Dios es mujer, siempre lo ha sido y siempre lo será: El culto a la Gran Diosa

Los cultos de deidades femeninas son mucho más antiguos que los de dioses varones y aquí te contamos sobre ello.

Antes de Anu, Alá, Avalokiteshvara y Brahmā, siglos antes del nacimiento de Zeus y el encumbramiento de Yahvé, la humanidad adoraba a una sola diosa: La Madre Tierra. Ser única, comprensiva y dadora de vida y de todas las bondades, proveedora de alimento y protección.

En otras palabras, si Dios y el Diablo jugaran en un campo de futbol, ella sería el campo, las gradas, el cielo y el viento que pasará por entre los jugadores. Ella lo sería todo, como explica Nancy Downs en Jóvenes Brujas.

No es una broma ni una metáfora, su culto se extendía por todo el planeta hace 30 mil años, antes incluso de que existieran las ciudades o las civilizaciones, con diversos nombres y representaciones, pero la representación más antigua de la que se tenga registro data del Paleolítico Medio y fue encontrada en Europa.

El culto a la Gran Diosa Madre

El Paleolítico Medio ocurrió entre los años 130 mil y 33 mil antes de nuestra era. Los neandertales se extendían por Europa, el oriente próximo y las estepas rusas. Como podrán imaginar era una época dura, en la que nuestros antepasados tuvieron que adaptarse a la naturaleza para obtener hogares (en las cuevas y madrigueras) y alimento (de la caza y la recolección), sus dos principales preocupaciones y necesidades.

En esta pintura rupestre que se encuentra en el Parque Arqueológico del Tolmo de Minateda, en Albacete, España, puede verse a una mujer que lleva de la mano a un niño. Posiblemente sea una de las primeras representaciones gráficas del amor maternofilial.

Afortunadamente para nosotros, los neandertales prosperaron, comenzaron a entender su entorno y organizaron las tareas dentro de las hordas. Los varones eran encargados de la caza y las mujeres de proporcionar alimento y la crianza, actividades consideradas de máxima importancia para los grupos.

Los neandertales comenzaron a relacionar el papel de las madres/mujeres de sus hordas con lo que pasaba a su alrededor, en la Tierra. Daban vida y cubrían las necesidades básicas de los integrantes de la horda, igual que la naturaleza lo hacía con todo lo que la formaba.

“Fuera de la tierra oscura, las plantas tan importantes para la supervivencia de la horda crecieron. Las personas una vez tuvieron que observar muy de cerca, en qué momento una planta crecía fuera del suelo y daba el fruto, e incluso algo más. Estas personas ya podían observar, y saber, de dónde venía los niños y cómo la madre los alimentaba su pecho. Había y hay algo en común entre una mujer y la tierra: ambos podían dar vida, alimentar y proteger” (MARQUARDT-MAU 1988, p. 86)

Algunos estudiosos sugieren que las cuevas eran vistas como un útero, en el cual estaban protegidos y que tenían que abandonar todos los días para buscar sustento. Es decir, renacían simbólicamente al separarse de él.

En este periodo, las personas llevan su adoración a la Gran Diosa (que es la Madre Tierra) más allá de la idea de su existencia y le dan cuerpo fisco, creando representaciones escultóricas de ella.

Las Venus

Se han encontrado muchas representaciones de la Gran Diosa pertenecientes a esta época. Se les conoce como Venus Es y la más antigua es la Venus de Willendorf. Este símbolo de fertilidad tiene alrededor de 30 mil años de antigüedad y fue hecha en piedra caliza. Su nombre proviene del lugar en dónde fue descubierta en 1908 (Willendorf, un pueblo ubicado en el valle de Wachau, en Austria). 11 centímetros de alto, 5. 7 de ancho y 4.5 de espesor con 15 centímetros de circunferencia y fue fabricada con herramientas de piedra y pintada de rojo.

Venus de Willendorf

Aunque no tiene rostro, en el área en dónde debería estar la cara está ligeramente inclinada hacia su seno derecho, que se ha entendido como un símbolo del amamantamiento. Muestra los pechos, el ombligo las caderas y los labios vaginales. Es una representación de la fertilidad.

Aunque sus piernas están bien formadas, carece de pies. Los científicos creen que esto se debe a que fue creada para ser nómada. Iba a donde el pueblo fuera, como un símbolo del bienestar.

Aunque la Venus de Willendorf es la más antigua no es la única. Se han encontrado esculturas similares por toda Europa perteneciente al mismo periodo. Están la Venus de Grimaldi, la de Laussel, de Tan Tan y Berejat Ram, entre otras. Todas con sus propias especificaciones técnicas cuanto a manufactura y materiales se refieren.

Venus de Berejat Ram

Aunque los investigadores aun debaten sobre el uso que se le daba a las estatuillas de las Venus, están de acuerdo se creía que daba bienestar al que las poseía.

El Ocaso de las Diosas

Con la llegada de las civilizaciones doradas y las grandes ciudades, el culto a la Gran Diosa fue opacado por el de las deidades varones. La última diosa que brillo por luz propia, es decir que su función no era la de acompañante de un Dios, fue la Diosa del Sol hitita de Arinna. En Mesopotamia el culto a las diosas era muy extendido, pero el culto ya no es exclusivamente femenino.

En general las diosas siguieron siendo asociadas con la fertilidad, la agricultura y actividades relacionadas en todas partes del mundo, pero fueron desplazadas gradualmente por figuras masculinas, hasta el punto que se convirtieron en vírgenes.

La diosa Durga es considerada como la diosa madre suprema por algunos hinduistas. (SUBHRADIP PRAMANIK)

Con el paso del tiempo, la creencia se convierte en religión y los hombres van tomando el control de ella hasta convertirla en una institución. No fue un proceso corto, tardo varios siglos, pero su control se fue perfeccionando, reduciendo gradualmente el panteón politeísta al monoteísmo regido por un Dios Universal. El culto a la naturaleza se fue perdiendo para dar paso a la propiedad privada, que enraizó rápidamente en las nacientes sociedades y así seguimos hasta nuestros días.