Desde hace un tiempo se dice que el tercer lunes de enero es el día más triste del año pero… ¿es cierto?

Todos agradecemos el acceso a la información y que el internet nos permita encontrar casi cualquier cosa. Sin embargo, la línea entre información, conocimiento, y verdad es tan delgada que muchas veces damos por sentando que todo lo que leemos o vemos es verdadero e, incluso, lo difundimos sin mayor empacho que el de recibir un like para que todos piensen que sabemos de lo que hablamos. A esto sumémosle las estrategias publicitarias y los estudios de mercado que, muchas veces, se apresuran a sacar conclusiones con resultados dudosos. Precisamente esto fue lo que pasó con el llamado Blue Monday.

El Blue Monday (o lunes triste) se empezó a considerar el día más triste del año a partir de que en 2005 cuando la agencia de viajes Sky Travel lo decretó como parte de una campaña publicitaria. La agencia dijo haber calculado la fecha a partir de la ecuación {[W + (D-d)] x T^Q} ÷ [M x N_a], en la que se manejan los siguientes variables: W = tiempo, D = deuda, d = salario mensual, M = niveles de motivación bajas, Na = sensación de la necesidad de tomar medidas.

El problema de esta ecuación es que resulta difícil precisar los niveles de motivación baja y la sensación de la necesidad de tomar medidas. Es decir que estos elementos de la fórmula no son realmente cuantificables, y por lo tanto no podemos medir la felicidad al usarlos. Podríamos aplicar la ecuación en cualquier día del año y es posible que el resultado sea el mismo.

Conocida como la Fórmula de Arnall, la ecuación fue creada por Cliff Arnall, profesor del Centre for Lifelong Learning y en ese entonces adjunto de la Universidad de Cardiff, quien realizó el estudio del Blue Monday por encargo de la agencia de relaciones públicas Porter Novelli. Posteriormente, la agencia mandó el comunicado a otros académicos y les ofreció dinero para que lo firmaran. Hasta aquí sólo podemos preguntarnos, ¿dónde está el rigor crítico y científico de la academia? Como consecuencia, científicos e investigadores más serios arremetieron contra el comunicado de Arnall, y The Guardian publicó otro comunicado, pero esta vez de la Universidad de Cardiff, donde se deslindaba del trabajo de Arnall y aseguraba que el profesor había sido miembro de la universidad pero que la había abandonado.

El problema de trivializar la depresión

Pero como el chiste es vender, variaciones de esta idea han sido utilizadas en comunicados de presenta de otras firmas, sobre todo cuando algunos minoristas de agua embotellada y bebidas alcohólicas revivieron la idea en 2014. Es más, actualmente hasta las agencias más serias tratan de comprobar que este acontecimiento puede ser posible, a través de un análisis en las redes sociales, pero todos sabemos que las redes son parte de la sociedad del espectáculo y como tal, no dejan de ser hasta cierto punto un baile de máscaras. Podemos calcular tendencias, pero clasificar el estado humano a partir de estos estudios no sólo es absurdo, sino que trivializa un problema que puede ser mucho más serio.

Por ejemplo, de acuerdo con una nota del diario La Jornada publicada en 2016 y el Instituto de Neurocienicias, Investigación y Desarrollo Emocional (Incide), al menos el 14.3% de los mexicanos padecemos ansiedad, mientras que un 9% padece depresión y otro 9% es adicta alguna sustancia. Generalizar por lo tanto las enfermedades mentales de este tipo, asignarles una fecha y creer que hay un día en el que nos vamos a sentir especialmente deprimidos termina por banalizar y colocar un sentimiento tan complejo como la tristeza en una categoría publicitaria. Es decir, que cada tercer lunes de enero, somos más susceptibles a comprar algo que nos haga un poco “más felices”.

Lo que las enfermedades mentales hacen realmente es que –según el libro La depresión y otros trastornos psiquiátricos publicado por el Conacyt­– “impactan de manera importante la calidad de vida de la población y afectan el curso de otras enfermedades crónicas”, esto implica que el cáncer actúe con mayor rapidez, al igual que, por ejemplo, la diabetes.

El exceso de información nos lleva a conjeturar cosas de este tipo, promoverlas no sólo es vergonzoso o patético, también habla de la forma en la que estamos moldeando nuestra personalidad y nuestro conocimiento. Así que ¡no!, no existe el Blue Monday, paren por favor, que compartir esta información no sólo implica un riesgo, sino que esto sí es verdaderamente triste.

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