El primer Street Fighter tiene una historia detrás del juego igual de apasionante que el juego mismo.

En agosto de 1987 el mundo conoció a Ryu, un joven y pelirrojo karateka japonés que mostraba sus poderosas técnicas enfrentándose a un sinnúmero de rivales en el primer torneo World Warrior. Después de noquear en la final a Sagat con un contundente Shoryuken –que le dejó una gran cicatriz al peleador tailandés–, Ryu tomó sus cosas y partió del lugar, buscando alguien más fuerte al que enfrentar.

Todo lo anterior es un resumen del primer Street Fighter, un juego que, a pesar de no ser tan famoso como su icónica secuela, marcó el rumbo de todos los juegos de peleas que vinieron después. En México pudimos disfrutarlo y padecerlo en los locales de arcade de la época, así como en muchas farmacias en las que gastábamos nuestras monedas para intentar, ya no digamos derrotar a Sagat, sino a duras penas lograr lanzar un Hadōken al inepto Retsu.

Pero, detrás de la historia del primer Street Fighter se encuentra mucho más que únicamente el inicio de una saga de videojuegos, sino también un bello homenaje al peleador más grande en la historia del karate. Pero vayamos por partes.

Karate Baka Ichidai

Cuando el futuro programador de videojuegos Takashi Nishiyama era niño, se volvió un gran fanático del cine de kung-fu (no en balde uno de los primeros juegos que desarrolló fue el clásico Kung-Fu Master). Por eso, para él fue todo un suceso el estreno en televisión de Karate Baka Ichidai, serie de animación basada en un cómic de Ikki Kajiwara, uno de los guionista de manga más importantes de todos los tiempos.

Kajiware se volvió famoso por sus mangas sobre deportes de contacto, incluyendo clásicos como Ashita no Joe (una historieta sobre box) y Tiger Mask (dedicado a la Lucha Libre), pero Karate Baka Ichidai era una historia mucho más ambiciosa. En la serie se veían las aventuras de Oyama, un joven que, después de haber servido como aviador en la Segunda Guerra Mundial, regresaba a Tokio sólo pare encontrar su país completamente devastado. Y no sólo por ver las casas y edificios de la ciudad en ruinas, sino porque se respiraba un sentimiento de derrota en todas partes. Teniendo que elegir cuál sería su camino, Oyama decide dedicar su vida al karate.

Portada de uno de los mangas de Karate Baka Ichidai.

La serie, que combinaba animación con videos live-action de entrenamientos de karate, se volvió muy popular rápidamente y se convirtió en un referente para toda una generación de niños japoneses, que llenaron las escuelas de karate de todo Japón para seguir los pasos de su ídolo: Mas Oyama. El personaje central del manga y anime era representado como un ser que sólo vivía por y para el karate, que entrenaba en bosques solitarios enfrentándose a toros salvajes, a los que derrotaba usando sus técnicas de combate. Además, Oyama también era una especie de filósofo que entregaba sentencias profundas en cada episodio, como “los deseos egoístas se deben asar en el fuego lento de un entrenamiento duro”.

En la serie Oyama nunca rechaza ninguna pelea en la que ponga a prueba sus técnicas en contra de otras disciplinas de combate. Por eso en el intro de la serie vemos a Oyama derrotando a maestros de otras artes marciales, como el kung-fu, el judo, la Lucha Libre o el kick boxing.

Una década después del final de la serie, Takashi Nishiyama usó como base la historia de Karate Baka Ichidai y la combinó con el Shooto, una liga japonesa de pelas en la que se ponían a combatir expertos en diferentes disciplinas marciales (antecedente de las MMA), para dar forma a la historia del primer Street Fighter.

Nishiyama se basó en el personaje de Mas Oyama para darle forma a Ryu, y creó a Sagat a partir del villano Reiban de Karate Baka Ichidai, que era un poderoso y malévolo luchador de muay thai que estaba tuerto y calvo. Como si esto no fuera suficiente, los dos bonus del juego hacían alusiones directas al opening de la serie animada, en el que vemos a los discípulos de Oyama rompiendo tablas, botellas y bloques de hielo.

A pesar de que el juego fue exitoso en Japón, fuera del continente asiático fue un fracaso, por lo que Nishiyama renunció a Capcom para buscar otra compañía que lo apoyara en una secuela espiritual del juego. Fue así que llegó a SNK y propuso Fatal Fury, al que él llamaba la verdadera secuela de Street Fighter, que se vio completamente opacado cuando Capcom lanzó la auténtica secuela del juego. Nishiyama después pudo volver a experimentar en SNK con Art of Fighter, un juego en el que retoma su amor por Karate Baka Ichidai, e incluye muchas referencias a la serie, sobre todo -otra vez- en los bonus.

Los bonus de Street Fighter son referencias a los videos live-action de la serie

Pero la serie que inspiró a Street Fighter, y más concretamente a su personaje principal, no es pura fantasía. Sus episodios estaban basados en la vida del verdadero Mas Oyama. Eso sí, exagerando muchos pasajes para darle mayor carga épica al manga y anime.

Masutatsu Oyama

Oyama en su época como Campeón de Artes Marciales de Japón

Ikki Kajiwara, el escritor de Karate Baka Ichidai, era un admirador del maestro de karate Masutatsu Oyama, por eso se acercó él para presentarle el proyecto de su manga. El mítico karateka se sintió halagado, pero puso como condición poder aportar ideas al guión de las historietas. A pesar de que el manga –y el anime posterior– muestra pasajes exagerados de la vida de Oyama, su vida misma es digna de una enorme novela.

Curiosamente, el último gran ídolo del pueblo japonés no era de Japón. Oyama nació en Corea del Sur el 12 de Julio de 1923, bajo el nombre de Choi Hyung Yee. La familia de Oyama era muy respetada en la región, pero durante la primera parte de su vida el futuro maestro de karate tenía un carácter complicado, era muy rebelde y peleonero.

En su infancia Oyama no mostró interés por los estudios, pero sí para aprender chabee, un arte marcial coreano que mezclaba técnicas de jujitsu y kempo. Además, cuando Oyama tenía 9 años, su padre contrató como jornalero a un experto en boxeo Shaolin, que además sabía chabee. Después de regresar del colegio, el joven pasaba las tardes entrenando con el trabajador, mejorando su nivel de combate y logrando ser el niño más temido de la región.

Cuando llegó el momento de entrar a la secundaria, el padre de Oyama lo mandó a Seúl, pero su mal carácter hacía que se metiera en peleas a la menor provocación. Por eso, su familia decidió mandarlo al Instituto de Aviación para las Juventudes de Yamanashi, una academia militar japonesa.

Mas Oyama.

En Japón cambió su nombre a Masutatsu Oyama, y aprovechó la academia militar para aprender judo, boxeo y karate shotokan. Al salir de Yamanashi entró a la Universidad de Taku-Shoku, ubicada en Tokio, dedicando sus ratos libres a entrenar con Gichin Funakoshi, el padre del karate moderno.

Con tan solo 18 años, Oyama ya era segundo Dan en karate shotokan y cuarto Dan en judo. A esa edad fue reclutado por el Ejército Imperial de Japón para enfrentar a los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, Oyama aprovechó su circunstancia para mejorar su nivel de combate. Por eso se inscribió al Kihokai, una sección de la Gran Sociedad Japonesa de las Virtudes Marciales (Butokukai) especializada en la enseñanza de espionaje y tácticas de guerrilla.

Con el fin de la guerra, Oyama buscó a Cho Hyung Ju, el mayor especialista en Karate Goju Ryu, sólo por debajo del mítico maestro Miyagi (el verdadero, no el de Karate Kid), y entrenó dos años con él. Pero, después de que Oyama mató de un solo golpe a un miembro de la yakuza, Cho Hyung Ju lo corrió del dojo con estas palabras:

 “Te he enseñado todo lo que sé. Si sigues como hasta ahora, tú solamente pelearas más y más, y solo sabrás matar, y eso harás con tu vida: matar. Te aconsejo que vayas a un templo y medites el camino que tomara tu vida: desperdiciarla o ponerla al servicio de algo positivo.”

Fue así que Oyama llegó a un templo budista en el Monte Minobu. Pero su carácter rebelde no fue de mucha ayuda para convivir con los monjes. Así que partió a las montañas aledañas al Monte Kiyosumi, donde se recluyó viviendo solo y dedicó todo el día a entrenar, y las noches para meditar. Se cuenta que Oyama partía rocas como parte de su entrenamiento, gracias a lo cual los callos de sus manos se volvieron inmensos y eran descritos así: “los cantos de sus manos parecían machetes, y sus puños martillos.”

Una ilustración de Mas Oyama peleando con un toro.

Después de dos años recluido, Oyama bajó del monte (con pelo largo) y buscó acomodo en el pueblo de Tateyama. Fue ahí donde asombró a los lugareños cuando les pedía lo dejaran enfrentar a los toros que pastaban por la zona. Se cuenta que enfrentó a 40 toros: a 36 les cortó un cuerno con un golpe de karate mientras lo embestían, y mató a 3 con sus propias manos luego de ser arrollado.

Su fama local se volvió nacional cuando, en 1947, entró al primer Campeonato Nacional de Artes Marciales de Japón, del cual salió campeón. Gracias al premio del torneo pudo abrir su dojo y, con el paso de los años, dar forma a su estilo propio de combate: el estilo Kyokushinkai.

En los años cincuenta recorrió el mundo demostrando sus técnicas y aceptando retos, incluso visitó México. Se volvió famoso por derrotar a todos sus oponentes de un solo golpe, ganando el apodo de “La Mano de Dios” y sirviendo de inspiración, muchas décadas después a Saitama, el protagonista de One Punch Man. Se cuenta que los golpes de Oyama dejaban noqueados a sus oponentes y, si llegaba a conectar, rompía los huesos de sus contrincantes, por lo que intentar poner defensa en su contra era suicida.

Gracias a sus apariciones públicas, su dojo se llenó de estudiantes de todo el mundo, que lo veneraban como a un dios. Pero lo rígido de su entrenamiento hacían que no todos se mantuvieran mucho tiempo bajo su tutela.

Oyama en la cultura popular

Se cuenta que Oyama se entusiasmó mucho cuando Ikki Kajiwara le propuso lanzar el manga basado en su vida, y adrezó la historia con varias citas que él mismo creaba para la serie. Varias de ellas fueron dichas antes en sus clases, por eso la serie ayudó a propagar sus ideas sobre la importancia de un entrenamiento duro para volverse un experto.

Cuando Takashi Nishiyama pudo entrar al mundo de los videojuegos, no dudó en rendir homenaje a la caricatura que más lo entusiasmó en su infancia, por eso el primer Street Fighter está lleno de guiños a la serie de Karate Baka Ichidai. La admiración por el personaje no se detuvo, y cuando se fue a SNK creó a Takuma Sakazaki, el famoso Mr. Karate, de Art of Fighter, también basado en Mas Oyama. Incluso algunos de los golpes del personaje están sacados de imágenes famosas del verdadero Mr. Karate. También la vehemencia con la que Takuma entrena a Ryo, Robert y Yuri, hasta el punto de atosigarlos, es una referencia al duro entrenamiento que sufrían los discípulos de Oyama.

Mas Oyama y Takuma de Art of Fighter.

Como ya se mencionó, la leyenda de que Oyama vencía a todos sus oponentes con un solo golpe y que rompía los huesos de sus adversarios, también es la fuente de inspiración de Saitama, el personaje principal de One Punch Man, que al igual que el guerrero de la vida real, entrena muy duro y es calvo. E incluso, el arquetipo del héroe japonés que solo vive para la pelea -como Goku- está basado en Oyama.

Finalmente, todo indica que el legado de Mas Oyama está muy bien resguardado por tres de sus versiones de la ficción: Ryu, Saitama y Takuma… e incluso en algunos de sus más mediáticos seguidores: Sean Connery, Dolph Lundgren y Jean Claude Van Damme.

Mas Oyama junto a Dolph Lundgren (izquierda) y Sean Connery (derecha).

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