Esta semana The Office cumplió 10 años de su estreno allá en el lejano 2005.

La versión americana de la serie, más digerible, tal vez, que la implacable versión original británica liderada por Ricky Gervais, fue un completo éxito televisivo que cambió para siempre la comedia mainstream americana y los formatos de realidad fingida en televisión. Pero también fue la cuna de grandes personalidades del entretenimiento como Steve Carrel, John Krasinsky y el muy cotizado B. J. Novak; y resultó, finalmente, en el encuentro de grandes directores que figuraron como leyendas de la ciencia ficción desde Harold Ramis (Ghostbusters) hasta J. J. Abrams (Super 8) y Josh Whedon (The Avengers). Con todo, son las breves intromisiones temáticas de lo nerd en la serie lo que queremos recordar hoy para celebrarla. Así que les proponemos, desde Scranton con eterno cariño, diez detalles geek que nos fascinaron en sus nueve largas temporadas. Que disfruten el recuerdo.

 Los disfraces

Si algo resulta característico de las innumerables referencias culturales de The Office es la cantidad de guiños geek que hay en los disfraces de Halloween. Y claro no nada más nos referimos al personaje enormemente versado en cultura geek, Dwight, sino a muchos otros empleados. Dwight se lleva, claro, las palmas desde la primera temporada como un Sith Lord (que Phyllis confunde con “un tipo de monje”) hasta el estrafalario disfraz de Sarah Louise Kerrigan, Reina de Cuchillas, de Starcraft en la última temporada. Pero también, en medio, pasa por el disfraz del Guasón de Heath Ledger que todos sufrimos como disfraz común por allá en 2008 y que comparte ese año con Creed (que no tiene idea de quién es el personaje) y Kevin (que lo estira hasta sus últimas consecuencias). No hay que olvidar por ahí también las dos cabezas de Michael en el primer Halloween, al mismo Kevin vestido de superhéroe del papel, a Meredith como Black Widow, a Kelly como LeLu de The Fifth Element y todos los disfraces irónicos de Jim (que van desde la parodia de accesorios de oficina hasta escribirse Book en la cara para referirse a la red social). Con todo, en este desfile de referencias geekeras, The Office caracterizó la ridiculez inocente de una oficina guiada por las locuras de Michael Scott y los resultados son, como siempre, una mezcla perfecta de incomodidad y comedia involuntaria.

El lanzamiento de Sabre

Desde la llegada de la empresa encabezada por el tremendo personaje de Jo (interpretado por una genial Kathy Bathes), cambian muchas cosas en la oficina. Y claro, está el impulso renovador de Ryan que quiere ingresar a Dundler Mifflin en el nuevo panorama de la cultura de Sillicon Valley: primero con su integración a Dundler Mifflin Infinity, una plataforma en red para generar más ventas (y que sólo acaba atrayendo a pedófilos para terminar en fraude); después con la incorporación de Blackberrys regalmentarios (que terminan amenazando a los más viejos de la oficina); y luego con cantidad de inventos tecnológicos como su opresiva aplicación WUPH o su blog Thousandandonewords.com con fotografías de Kelly Kapour desnuda. Y, si todo eso nos señala el momento en que los geeks de california volvieron popular la antes despreciada cultura nerd, nada queda tanto en la memoria como la burla a las presentaciones tecnológicas que se hace en la séptima temporada con el lanzamiento de la tableta triangular de Sabre. Desde la organización de la tienda hasta el arnés para tableta, pasando por Jim vestido de blanco y echando el Steve Jobs con diapositivas de James Bond atrás, esta mofa de las modas tecnológicas es uno de los mejores momentos geek de la serie.

Las bromas de Jim sobre ciencia ficción

En The Office una de las grandes constantes creativas siempre fueron las bromas de Jim a Dwight sin las cuales la serie no hubiera nunca llegado a las mismas alturas. Y sí, hay algunas bromas físicas (los utensilios en gelatina o en la máquina de dulces, el escritorio envuelto, el tetraescritorio, etc.) pero las que aquí queremos destacar son las tres bromas que toman algo de temáticas de ciencia ficción. Primero está la broma en la última temporada en la que Jim va al dentista y deja, como remplazo, a su amigo Steve de orígenes asiáticos. Fotoshopeando sus fotos de familia, haciéndolo besar a Pam y ateniéndolo a un guión bien preparado con complicidad de toda la oficina, Jim acaba por hacer creer a Dwight que su realidad puede estar trucada. En otra broma, esta vez en la tercera temporada, Jim, ahora en Nashua, manda faxes con hojas membretadas de Dwight a la oficina de Scranton para hacerle creer que es él mismo el que se comunica desde el futuro. Se entabla una conversación entre Dwights de dos épocas y la credibilidad cienciaficcionosa del bromeado acaba por representar otra realidad imposible. Finalmente, está la maravillosa conversación a prueba de geek que mantiene Jim con Andy sobre Battlestar Gallactica confundiendo una serie de referencias para desesperar a un Dwight incapaz de rebatir asuntos tipo “la nueva temporada es igual que la anterior y trata de Dumbledore Calrissian que tiene que llevar un anillo a Mordor”. Pura joya.

Alguna vez a Yoda Michael imitó

Otra constante referencia geekera se encuentra en las múltiples imitaciones de Michael. Y bueno, el genial personaje de Steve Carell (tomado de la otra genialidad británica del gran Ricki Gervais) no se cansa de hacer referencias (la mayoría bastante equivocadas) sobre cultura popular ochentera y noventera. Pero fuera de las múltiples citas a grandes películas de acción, Michael regresa recurrentemente a imitar la sintaxis retorcida del maestro Jedi en múltiples e incómodas situaciones. Igual, sigue siendo de importancia fundamental para la serie pues es con una de estas imitaciones molestas que Michael acaba creando empatía con otro personaje tan incómodo como él, la que será su esposa: Holly.

Youtube o la tecnología a prueba de oficinas

Desde su salida a la luz hace 15 años, YouTube ha cambiado la forma en que percibimos la comunicación a través de videos, la viralidad, y claro, la distracción de oficina. Aquél que no haya perdido horas pasando de videos de gatitos a accidentes aparatosos a algún borracho simpático, que tire la primera piedra. The Office, como lectura tierna y despiadada de nuestro mundo, no pudo evitar incluir a la tremenda plataforma de video en la trama. Y esta inclusión no es simplemente esporádica, está firmemente ligada a la personalidad de Michael Scott (“cuando salió YouTube no trabajé durante cinco días” dice en algún momento) y a las dinámicas de oficina que pasan de enviar chistes con videos hechos (Kevin como el Cookie Monster, por ejemplo) hasta un espectacular video viral de lip dub para abrir la temporada 7. Si otras tecnologías digitales aparecen comúnmente en la dinámica de la oficina (teleconferencias con Stephen Colbert o rentas de 30 segundos de canciones en Itunes, sobornos de navidad con Ipods costosos o procrastinación básica a punta de Solitario Spider) ninguna es tan recurrente como el YouTube. Como fuente de música, distracción constante y el único medio de aprendizaje para las modas de hoy en día que tiene a la mano Michael Scott. Con todo, si no fuera por la estética DIY (hazlo tú mismo por sus siglas en inglés) no existiría el concepto mismo de la serie y su cercanía con la realidad filmada.

Belles, Bourbon and Bullets, RPG para matar tiempo pagado

Tal vez los juegos grupales de misterio (conocidos generalmente como Murder Party Game) sean uno de los antecedentes más viejos de todos los RPG que ahora conocemos. Si bien Community hará uso posteriormente de Dungeons and Dragons para dar forma a un increíble episodio, The Office metió más ficción a la ficción mucho antes con el episodio décimo de la sexta temporada en el que los miembros de la oficina juegan para distraerse de la catástrofe económica en la que se desboca la compañía. La implementación de un juego de rol dentro de este programa no es, además, inocente: The Office pavimentó otro sentido para el género del mockumentary mostrando ficción bajo un formato de captura de la realidad como lo es el documental. Y, si mantuvieron esa premisa hasta el final (en donde, efecto abismo, la serie se estrena dentro del mundo ficcional que crea), es porque nunca soltaron los personajes que representaban, porque no dejaron el acento, el tono y la trama. En eso el juego de rol es autorreferente; cosa que se ve muy bien en la confusión de ficción y realidad: ¿Andy invitó en verdad a salir a Erin o concretó una cita con su personaje?). Belles, Bourbon and Bullets no es nada más una referencia geekera a los ancestros de los RPG, sino una cita inteligente hacia la ficción vuelta realista que constituye el concepto mismo de la serie.

Harry Potter

Las citas a Harry Potter en The Office son innumerables. Durante el día de en el que Michael pone a competir a sus empleados por un puesto en un picnic, vemos el fanatismo de Dwight que llama Grifindor a su equipo; y claro, la burla en respuesta de Jim que llama al suyo con el nombre del innombrable Voldemort. Todo esto llega hasta el enternecedor episodio en el que Jim y Pam se hospedan en Schrute Farms y un paternal Dwight les lee el séptimo volumen del libro del mago para arrullarlos. Pero estas referencias no son el único lazo importante entre Harry Potter y The Office. En el último episodio de la serie Pam relata su experiencia en el documental como “la lectura de un gran libro que no quieres que se acabe” y una señora en el público pregunta “¿Cómo Harry Potter?”. Sí, como Harry Potter, The Office fue un éxito inesperado que pavimentó el camino para nuevos formatos en una larga serie de tintes épicos que no queríamos ver partir (a pesar de la calidad que fue decayendo en las últimas temporadas). Y sí, The Office renovó el panorama de la televisión y dio aliento a la comedia de la incomodidad que ya es un rasgo distintivo del humor americano. Como Harry Potter, The Office vio crecer a una generación.

Computron

El catorceavo episodio de la sexta temporada no tiene mucho chiste. Como en todas las series de larga corrida, hay un momento en donde se tienen que implementar capítulos de relleno y éste es uno de esos episodios-antología. Pero, en este capítulo recapitulativo que no anunciaba, en principio, gran cosa original, está una de las múltiples locuras de Michael Scott en lo que él llama el “acondicionamiento estético de la oficina”; algo así “como lo que hizo famosa a Lady Gaga y a muchas otras Drag Queens”. Para lucir entonces la oficina de Scranton con un banquero, Michael crea a “Computron, the virtual helper”, su versión realizada con Wikipedia y un conmutador de lo que sería una computadora con inteligencia artificial y acceso a bastos bancos de datos (que no era el primer intento de Michael por hacer un robot). Computron es la voz de Dwight detrás de un teléfono en una impostura ridícula, claro, pero también es parte del imaginario cienciaficcionoso de Michael tomado directamente de lo que él espera del futuro, de una oficina modernizada y vanguardista, según lo que recibe de la cultura popular. Y todo esto incluye un segway completamente inútil para pasearse en algunos metros de oficina y claro, a una inteligencia artificial para saber que en Tel Aviv se come la mejor langosta. De Michael Scott al mundo entero, la imagen que se tiene de la vanguardia sigue siendo la que se representa entre comodidades inútiles. El final del episodio es más enternecedor entonces por Computron suplicando para no morir que por el momento lacrimoso de la recapitulación con fondo musical. Estos guiños de ciencia ficción entre los mecanismos de los falso y lo real siempre se agradecerán.

Threat Level Midnight

Si la estética DIY de The Office se centra en los ingenios de YouTube y la ficción documentada como realidad, también encontramos otros enormes detalles en historias dentro de la trama. Desde la segunda temporada se sabía del preciado guión de Michael Scott para su película de espías Threat Level Midnight, pero no fue hasta la séptima temporada que pudimos ver la realización de 11 años de trabajo en el sueño más estrafalario del jefe más estrafalario. Y el resultado es una de las joyas geekeras de The Office: la película de Michael Scott es la definición misma del fanfiction ególatra que toma de diferentes universos para forjarse una historia sobre él mismo. Y tenemos algo de los Mighty Ducks, algo de Austin Powers, trozos del 007 mezclados con Riggs de Lethal Weapon y un universo noir diluido en lluvia, clubs de jazz y gabardinas amplias. De algún lado salieron los amores nostálgicos por las películas de acción noventeras en It’s Always Sunny in Philadelphia y las películas creadas con presupuesto mínimo y creatividad desbordante de Community. Y claro, Dwight siendo un mayordomo robot que se alimenta de aceite.

Dwight

Teníamos que acabar con Dwight. Éste es el personaje que pone la bandera alta en cuanto a ser, como lo describe el mismísmimo Rainn Wilson, un “nerd fascista”. Y no son los ancestros nazis, ni la granja de remolacha, ni el tímido Mose y el magnífico Nate, ni las aficiones extrañas a los osos o los numerosos trabajos académicos que ha sugerido en psicología y optimización de la fuerza laboral, lo que lo hacen inolvidable. No, en Dwight es memorable su entrega por los universos de ficción que lo apasionan: no hay límites de vergüenza si te gusta disfrazarte de la reina de cuchillas de Starcraft. Para acabar con una celebración de este gran personaje aquí cerramos con cinco de sus más grandes detalles geek.

  • Second Life

El personaje de Dwight encuentra su increíble profundidad en detalles como estos: su vida era tan genial que decidió tener una segunda vida en Second Life; una segunda vida que es exactamente igual a la que vive en la realidad. Pero ahí no acaba la cosa: le gusta tanto su segunda vida que crea el Second Second Life para vivir una tercera vida idéntica. En placeres ñoños no hay culpas por delirio.

  • El contrato

Muy al estilo de Sheldon Cooper, el contrato que Dwight elabora entre él y Angela para reproducirse de la manera más fría y eficaz, es una verdadera joya de referencia cienciaficcionosas. Dos destacan: primero que está estipulado en el contrato que no pueden tener hijos con nombres de Star Trek; segundo, que el contrato trae una cláusula de condición por si se descubre que, de hecho, vivimos en la Matrix. Paranoia nerd a tope.

  • Lenguas de fantasía

A lo largo de la serie Dwight se muestra como un sujeto versado en las diferentes lenguas famosas de la ciencia ficción y la fantasía. Primero que nada, es un acérrimo defensor del Klingon y su derecho a ser considerado como un lenguaje a parte entera (Dwight incluso explica que ya hay un curso universitario de esta lengua). Fuera de la enorme posibilidad de que también conozca un par de lenguas de la Tierra Media, en la última temporada se jacta de enseñarle Dothraki a la despistada Erin. La lengua de Game of Thrones queda como futura referencia: ¿cómo sonaría una recepcionista hablando la lengua brutal de los señores de los caballos?

  • X-Men first farm

En la última temporada se revela otro detalle simpático de la vida juvenil de Dwight. Resulta que un hombre haciéndose pasar por el profesor Charles Xavier montó una escuela en dónde hacía creer a los estudiantes que estaba ahí para aprender sus habilidades mutantes mientras los obligaba a trabajar en telemarketing y los hacia coser pantalones de mezclilla. Dwight asistió varios años a la escuela privada antes de darse cuenta de la farsa. Al parecer algunos de los que también asistieron siguen creyendo que desarrollaron habilidades: tal vez Dwight no es el único ser extravagante de Scranton.

  • Hannibal Lecter

Como último detalle geek de este gran personaje está la personificación que hace de la mítica figura del asesino serial Hannibal Lecter en la gloriosa introducción al episodio 14 y 15 de la quinta temporada. Dwight apuñala ahí a un muñeco de entrenamiento para resucitación y le corta la cara para colocársela como máscara. El chiste no ayuda mucho al corazón de Stanley y se coloca como una de los mejores comienzos de capítulo de toda la serie. Si la referencia no es tan nerd como muchas otras, sí es una de las más simpáticas intromisiones de cultura popular en la trastornada mente del personaje. Había que acabar con esta verdadera joya.

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