Supongo que siempre habrá algo de respeto por los Wachowskis. Fueron ellos los que idearon, a finales de los noventa, una de las películas más ambiciosas de la historia del cine, ese cuento épico, imposible, de romance, cenicientas y filosofía virtual paranoica que marcó profundamente a varias generaciones. Pero, si Matrix fue todo eso y más, no podemos acarrear el puro cariño nostálgico a cualquier cosa que hagan estos atrevidos realizadores.

Y ese es el problema, al menos para mí, al querer juzgar una película de Andy y Lana Wachowski: los respeto demasiado por haber hecho Matrix, por haber escrito maravillosas secuencias de Animatrix, por ser tan atrevidos y delirantes; y los detesto por hacerme sufrir la segunda y tercera parte de una saga que no necesitaba secuelas, por horas pasadas en el cine tratando de querer amarlos, por convencerme, finalmente, de que no son tan listos como yo esperaba.

Grandilocuencia visual de ópera espacial

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La estética particular que buscan es la de los tonos anaranjados, el dorado y el garigoleado, el gran barroco de una ópera espacial desenfrenada

Vamos a sacar algo del camino rápidamente: Jupiter Ascending, como todas las películas de los Wachowski, es una joya visual. Como las locuras psicodélicas de Speed Racer (2008), la oscuridad de cifras digitales en tonos verdes para el universo de Matrix (1999), hasta la grandilocuencia continua de Cloud Atlas (2012), se podría decir  que Andy y Lana imprimen su sello siempre diferenciando la estética de sus producciones. Y claro, todo resulta muy bien, muy cuidado, muy efectivo para la retina. Éste sería otro de esos casos. La estética particular que buscan es la de los tonos anaranjados, el dorado y el garigoleado, el gran barroco de una ópera espacial desenfrenada, toda vestida de gala y bien alborotada.

No hay duda, con esto, de que lograron otra vez imprimir su sello. Toda la luminosidad de la película, todos sus dinteles, tienen que ver con la idea misma del planeta Júpiter: tan hermoso, imponente, demasiado-para-ser-concebido, gigante dorado. Y todo va hacia ese lado: desde las inmensas catedrales en movimiento, hasta las tomas aéreas de Chicago; desde los vestidos florecientes entallados en la rigidez de Mila Kunis hasta la grandilocuencia algo bizarra de la actuación de Eddie Redmayne (The Theory of Everything).

Con todo esto, la nueva sensación de la actuación hollywoodense, que muy probablemente se lleve este año un Oscar por su retrato de Stephen Hawking, responde exactamente a lo que Matt Zoller escribió: “por momentos su actuación parece moldeada en cómo Redmayne se imagina que sonaría Glenn Close si llegara a vivir cien años. Tiembla y mueve los orificios nasales. Suspira el 90 % de su diálogo y se desgañita el otro diez. Nunca pestañea cuando esperes que pestañee, ni por el tiempo que esperas”. Y tal vez Redmayne se esfuerza sobremanera para sacar una actuación original de un guión que no le permite mucho, tal vez quiere dejar su huella en el universo tan caricaturesco de los Wachowskis. Tal vez hasta se divirtió. La cosa es que, si su actuación puede resaltar en la historia, no hay mucho más que rescatar.

Más de lo mismo

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Kunis hace un papel de mujer débil siempre necesitada de rescate, pasiva y poco inteligente. Algo completamente opuesto a The Hunger Games, por ejemplo

Jupiter Ascending es otro cuento más de Cenicienta, Harry Potter, o Benito Juárez (y que me perdonen los nacionalistas del billete de a veinte, pero las historias de superación son constitutivas de nuestro modelo para la nación del “sí se puede” y si no, pregúntenle a las telenovelas). La trama  aquí se centra en Jupiter Jones, una migrante rusa que limpia escusados con su familia para ganarse el pan. Tiene extraños sueños de grandeza y, mientras las ricas señoras para las que trabaja no ven, se prueba vestidos y sueña con carruajes de Chanel. Y luego viene el giro: resulta que Jupiter es, por legado genético –tema medio obsesivo para los Wachowskis desde Cloud Atlas–, una reencarnación de la realeza, una gobernante, dueña legítima de la tierra y mandamás de la poderosa familia de comerciantes intergalácticos, los Abrasax.

Como con cualquier división de propiedades heredadas, aquí entra el otro conflicto familiar entre tres hermanos que se van malabareando a la pobre Mila Kunis para sacarle los papeles de posesión de nuestro planeta. ¿Para qué quieren estos hermanos gandallas nuestro globo terráqueo (que ya no es tan verde, ni tan azul)? Para, justamente, cosecharnos como material genético. Así, mientras nosotros morimos por generaciones, una raza intergaláctica de hombres eternos, se alimentan de los genes de otros planetas, similares a los nuestros, que cosechan humanos durante millones de años: una vez que éstos ya no caben en el globo al que fueron destinados, son importados para procesar como fuente de vida eterna para ricachones intergalácticos.

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Channing Tatum como el guerrero Caine Wise, un papel con el que cumple bastante bien

Entonces entra la última historia de cenicienta: Mila Kunis del escusado a la realeza es una; nosotros humanos, de ganado a independientes dueños de un planeta sobrepoblado y agotado, sería la otra. Y es la de un hombre mitad lobo que fue criado sin manada, como un paria, y que ahora no nada más debe salvar –constantemente– a la nueva reina Jupiter, sino que acaba enamorándose de ella. El soldado desgraciado, solitario y abandonado, fuerte pero sensible (tengo músculos pero también un corazón), interpretado bastante bien –en lo que cabe– por Channing Tatum, pasa de ser un Bobba Fett desgraciado a ser el novio de una reina galáctica que también limpia escusados.

¿Con todo esto se les antojó vivamente la película? Vayan a verla; digo, por lo menos, no se van a aburrir… mucho. Van a ver, detrás de esta trama sosa y repetitiva, muchos efectos espectaculares, una persecución acalorada entre alienígenas por los edificios de Chicago, explicaciones de Roswell y los círculos en las cosechas, tomas de un clavado a los huracanes eternos de Júpiter, explosiones, catedrales voladoras, hombres lobo, hombres insecto, hombres lagarto, hombres eternos, hombres de Rusia. Pero detrás de todo este apantalle visual queda el agotamiento de tramas que ya han sido vistas y revisadas para hacer una historia que no vale la pena contar de nuevo, o que ya no interesa ver así.

El agotamiento de los Wachowskis

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Eddie Redmayne se esfuerza sobremanera para sacar una actuación original de un guión que no le permite mucho

Por más que inflaron el presupuesto de su película, por más que la hicieron con pasión –como todo lo que hacen–, los Wachowski ya llegaron al punto de agotamiento de los argumentos, de cansancio en las tramas, en el que se empieza a notar su pretenciosa falta de inteligencia. Y digo esto con todo el respeto que se merecen. Ya desde Matrix, si uno ve los making of y todo el material adicional de las reediciones en DVD y Blu Ray, Lana (entonces Larry) y Andy, te recetan un buen rato de Keanu Reeves levantando cejas y hablando de la filosofía del simulacro de Baudrillard. Claro, esto sonaba como excesivo tal vez, pero Matrix sí planteó, con todo y la estructura cenicienta-romántica, preguntas reflexivas de lo más interesantes sobre verdad y apariencia, ficción y realidad –sea lo que esto sea. Sin embargo, ya había un dejo de lo que aquí se vería: los queridos hermanos grandilocuentes piensan, por momentos,  que tienen mejores ideas, o que son más listos de lo que en verdad son.

Cuando se estrenó Cloud Atlas en el festival de cine de Toronto, la gente ovacionó de pie. Y, a pesar de todo el reconocimiento recibido ahí por el proyecto independiente más caro de la historia, Andy se puso rápidamente a la defensiva y empezó a decir que “en cuanto los críticos se encuentran con un pedazo de arte que no pueden entender completamente la primera vez que lo reciben, piensan que es la culpa de la película o de la obra de arte”. Y bueno, Cloud Atlas puede tener cosas apelativas, se puede notar la pasión y la dificultad, la mano de Tykwer en el guión, en la dirección o incluso en la música. Pero, con todo, no me van a decir que es una obra de arte incomprendida por su tiempo. De hecho, no veo cómo no puede ser comprendida. Claro, queda abierta a lecturas diferentes, como todo producto cultural, pero no presenta precisamente la complejidad interpretativa que puede plantear una pintura de Kandinsky o una sinfonía de Mahler.

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Los Wachowski ya llegaron al punto de agotamiento de los argumentos, de cansancio en las tramas, en el que se empieza a notar su pretenciosa falta de inteligencia

El hecho mismo de que se cataloguen como artistas incomprendidos, a mí me pone un poco nervioso. Porque el mensaje cursi de Cloud Atlas sobre la capacidad del hombre para superarse –al menos por las reencarnaciones sucesivas en miles de años–, para vencer el mal, para curar las arrugas del tiempo con amor, no me parece lo más profundo del mundo. Tierno, tal vez; bien intencionado, sin duda; pero complejísimo e incomprensible, para nada. Y la oscuridad de Matrix se desvanece con las lentejuelas y el barroco. También se pierde la inteligencia. Y llegamos a Jupiter Ascending.

Los humanos como cosecha, ¿Dónde habíamos oído eso?; la superación personal y la bondad en los genes, ¿Suena conocido?; el impacto visual sobre una historia llana, ¿alguien lo había hecho? A lo que quiero llegar es que, en donde Jupiter Ascending trata de ser inteligente es en donde repite los mismos clichés establecidos por los Watchowski. El resultado es una enorme autoparodia que parece no darse cuenta de su ridículo; es la repetición de las mismas líneas narrativas, en otro contexto demasiado amplio para una película y demasiado corto para un desarrollo en otros medios.

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En donde Jupiter Ascending trata de ser inteligente es en donde repite los mismos clichés establecidos por los Watchowski

Jupiter Ascending quiere unirse a las grandes óperas espaciales desde el proyecto fallido de Jodorowski hasta Guardians of the Galaxy pasando por Star Wars y Battlestar Galactica. El problema es que falla en construir un contexto apelativo y en transmitir un mensaje inteligente. Si con lo último que nos quedamos es con que, aun siendo dueño del planeta, el placer sencillo de limpiar escusados en familia es la verdadera recompensa, no vamos muy lejos en delirios intergalácticos. Y todo se mantiene aquí como algo muy bien armado pero terriblemente llano. Y, al menos yo, me quedo con la pregunta de siempre, ¿un buen presupuesto, creadores imaginativos como lo Wachowskis y una realización visual sorprendente sirven todavía para impresionarnos? Creo que ya desde hace tiempo se pide mucho más de la ciencia ficción: ahí dónde Nolan lo intenta (a pesar de sus mensajes amorosos), Lana y Andy se tropiezan con la misma piedra, rococó y bordada, de sus propias pretensiones.

Lo bueno

  • El apelativo visual barroco de la película.
  • Las actuaciones de Tatum y Redmayne que salvan lo llano del guión ahí en donde Kunis y Douglas Booth se quedan cortos.
  • El sentido del humor extraño que por momentos funciona (véase la analogía de nuestra burocracia con la del gobierno galáctico).
  • El empeño y la pasión que se siente detrás de todo proyecto de los Wachowski.

Lo malo

  • Que esa misma pasión de los directores de Matrix ya no basta para encantarnos.
  • Que la historia es una serie de mecanismos repetitivos que llegan a cansar.
  • Que los personajes son llanos, siempre iguales, banales.
  • Que se ha agotado la sorpresa por la grandilocuencia visual y que lo que nos queda es un mensaje corto, pequeño y aburrido.

Veredicto

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A pesar de su belleza visual, Jupiter Ascending cansa más rápido de lo que te atrapa

Algo se queda con todo esto a la mitad, algo te deja profundamente insatisfecho. Y aquí no van a poder voltearse los agraciados hermanos que nos regalaron las maravillas de Matrix con que no entendemos su arte, o con que interpretamos con demasiada sencillez sus complejas obras. No, aquí nos toca afirmarnos como público y decirles: “gracias por todo lo que han hecho, gracias pos su honestidad, su locura ambiciosa y su candor, pero ya no nos tragamos lo mismo y, de aquí para el real, le debemos verdadero respeto a la verdadera ciencia ficción dura”. A pesar de su belleza visual, Jupiter Ascending cansa más rápido de lo que te atrapa. Al menos a mí, en lo personal, ya se me agotó la paciencia para los polvos de hada y los vestidos de gala, el sonido del reloj de media noche y más zapatillas rotas.

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Título: Jupiter Ascending

Duración: 127 min.

Fecha de estreno: 5 de febrero de 2015

Director: Lana Wachowski y Andy Wachowski

Elenco: Mila Kunis, Channing Tatum, Sean Bean, Eddie Redmayne, Douglas Booth

País: Estados Unidos, Australia

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