Celebramos la apertura de un espacio de reflexión para ahondar en cuál ha sido el impacto del Internet en la sociedad y cuál es el rumbo que debe seguirse para aprovechar al máximo los beneficios del acceso a la red y alcanzar la tan anhelada conectividad universal.

El Internet ha modificado la relación necesaria entre la educación y las relaciones laborales. También lo ha hecho para mejorar el contacto entre médicos y pacientes agilizando la realización de trámites y compartiendo más eficientemente la información médica sobre los pacientes. En el caso de los negocios, dinamiza la productividad de las empresas haciéndolas más versátiles e integrándolas a procesos ampliados más allá de su especialidad. En el ámbito de la política, Internet ha mejorado los mecanismos de interacción entre votantes y gobernantes, optimizando diversos mecanismos democráticos para promover la transparencia y la participación ciudadana.

Por último, y no menos importante, Internet ha modificado radicalmente las dinámicas sociales, alterando el modo en que nos comunicamos e informamos en el día a día. Una conexión a la red nos permite encontrarnos permanentemente al tanto de noticias, acceder a una amplia gama de servicios y aplicaciones, comunicarnos de modo rápido y eficaz, e incluso acceder a nuevos canales de socialización para la creación de redes de interacción.

Aunque el reclamo es el de una cobertura total, en México 55.3 millones de personas (46% de la población total), casi casi uno sí y otro no de los 120.4 millones de habitantes, se consideran usuarios regulares de Internet. Prácticamente una tercera parte de los hogares (34%) están conectados a la red.

Hoy, hay un poco más de 17.5 millones de accesos a banda ancha fija en el país y lo accesos móviles superan los 22.8 millones de suscripciones, 18.9% de la población, siendo la tendencia la conectividad permanente la más fuerte disposición de los usuarios.

Es posible identificar mayores niveles de conectividad en entidades ubicadas al norte y centro de la República, mientras que los estados del sur cuentan con menores facilidades para el acceso a banda ancha.

Mientras que en el Distrito Federal y estados como Baja California Sur, Sonora y Nuevo León más de 45% de los hogares se encuentran conectados, existen estados como Chiapas y Oaxaca con menos de 15% de los hogares con acceso a la red.

Los niveles de acceso a la red son superiores en hogares en el decil de ingreso más alto (73% del total) y ubicados en zonas urbanas (30% del total). En contraste, sólo 4 de cada 100 hogares en zonas rurales y 2 de cada 100 en el decil de ingreso más bajo acceden a este servicio.

En el mundo de los negocios, 16% de los más pequeños cuentan con acceso a la red mientras que más de 90% de las empresas grandes están plenamente conectadas. La falta de acceso a Internet es una barrera que reduce el crecimiento y la competitividad del 95% de las empresas, que son las pequeñas pero que dan sustento a la considerable mayoría de familias. [1]

***

Internet

De momento la celebración de la presencia del Internet en nuestra vidas nos pone en guardia. El temor de no disponer del control y que podemos ser observados por presencias autoritarias y restrictivas de nuestras libertades, nos resta el poder que la intensidad y extensión de comunicación nos ha dado. Por otra parte, el Internet ha generado una novedosa conciencia colectiva de apertura por conocimiento de todo. La facilidad de arreglo de lo desarreglado se ha potenciado como nunca antes en la historia.

Algunos de los efectos que esta nueva conciencia colectiva que produce el Internet nos ofrece:

Junto a las ventajas de un mar de información y la paradoja de una educación formativa previa, pública o privada por debajo de lo que conceptualmente se requiere para definir consistentemente las direcciones u objetivos de soluciones que den un sentido a nuestras vidas personales y colectivas. Esta es una dificultad que se piensa el mismo Internet está propiciando pero es un engaño. ¿Cómo reconocer los perfiles de una educación que propicia el Internet? El sentido de las cosas no está en el medio, en el instrumento. Está en la mística del sentido de la vida misma, propiciada desde la familia hasta el Estado. El Internet a su llegada, nos ha indicado la debilidad de estas dos instituciones.

La espontaneidad creativa y sus pros y contras que ha generado el inmediatismo informativo del Internet subraya la necesidad de reajustar la relación entre el conciente y el inconciente colectivos; la redefinición de la idea de destino de vida colectiva ya se manifiesta (el temor al descubrimiento de lo que el Internet nos muestra es un ejemplo) y los ajustes en el proyecto personal de valores y principios se han convertido en una necesidad.

Entre las aportaciones más positivas que el Internet nos ofrece hoy está una que viene emergiendo sin darnos cuenta: la transformación del concepto de riqueza desde su valor único de dinero a otras manifestaciones dentro de la idea de conocimiento.

Socialmente el concepto de riqueza social, paradójicamente, comienza a transformarse. El impacto de la innovación tecnológica sobre la manera y forma de comunicarnos —en todos sus planos—, ha incrementado como nunca antes su intensidad. La condición de la pobreza, que disminuye el acceso al mundo de productos ofertados, satisfactores no vitales propuestos por la cultura del consumismo, ha forzado a volver la mirada hacia aquello accesible y más barato; el Internet sobresalientemente. El resultado es que con recursos económicos moderados, la mayor cantidad de consumidores de los medios electrónicos tienen un acceso virtual a un campo conceptual, emocionalmente eficiente y creativo, que conlleva otras manifestaciones de distribución de la riqueza: la forma novedosa de acceso al conocimiento en todos sus niveles no puede impedir el impacto en la creatividad de las personas y formas de organización colectiva. La difusión del saber ha abierto ahora un bien público fuera de los circuitos mercantiles de capital social. Tenemos, por así decirlo, una transformación del capital humano, gracias al impacto de la optimización de la tecnología. El escenario social, la vida humana en todas sus manifestaciones, se ha comenzado a modificar y tendríamos ya un efecto parcial favorable para las nuevas ideas que llegan todos los días por los medios sin que medien los grandes corporativos o instituciones del Estado que nos las vendan o legitimen: las tenemos y compartimos entre todos. En realidad tenemos que reconocer en ello mejoras de vida democrática participativa porque los resultados corresponden a un bien público no privado.

[1] Algunos de los datos presentados provienen de: The Competitive Intelligence Unit S.C., que pude ser consultada en su portal.

temas