Los mejores cuentos de H.P. Lovecraft según Código Espagueti

Los cuentos favoritos de los redactores de Código Espagueti del terrorífico H.P. Lovecraft.

El equipo de Código Espagueti es fan del hijo pródigo de Providence, Rhode Island. Por eso, aprovechando su aniversario, te presentamos nuestros textos favoritos de H.P. Lovecraft.

(Weird Tales)

La música de Eric Zann

Por: Pepe Pulido

La memoria se tambalea frente mí al momento de recordar la primera vez que leí a H. P. Lovecraft, pero tuvo que haber sido más o menos cuando tenía 10 u 11 años, en algún volumen de las antologías baratas que Fernández Editores publicó bajo el nombre de Macabro (Seis u siete en total, me parece) y a las que debo, al lado de uno de mis mejores amigos, horas de misterio, terror y diversión. Si no fue así, la lectura de esos libros sí fueron mi ventana de escape a literatura fantástica y Lovecraft el salvoconducto a una endemoniada versión paranoide del cosmos –elemento primordial de la Ciencia Ficción de Terror–, de esa “enorme esfera desconocida del ser, custodiada por el terrible ‘Morador del Umbral’ que amenaza nuestro mundo y atormenta a todos aquellos que se aventuran a entrar ella y fracasan”.

Precisamente, “La música de Eric Zann” (1921), es uno de los relatos del imaginario Lovecraftiano que no pertenece al imaginario común del escritor. Se trata de un cuento donde conviven todos los elementos clásicos de la literatura fantástica decimonónica: “una calle que no existe en los mapas”, “una casa misteriosa”, un personaje (Eric Zann), mudo que toca el violín de manera magistral y un terrible secreto, “un narrador en primera persona (tan común en este tipo de relatos)”, una atmósfera enrarecida, etc. Pero también, “La música de Eric Zann” sorprende por lo bien escrito que está (incluso el propio autor lo consideraba su mejor cuento). Además, como un plus, Lovecraft hace referencia a la danza húngara de Brahms, como manera de situar el relato en una época más específica. Sin embargo, ¿dónde radica la verdadera magia del relato? Lovecraft construye esta danza macabra, a partir de un terror específico: el miedo a la inmensidad del universo, al infinitud del cosmos y la oscuridad que todo lo envuelve con su delicado manto, reflejo, al mismo tiempo, de lo abisal que resulta el espíritu humano.

(Dum Dum editora)

El color que cayó del cielo

Por: Alina Escobedo

H.P. Lovecraft llegó a mi vida algo tarde, a principios de mis veintes. Antes había leído literatura gótica como Drácula, El Castillo de Otranto, Frankenstein, El Fantasma de la Ópera, Carmilla, esperando sentir algo de miedo o terror, pero no fue el caso. Los libros que me recomendaban no terminaban por ser lo que buscaba. Hasta que, un buen día, llegó a mis manos un libro con varios cuentos del oriundo de Rhode Island, Estados Unidos.

Si bien, todos me gustaron, “El color que cayó del cielo” me produjo una sensación de terror que hasta entonces desconocía. Un pavor por lo desconocido e inexplicable que me resultaba extraño. Algo aterrador que nunca me había pasado con ningún libro ni con ningún cuento. Y es que, “El color que cayó del cielo” muestra la maestría de Lovecraft para construir el terror como muy pocos son capaces de hacerlo. La manera en que describe el ambiente, como va desarrollando la caída en la locura, en la decadencia por un fenómeno inexplicable. No importa cuantas veces lo lea, siempre me perturba, me inquieta pero no puedo evitar volver a él cada año.

(La Cúpula)

Desde el más allá

Por Nico Ruiz

Muchos recuerdan “From Beyond” por la maravillosa película de Stuart Gordon con el demente Jeffrey Combs y la bellísima Barbara Crampton. Pero el cuento detrás de esta obra maestra de locura horrenda trasciende, por mucho, cualquier adaptación. Éste es, tal vez, el mejor ejemplo de la inquietante capacidad narrativa de H.P. Lovecraft. Porque el mítico creador del horror cósmico se negaba a explicarlo todo, a dejar todo en un lugar palpable y comprensible. Cuando uno de sus cuentos termina, la realidad que te rodea queda trastocada, transformada, torcida. Y nunca me he podido quitar la extrañísima sensación que dejan las vívidas descripciones en este cuento; descripciones de cosas que no nada más no existen, sino que no podemos, siquiera, percibir.

¿Cómo describir lo que va más allá de nuestros sentidos? ¿Cómo transmitir el miedo de aquellos que perforaron el velo y vieron las criaturas que nos atraviesan a través de otras, horrendas, dimensiones? Si hay una forma de hacerlo con elocuencia y cruda intensidad, es como lo hace Lovecraft en este cortísimo relato. Y, ahí, en esas descripciones, detrás de los experimentos sensoriales de Crawford Tillinghast, se esconden las viejas percepciones perdidas del hombre y la capacidad de ver otra dimensión que tiene parámetros estéticos muy distintos a los nuestros. Esta radical alteridad que aterra a Lovecraft es tan terrible, tan elocuentemente terrible, porque nos rodea ahora mismo sin que podamos verla. La dimensión de horror está presente en cualquier hora, a cada segundo, en cada momento de vigilia… si esto que vivimos, como autómatas de sentidos insuficientes, puede llamarse vigilia.

(Bruguera)

El que susurra en la oscuridad

“The Whisperer in Darkness” es un cuento largo de Lovecraft que algunos, incluso, consideran como novela corta. En este maravilloso relato encontramos, condensado, mucho del pensamiento de Lovecraft. Aquí están los ecos de civilizaciones antiguas, los nombres impronunciables de viejos dioses subterráneos, los planetas de pura oscuridad, y los ritos incomprensibles de alienígenas primigenios. Aquí observamos, también, el fino sentido de la observación científica en uno de los más importantes escritores de ciencia ficción de la historia. Lovecraft, en efecto, nunca deja de lado el aspecto científico y, como en muchos otros cuentos, se centra en un personaje escéptico, calculador y racional para inducirnos el miedo a lo incalculable e irracional. A través de Albert N. Wilmarth, un importante profesor de la mítica Miskatonic University en Arkham Massachussets, nos adentramos a los secretos de extraterrestres antiguos y su trascendente presencia oculta en la tierra.

A partir de esta historia sobre una vieja especie alienígena escondida en las montañas de Vermont, Lovecraft revela la enorme textura de su mitología. Porque aquí aparecen, interconectados, el desconocido planeta oscuro de Yuggoth (luego nombrado por científicos como Plutón), el sueño eterno de Cthulhu, la forma incomprensible de Tsathoggua, Yog-Sothoth, R’lyeh, Nyarlathotep, Azathoth, Hastur, Yian, Leng, el Lago de Hali, Bethmoora, el Signo Amarillo, L’mur-Kathulos, Bran, y el gran innombrable. Y, a partir de lo incomprensible, lo extraño y lo lejano, Lovecraft escribe también, con su evocativa prosa llena de imágenes, una carta de amor al vasto paisaje americano. En algún sentido, este cuento realiza el sueño de Fennimore Cooper trastocado por el horror cósmico; un sueño de grandes taxonomías que buscan comprender el indomable tamaño del territorio estadounidense y que, al completar su titánica tarea, pueden extenderse a otros continentes, a otros mundos y otras dimensiones. Así, como toda gran narración de Lovecraft, “The Whisperer in Darkness” retrata, junto al miedo a lo desconocido, la inevitable curiosidad de quienes, por perforar el velo, arriesgan todo para ver lo que nadie debería ver.

(Alma)

La llamada de Cthulhu

Por Sergio Hidalgo

En mi infancia, los primeros libros que me atraparon fueron los de terror. Al descubrir el placer por sentir miedo me obsesioné con novelas y cuentos como El ciclo del hombre lobo, Eso o las geniales antologías de la editorial Martínez Roca. Pronto descubrí, tanto por citas en otros textos como por recomendaciones de un sin fin de personas, que existía un autor que todos decían era imprescindible, y al que debía mucho mi, en ese tiempo, autor favorito, Stephen King. Sí, se referían a Howard Phillips Lovecraft, al que solo conocía por trabajos derivados de su obra, como las películas Evil Dead o Re-Animator. Finalmente logré encontrar una antología de Alianza, que contenía varios textos de Lovecraft. y me deje llevar a un mundo oscuro, lleno de desesperanza, en el que los seres humanos eran ínfimos personajes sin control de lo que ocurre a su alrededor.

De entre todos los cuentos uno me atrapó sobre el resto: “La llamada de Cuhtulu”, una historia que presentaba un terrorífico ser ancestral, una oscura secta que lo veneraba, todo en medio de un breve relato que colindaba con la ciencia ficción y, por tanto, presentaba un horror cósmico que prefiguraba algo que desde entonces es, para mi, una certeza, que no importan nuestras acciones, estamos condenados a ser intrascendentes y a vivir rodeados de monstruos que se ocultan a la vuelta de la esquina. Tal y como dijo Lovecraft, vivimos en una isla de plácida ignorancia, y en el mejor de los casos permaneceremos así, porque si llegáramos a ver el sinsentido de todas nuestras acciones o, peor aun, el horror de lo que nos rodea, descubriríamos que estamos en medio de un abismo infinito.