Maradona odiaba los videojuegos de fútbol, pero amaba su dinero

Maradona solo amaba tres cosas más que a sí mismo: los puros, a Boca y el dinero

Diego Armando Maradona siempre fue un ídolo, y no en el buen sentido. Su personaje y su carácter dominaron su vida. En cierta forma, él siempre fue su propio mánager, un representante digno de un personaje que se cuida a sí mismo como eso: un personaje y su relación con los videojuegos de fútbol es la forma más clara de verlo.

(Foto: El Gráfico / Wikimedia Commons)

Cuando aún jugaba, el 10 argentino comenzó a entender que su libertad estaba coartada por su propia grandeza. Mientras que buscaba la salida a su pérdida de identidad y su conversión a ídolo en las drogas, la naciente y ambiciosa industria del videojuego se alzaba poco a poco y, dentro de ella, se empezaban a vislumbrar las posibilidades.

En 1986, poco después de que Maradona marcara el gol del siglo (y de los siglos por venir), se lanzó el Peter Shilton?s Handball Maradona para el Commodore 64. A ese le siguió Seibu Cup Soccer, un juego de 1991 que llegó en medio de la crisis más grande de la carrera del Diego, en medio de sus adicciones, las lesiones y el fallido Mundial de Italia 90.

A partir de este momento, tanto Maradona como los videojuegos entendieron su papel en la industria y su relación ya no era reconciliable. Para 1993, tres años antes de su retiro y ya de regreso al fútbol argentino, Maradona adoptó su imagen y la administró como ningún otro.

El AWS Pro Moves Soccer (1993) de SEGA evitó tener que lidiar con él y sus pretensiones económicas y simplemente decidió llamarlo Donadona y, al igual, para el International Superstar Soccer Deluxe le cambiaron el nombre a Redonda.

Desde ese momento y hasta 2017, ningún juego pudo tener a Diego Armando Maradona en el campo como un personaje jugable. Fue en ese año, justamente, que Konami cometió el error de incluirlo, saltándose los candados de marketing que la marca que él mismo perpetuó impone.

Finalmente, la compañía japonesa tuvo que pagar más de 1 millón de dólares para mantener su imagen y de ahí el hechizo se rompió. El año siguiente en FIFA 18 Diego Maradona llegó como un jugador conseguible en FUT y ahora ya existe en todas las ediciones posteriores.

Diego Armando Maradona odiaba los videojuegos. Odiaba que no le pagaran lo suficiente como para arriesgar su imagen y su leyenda dentro de un juego que nunca le aseguró estar encima de Pelé, o encima siquiera de Messi o algún jugador regular.

En 1996, Diego apareció en la versión de FIFA de ese año, como suplente y con una imagen demasiado grande por decirlo de alguna forma, de la misma manera en que SEGA se burló de su sobrepeso con nombres como Donadona y Redonda.

Sin embargo, solo había tres cosas que Maradona amaba más que a sí mismo: los puros, al Boca y el dinero. Después de un tiempo, con la bancarrota encima, con una mansión y unos puros impagables cedió ante la industria con bastante naturaleza.

Eso sí, las versiones que existen dentro de los videojuegos son las que el Diego más atesoró: su pasaje en México 86, los maravillosos años en el Napoli y sus inicios en Boca Juniors, porque no hay forma mejor de entender a un jugador como él que con esos momentos.

Dentro de los videojuegos, Maradona es una sombra libre, un personaje que ahora sí es un personaje, que no tiene que preocuparse por encontrar un baño en medio de un hotel para tener un pequeño escape que se les esfuma como el polvo en el viento. Su odio a los videojuegos nació de su preocupación interminable de ser el personaje que él creía ser y su reconciliación llegó cuando su propia leyenda se diluyó entre sus mismos vicios y el día en que las consecuencias lo alcanzaron.

ANUNCIO