Portada de Punk Rock Jesus cómic

(DC Comics)

El cómic de Sean Murphy es contra los extremismos, sean estos religiosos o incluso ateístas.

Hace algunos meses terminó de imprimirse Batman: White Knight, la serie de ocho números que enfrenta a un Joker reformado y un Batman al borde de una neurosis autodestructiva. La pluma, el lápiz y el pincel detrás de esta excelente serie es Sean Murphy, un escritor y dibujante que sorprendió a los y las lectoras con una visión única de Gotham. Su serie vendió millones, y convenció a los críticos, e incluso ya se habla de una posible reimpresión clasificada para adultos dentro de la marca DC Black Label, y una segunda parte.

Valdría la pena hablar de este trabajo, y probablemente lo hagamos un día. Pero conocer a Murphy me llevó a uno de sus textos más tempranos: Punk Rock Jesus; una serie menos madura y algo descuidada en comparación a White Knight, pero con un encanto especial y un mensaje muy poderoso.

Imaginen que en los siguientes meses descubrimos que la ciencia genética ha avanzado tanto que es posible recuperar ADN de hace 2 mil años y clonar a un ser humano. ¿Quién sería el primero en ser clonado? La respuesta es obvia, sería Jesús. No sólo eso, para el 25 de diciembre del 2019, tendríamos un reality show que transmite 24 horas de la vida del nuevo mesías. J2 sería el nombre de esta multimillonaria idea, que pondría a la religión y a los fanáticos extremistas aún más al extremo, esperando “la segunda venida del Señor”. Esa es la premisa de esta serie, y por más provocadora que suene, no alcanza a describir el brillante trabajo de Murphy.

(DC Comics)

Este es el equivalente del “primer disco” de Sean Murphy, el trabajo que estuvo planeando toda su vida, y en el que metió casi todas las ideas que había tenido hasta ese momento. Pero es un buen disco, después de todo. En la versión de pasta dura que publicó Vertigo, el autor recuerda el proceso que siguió para llegar a consolidar el argumento. En algún punto confiesa cómo comenzó a idear Punk Rock Jesus como un panfleto antirreligioso, pero los personajes mismos lo llevaron a otro lado, y tuvo que madurar ideas para que la premisa que tenía se convirtiera en una historia que valiera la pena contar.

Han existido reimaginciones de Jesús desde que se escribió el primer evangelio, y ha vuelto a ser un personaje literario desde entonces múltiples veces más. Cualquiera diría que después de 2 mil años perdería interés, pero lo cierto es que las versiones de Jesús en el cine, la literatura y los cómics no dejan de aparecer. Lo que hace interesante la versión que aquí nos ocupa no es sólo el enfoque de la religión como entretenimiento de masas, ni siquiera la idea de que Jesús termine como vocalista de punk; sino la permanencia de un sentido profundo, aun dentro del culto frívolo al entretenimiento.

En esta serie, la “madre de Dios” termina siendo una adolescente engañada a la que someten a un estado de semi esclavitud, que permite a los televidentes disfrutar de su belleza y a los fanáticos adorarla en un pedestal technicolor. El niño Jesús, por su lado, crece aislado, pensando que es Dios, adorado pero encerrado en la “realidad” televisiva. Si esta familia claramente disfuncional no se lanzó al precipicio en la primera oportunidad, fue por los personajes secundarios que los rodean. Thom, por ejemplo, es un ex terrorista, fanático católico de dos metros, con un pasado lleno de culpas que cree expiar al lado del nuevo mesías. También encontramos a la doctora Epstein, la mente atea, científica y aparentemente racional detrás de la clonación; fanática de la ciencia, tiene que reconsiderar sus valores cuando su instrumentalización de las personas que la rodean chocan con su sentido moral. Finalmente, con ellos vive su hija Rebekah, una niña de la edad del mesías con una sospechosa inclinación a la compasión; y además tienen un oso polar como mascota.

Los personajes son conmovedores y complejos, llenos de errores y, aunque el villano parece demasiado plano y obviamente diseñado para ser odiado, el resto navegan en un mundo complicado donde sus decisiones tienen consecuencias y no siempre es fácil distinguir el bien del mal. Pero detrás de todo esto, Punk Rock Jesus es más que un panfleto en contra o a favor de la religión; es una historia que pone en duda todo fanatismo y muestra que cualquier verdad llevada al extremo es dañina.

(DC Comics)

La caricatura del extremismo cristiano y el nacionalismo estadounidense hacen obvia la ignorancia religiosa y la intolerancia contra todo lo que resulta ligeramente diferente. Contra ellos se levanta un Jesús adolescente que utiliza la tribuna con la que nació para vomitar letras punk sobre los fanáticos. La historia no cae en la tentación de pontificar el punk como salvación contra toda forma religiosa; sino que muestra que la militancia ateísta puede volverse tan intolerante y peligrosa como cualquier otro fanatismo.

El punk, como la espiritualidad, puede caer y ha caído en el consumo de entretenimiento frívolo. El show de la realidad erosiona todo pensamiento profundo, y nos deja un cascarón hueco de lo que alguna vez tuvo sentido para nosotros. Como decía Marx,  en la modernidad “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Y sin embargo, a pesar de los discos vendidos por el punk comercial, y su domesticación; a pesar de las formas consumistas de la religión y la intolerancia; es posible encontrar la crítica ácida y certera y un sentido de vida tanto en la música como en la creencia en Dios.

Punk Rock Jesus está lejos de ser un simple panfleto de ateísmo militante, y es una sugerencia de que ciertas formas de fe pueden ser punk; y a veces el punk implica algo de fe. Ante discursos que nos arrastran al  pasado y a la condena de identidades diversas, libros como el de Sean Murphy sugieren que hay más de una manera de vivir una espiritualidad, y saber eso implica ser un inconforme contra el sistema.

Como el punk, este libro no es perfecto. Algunas viñetas pudieron ser mejor diseñadas, y el último par de páginas son un ardid argumental barato. Pero estas fallas tienen algo del atrevimiento de una banda de adolescentes gritando sobre un escenario. Murphy ha madurado como artista y narrador, y ha crecido mucho en los últimos años. Seguramente su mejor trabajo estará aún por venir, pero quedará este testimonio temprano de su trabajo, ese primer disco en el que uno mete todas sus ideas y las canciones que siempre quiso grabar.

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