Un reciente estudio científico pone de manifiesto que las emisiones de partículas provenientes de los neumáticos y los frenos de los vehículos podrían tener un impacto ambiental y en la salud humana mayor de lo que se pensaba.
Los investigadores han estudiado exhaustivamente las emisiones de los motores, que incluyen gases como óxidos de carbono y nitrógeno, así como partículas derivadas de la combustión. Sin embargo, una nueva investigación, compartida por Yale Environment 360, sugiere que las sustancias químicas liberadas por los neumáticos y los frenos han sido subestimadas en gran medida hasta ahora y podrían superar las emisiones del tubo de escape de un vehículo convencional.
El artículo de investigación publicado en 2020 destacó el impacto de la contaminación de los neumáticos en los arroyos de la costa oeste y su influencia negativa en la vida acuática, especialmente en el salmón. Identificaron una sustancia química llamada 6PPD utilizada en la fabricación de neumáticos, que, cuando se expone al ozono del aire, se transforma en sustancias altamente tóxicas para los peces. Se ha detectado esta misma sustancia química en la orina humana, aunque aún se desconocen los posibles efectos en la salud.

Neumáticos contaminantes
Estos hallazgos han generado un nuevo interés en la contaminación generada por las partículas de neumáticos y frenos. Los neumáticos están compuestos por más de 400 sustancias químicas diferentes, muchas de las cuales son perjudiciales para la salud humana.
Las emisiones de partículas de neumáticos, y en menor medida de los frenos, se están convirtiendo en un nuevo punto focal para la investigación sobre la contaminación vehicular. Los informes sugieren que el 78% de los microplásticos oceánicos provienen del caucho sintético de los neumáticos, lo que puede tener graves consecuencias para la vida marina.
La empresa británica Emissions Analytics ha estudiado minuciosamente los neumáticos y descubrió que los cuatro neumáticos de un automóvil emiten un billón de partículas “ultrafinas” por cada kilómetro recorrido. Estas partículas son tan pequeñas que pueden ingresar directamente al torrente sanguíneo a través de los pulmones y, en algunos casos, cruzar la barrera hematoencefálica. Además, el Imperial College de Londres ha investigado este tema y ha señalado que existe evidencia emergente de que las partículas de neumáticos y otras partículas pueden tener efectos negativos en la salud, incluyendo problemas cardíacos, pulmonares, de desarrollo, reproductivos y cáncer.

Es importante destacar que este problema no desaparecerá con la transición hacia los vehículos eléctricos, ya que estos tienden a desgastar los neumáticos más rápido debido a su mayor peso y alto par motor en comparación con los vehículos convencionales con motores de combustión interna.
La magnitud de estas emisiones es significativa y se cree que superan la cantidad de partículas emitidas por los tubos de escape de los vehículos modernos, según un estudio publicado este año. Hasta ahora, este problema ha sido en gran medida pasado por alto por los reguladores, pero esto está cambiando.
La Unión Europea planea regular las emisiones de neumáticos y frenos a partir de 2025, mientras que la EPA de California ya ha implementado medidas para reducir la presencia de la sustancia química 6PPD en el medio ambiente. Los fabricantes de neumáticos también están explorando alternativas más seguras. A medida que los reguladores obtengan datos más precisos, es probable que este problema adquiera una mayor relevancia y que se busquen formas de reducir esta forma de contaminación.
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