El fin de semana pasado la Real Sociedad de Londres realizó un evento para conmemorar el 60 aniversario de la muerte de Alan Turing, el padre de la computación moderna. El evento consistió en intentar superar la llamada Prueba de Turing y, sorpresivamente, una supercomputadora consiguió allanar el postulado del matemático inglés.

La prueba de Turing fue ideada en 1950 por el pionero de la informática Alan Turing, quien recientemente recibió el indulto póstumo de la corona británica que hace 62 años lo condenó por ser homosexual. De acuerdo con el postulado del matemático, si una máquina era indistinguible de un ser humano en una conversación, significaba que el aparato estaba “pensando”.

Para la Universidad de Reading en Inglaterra, superar el test suponía que por lo menos el 30% de las personas que conversaran con una computadora fueran engañadas durante platicas de un mínimo de cinco minutos cada una.

Este sábado un grupo de programadores de la Real Sociedad de Londres pusieron a prueba la idea de Turing con la ayuda de una supercomputadora conformada por cinco equipos conectados entre sí, que con ayuda de un programa informático dio forma a un chatbot que simuló ser un niño de 13 años de nombre Eugene Goostman. La computadora logró conversar fluidamente a través de servicios de chat, consiguiendo engañar al 33% de las personas con las que el ser artificial entabló platicas. Este hecho ya es considerado un hito en la historia de la inteligencia artificial.

El profesor Kevin Warwick, de la Universidad de Reading, se dijo fascinado por el resultado, pero a la vez mencionó que este acontecimiento representa nuevas interrogantes y preocupaciones para el futuro de la inteligencia artificial:

“Tener una computadora con tanta inteligencia artificial representa grandes implicaciones para la sociedad. Este paso debe llevarnos a atender de una nueva manera el futuro de los delitos informáticos que vendrán”.

A pesar de que el logro se le atribuye a la Real Sociedad de Londres, la super computadora fue creada por el ruso Vladimir Veselov y el ucraniano Eugene Demchenko.

fuente The Guardian

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