Foto: ESA.

Es una de las misiones espaciales más importantes de la historia del viejo continente.

La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) llevaba más de un año preparando su misión ExoMars, un ambicioso proyecto que busca despejar la duda de si Marte es capaz, o fue capaz en algún momento, de albergar vida. Se trata de un proyecto colaborativo entre la ESA y Roscosmos, la agencia espacial rusa.

La misión busca analizar el metano presente en la atmósfera marciana, gracias a lo cual podrá determinar si es de origen biológico o geológico, uno de los mayores enigmas del Planeta Rojo. Esta información es crucial para determinar si Marte tiene las condiciones necesarias para tener vida.

Para conseguir lo anterior se lanzó hoy en la madrugada, desde el cosmódromo de Baikonur, Kazajistán, a Trace Gas Orbiter, una sonda orbital, y al módulo Schiapparelli. Ambos dispositivos fueron propulsados por un cohete Proton-M.

ExoMars-rover
La misión también contempla la llegada de un robot explorador a Marte.

Esta es la primera de dos misiones previstas, que en conjunto buscan colocar en la órbita de Marte a la Trace Gas Orbiter y conseguir que mande información a la Tierra. La segunda misión, que partirá en 2018, colocará sobre el polvoriento suelo del planeta vecino un rover explorador, similar a Curiosity, cargado de instrumental científico.

Por lo pronto, el cohete Proton-M tendrá siete meses para alcanzar la órbita marciana, donde está previsto que llegue en octubre. Tres días antes de alcanzar la atmósfera marciana, el módulo Schiapparelli se separará de la sonda Trace Gas Orbiter y cubrirá en solitario la última etapa del trayecto hasta Marte. Cuando el módulo se encuentre a 122 km de la superficie marciana activará todos sus sistemas de aterrizaje y se preparará para caer a la superficie marciana, ahí esperará a la segunda misión por un par de años.

Mientras eso ocurre la sonda permanecerá en el espacio estudiando los gases marcianos. Cuando llegue el rover explorador en el 2018 servirá de enlace entre el armatoste y la Tierra. Si todo sale bien, en el 2020 una tercera misión se encargará de recoger muestras físicas y traerlas de regreso a la Tierra.

fuente ESA

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