Get Out es la mejor película de terror del año

Get Out es el mejor estreno de horror independiente de este año y esconde una profunda reflexión sobre el racismo americano.

Get Out es una enorme propuesta cinematográfica independiente, nacida de la mente inquieta de un comediante, el director Jordan Peele. Y, entre su mezcla única de horror y comedia, se esconde una profunda sátira social de la cual es necesario hablar. Porque ésta es una gran película sobre la histórica continuación del racismo en Estados Unidos. Barack Obama lo dijo en su discurso de despedida: el racismo estadounidense es la historia hecha presente.

La historia de un racismo que persiste

El 26 de febrero de 2012, Trayvon Martin estaba caminando en una comunidad suburbana cerrada, mayoritariamente blanca, en Florida. George Zimmerman, un hombre que formaba parte de un grupo de vigilancia comunal, lo vio y lo identificó como sospechoso. Claro, la sospecha nacía de que era negro, principalmente, y de que traía una chamarra con capucha. Zimmerman llamó a la policía y, a pesar de que le dijeron que no hiciera nada, comenzó a seguirlo.

Se dio un altercado entre los dos, Martin huyó hacia la casa de su familia y Zimmerman le disparó, a 65 metros de distancia, con su pistola 9 mm, por la espalda. Martin murió instantáneamente. En el momento del asesinato, tenía 17 años.

Zimmerman, a pesar de la indignación de Estados Unidos –incluyendo la de Barack Obama– salió libre, sin ningún cargo. Poco tiempo después subastó el arma con la que mató a Martin, como si fuera cuestión de orgullo histórico. En 2015, un hombre negro trató de asesinar a Zimmerman en su coche y alcanzó a herirlo con una bala. A diferencia de Zimmerman, a este hombre sí se le acusó de intento de asesinato y fue ingresado a la cárcel.

Éste es el trasfondo habitual en el que está construida Get Out. Si nos sorprende la proeza técnica del primer plano secuencia de la cinta es porque también nos introduce al horror racial cotidiano de Estados Unidos. Como Andre, Trayvon estaba caminando en un suburbio blanco, perfectamente seguro… en apariencia.

Get Out, la película de terror dirigida por Jordan Peele

Este miedo revertido del negro hacia el blanco nace del miedo efectivo del blanco hacia el negro. La historia del racismo en Estados Unidos es una historia de culpa y recelo, de 200 años de esclavismo que terminaron con 90 años de segregación racial y el resto del pasado cercano americano en la separación marcada por la desigualdad entre razas (en 2011, un hogar negro promedio tenía solamente el 6% de la riqueza de un hogar blanco promedio).

Y del miedo nace el miedo, la sospecha y el recelo. Get Out nos muestra un giro absoluto en las reflexiones sobre el racismo en Estados Unidos porque, comprendiendo la historia, es absolutamente actual. Toma en cuenta el pasado y lo vuelve a emplazar en el término del mandato doble de Obama. Y esto es sumamente importante porque, cuando ganó Obama, se escuchó un enorme suspiro de alivio cotidiano en Estados Unidos.

Por primera vez en muchos años, algo aliviaba la tensión del racismo americano. Los blancos podían liberarse de su culpa y los negros de su recelo: los americanos juntos habían elegido al primer presidente afroamericano de su historia. Se habló de un Estados Unidos post-racial, de la liberación de las razas, del fin de un tema tortuoso que había infestado de fantasmas, de violencia, miedo y de culpa a la sociedad americana.

Pero, lo que nos dice Peele en Get Out, es que todo eso fue un desplante de deseos liberales blancos mal emplazados. No existe tal cosa como un Estados Unidos post-racial. La historia de ese país vive en cada uno de sus habitantes y los dolores del pasado los cargan todos. Esa parecía ya ser la advertencia de James Baldwin, el gran teórico del racismo estadounidense, hace más de medio siglo:

“¡Hombre blanco! ¡Escúchame! La historia, cosa que nadie parece saber, no es simplemente algo que se lee. Y no se refiere solamente, o principalmente, al pasado. Al contrario, la gran fuerza de la historia viene del hecho de que la portamos con nosotros, estamos controlados inconscientemente por ella de tantas maneras, y la historia es, literalmente, el presente en todo lo que hacemos.”

Como se ve en el plano secuencia que abre la cinta, ciertos tropos del terror se subvierten en la película de Peele: no se trata ya de la damisela en peligro perdida en un rancho redneck como en Texas Chainsaw Massacre, sino de un hombre negro, independiente y capaz, que se crió solo en un medio urbano, y que llega voluntariamente a un vecindario adinerado de blancos liberales. El malo aquí no es la ignorancia y el abandono, sino la educación y la riqueza.

Get Out, la película de terror dirigida por Jordan Peele

Como bien señaló Lanre Bakare para The Guardian, la amenaza viene, en Get Out, de los bienintencionados liberales que tratan con cariño al novio negro de su hija, que esconden bien su racismo en pequeñas amonestaciones a la ayuda doméstica, que dicen que votarían por Obama una tercera vez si pudieran. No es, como en Deliverance, un escenario en el que los blancos educados se enfrentan a la pobreza ignorante de Estados Unidos, sino todo lo contrario.

Y eso se ve más que nunca en la relación de Chris Washington con Rose Armitage. Su química en pantalla es increíble, se puede palpar cómo se quieren, se desean y se entienden. Pueden romper todos los tabúes de las relaciones interraciales en Estados Unidos a través de bromas. Rose, incluso, lo defiende frente a un policía que le pide, innecesariamente, su licencia de conducir.

El final de Get Out es descorazonador porque se observa cómo todo lo que hace Rose es un acto perfectamente actuado. Cuando, al final, aparece la hija Armitage comiendo Fruit Loops de la manera más psicópata posible, se observa, detrás de ella, una pared con las fotos de sus conquistas. Chris se convierte en la cabeza del ciervo para la cazadora experta. Y la relación de cercanía racial no es más que el silbato que se utiliza, en la caza, para atraer al ciervo con un grito artificial de apareamiento.

Todos los mitos de la América post-racismo se derrumban en un momento y empieza, de nuevo, la relación de cazador y del cazado, las reminiscencias de los esclavistas persiguiendo a sus pertenencias humanas con perros. Y la idea aquí es que pensar en una sociedad post racista en Estados Unidos es cometer, justamente, el pecado incómodo que advertía Baldwin: olvidar la historia no la niega, sino que la esconde bajo el práctico tapete de la civilidad incómoda, a punto de estallar en revueltas, asesinatos policiales y el gatillo de George Zimmerman.

En este mismo sentido, el final de Get Out pudo ser muchísimo más oscuro. Peele admitió que había pensado, para cerrar la cinta, que la policía llegara y arrestara a Chris por un multihomicidio de blancos. Y ese pudo ser un final completamente terrible que mostraría la injusticia racial que siempre ha permeado en la justicia americana.

El racismo de la admiración y la venganza negra

En Get Out, el héroe negro ejerce una venganza violenta; una venganza que revierte la dinámica del cazador y del cazado. Para acabar con el padre de la familia Armitage, Chris lo embiste con la cabeza del venado puesta como trofeo. La imagen del venado es la de sí mismo, acorralado, casi muerto, que toma, por primera vez en una larga historia, el derecho a la réplica violenta. Por eso Rose sale a cazarlo a la carretera con una perfecta indumentaria de cazadora y un viejo rifle de caza. Por eso, finalmente, con un último recuerdo de viejas opresiones, el negro sometido en el cuerpo del jardinero derrota a los cazadores empuñando, él mismo, el rifle de caza.

Get Out, la película de terror dirigida por Jordan Peele

Históricamente, sólo el blanco ha podido vengarse con el uso de la violencia legitimada. Y así lo decía Baldwin:

“Nunca fue un héroe para mí el personaje negro que, en las películas, rechazaba tomar la venganza en sus propias manos. Los héroes, hasta donde yo podía ver, eran blancos y no solamente por las películas, sino por la tierra en la que vivían. Las películas eran, simplemente, una imagen de esa tierra. Despreciaba y temía a estos héroes blancos porque ellos sí podían ejercer la venganza. Ellos sabían que la venganza era su derecho. Y así entendí, finalmente, que mis compatriotas eran mis enemigos.”

Rose caza a los pacientes de su demente padre con la seducción. Jeremy los caza, con un casco medieval, como si se tratara de un viejo torneo de fuerza masculina. Ambos acercamientos a la presa muestran una cosa: la valoración del cuerpo del otro. Porque, en la atracción sexual-amorosa o en la subyugación física, sólo se están valorando los aspectos fisiológicos de la víctima: se caza, finalmente, a los negros por su cuerpo.

Es ahí en donde entra la anécdota del padre Armitage sobre su abuelo y Jesse Owens. El racismo habitual, Ku Klux Klan, raza aria superior, de los antiguos credos de la familia cambia drásticamente cuando su abuelo es superado por Jesse Owens en el camino a las olimpiadas organizadas por Hitler en el 36; esas mismas olimpiadas en donde Owens vence todos los prejuicios de la raza superior ganando todas las pruebas imaginables.

En ese momento, el racismo de la familia Armitage cambia de perspectiva: se convierte en un racismo de la admiración. Y ese es el racismo que pervive en la cultura americana y que Peele señala con incisiva precisión: el negro y su cultura quedan vacíos de sustancia e individualidad, son cuerpos de atleta para adorar, son fetiches sexuales sobre el tamaño de un pene y la perfección de un torso, son la idea detrás de comprar a un esclavo saludable que puede mantenerse trabajando horas bajo el sol en los plantíos de algodón (y no olvidemos el pequeño detalle de que la película fue filmada en Alabama).

En Get Out, en la trama macabra de los Armitage, el negro sólo importa como vehículo, como “capullo para contener a los dioses”. Los dioses son los blancos, aquellos que portan alma, los que tienen una sustancia que debe preservarse, trascender, los que deben vivir eternamente, los dueños de la historia, de la escritura, del pensamiento. Los negros son sujeto de admiración física, simples objetos fetichizados como los que se exponían en las ferias mundiales en zoológicos humanos y en las estanterías nuevas de trofeos de basquetbol.

Get Out, la película de terror dirigida por Jordan Peele

En toda la secuencia incómoda de la fiesta de jardín en casa de los Armitage se plantea el asunto de la exhibición del negro como puro recipiente del deseo blanco: están las preguntas sobre la fuerza física y la potencia sexual, está la concepción estética de la moda en la piel –”el color negro es lo de hoy”–, está el convertido Andre que se refugia, hogareño, para dar nuevo placer a su esposa blanca y vieja.

El negro se representa como pura fuerza física, pura sexualidad. Pero fuerza física y sexualidad que no le pertenecen, que están ahí como una exhibición de posibilidades para el gozo de otros. El negro es un cuerpo castrado que vive prisionero en el imaginario de sus celadores. Y, de nuevo, Baldwin lo decía con más sabias palabras:

“La segregación ha funcionado perfectamente en esta nación porque ha permitido que los blancos, con ninguna consciencia, creen al negro que quieren ver en cada generación. (…) Ser un negro americano es ser una especie de símbolo fálico andante: lo que significa que uno carga, en su propia personalidad, con las inseguridades sexuales de los otros.”

Finalmente, al único que parece no importarle la adoración física en la apropiación blanca del negro es al coleccionista que compra el cuerpo de Chris. El mismo coleccionista explica que sólo lo quiere por sus ojos, por esa capacidad envidiable de fotografiar. Porque también admite que, antes de perder la vista, intentó tomar fotografías de naturaleza que fueron siempre rechazadas por National Geographic.

Lo interesante aquí es la apropiación cultural a través del cuerpo. Porque no son los ojos de Chris los que toman esas fotografías, sino él mismo. No hay una separación entre el instrumento físico de la visión y la persona que levanta la cámara en su contexto. Las fotografías que aparecen en el departamento de Chris son fotografías de Boogie, un artista que gusta de sumirse en la miseria urbana del mundo, los bajos fondos, las realidades crudas. Y eso es algo que, por más que tenga los ojos de Chris, jamás podrá hacer el dueño de la galería.

Get Out, la película de terror dirigida por Jordan Peele

No se trata ya aquí del negro hipnotizado, convertido por el látigo a ese ser complaciente que sirve a los blancos (el Uncle Tom de Sam Jackson en Django), sino del negro completamente absorbido, cuerpo y alma, por la vivencia blanca de sus fetiches. La invasión de la cultura blanca, la apropiación completa, dentro del cuerpo despersonalizado del negro.

La venganza de Chris es el centro gore de la película porque es una forma de crear un héroe negro, que se levanta ante la violencia que lo acosa. Ésta es una respuesta de violencia ejemplar frente a un imaginario paranóico de violencia ejemplar. En Get Out, Peele creó al nuevo héroe de la venganza negra; una venganza que no consuela, que se retuerce en su propia violencia, que llora una realidad irreparable y recuerda, con sangre, la eternidad del racismo americano.

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