Ray Bradbury contra las Momias de Guanajuato

Cuando el autor conoció Guanajuato quedó tan impresionado que no tuvo más remedio que escribir, casi de inmediato un terrorífico cuento.
(Foto: Steve Castillo / AP

Ray Bradbury (22 de agosto de 1920-5 de junio 2012) tuvo la buena y la mala suerte de consagrarse como uno de los creadores de la ciencia ficción blanda –denominada así porque las obras no perseguían un rigor científico a diferencia de las novelas de, por ejemplo, Isaac Asimov o Arthur C. Clarke–, gracias a libros como Crónicas Marcianas (1950) y Fahrenheit 451 (1953). Sin embargo, el escritor originario de Waukegan, Estados Unidos, se consideraba a sí mismo como un escritor de fantasía, afirmando que Fahrenheit era su único libro distópico.

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Ambos libros mencionados anteriormente le ganaron el reconocimiento de sus pares y poco a poco lo fueron consolidando como una de las imaginaciones más prolíficas de la literatura y un maestro del cuento. Es más, decía que que era un “narrador de cuentos con propósitos morales”. Pero lo cierto es que su abanico literario es amplio y abarca otros géneros como el misterio e incluso la poesía.

Bradbury era autodidacta y se pasa las tardes leyendo en la biblioteca, hecho que despertó en él las ganas de escribir, así, para 1947 ya tenía un primer volumen de relatos llamado Dark Carnival . Este libro esconde un relato que es el resultado de su experiencia cuando visitó México, ya que el creador del guión de la película de Moby Dick (1956) de John Huston sintió siempre una debilidad y fascinación por nuestro país como ha ocurrido con muchos escritores como Hart Crane, Jack Kerouac, William Burroughs o, más recientemente, Francisco Goldman, sólo por mencionar los menos.

(Foto: GTresOnline)

La fortuna quiso que los cuentos  gozaran de un éxito secreto entre los cultivadores de los mal denominados géneros menores, pero tuvieron que existir las Crónicas Marcianas y Farenheit 451 para que Bradbury volviera a publicar las historias de Dark Carnival  en volumen llamado, atinadamente, The October Country (1955) agregando cuatro relatos más escritos en distintos momentos de su vida. Este libro de corte fantástico de terror nos regala paisajes sombríos, historias que se viven en el ocaso del alma y el pensamiento, como la estación del otoño que es lánguido camino ocre al invierno y el frío de la muerte.

Dentro de esta pieza de 19 relatos hoy queremos rescatar “The Next in Line” (El siguiente en la Fila), una historia que nos remite a un México previo a la modernización alemaniana (esa que José Emilio Pacheco describe con mucho acierto en Las Batallas en el Desierto) y que está situado la ciudad de Guanajuato.

En el cuento, la mirada del narrador es costumbrista y se muestra maravillada por lo que contempla a su alrededor: un lugar que está en transición, que no ha dejado de ser un pueblo, pero que tampoco es, bajo ninguna circunstancia, una ciudad, al menos no una como las que existían en el imaginario estadounidense de la época.

Así inicia El Siguiente en la Fila:

“Era una pequeña caricatura de una plaza de pueblo. Había allí estos ingredientes frescos: la caja de bombones de un kiosco donde estallaba la música las noches de los jueves y los domingos; unos hermosos bancos de bronce y cobre patinados de verde con volutas y flores; hermosos senderos de mosaicos rosados y azules —azules como ojos de mujer recién pintados, rosados como maravillas ocultas de mujer—, y hermosos árboles podados y recortados en forma de caja de sombreros. Todo, desde la ventana del hotel, tenía la fresca amabilidad y la fantasía increíble que uno hubiera esperado encontrar en una villa francesa de fines de siglo. Pero no, esto era México, y ésta era una plaza en un pueblecito colonial mexicano, con un hermoso Teatro Municipal de la ópera, donde se exhibían películas a dos pesos la entrada: Rasputín y la emperatriz, La casona, Madame Curie, Aventura de amor, Los papás enamorados”.

La historia del cuento se centra en Joseph y Marie, un matrimonio que decide vacacionar en nuestro país haciendo un recorrido por diferentes lugares durante las fechas del Día de Muertos, pero que, por azares del destino deben quedarse más de lo esperado en aquel extraño pueblo. Joseph, aficionado a la fotografía, está ansioso por ir al panteón y, más allá de ver las “folclóricas” representación, conocer las famosas momias que se encuentran en las catacumbas, sin embargo, Marie vive aterrada ante las manifestaciones celebratorias de los mexicanos frente a la muerte, sobre todo por que al inicio del relato contemplan desde la ventana del hotel un velorio donde un hombre lleva un bulto en la cabeza que esconde el cadáver de lo que Marie considera una niña, acompañado de una larga procesión. Desde este punto temprano de “El siguiente en la fila” el relato se desarrolla con una vertiginosidad apabullante. La mujer de Joseph vive días aterradores luego de las visita a las momias y su mirada racista no le permite reconocer las maravillas que la rodean, llegando al borde de la locura:

“Los muertos gritaban. Parecía como si hubiesen saltado, saliendo muy tiesos de las tumbas, apretándose con las manos los pechos encogidos, y gritaban ahora, y en las mandíbulas desencajadas asomaban las lenguas. Y así habían quedado para siempre. Todos tenían las bocas abiertas. Era un grito que no cesaba nunca. Estaban muertos y lo sabían. Las fibras resecas y los órganos consumidos lo sabían.

Marie escuchó un rato los gritos.

Dicen que los perros perciben sonidos que los humanos no oyen nunca, de muchos decibelios por encima de los sonidos normales”.

Ray Bradbury y las Momias de Guanajuato

Se calcula que las momias de Guanajuato fueron desenterradas entre 1870 y 1958, luego de que un se pidiera un impuesto local para mantener a los muertos enterrados a perpetuidad, sin embargo pocas personas, siempre las de clases más bajas, eran incapaces de pagar mensualmente esta tarifa, por lo que los cuerpos eran desenterrados y acumulados en un edificio contiguo. Hacia 1900, los enterradores del cementerio empezaron a cobrar para que se pudiera visitar a las momias como parte de un atractivo turístico.

(Foto: Reyoung Cho / Wikimedia Commons)

Esas son las momias que conoció Bradbury en compañía de su amigo Grant Beach, no las que nosotros conocimos más tarde detrás de vitrinas y en un museo construido con todas las de la ley. El paisaje, verlas directamente, sin flitros, resultó tan impresionante para el escritor que en la introducción a Dark Carnival cuenta la experiencia descarnada de los tapices de la ficción, cruda y al rojo vivo:

“La experiencia me aterrorizó, casi no podía esperar a huir de México. Tenía pesadillas sobre la muerte y tener que permanecer en los pasillos de los muertos con esos cuerpos apoyados y sostenidos por un cable. con el fin de purgar mi terror, al instante, escribí ‘El siguiente en la fila’. Una de las pocas veces que una experiencia ha dado resultados casi en el acto”.

El relato es una verdadera pieza maestra de paranoia, horror y descripciones que resultan aterradoras, incluso para quienes estamos familiarizados con la muerte. A continuación puedes disfrutar de esta obra temprana (y maestra) de Ray Bradbury, pero tal vez, no deberías leerlo solo y de noche en tu casa, a menos que quieras sentir –lo digo en serio– como se te erizan los pelos de la nuca, como a la propia Marie.

El siguiente en la fila