Este fin de semana se estrenó la anticipadísima adaptación de The Martian a cargo de Ridley Scott.

Después de la emoción desbordada que me causó leer la novela me quedé pensando en las posibilidades intrigantes de la futura cinta. ¿Lograría Ridley Scott rendirle homenaje a la aventura trepidante que nos regaló Andy Weir? ¿Qué tono tiene que tomar una película basada en un libro que está compuesto, casi en su totalidad, por datos científicos y cálculos duros? ¿Quedaría bien plasmada la personalidad del personaje central con Matt Damon? ¿Podría finalmente Scott redimir la terrible mala racha de películas que lleva últimamente? Y bueno, ha llegado el momento de darle respuesta a todas estas preguntas y a algunas otras cuestiones que surgieron desde la publicación de este best seller peculiar que ha dividido al mundo de la ciencia ficción.

Las críticas que se esperan

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¿Y por qué no empezamos por ahí? Desde que hice mi reseña de la novela rebozando entusiasmo y emoción, he leído muchas críticas contrastantes de fanáticos de la ciencia ficción, de comentaristas apasionados y de críticos literarios. Y los resultados son desiguales: mientras algunos adoptaron mi punto de vista de que ésta es una gran obra de ciencia ficción dura, muchos otros consideraron que esta novela era nada más porno para ingenieros y que no tenía ningún valor literario verdadero más allá de la habilidad de hacernos voltear páginas. Entre todas las críticas que leí hay una que es particularmente incisiva y que quiere explicar por qué la película debe ser mejor que el libro. El experimentado crítico geek Ryan Britt de Electric Literature comentó que ésta era una obra mediocre sin ninguna profundidad filosófica y con personajes intercambiables que no tienen verdadero relieve. Y de ahí infiere que la película sería un gran éxito de taquilla porque, bueno, todos los espectadores somos unos idiotas que nos gusta el entretenimiento burdo. Claro, esto se puede ver así. Sin embargo, me inclino a considerar todos los errores que plantea este crítico desde otro ángulo y me pregunto ¿necesita tener una novela verdadera profundidad psicológica en sus personajes y filosófica en su trama para ser “buena ciencia ficción”? ¿Acaso todo lo que es popular y entretiene tiene que ser considerado como culturalmente irrelevante?

Creo que esta visión de crítica de la novela peca en sus comparaciones. Esta novela puede ser una gran novela de ciencia ficción dura sin quitarle nada a la profundidad filosófica que lograron los grandes clásicos de Assimov, Heinlein, Dick o Lem. Estamos aquí frente a otro tipo de novela dentro del mismo género: ésta es una novela que busca un impecable realismo dentro de la ficción y que no esconde otras pretensiones que la de divertir como vieja novela de aventuras en folletín. Lo que Weir hizo es más un homenaje a Julio Verne que una continuación de la más elevada ciencia ficción contemporánea. Y no veo qué puede tener de malo eso.

Por otra parte, este crítico hablaba de la falta de profundidad del personaje de Watney que quedaría perfecto para una película hollywoodense pues, como comenta con todo paternalismo, estamos acostumbrados a que nos den historias unidimensionales en la pantalla grande americana. Pero, al contrario de esta opinión, creo que el fin de Weir no era hacer un tratado filosófico-psicológico sobre los percances que puede causar en un hombre la soledad en Marte sino mostrar las rápidas reacciones de un superviviente nato y las cualidades incuestionables de todos los astronautas que han tripulado una misión espacial. La forma humorística y burlona en la que Watney se expresa en la novela, la ausencia de verdadera introspección en sus diarios se justifican en un mismo trazo: si este hombre se hubiera puesto a pensar en la condición humana, el polvo de Marte se habría tragado su cadáver. Watney está consciente de que se encuentra en una situación única y trata de dejar un registro veraz de lo que le sucedió sin dejar de presentar una imagen de optimismo que, a través de un interlocutor imaginario, le ayuda a calcular y a sobrevivir. No hay nada más atrás y eso no quiere decir que todo esto sea menos.

Menciono estas cuestiones porque me parece que la crítica de este escritor iba dirigida a decirnos que todo producto cultural que no nos haga reflexionar profundamente sobre la condición humana no vale la pena, que toda película que entretiene con emociones rápidas para terminar en un final feliz que fascine por igual a los espectadores, es una obra sin trascendencia ni importancia. Y, al contrario de esta opinión paternalista, me parece que es el lector el que le da profundidad a lo que lee y el espectador el que encuentra en una cinta el valor de lo que busca. No creo que tengamos que exigirle a las películas y a los libros un grado de reflexión anterior a nosotros, no creo que debamos esperar grandes cuestionamientos en los textos y en las pantallas. Al contrario, creo que, estén o no estén estas profundas preguntas en lo que vemos o leemos, depende de nosotros encontrarlas y potenciarlas en nuevos significados.

Una gran adaptación de Drew Goddard

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Y así llegamos a la película que ahora nos toca reseñar. Dimos todo este rodeo sobre las críticas a la novela porque las mismas críticas surgirán en torno a la película: muchos alabarán su construcción, su ritmo, su humor y su capacidad de entretenimiento mientras otros la desecharán por no plantear profundas preguntas como se le exige, al parecer, a la ciencia ficción hoy en día. La comparación evidente que llega a boca de muchos críticos es con el alucine espacial que fue Gravity: muchos criticaron su voluntad de entretenimiento frente a la ausencia de diálogo profundo o de mensaje verdaderamente intrigante, mientras otros, en los que me incluyo, vieron una alegoría sobre la fragilidad humana y nuestras aspiraciones frustradas por ir más lejos de lo que nos permite nuestra precaria constitución.

Y bueno, no les quiero decir que vengo aquí a hacer una lectura abigarrada de The Martian, que vengo a interpretar una idea general de la película para demostrar que su valor se encuentra oculto entre líneas como un mensaje sorprendente que la redime de su cualidad de película de entretenimiento enérgico. Al contrario, vengo aquí a decirles que nada de eso es necesario y que esta cinta es entretenimiento de alto octanaje, adrenalina y suspenso, diversión garantizada. Porque, finalmente, son estas cualidades y no su profundidad filosófica, lo que hacen de The Martian una gran película.

Esta cinta fluye con la ligereza que reclamaba el libro y va acumulando sus energías para entregarnos un final trepidante que es francamente vertiginoso. El guión de Drew Goddard cumple exactamente con lo que le exigía el libro: es lo suficientemente realista para plasmar los protocolos de la NASA con algunos datos duros de ciencia y lo suficientemente ágil para impedir que estos elementos vuelvan la película pesada o larga (a pesar de sus más de dos horas de duración). Digo, hasta se dieron el lujo geek de integrar alguna broma precisa sobre El Señor de los Anillos

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E guión es lo suficientemente realista para plasmar los protocolos de la NASA con algunos datos duros de ciencia, y lo suficientemente ágil para impedir que estos elementos vuelvan la película pesada o larga.

Si bien los datos de química, física y las particularidades orbitales pasan aquí a segundo plano, el realismo de la novela se mantiene con los espectaculares paisajes marcianos retocados, aquí y allá, con nubes rojas y tormentas lejanas, además de la perfecta representación de los problemas atmosféricos de presión y gravedad. En la cinta encontramos los ligeros trajes espaciales articulados que soñó Weir para las caminatas en el Planeta Rojo, vemos la facilidad de levantar objetos pesados acorde con la gravedad de Marte, vemos las rocas desgastadas y la arena inclemente que soñamos en la lectura de la novela y sentimos los peligros de la descompresión y la dificultad de los cálculos orbitales que se convierten, frente a nuestros ojos, en grandes secuencias de acción espacial. Goddard ya nos había mostrado su capacidad para escribir guiones originales con la increíble Cabin in the Woods. Ahora nos muestra, con la misma fluidez inteligente, su capacidad para adaptar historias prestadas de otro medio.

Y aquí, hay que decirlo, lo único que falla terriblemente en la adaptación es una cuestión más cercana a la codicia de los productores que a la escritura misma del guión. Para lograr la clasificación que buscaban para la distribución de la cinta, los hombres del dinero detrás de esta cinta tasajearon los diálogos menta madres de Watney con todo tipo de recursos ridículos. Así, como sólo tenían permitido decir una vez “fuck” para sortear la estúpida censura cuantitativa, recurren a mentadas de madre sin sonido, a eufemismos patéticos (“dijo que fuéramos a tener sexo con nosotros mismos”) y a mensajes escritos desde 80 millones de kilómetros de distancia que se toman el tiempo de mitigar su lenguaje. Frente a todo el realismo apabullante de la cinta esto se vuelve particularmente molesto: digo, si cualquiera se encuentra en la situación de Watney, lo mínimo que esperaría es poder mentar madres a gusto.

Sin embargo, fuera de esta torpeza evidentemente provocada por la producción, el guión de Goddard funciona perfectamente para el formato de una película de aventura. Porque, si bien, su adaptación quitó muchos de los problemas que se encuentra Watney en el libro (en particular los enormes viajes en el rover y la última tormenta que casi lo mata) se acumula la tensión de forma constante para privilegiar la última secuencia de acción en la que la tripulación del Hermes debe lograr recoger al astronauta abandonado en la órbita baja del Planeta Rojo. Y esta economía narrativa funciona bastante bien: ningún problema anterior se siente tan terrible como esta última dificultad que se resuelve en un hermoso ballet espacial mareador que, ahí sí, toma mucho prestado de las increíbles escenas rotatorias de Gravity. El resultado es una película que se siente orgánicamente construida, bien pensada y, finalmente, magistralmente realizada por un director que, por fin, demuestra a dónde se fueron tantos años de experiencia.

Great Scott

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Éste es un gran regreso en forma de Ridley Scott como una síntesis de todo lo que hizo anteriormente: ésta es una cinta de aventura, como las que quiso hacer con sus fallidos dramas históricos o religiosos, pero con los logros en dirección que logró en sus primeros clásicos de ciencia ficción. Por un lado, Scott regresa a la ciencia ficción pero olvida todo lo que había hecho anteriormente con ella: esta cinta no explora el terror humano frente a la diferencia o la sexualidad violenta (Alien), ni busca encontrar explicaciones abigarradas sobre nuestros orígenes (Prometeus), ni se cuestiona sobre lo que nos hace humanos (Blade Runner). Por el otro, Scott regresa aquí a las películas de aventura de tono realista pero sin todo el armatoste convulso de una narrativa torpe: esta cinta logra emocionar como no lo hizo Robin Hood, logra crear un profundo suspenso humano como no lo hizo Exodus, y logra hacernos conectar fácilmente con sus personajes como no lo hizo The Counselor.

El gran logro de Scott en esta película es el de haber, por fin, encontrado un balance para entregarnos una precisa trama de aventura y supervivencia sin necesidad de trasfondos filosóficos y sin las horribles torpezas narrativas con las que se había tropezado últimamente. Contrariamente a Robin Hood o Exodus que bien pudieron plantearse para la televisión y que se sentían lentas y cargadas de demasiada condensación narrativa, The Martian logra un equilibrio excelso de suspenso, tensión emocional, realismo protocolario y buen humor.

Y en todo momento se siente la mano del director: una mano confiada, segura de sí misma, que sabe a dónde se dirige, que lleva las actuaciones con soltura y naturalidad, que tiene muy claros los planteamientos visuales que busca y que logra un todo orgánico mezclando los diferentes recursos que le da su cámara paciente y las grabaciones personales de Watney. Esta película pudo muy bien haber cometido el pecado de hacer una traducción directa de la novela de Weir utilizando el found footage como recurso primordial. Digo, finalmente la novela es una rendición exacta de los diarios de Watney. Pero Scott optó por otro camino intercalando las apreciaciones del personaje central y la narrativa de una perspectiva externa que se dio el lujo de mostrar enormes tomas aéreas y paisajes contrastados con la pequeñez del personaje.

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La sólida actuación de Matt Damon capta perfectamente los matices del personaje.

El resultado funciona a varios niveles gracias a la sólida actuación de Damon que captó perfectamente los matices del personaje. Por un lado vemos a un Watney mucho más teatral y autoconsciente en las tomas personales de su diario de viaje: ahí están las bromitas ñoñas, los retos a Neil Armstrong, el optimismo desbordante y los comentarios sarcásticos en torno a los gustos musicales de la comandante de la misión. Y, por el otro lado, con las tomas ajenas a su diario, vemos a un Watney frágil que celebra torpemente cuando logra comunicarse con la Tierra, que llora cuando escucha por primera vez una voz humana, que tiene miedo, que sufre, que duda. El contraste resulta en una lectura perfecta de la novela ahí en donde el crítico literario que mencionamos anteriormente leyó una debilidad: los diarios de Watney son una actuación, una representación de sí mismo que lo ayuda a sobrevivir mientras que su realidad íntima es mucho más dolorosa… y mucho más oscura.

En este sentido, la película logra retratar lo que la novela no podía más que sugerir: que Watney pasó un rato mucho más complicado de lo que admite cuando se retrata como fiero científico de optimismo continuo en su propio relato. El cambio de la primera persona a la tercera en la novela se traduce aquí con una edición perfecta que delimita muy bien los espacios de cada representación del personaje y que nos muestra cómo, para sobrevivir, Watney se construyó una personalidad a prueba de balas frente a la cámara para sufrir en silencio cuando no había nadie para oír su llanto.

Por otra parte, en los momentos en tercera persona del libro, encontramos a los ingenieros y directivos de la NASA que quedan aquí retratados con singular pertinencia: la sorpresa de Mindy (Mackenzie Davis) frente a la enorme responsabilidad que de pronto le toca, la obstinación del director de la misión (Sean Bean), la cobardía petulante del mandamás de la NASA (Jeff Daniels), la extravagancia de Purnell Donald Glover) y la solidez de Vincent Kapoor (Chiwetel Ejiofor) funcionan a la perfección. Por el otro lado los astronautas del Hermes están sólidamente interpretados por un reparto que, con la excepción del eterno alivio cómico de Michael Peña, queda un poco desaprovechado. No me malentiendan, Kate Mara y Jessica Chastain mantienen papeles sólidos, lo único es que el tamaño de estas actrices tal vez no corresponde a roles tan secundarios y que no alcanzan, por la misma trama de la cinta, la profundidad emocional que pueden alcanzar. Digamos que son un lujo que se agradece pero que no parece vital para la cinta.

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En los momentos en tercera persona del libro, encontramos a los ingenieros y directivos de la NASA que quedan aquí retratados con singular pertinencia.

Finalmente, todo esto nos muestra que Scott encontró un balance en una dirección que, últimamente, pecaba de errática. Esta película es la obra de un hombre experimentado que siempre supo a donde iba y que creyó fervientemente en su elenco, en su guión y en su propia capacidad. Y nos llena de gusto ver a este creador de grandes clásicos de ciencia ficción regresar en forma para una película que no le llega ni a los talones en profundidad a sus obras maestras pero que es, por sus propios méritos y con su propia forma, una gran cinta de aventura.

El final de The Martian demuestra bien esta afirmación: en vez de concluir con el mensaje de esperanza y de unión humana con que cierra el libro, Scott opta por rebajar la emoción fácil de una reconciliación política entre China y Estados Unidos para concluir con un Watney maravillado de la vida en la Tierra, de la naturaleza espontánea de nuestro planeta, asediado de preguntas y lleno de experiencia. Ese final, mezclado con los créditos que cierran con emoción renovada por las aventuras espaciales tripuladas, funciona mucho mejor que el final del libro. Porque intercambia la perspectiva de Watney con una perspectiva externa, la primera persona y la tercera persona de la novela se fusionan en la cámara de Scott para darnos un último vistazo de un marciano sorprendido por la vida en la Tierra y de unos terrícolas maravillados con su invitación involuntaria. La idea final es que, frente a la enorme hostilidad del espacio, son los errores los que nos llevan más lejos y que sólo con insistencia, regresando a la necedad humana por ir más lejos, volveremos a surcar otros cielos y cambiaremos el azul de nuestros mares por plantíos en otros desiertos.

Lo bueno
  • El excelente guión adaptado de Goddard.
  • La actuación precisa de Matt Damon.
  • Un elenco secundario que se orquesta con soltura.
  • El retorno de Scott a una dirección segura y convencida.
  • Los apabullantes paisajes marcianos.
  • El logro, con todo lo anterior, de una película de aventura que explota perfectamente sus fortalezas… y sus deficiencias.
Lo malo
  • La estúpida censura del vocabulario.
  • Que el optimismo desbordante de la cinta puede interpretarse como necesidad de agradar.
  • Que se desperdicia el talento de Mara y Chastain en papeles demasiado secundarios.
  • Que le faltó integrar más a la prensa y a la opinión pública.
  • Que, por coincidencia cercana, no pudimos ver agua en Marte.
Veredicto

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The Martian es un regreso espectacular de Ridley Scott. La seguridad y la confianza experimentada del director se traducen en una película que no pretende ser más de lo que es y que, con eso, logra ser exactamente lo que tenía que ser: una gran adaptación de ciencia ficción dura al estilo de las novelas de aventura decimonónicas. Las grandes actuaciones, el guión preciso y trabajado, la edición impecable y el lujo en la fotografía acaban por completar una cinta que retrata, como nunca se había hecho, el planeta que tanto ha encantado nuestros sueños. Si esta cinta logra la popularidad de la novela, se va a ganar a los habituales detractores del gusto común; pero también, sumándose a descubrimientos recientes que todavía nos enchinan la piel, causará que más personas volteen a mirar a las estrellas y a imaginarse en otros mundos. Ver un retrato tan cercano de un planeta tan lejano nos deja soñando, finalmente, con la esperanza de presenciar en vivo nuestros primeros pasos en otro mundo y nos da, quién quita, la idea siempre tentadora de mojar nuestros pies en las aguas rojas del fango marciano.

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Título: The Martian

Duración: 141 min.

Fecha de estreno: 01 de octubre de 2015

Director: Ridley Scott

Elenco: Matt Damon, Jeff Daniels, Sean Bean, Jessica Chastain, Kate Mara, Chiwetel Ejiofor, Michael Peña, Kristen Wiig

País: Estados Unidos

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