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Rent-a-Girlfriend y cómo vivir del odio de tus fans

Maravillosa jugada.
rent a girlfriend manga
Reiji Miyajima se enemistó con sus fans y parece que lo disfruta bastante | Fuente: TMS Entertainment

No sé cuántos de esta destacada sala de chat hayan visto el anime de Rent-a-Girfliend, pero sé que no son pocos. Así que hoy les voy a contar una historia de risa y terror, que es cómo Reiji Miyajima está logrando vivir del odio que le tienen sus fans a una obra que, pese a todo, no pueden dejar de leer.

Kanojo, Okarishimasu (o Rent-a-Girlfriend, para los cuates de las provincias occidentales) fue un mediano éxito en la Kodansha, que de a poco se hizo de más fans. Su historia, provista de los tres grandes ejes de éxito del manga (waifus, protagonistas patéticos y fan service), se adaptó tan bien al público que su adaptación al anime no se hizo esperar y, cómo no, Ruka-chan, Chizuru-san y Mami-chan también cautivaron las pantallas.

Chizuru, la waifu suprema | Fuente: Kodansha

Reiji Miyajima tenía en sus manos todo lo que seguramente desearía un mangaka, más uno que escribe comedias románticas, porque a pesar de lo obtusa que es la competencia en los shonen de peleas, esta es aún más dura en las historias de amorcito, sea del bueno o no.

El final del anime dejó al autor en uno de los puntos más interesantes del manga para poder continuar con una base de fans mucho más grande y, por supuesto, con una expectativa más alta cada semana. ¿Qué fue lo que hizo? Culminar uno de los arcos más bellos que se hayan visto en los últimos años.

Para no generar mucho spoiler a quienes no siguen semana a semana el calvario que es leer el manga de Rent-a-Girlfriend, este arco es el de la película de Chizuru. Uno en el que Kazuya e Ichinose logran desarrollar su relación a niveles que no habíamos visto, además de revelar la historia detrás de ella y todo lo que la llevó a ser lo que es.

El drama de las novias de Kazuya Kinoshita cautivó en todos los formatos | Fuente: TSM Entertainment

Es, evidentemente, el punto más alto de todo el manga y es francamente difícil de superar por la calidad narrativa que alcanzó. Por obvias razones, seguir pensando en este pequeño shonen de comedia romántica era difícil luego de estos hechos complicados, más porque siempre se adivinaba que estaba por llegar eso que todos queremos que suceda pero nunca sucede.

Sin embargo, Miyajima decidió continuar la historia de una manera confusa y muy diferente, haciendo cada vez más evidentes sus motivaciones para mostrar a sus personajes y enemistarse con sus fans, que entre la gran masa de nuevos lectores que llegaron, está también esa masa ruidosa que decide ignorarlo como autor.

¿Y por qué, te preguntarás tú? Pues es que es sencillo: aunque tengamos waifus, fan service y un protagonista patético (como tú y como yo), la idea detrás de todo lo que vemos no es solo asentar prejuicios y falsas fantasías de las relaciones entre hombres y mujeres, sino cuestionarlas.

En toda esta historia la clave es siempre el ajolote de Kazuya, que le sirve a Miyajima como un pequeño tótem en el que puede hacer un comentario como autor omnisciente en medio de los diálogos de sus personajes. Este es el que, constantemente, habla de las acciones de Kazuya, de sus indecisiones y de sus pensamientos hacia Chizuru y lo que representan tanto en la idealización que tenemos del cortejo como del noviazgo.

Mientras que Kazuya piensa hacer aquello que es considerado “normal” para después retractarse y reafirmar que eso no es ético y en ocasiones hasta es ilegal, el autor interviene para reprocharle y celebrarle las diferentes cosas que hace y las que no.

Sin embargo, cada semana fue llenándose cada vez más de comentarios que criticaban tanto a Kazuya como al desarrollo narrativo de esta historia, que fue aplazando cada vez con más excusas el clímax que será, eventualmente, que el protagonista enclenque de Rent-a-Girlfriend pueda declarársele a la persona que realmente quiere.

“La felicidad es como orinarse en los pantalones: todos pueden verlo, pero solo tú puedes sentir su calor” | Fuente: Kodansha

La frustración es grande, porque cada vez que parece que va a suceder, siempre llega algo cada vez más inverosímil a detener aquello que parece inevitable en primer orden. Es decir, ¿es necesario para que concluya, no? La pregunta realmente es esa: ¿es necesario?

Miyajima ha demostrado una y otra vez cómo no le interesa la presión de sus fans y, por el contrario, prefiere enemistarse con ellos antes que darles el gusto de hacer lo que desean. El último año es una muestra clara de ello y tampoco parece que vaya a haber cambios pronto.

No podemos decir que está detrás del dinero o de sangrar la franquicia solo porque sí. Es decir, sí… estos movimientos le benefician solo a la Kodansha, pero también es que la relación que ha desarrollado con los fans es tan enfermiza como la que él mismo ha criticado en su obra.

La relación entre Ichinose y Kazuya ha avanzado bastante en el manga | Fuente: Kodansha

La ironía que se despierta desde los primeros capítulos hasta ahora es latente y el performance que se ha armado con los lectores es tal vez una de las mejores interacciones que se hayan visto en el manga contemporáneo. Si bien su obra no es lo suficientemente importante como para tener editores que busquen a capa y espada defender los ingresos de la pasividad de otras tantas franquicias como Dragon Ball o Nanatsu no Taizai, sí es lo suficientemente lucrativa como para que le aguanten sus arranques hasta que definitivamente sus fans se cansen.

Es difícil saber hasta cuándo seguirá esta danza del odio y el amor, pero lo que es seguro es que no acabará pronto ni como tú lo deseas. Tal vez el día de mañana eso que parece evidente se destruye y Miyajima se irá a dormir con otra sonrisa al saber que te arruinó otra fantasía absurda.

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