Después de hacer una reseña de Avengers: Age of Ultron, nos quedaron aún unos comentarios que decir acerca de la película y su importancia en el panorama cultural. Todo esto viene, claro, después de las desafortunadas declaraciones que intercambió Robert Downey Jr. con Alejandro González Iñárritu hace algunos días.

Desde que ganó el muy merecido Oscar, Alejandro González Iñárritu ha hecho de las suyas repartiendo opiniones a diestra y siniestra. Nadie se habría enterado de uno más o uno menos de sus discursos si no hubieran ocasionado la respuesta de Robert Downey Jr. que se sintió plenamente aludido por un par de comentarios despreciativos. El hecho de que haya respondido –independientemente de si lo que dijo fue una estupidez– muestra bien que el segundo actor mejor pagado de Hollywood tiene algo de cariño por la franquicia que lo revivió en el estrellato. Bueno, ¿y cómo estuvo la cosa?

El asunto fue que, en una entrevista, le recordaron a Downey Jr. los comentarios que había hecho Iñárritu sobre el cine de superhéroes. En particular, el mexicano dijo esta tremenda barrabasada:

“[Las películas de superhéroes] consisten en matar gente porque no creen en lo que tú crees o porque no son como quieres que sean. Tienen veneno, son genocidio cultural porque la audiencia está tan sobreexpuesta a esos argumentos, a esas explosiones y a esa mierda que no significa nada sobre la experiencia de ser un ser humano.”

Downey Jr. tuvo entonces la mala fortuna de responder con un comentario que se percibió con todo el desprecio velado de un supuesto halago:

“Mira, lo respeto muchísimo y, para un hombre cuya lengua nativa es el Español, me parece que el hecho de que pueda hilar una frase como ‘genocidio cultural’ muestra qué tan brillante es.”

Y bueno, no podemos estar más en desacuerdo con la violencia de la respuesta desafortunada: lo que parece perfilarse entre estas palabras es que un nativo hablante del español tiene que ser brillante por lograr hilar dos palabras semi-ostentosas en inglés. Lo cuál es insultante sin darle más vueltas. Pero lo que aquí nos interesa comentar, fuera de las declaraciones babosas de un Downey Jr. en constante exigencia por mostrarse simpático, es que nadie hizo mucho caso a lo que detonó el asunto; nadie se puso a criticar las declaraciones de Iñarritu que, en lo personal, me parece igual o más denigrantes.

No nada más estoy en rotundo desacuerdo con lo que dijo el director mexicano sino que siento que él mismo llega a contradecirse. Todo esto no es una postura defensiva para hacer entrar con calzador el cine que apreciamos o los productos culturales que nos gustan en la casilla de “alta cultura” que parece tener tan clara el director mexicano. No, de hecho rehúso su etiqueta paternalista de “alta cultura” y abrazo más una forma de entender la cultura que nos rodea como algo interconectado, expansivo, relacionado en múltiples niveles, nunca segmentado y siempre en flujo. Iñárritu incluye, claro, su cine en la categoría de “alta cultura” y queda preguntarnos ¿cuál sería el contrario de “genocidio cultural”? ¿Acaso “la fuente de la vida cultural”? ¿”La eterna regeneración cultural”? ¿Algo que haga brotar de su seno más y no menos cultura?

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No se puede decir que algunas cosas producen cultura y otras la sacrifican sin decir al mismo tiempo que hay cultura que merece la pena y otra que no

Pues eso es exactamente lo que hace todo producto cultural por el hecho mismo de ser cultura. No se puede decir que algunas cosas producen cultura y otras la sacrifican sin decir al mismo tiempo que hay cultura que merece la pena y otra que no. Esta frontera es peligrosa y hasta despótica: ¿quién decide qué merece ser catalogado en sus laureles? ¿Es acaso Iñárritu el que va a poner los estándares de lo que consumimos? ¿Alguien nos va a señalar el camino correcto de los productos intelectuales que apreciamos o debemos dejar de lado? Porque, dicho así, lo único que mostró el Negro es que le gustaría callar aquello que no es como él quiere que sea, aquello que no piensa como él piensa y, en eso, está cayendo en el mismo pecado que critica.

Si se estira además la liga a lo último que Iñárritu mencionó en su comentario, se podría decir que hay cosas que hablan de la experiencia humana y otras que no: que el realismo crudo de un choque, de un exguerrillero teporocho, de una bala perdida o de un trasplante de pulmón dicen más del devenir humano que una película de superhéroes. Pero no hay creación humana que no hable de la experiencia del hombre. El argumento de Iñárritu fue el mismo que utilizó el colonialismo europeo para negar la cultura de los pueblos que masacraba: esas culturas no llegaba a expresar el valor de lo humano como la cima de la civilización europea lo hacía. Y eso es sumamente delicado. Hay una sutil violencia despreciativa en sus palabras. Digo esto no nada más como fanático de los cómics y del cine del superhéroes sino como estudiante en humanidades: lo dicho por Iñarritu me pareció muchísimo más despreciativo y peligroso que lo que respondió Downey Jr. y que acarreó su crucifixión en Twitter. De dos estupideces una es más sutilmente peligrosa, porque esconde mejor su paternalismo, sus pretensiones y un autoritarismo apenas velado.

Y a esto viene el estreno de Avengers que resulta ser una de las películas más convulsas del género y que, definitivamente, marcó una nueva etapa en la creación de todos estos universos fílmicos que tanto desprecia Iñarritu. Age of Ultron no es nada más una película de superhéroes, es una película de superhéroes que confía plenamente en sus súperpoderes, es una película que supone una cantidad impresionante de información ajena a la pantalla que estás viendo, una película que encadena un universo cada vez más vasto, abarcador y diverso.  (Y aquí es posible que eche unos cuanto spoilers así que ¡los desprevenidos den vuelta ahora!).

Con toda la complejidad de los diferentes puntos de vista, con el cambio final en la alineación de los Vengadores, con las tensiones entre Iron Man y Rogers –que ya anuncia la próxima guerra civil–, con las referencias políticas que se acumulan sobre el uso indiscriminado del poder para cosas tan complejas de definir como “el bien común” o “el mal absoluto”, esta secuela nos muestra ya que el rol del espectador ha cambiado. Ahora, para adentrarse en todos estos esquemas cada vez más grandes, para disfrutar de la acción junto con la comprensión completa de referencias, guiños y prospectos a futuro, el espectador debe informarse de muchas fuentes previas.

Y es por eso también que esta película va a dividir mucho las opiniones. La gente se está acostumbrando a la locura cósmica de Marvel que se introdujo en pleno con Guardians of the Galaxy y las películas de Thor; además, los superhéroes son pan nuestro de cada día y la batalla entre casas de cómics ya trascendió los límites del papel. Todo esto hace que, para entender esta película, el espectador tiene que tener ya un enorme conocimiento previo, si no de los cómics, sí de las películas anteriores y de los complementos en televisión. La batalla de Nueva York se menciona en Daredevil, los agentes de S.H.I.E.L.D han remontado la audiencia y todo comienza a entrecruzarse en formas cada vez más complejas.

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Age of Ultron no es nada más una película de superhéroes, es una película de superhéroes que confía plenamente en sus súperpoderes

Por primera vez desde que inició el proyecto del universo cinematográfico de Marvel se siente que se está creando algo de proporciones extraordinarias para la pantalla grande y sus cruzamientos con otros medios. Star Wars lleva un legado de cuarenta años que ha construido en el cine, los cómics y la televisión; Marvel va a crear su mitología cósmica en una década. La cantidad de información es enorme, la envergadura cultural también y todavía no podemos prever qué tipo de espectador se está creando para un mundo de referencias cruzadas que empapan el ámbito cultural de forma extremadamente poderosa.

Los cómics ya no son un apéndice sino que están conquistando nichos imprevistos. Es por eso que, fuera de la respuesta de Downey Jr. –que puede ser interpretada como ofensa o como pura estupidez casual–, lo que dijo Alejandro González Iñárritu sí me parece una verdadera tontería insidiosa. Al decir que una película como Avengers es un “genocidio cultural” el Negro está destruyendo lo que él mismo construyó con Birdman, porque no existiría su película sin el ambiente cultural plagado de superhéroes que la sustenta. Y justamente lo que me había gustado de esa cinta es que no me parecía tan paternalista como las opiniones de su director sino que aceptaba, con todo lujo, las posibilidades infinitas de la imaginación en los cruces culturales. En Birdman no ganaba el teatro frente al cine, ni la “alta cultura” frente a la “baja cultura”, sino que triunfaba la capacidad imaginativa y se reflexionaba sobre cómo creamos superhéroes, dentro y fuera de la pantalla, en la figura de los actores renombrados y autores alabados. Todo eso tenía que ver más con los espectadores cambiantes y un ambiente cultural que con la producción de películas en uno u otro género.

Y los espectadores están ciertamente cambiando: cada vez son más exigentes, cada vez demandan más acción y más complejidad en el entrecruzamiento de tramas. En este sentido Avengers: Age of Ultron muestra hasta qué punto está llegando la enorme ambición de Marvel: éste es un pivote para un futuro que no podemos prever y que cambiará para siempre el panorama cultural y la reflexión en torno a lo que Iñárritu considera como basura al costado del sendero de la alta cultura. Todo quedará bañado por capas y superpoderes de una manera u otra, en referencia, rechazo o ignorancia, porque este imaginario está ampliando las perspectivas de género del cómic en cine hacia horizontes inagotables.

En todo caso, y esa es finalmente mi opinión, Age of Ultron es una película completamente entretenida pero que, sobre todo, representa la verdadera inauguración de otro arte que está tomando por el cogote al mundo y que resonará mucho más allá de lo que las mentes cerradamente pretenciosas quieren seguir creyendo. Tal vez Iñárritu nunca se dará cuenta, pero esta película, inadvertidamente, demostró el verdadero vacío de sus pomposas declaraciones. Sanjada la cuestión y rectificada mi molestia, dejo aquí el comentario para seguir percibiendo, en todo lo que nos rodea, el infinito maquinar de una cultura que se rebela contra las casillas anacrónicas con que algunos pretenden someterla. Ninguna película necesita defensa: el placer creativo de muchos se impone, finalmente, frente a la tendenciosa censura de una mente que se mostró limitada aquí por sus propias pretensiones.

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