ALVINN comenzó a diseñarse en 1984.

Era la peor de las épocas. Era la mejor de las épocas. Era un 1989 que maravillosamente nada tenía que ver con Taylor Swift, y sí mucho con la caída del Muro de Berlín, Madonna, y con la posibilidad de un mañana brillante y tecnológico. Así, mientras la mayoría de nosotros apenas soñaba con KITT de Knight Rider no nos dábamos cuenta que el futuro estaba a la vuelta de la esquina: así, en Pittsburgh, una ambulancia reconstruida del ejército llamaba ALVINN se paseaba alrededor de la Carnegie Mellon University (CMU) sin que ningún humano la manejara.

Aunque nos parezca algo de los últimos años, los coches autónomos han estado presentes en el imaginario de ingenieros e investigadores, quienes han buscado construirlos por más de tres décadas.

Todo comenzó precisamente en Carnegie Mellon, cuando en 1984 se diseñó el Navlab 1, el primer automóvil controlado por computación, el cual sería construido algunos años después. Sin embargo, el ALVINN, cuyo nombre significa Autonomous Land Vehicle In a Neural Network (Vehículo terrestre autónomo en red neuronal), no sería utilizado como coche de prueba sino hasta bien entrados los noventas.

Este primer vehículo sin conductor fue recordado recientemente en un intercambio vía Twitter que mantuvieron dos ingenieros: Olive Cameron, quien dirige un proyecto de vehículos autónomos de código abierto para Udacity, y Dean Pomerleau, el profesor de la CMU que estuvo al frente del proyecto que creó el ALVINN. Cameron tuiteó un video compartido por alguno de sus estudiantes en el cual se veía un carro manejándose solo a través de una cámara.

Esto hizo que Pomerleau le preguntara a Cameron algunas cosas sobre el aprendizaje profundo de las redes neuronales. Y luego de algunos tuits más, Pomerleau mencionó a ALVINN, el cual poseía un sistema que podía realizar 100 millón de operaciones de punto flotante por segundo, es decir, una décima parte del poder que tiene el procesador del Apple Watch. El CPU del vehículo era del tamaño de un refrigerador y funcionaba con un generador de 5,000 watts. Con todo y eso, ALVINN fue capaz de acelerar a más de 100 km/h a principios de los noventas.

Como resultado de ocho años de investigación llevada a cabo con fondos militares en el instituto de robótica del CMU, ALVINN puede considerarse el abuelo de los coches autónomos de hoy, según le dijo Cameron a Andrew Hawkings de The Verge en un mail.

Al utilizar una red neuronal que le permitiera al vehículo “aprender a manejar”, el ALVINN, a diferencia de los coches diseñados hoy en día, no necesitaba de un mapa en GPS, sino que reaccionaba según las necesidades del entorno, con lo cual se esperaba crear un coche más adaptable a través de una variedad de condiciones.

Es importante recordar que Chris Urmson, quien alguna vez fuera el jefe de ingeniería del proyecto de vehículo autónomo de Google, trabajó junto con Pomerleau. Urmson construyó la tecnología de Navlab con la cual al equipo de la CMU alcanzó la victoria en el Gran Reto Urbano DARPA, en 2007. Poco después Urmson fue contratado por Google. Uber no se ha quedado atrás y ha reclutado a docenas de expertos en robótica provenientes de la CMU para trabajar en su propia tecnología de coches autónomos.

Este video de 1997 en el que se ve al ALVINN encapsula el escepticismo y el temor que todavía domina la mayoría de los reportes dedicados a los coches autónomos. También contiene un par de argumentos blandidos por optimistas, quienes describen el enorme impacto que esta tecnología tendrá evitando accidentes de tráfico y muertes: argumentos que hoy emite Google, Uber y todos los demás. Con todo esto y todavía ante la incertidumbre de los años por venir en cuanto a esta tecnología se refiere, algo queda claro: el origen de todos los vehículos que hoy se manejan solos puede rastrearse hasta ese laboratorio de Pittsburgh en el que Pomerleau y su equipo trabajaban.

vía The Verge

fuente Carnegie Mellon University

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