Ilustración: Alfonso Serrano.

Las historias de Osamu Tezuka fueron la base en la que se fundó el manga tal y como lo conocemos.

Los grandes conocedores del anime y el manga, y aquellos que nos consideramos meros diletantes (neófitos profanos e ignorantes), conocemos el nombre de aquel con el que empezó todo: Osamu Tezuka, quien es conocido como el “Dios del Manga” (漫画の神様 “Manga no kamisama”). Pero, ¿por qué este señor recibiría un mote tan importante y sería inmortalizado con letras de oro en el panteón del manga japonés?

Breve (muy breve) historia del manga

El término manga (libros de historietas japoneses) fue acuñado por Katsushika Hokusai (1760 – 1849), un pintor y grabador de ukyo-e (un tipo de grabados japonés). Se llama manga porque el nombre une dos kanjis: el primero es Man (漫que significa “informal” o “poco serio”) y el otro es Ga (画 “ilustración”), es decir, eran considerados algo así como “garabatos”. Esta palabra se empleaba para referirse a los esbozos o borradores incompletos y sin terminar de los artistas gráficos.

La gran ola de Kanagawa​ es una famosa estampa japonesa del pintor especialista en ukiyo-e, Katsushika Hokusai, publicada entre 1830 y 1833, durante el periodo Edo de la historia de Japón. (Imagen: Wikimedia Commons)

En el principio estaba el Padre… luego llegó Dios

Muchos consideran a Rakuten Kitazawa (1876 – 1955) como el “Padre del Manga” pues fue el primero que profesionalizó esta industria de la historieta en Japón. Antes de hacer manga, Kitazawa era un ilustrador y artista de nihonga (un estilo de pintura específicamente japonés). A los 19 años, Kitazawa se unió a la revista de habla inglesa Box of Curios (fue por influjo de los occidentales que comenzó el manga como lo conocemos) y empezó a dibujar caricaturas bajo la tutela de Frank Arthur Nankivell, un artista australiano que después inmigraría a Estados Unidos y se haría popular dibujando para la Puck Magazine.

Kitazawa se convertiría en el ilustrador en jefe del diario Jiji Shinpo (uno de los más influyentes periódicos de su tiempo) y sería responsable de su publicación Jiji Manga. Su estilo estaba inspirado en los cómics estadounidenses Katzenjammer KidsYellow Kid y el trabajo de Frederick Burr Opper.

Jiji Manga era una publicación dominical que servía como suplemento del diario Jiji Shinpo. (Imagen: The Trustees of the British Museum)

El primer manga en un sentido completamente moderno sería su “Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu”, que narra la historia de dos campesinos que viajan como turistas a Tokio y no se saben comportar como dicta la cultura moderna por lo que hacen el ridículo.

“Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu”. (Imagen: Wikimedia Commons)

Kitazawa era increíble porque desarrolló un lenguaje gráfico que apelaba a la simplicidad. Si la imagen era sencilla le aplicaba color y si era compleja se dedicaba mejor a detallarla y la dejaba en blanco y negro. Fue uno de los primeros en Japón en desarrollar narraciones en viñetas (6 viñetas en el periódico). Además realizó el primer manga con una protagonista femenina.

Kitazawa entrenó a muchos de los que después serían leyendas del manga como Hekoten Shimokawa (1892 – 1973), creador de la primera caricatura animada en Japón, “La historia del conserje Mukuzo Imokawa” (es decir, es el papá del anime); y de Ippei Okamoto (1886 – 1948), fundador de la primera organización profesional de mangakas: la “Tokyo Mangakai”.

“Juego de la vida” de Ippei Okamoto. (Imagen: The Tokyo Files 東京ファイル)

Esta animación se titula Namakura Gatana (Malditas Espadas) es de Jun’ichi Kouchi, otro de los padres del anime. La animación de Hekoten Shimokawa está perdida, pero pongo la de este señor para que vean más o menos de qué hablamos cuando hablamos de los principios del anime.

Nace el dios

Osamu Tezuka (1928 – 1989) fue el gran inventor del manga como lo conocemos ahora. Tezuka tomó lo mejor de sus antecesores e imprimió toda una nueva estética que se convertiría en el carácter distintivo del manga moderno.

Para empezar, fue el primero en implementar los “ojotes” en sus personajes (basándose en Walt Disney). La elección no fue al azar: Tezuka se dio cuenta de que los rasgos circulares atrapaban la atención de los lectores y le provocaban una sensación agradable.

Además, Tezuka tomó las viñetas de Kitazawa y las transformó para darles más narrativa. Las modificó de tal manera que incluían dramatismo en las narraciones, les daban dinamismo y desafiaban la secuencialidad lineal.

Una página del manga de Astroboy de Osamu Tezuka.

Hasta antes de Tezuka, los mangas eran historietas cortas que concluían en las pocas viñetas que ocupaban. Él creó el cambio narrativo en el que las historias se comenzaron a hacer más complejas y elaboradas (y sí, también más largas).

Así que el Dios del Manga no solo definió el espacio y la estética de los mangas, también estableció las bases para el desarrollo de los géneros posteriores tales como el Shonen, el Shojo y el Seinen:

  • Shonen: Categoría del manga y el anime dirigida especialmente a varones jóvenes que se caracteriza por tener grandes dosis de acción y situaciones humorísticas con protagonistas mayoritariamente masculinos.
  • Shojo: Categoría del manga y el anime dirigida especialmente a la audiencia femenina adolescente. Los contextos de las narraciones suelen variar aunque una constante es el énfasis en las relaciones humanas y sentimentales.
  • Seinen: Categoría del manga y el anime cuyo objetivo es atraer a la audiencia masculina mayor de 18 años. Sus narraciones tienden a ser más sofisticadas que las del Shojo o el Shonen y muchas veces las tramas tienen que ver con la violencia o la política.

La gran popularidad de Tezuka difundió y expandió masivamente la lectura y el consumo del manga, lo que ocasionó el florecimiento de la industria en el Japón de la post guerra.

Osamu Tezuka en 1951. (Foto: Wikimedia Commons)

Justo los horrores de la Segunda Guerra Mundial lo marcarían de por vida y lo empujarían a crear historias con mensajes optimistas, humanitarios y ambientales.

Su primer gran éxito lo realizó a los 20 años con La Nueva Isla del Tesoro. Aunque sus obras más importantes las realizó después con Astroboy, La Princesa Caballero y Kimba, el León Blanco (esta última fue el centro de una controversia cuando muchos años después Disney estrenara El Rey León, aunque los autores negaron conocer la historia del Simba… digo, del Kimba de Tezuka).

Los personajes de Tezuka serían tan influyentes en la cultura popular japonesa que hoy en día siguen en la memoria de los japoneses e, incluso, Astroboy es embajador de los próximos Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Cartel de embajadores de las Olimpiadas Tokio 2020.

Tezuka desarrollaría cada vez más sus narrativas hasta obtener en 1976 el argumento de MW, en el que abordó temas muy poco frecuentes para el manga de la época como lo son las relaciones homosexuales, la corrupción política y las armas químicas.

Portada de MW de Osamu Tezuka.

Otras obras destacables son Buda, en donde recrea de manera documentada la vida de Siddartha Gautama (hemm… El Buda), en la que Tezuka nos logra exponer (en tan solo 8 volúmenes) las bases del budismo.

Por otro lado está Fénix, la obra más íntima de Tezuka (no la finalizó). En este manga, Tezuka recrea la búsqueda perenne de los humanos por la inmortalidad a través de historias que suceden en tiempos diferentes con civilizaciones que nacen y perecen (es irónico que muriera antes de terminar este ensayo sobre la búsqueda de… bueno, “no morir”).

Astroboy fue la primera serie japonesa en hacerse popular en Occidente. Es la historia de un androide creado por el jefe del Ministerio de Ciencia, el doctor Tenma, quien lo diseña para reemplazar a su hijo Tobio, mismo que falleció en un accidente automovilístico. Obviamente no logra suplir la falta del hijo y Tenma (en la edición de 1960) decide vender a Astro a un cruel dueño de un circo.

Tiempo después, el profesor Ochanomizu, el nuevo jefe del Ministerio de Ciencia, lo ve en el circo, consigue que se lo entreguen y se convierte en su guardián legal. Así, Astro comienza a luchar contra el crimen (aunque la mayoría de sus enemigos son seres humanos que odian a los robots, robots locos e invasores alienígenas). En un interesante giro narrativo, hay un momento en el que Astro se enfrenta a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para detenerlos de bombardear a aldeanos vietnamitas inocentes.

Finalmente, La Princesa Caballero trata sobre cómo en el cielo se asigna el sexo a niñas y niños mediante la entrega de corazones azules y rojos. Uno de los querubines no quiere dejar de serlo, por lo que entrega su corazón a una niña. Así que la niña nace con un corazón de hombre, lo que ya de por sí es problemático, pero en un giro aún más interesante, nace en un reino en el que su padre (el rey) debe hacerla pasar por varón para que los nobles no le quiten el poder y ella pueda heredar el reino… el problema es que se enamora de un príncipe de un reino vecino (chan chan chan… tomen eso categorías de género).

Innovador y brillante, Tezuka murió relativamente joven, a los 60 años, de cáncer estomacal. Pero como toda divinidad, espiritualmente no murió ya que su legado sigue.

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