Fuimos a la apertura de la primera tienda oficial de Apple en nuestro país.

El frío en Cuajimalpa aminora, pero no hace calor. El día está gris y no parece tener intenciones de cambiar de humor en las siguientes horas. Altas torres de concreto y acero se alzan a mi alrededor. Inmutables, rodean cual esmaltada corona un terreno que en el pasado fuera cubierto de arena y basura ¿Pero quién se acuerda de eso? Hoy todo es diferente. Ahora en la “Manhattan mexicana” todo es esplendor y lujo.

Estoy en Santa Fe y me doy cuenta de que no conozco a nadie aquí, pero tampoco importa. Seguramente los inquilinos que habitan en los grandes departamentos no me conocen a mí y a nadie que viva en mi calle –a dos horas de este lugar–. Pero no seamos pesimistas. Aunque el sol no se refleja este sábado, en las ventanas con cristales polarizados de departamentos y oficinas, algo brilla intensamente en el interior del 3800 de la Avenida Vasco de Quiroga.

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No es un reflector lo que brilla. Es la sonrisa de alguien que ha satisfecho un deseo fuertemente anhelado. La sonrisa de Miguel Iruegas, el primer comprador de un iPhone 7 Plus y tercero en la fila para entrar a la primera Apple Store en México.

 “Yo soy originario de la Ciudad de México, pero ahora vivo en Mexicali. Nada más que hace quince días vine a saludar a mi madre, ya sabes, se acababan las vacaciones y te robas unos días. Y luego se dio todo esto del lanzamiento del nuevo iPhone y no lo encontré. Me dijeron que si me esperaba una semana más iban a abrir esta tienda. Entonces dije ‘¡pos nos quedamos!’ Que al cabo pasar ochos días con mamá no nos van a hacer daño. ¡Y mira! Ya hasta salí con juguete nuevo”, me comenta Miguel, eufórico pero cuidadoso de no tirar su nuevo bebé.

Y sí, él fue el primero en comprarlo. No lo digo yo, lo dijo el chico que lo atendía, lo dijeron los compañeros de la prensa que esperaban atentos el primer unboxing del iPhone 7 mexicano y me lo dijo él con una sonrisa de oreja a oreja. Y si lo dijo él, yo no soy nadie para no creerle.

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Miguel Iruegas, el primer comprador de un iPhone 7 Plus en la Apple Store de Santa Fe.

Pero ¿cómo logró Miguel ser el primero comprador del iPhone 7 Plus? Desvelándose como un verdadero fanático, claro está: “Primero llegué a las 2 de la tarde para ver cómo iba a estar el rollo, para saber si tenía primero que aclararlo todo con los de Apple o con el jefe de seguridad de la plaza. Luego regresé a las 8 de la noche. Desde las 8 de la noche hasta ahorita a las 11 de la mañana”, cuenta.

“¿Valio la pena? Es un tema de decir ¿qué es más? Terquedad, como parte de tu niño interior, de vivir tu aventura. La noche fue muy fría, con mucha hambre. Una gran pregunta es por qué no nos dejaron entrar adentro de la plaza, pero bueno. Hoy que lo tengo en las manos, todo queda atrás y es tiempo de disfrutarlo y sacarle provecho.”

Pero esta historia de júbilo y deseo no comienza aquí. Nos persigue desde enero, cuando Tim Cook hizo oficial la llegada de Apple Store en nuestro país. Desde ese momento no hubo sueño profundo que calmara las ansias de los fanáticos mexicanos.

Así pasaron nueve meses. Hasta las 11 de la mañana en punto del sábado 24 de septiembre. Del 10 al cero el conteo final resonó en los cuatro pisos de la enorme plaza. Eufóricos, los applefanáticos que esperaban en la fila veían por fin la culminación de un sueño largamente anhelado.

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Después de eso todo fueron gritos,  rostros felices y choque de manos a la entrada de la tienda. Cada grupo que lograba entrar a la tienda era recibido con el júbilo desorbitado. Decir que la alegría vivida en ese momento fue exagerada, sería mentir. ¿Quién puede medir la felicidad de un fan que está cerca de su ídolo?

 

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“Tenemos iPhone, iPad, Mac. Estamos enfermos. Es una enfermedad, esto”, me platica el señor Medina. Él viene de Villa Coapa, junto a su esposa y sus dos hijos, para vivir de cerca (y en su ciudad) un gusto que inició hace 8 años, cuando su hermano lo obligó a cambiarse a Mac. “Compramos iPhones. Estábamos esperando que abrieran ya una tienda en México. Siempre hemos viajado a las tiendas y los eventos, las presentaciones de los teléfono. Como familia, porque para nosotros es una cosa familiar. Es una costumbre”, afirma.

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Sin embargo, no todos vienen a comprar. Algunos son tan fans que sólo vienen a ser parte de la historia de Apple en nuestro país, como Carlos Cili quien también vino de Coapa. “Sólo venimos a ver, a ser parte de la historia de Apple en México. Aparte queremos ver el diseño de la tienda en Latinoamérica. Yo había ido a ver una en Arizona en Estados Unidos y veo que esta está del mismo tamaño”, me cuenta y aclara que se hizo fan desde el iPhone 5. “No tengo todos, solo algunos”.

Otro que viene a ser parte de la historia es Antonio Cruz. Él se trajo a sus papás desde Toluca –que está mucho más cerca que Coapa–. Llegó a las 10 y le tomó solo 2 horas recorrer toda la fila. “Me traje a mis papás. El ambiente ha estado perfecto y todo me llama la atención. La marca es perfecta y mi sueño es trabajar para Apple como programador”. De la joya de la corona de la tienda, la venta del nuevo iPhone reconoce que no le llama tanto la atención. “El nuevo iPhone esta coqueto. Mejor me espero al año que entra”.

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¿Por qué México?

En la página oficial de Apple, Angela Ahrendts, vicepresidente senior de Apple Store afirmó que “La Ciudad de México es una de las principales ciudades culturales y económicos del mundo y no podíamos estar más emocionados de traer lo mejor de Apple para nuestros clientes allí”, aclara que el “Espíritu artístico y empresarial de México hace que sea un paso natural para Apple”.

La mayoría de los capitalinos consideramos a Santa Fe un lugar fuera de la Ciudad., Tan lejos que parece estar en el futuro. Para Apple es un centro neurálgico “situado en el corazón de la comunidad empresarial de la Ciudad de México (…) ofrecerá una formación práctica a los empresarios, desarrolladores y otros clientes de negocios en una sala de juntas único”.

El día sigue en el Apple Store

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Para la una de la tarde, la fila sigue a la mitad. Aun da la vuelta al piso de arriba y hay una parte en la planta de abajo. Adentro, 200 empleados siguen atendiendo a los alegres applemaníacos que van de un lado a otro de la tienda sin saber bien que ver. Hay estadounidenses, españoles, boricuas y mexicanos venidos de provincia, se nota por sus acentos. Si alguien hubiera tenido la pericia de decir en voz alta: “¿qué hacen un mexicano, un gringo y un español en una Apple Store?” más de uno se hubiera reído.

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Me voy, no sin antes preguntarle de nuevo al jefe de la familia Medina si volvería “Sin duda vamos a regresar desde Coapa hasta acá. Es toda una experiencia. El trato es distinto, el conocimiento de los muchachos, el entrenamiento, la atención. Además te ayudan a resolver las dudas que tienes. Luego se te atoran con tu equipo y aquí hay genios que te ayudan a resolverlo”.

Por la tarde, Tim Cook publicaría el siguiente tweet:

No, pues gracias a ti por venir a la casa ¿A ver cuando nos invitas a la apertura de Monterrey? o dónde seá que vayas a abrir tu nueva tienda.

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