la cinta fue recibida con aplausos de pie y euforia en el festival South by Southwest en donde se estrenó. Desde entonces, se ha ganado el cariño de los críticos estadounidenses y, para bien o para mal, nadie se ha quedado impávido después de verla.

Ahora que pudimos verla en un glorioso formato de IMAX 2D, les podemos decir que la emoción es real. Ready Player One es la mejor película de acción y aventuras que ha hecho Spielberg desde Minority Report, hace más de 15 años. Éste es un homenaje a lo que eran los blockbusters en los setenta, los ochenta y los noventa; a esa época de oro en la que las cintas que rompían taquilla eran puro corazón y poco sentido, pura acción épica y poca reflexión, pero también pura calidad.

Un universo distinto

La película de Spielberg empieza en el mismo marco temporal que la novela de Ernest Cline: es el año 2044, la sociedad está condenada por el colapso financiero, el fin de los hidrocarburos y las grandes crisis ecológicas. En este mundo, la gente no se evade solamente con drogas o alcohol sino que han encontrado un refugio para los horrores de la vida cotidiana en el OASIS.

El OASIS (Inmersión Ontológica Sensorial Simulada, por sus siglas en inglés) es una de las invenciones más revolucionarias de la historia. Funciona como un videojuego multijugador masivo en línea con millones de planetas, recovecos y complejidades.

El juego se convierte en algo tan importante, en la novela, que la gente va a la escuela y vive toda su vida en el OASIS. Al punto en que la economía del mundo depende de las fichas de cambio que funcionan como moneda en el mundo virtual.

En la película, a pesar de que todo se sitúa en el mismo universo, las implicaciones sociológicas están mucho más diluidas. Por eso, el universo es muchísimo más sencillo. De entrada, el personaje principal, Wade Watts (Tye Sheridan), conocido en el OASIS como Parzival, no sufre como sufre en la novela. No lo vemos aquí trabajando para conseguir monedas para salir del planeta base en la simulación virtual, lo encontramos con todo y Delorean y nunca lo vemos en su vida diaria escolar…

En la película, a pesar de que todo se sitúa en el mismo universo, las implicaciones sociológicas están mucho más diluidas.

Aquí, Parzival es un gunter (o “egg hunter”) hecho y derecho que se dedica de tiempo completo a buscar las pistas de James Halliday (Mark Rylance). El fallecido creador del OASIS era un verdadero ñoñazo nostálgico de los ochenta que, en vez de heredar su vasto imperio, esconde el más supremo easter egg de la historia en algún lugar del OASIS. Al no dejar ninguna pista verdadera, los gunters buscan entre los recovecos de su vida y sus obsesiones para encontrar el easter egg que les hará ganar la búsqueda de tesoro más importante de la historia: una búsqueda que se premia con el control del OASIS y todas sus riquezas.

La idea aquí, como en el libro, es la de una competencia brutal entre los gunters y las pretensiones individualistas, capitalistas, espantosas de su némesis: la compañía IOI. Guiada por el despiadado Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn), esta compañía contrata ejércitos (conocidos como los sixers) y expertos para buscar en el OASIS por el easter egg perdido.

Como IOI es la segunda compañía más poderosa del mundo, tiene los recursos suficientes para comprar personal de sobra, artefactos, coches, naves y todo lo que se puede necesitar en esta búsqueda. Pero les falta algo esencial: el amor por el OASIS que comparten los gunters. Como pasa en el libro, Parzival y los gunters se enfrentan a IOI en esta carrera por el control del OASIS y la disputa los llevará a una épica confrontación final entre las fuerzas de la codicia y la ambición individual frente a la idea de comunidad, amor y obsesiones ñoñas compartidas.

Como pueden leer, el marco de la cinta es básicamente el mismo que en la famosísima novela homónima de Ernest Cline. Las principales diferencias están en la forma de tratar la profundidad del universo, la primacía del contexto y la complejidad de la trama. Es, justamente, en estos detalles que se observa el genio de Spielberg: para recrear el OASIS en pantalla grande es necesario simplificarlo sin robarle su esencia. Y eso, queridos amigos, no es una enchilada.

El espectáculo de OASIS

Si el esquema general de la trama es exactamente el mismo, la cinta tiene muchísimas diferencias con el best seller de Cline. Para empezar, está lo que mencionamos anteriormente: aquí el mundo es muchísimo menos complejo que en la novela. No se tratan temas educativos relacionados con el OASIS; apenas se tratan temas económicos (como las granjas de deuda de IOI); y no hay mucha historia de fondo para la diferencia de clases sociales. Pero éstas son apenas algunas diferencias…

De hecho, lo que más sorprende al ver la cinta es la enorme cantidad de cambios que metió el guionista Zak Penn (Last Action Hero, X2, X-Men: The Last Stand, The Avengers) a la historia original de Cline; sobre todo en las diferentes etapas de la búsqueda del easter egg de Halliday.

En la cinta, las dos primeras pruebas para conseguir las llaves de cobre y de jade, cambian de manera radical. Sólo les voy a dar un ejemplo de estos cambios para ilustrar un punto sin quemarles nada de la cinta.

En el libro, la prueba para conseguir la llave de cobre era una recreación de la La Tumba de los Horrores en Dungeons and Dragons, una partida de Joust, otra de Dungeons of Daggorath y una recreación del clásico de clásicos ochentero WarGames. Pero, como se podrán imaginar, esto hubiera sido bastante difícil de recrear en pantalla sin matar de tedio a los espectadores.

Las dos primeras pruebas para conseguir las llaves de cobre y de jade, cambian de manera radical.

Por eso, la primera prueba para conseguir la llave de cobre es, en la película, la carrera en el Manhattan virtual que vimos en el tráiler. Ahí compiten Monster Trucks, el Delorean de Back to the Future, la increíble moto de Kaneda de Akira, el Interceptor de Mad Max, la camioneta de The A-Team, el Mach 5 de Speed Racer y muchos otros coches fetiche más. En esa carrera también aparecen por ahí referencias a King Kong, Jurassic Park y Last Action Hero.

Por supuesto, el resultado es completamente diferente a la ñoñería ochentera del libro: aquí las referencias atraviesan muchísimas más épocas y son, sobre todo, visuales. Además, es evidente que la dinámica se inclina mucho más a la acción adrenalinosa en CGI que a la contemplación de puzzles lentos.

De hecho, Spielberg modificó prácticamente todas las referencias a videojuegos de los ochenta (salvo, claro, la mención a Adventure por razones obvias) y todas las referencias a juegos de rol y libros de aventura de opción múltiple. Así, salvo algunas partes de la búsqueda por la llave de Cristal, todas las etapas de la Quest de Halliday son radicalmente distintas.

Muchos podrían molestarse con estos cambios que son algo más que estéticos. Como podría molestarles la omisión de ciertas cintas clásicas de Spielberg en las interminables referencias de la película o la casi absoluta falta de guiños a Star Wars (… dije “casi”).

La primera secuencia de acción en la carrera por la llave de cobre es una de las secuencias más brillantes que se hayan hecho con abuso de efectos computacionales.

Pero todas estas modificaciones tienen una razón de ser: Spielberg no pudo negociar las referencias que hubiera querido con Disney sobre Star Wars, además de que no quería abusar de la nostalgia en un momento en el que la saga galáctica se está renovando; y evitó muchas menciones a sus propias cintas para no parecer un psicópata narcisista.

Pero los cambios, déjenme decirles, funcionan de manera brillante. La primera secuencia de acción en la carrera por la llave de cobre es una de las secuencias más brillantes que se hayan hecho con abuso de efectos computacionales. Los movimientos de cámara de Spielberg, dentro y fuera del OASIS son fluidos y ambiciosos: largas tomas que atraviesan paredes, que se cruzan entre coches chocando a toda velocidad, que te hacen sentir la realidad horriblemente asfixiante de los Stacks y la libertad abierta del mundo expandido del OASIS.

En este sentido, todas las elecciones de reemplazo estético sirven a la perfección para convertir una novela de nostalgia ñoña, de lectura trepidante pero referencias oscuras, en una aventura de acción como las que se hacían en los años ochenta y noventa. Esta es la relación básica que tiene el último guión de Zak Penn con su primer escrito para cine: Last Action Hero y Ready Player One son dos películas profundamente conscientes de sus referencias y profundamente juguetonas con una estructura estereotipada que volvió famosa, nada más y nada menos, que Steven Spielberg.

El homenaje propio

Ready Player One es un espectáculo visual sin precedentes. El 60% de la película transcurre dentro del mundo del OASIS y eso quiere decir que más de la mitad de lo que vemos fue generado enteramente por computadora. El resultado es, sin embargo, muchísimo más interesante que todo lo que hemos visto de CGI en los últimos años.

Esto no se ve barato, no se ve que vaya a envejecer rápido, no marea, no cansa, no resta personalidad a los protagonistas… Al contrario, sorprende, es increíblemente fluido y logra recrear a los personajes con una maravillosa nitidez. Ejemplo de ello es el personaje de T. J. Miller (Sillicon Valley) que sólo aparece en forma virtual y es un alivio cómico encantador.

Pero, mucho más allá de los logros visuales de Spielberg, el verdadero encanto de esta cinta no está en sus apabullantes efectos, no está en los increíbles movimientos de cámara, no está ni siquiera en la avasalladora tormenta de referencias de cultura popular. No, lo más impresionante de esta película fue la capacidad de Spielberg para hacer un homenaje a los inicios de su propia carrera.

Ready Player One es un espectáculo visual sin precedentes.

Las cintas de Spielberg fundaron una forma de hacer blockbusters, de fabricar en serie las cintas de gran presupuesto para el verano, de producir películas rompedoras de taquilla que vivían larga vida en un Videocentro. Con Ready Player One, Spielberg está haciendo un homenaje hermoso, justamente, a este tipo de cintas. Utiliza la misma estructura, los mismos clichés, los mismos tropos y los explota como sólo el hombre que los creó puede hacerlo.

Aquí es donde radica el genio narrativo de Ready Player One: sus inconsistencias, su superficialidad, su carácter evidente, efectista y de épica sencillez es un homenaje a las películas de acción y aventuras que se hacían en los setenta, los ochenta y los noventa. Al convertir esta película en un viaje de emociones que respeta a cabalidad las estructuras arquetípicas de las películas de acción y aventuras, Spielberg hizo un homenaje a sus propios inicios como director y a un tipo de cintas, tan divertidas como inteligentes, que cada vez son más raras en nuestros tiempos de realismo traumado y nostalgia barata.

Todo lo criticable de esta cinta se convierte, a su favor, en un recordatorio de lo que solía divertirnos en el cine: dicotomías de un héroe carismático con un villano caricaturesco y detestable; un showdown épico y una gran pelea comunitaria en contra del individualismo; discursos de arenga; un score genialmente intrusivo en el límite de lo diegético; el beso final del protagonista con la chica de sus sueños; los aliados entrañables; los alivios cómicos; las persecuciones y las peleas coreográficas; los one-liners demasiado pensados… Esta película es un recuerdo de otras estructuras con las que crecimos y que nos formaron; estructuras que ahora extrañamos sin siquiera estar conscientes de que desaparecieron.

Todo lo criticable de esta cinta se convierte, a su favor, en un recordatorio de lo que solía divertirnos en el cine.

Por eso fue tan impresionante ver Ready Player One: en un cine atiborrado de adultos, vi a todos comportarse como niños, saltar, gritar, emocionarse. Las referencias a toda clase de cintas, animes y bellezas del pasado son sólo el principio de un viaje nostálgico que pega, de manera mucho más profunda, al volver a sentir los esquemas narrativos con los que crecimos, esquemas que conocemos tanto y que perdimos en algún sitio…

Todas las críticas hacia la banalidad de Ready Player One no están considerando algo: vivimos en un mundo hostil y esta cinta es como un caluroso regreso a casa. Spielberg me hizo recordar tiempos perdidos y otras emociones. Eso, por encima de todos los cambios a la novela, por encima de las referencias presentes y ausentes, es algo que agradezco profundamente.

Mi consejo es el siguiente: vuelve a ser niño, olvida todo prejuicio, compra unas palomitas gigantes y todo el carbohidrato que quieras para dejar que, durante dos horas, el cine te haga olvidar, como solía hacerlo, que este pinche mundo existe.

Lo bueno
  • La cariñosa dirección de Spielberg.
  • La forma única que tiene este director de convertir una historia en un blockbuster.
  • El regreso, como homenaje, a los blockbusters que fundaron la nueva era de Hollywood.
  • El gran villano caricaturesco de Ben Mendelsohn.
  • El brillante diseño de producción.
  • El increíble manejo del CGI.
  • Que es cinta en la que la nostalgia no es gratuita y recuerda, en verdad, lo que era ir al cine hace veinte años.
Lo malo
  • Que, como todo blockbuster, está lleno de banalidades y clichés.
  • Que los fanáticos hardcore de la novela no entendieron el valor de esta adaptación.
Veredicto

Siempre creí que el libro de Ernest Cline era un hermoso intento, una bella idea, una oportuna campanada de nostalgia. Pero tampoco creo que sea una obra superior de ciencia ficción. Me parece una novela plagada de clichés, que no mantiene siempre el tono ligero de su premisa (o la calidad de su escritura) y que puede considerarse como algo moralina. Aún así, es una lectura tremendamente divertida.

Es, en ese mismo sentido, que Spielberg pensó su película: tomar lo más divertido de la novela y adaptarlo, a la medida de sus vastas posibilidades, para hacer algo memorable. El director icónico lo logra, finalmente, haciendo un homenaje a los blockbusters que él mismo creó hace cuarenta años. Con este regreso, Spielberg nos dio la película más divertida que ha hecho en más de una década mientras nos recordó, con cariño de abuelo consentidor, que todavía podemos sentirnos emocionados como chamacos.

Título: Ready Player One.

Duración: 140 min.

Director: Steven Spielberg.

Guión: Zak Penn, Ernest Cline

Elenco: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Lena Waithe, Mark Rylance, T. J. Miller, Simon Pegg.

País: Estados Unidos.

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