Y llegó la segunda cinta de Pixar en este año: ¿Es The Good Dinosaur tan buena como Inside/out?

Pixar nunca había estrenado dos películas en un año. Este evento sin precedentes no se debe, sin embargo, a un lujo para el 2015 sino a una deficiencia del 2014 (que fue el único año en el que el mítico estudio de animación no estrenó nada desde hace casi 10 años cuando Cars salió al mercado). Y todo este desbalance se debe al relajo que se armó en torno a The Good Dinosaur, película que, desde su concepción, ha tenido numerosos problemas para lograrse: hubo cambio de director y de productores, hubo recortes de personal en la empresa, hubo despidos y nuevas contrataciones, hubo un relevo en la presidencia del estudio, hubo una completa revaloración de la película y una radical reescritura inmiscuida en esta errática producción. Todo esto, desafortunadamente, confluyó a que la cinta resintiera los titubeos de la producción y resultara en una franca decepción frente a las maravillas comunes del más grande estudio de animación hollywoodense.

Deficiencias narrativas

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The Good Dinosaur no es una mala película pero es, sin duda, la película más floja que ha producido el gigante de la animación estadounidense. Esta película carece de la originalidad, el espíritu propio y la inventividad radical que nos han hecho adorar a Pixar durante tantos años. Ninguna de las reescrituras sirvió para mejorar un producto que se siente, desde el inicio, como algo maltrecho, que salió a empujones y que se asoma, casi con pena, detrás de la enorme admiración que causó hace unos meses Inside/out. Porque esta cinta hizo exactamente lo contrario de su predecesora: mientras que Inside/out buscó retrabajar el mito de la construcción de la personalidad adolescente a través de una compleja y sentida construcción de un mundo psicológico vívido y elocuente, The Good Dinosaur busca elaborar la misma historia de crecimiento juvenil sin desplegar ninguna inventividad, recurriendo a tropos gastados y mostrándonos una pasmosa falta de confianza.

Esta cinta cuenta la historia de Arlo, un joven dinosaurio que nació diferente: más débil, pequeño y frágil que sus hermanos, este dinosaurio de buen corazón deberá probarse para ganarse los derechos de la aprobación paternal. Y claro, circunstancias fortuitas después de la trágica desaparición del padre lo llevarán a enfrentar sus miedos en un viaje lleno de aventuras y personajes exóticos que lo harán revalorar sus propias capacidades, su valentía y su valor como miembro útil de la pequeña sociedad que habita. De paso, en este viaje de formación, el pequeño dinosaurio aprenderá el valor del perdón, la futilidad de la venganza y la importancia de la amistad que trasciende cualquier diferencia.

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Más débil, pequeño y frágil que sus hermanos, este dinosaurio de buen corazón deberá probarse para ganarse los derechos de la aprobación paternal.

Sí, como lo oyen, esto es melcocha pura de Disney: un batido ideológico insulso sobre la familia, el amor, el perdón y la amistad en una narración que no añade nada a los viejos mitos del estudio. Ésta es la historia de siempre, la que hemos escuchado contar en múltiples ocasiones y con mejores narradores. Ésta es la novela de formación, el relato de aprendizaje que nos encontramos en las esquinas de cada librería, en las repeticiones de cada película infantil y adolescente, en las ideas generalmente admitidas sobre la formación del joven adulto en nuestras familias nucleares occidentales.

Y claro, la repetición evidente de todos los tropos que ya hemos visto mil veces en películas de Disney (el padre muerto y aleccionador de The Lion King, los amigos inesperados de Bambi o Dumbo, el aprendizaje en una tierra hostil de Alice in Wonderland, Peter Pan o cualquiera de las anteriores…) cansa por su absoluta falta de originalidad ahí en dónde siempre esperábamos innovación. Y sí, está bien volver a ver una prototípica película del viejo Disney (ahorrándonos, gracias al cielo, las canciones), es reconfortante encontrar los mismos temas ultraconocidos, todo está edulcorado y masticado para nuestra deglución. Pero esto es, justamente, lo contrario que esperamos de Pixar: el estudio que se ha ganado nuestro respeto a través de ideas descabelladas, originales, poco maniqueas y que solían romper el molde en el que se fabricaban.

La decepción del gigante

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La idea aquí era volver a intentar una de las preguntas eternas: para Toy Story se preguntaron ¿Qué pasaría si los juguetes cobraran vida?; en Monsters Inc. ¿Qué pasaría si los monstruos en los armarios fueran reales?; en Wall-E ¿Qué problemas plantearía un mundo asfixiado por nuestra basura?; y, finalmente, en The Good Dinosaur, ¿Qué hubiera pasado si los dinosaurios nunca se hubieran extinguido? Y bueno, el problema aquí no es la pregunta –que, en principio, es bastante interesante y podría plantear un argumento suficientemente elocuente–. No, el problema aquí es que esta pregunta conduce a planteamientos que se han formulado miles de veces, en muchos otros escenarios y que no muestra en realidad ninguna profundidad ni interés por la pregunta misma (con decir que Super Mario Bros. habla más de la evolución de los dinosaurios). Aquí no vemos una sociedad evolucionada de dinosaurios, no vemos, de hecho, ningún tipo de sociedad fuera de círculos familiares aislados. No hay lazos establecidos entre comunidades sino nómadas dispersos que no muestran nada de la organización de un mundo. Aquí no se crea universo sino que se fabrican postales.

En esta película no existe la riqueza exótica de un reino colorido y nuevo (como sucedió en Bug’s Life, Monsters Inc. o, incluso, Cars) sino que se queda todo en la misma paleta cromática, en la misma falta de inventividad sosa. Las tres especies de dinosaurios “bondadosos” y las dos especies de dinosaurios “malintencionados” no logran convencer en su especificidad y se pierden en una idea conceptual que tuvo tal vez, en algún momento, sentido, pero que se extravió en el camino. Porque ni la locura paranoica del Styracosaurus, ni el andar de cowboy de los T-Rex, ni las plumas de los Velociraptors o los picos tiburonescos de los Pterodactylus, son suficientes para crear personajes memorables más allá de su evidente búsqueda de distinción. Todo parece recién salido del boceto, pensado a gritos en una sala repleta de creativos con prisa, algo más fabricado que sentido, buenas ideas sin mucho corazón. Y eso, de nuevo, nunca había pasado tan flagrantemente en una cinta de Pixar.

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Aquí no vemos una sociedad evolucionada de dinosaurios, no vemos, de hecho, ningún tipo de sociedad fuera de círculos familiares aislados.

Así, con todas estas evidencias, desde el principio sentí que ya había visto esta película, que sabía lo que iba suceder y qué era, exactamente, lo que me estaban tratando de mostrar. Pronto, la sorpresa que se busca, el suspenso que se intenta construir, se transforma en una pantomima torpe y carente de impacto; pronto, empiezas a sentir como si te estuvieran señalando con el dedo, como si te dijeran cómo debes reaccionar, como si te mostraran un cartel para aplaudir, llorar, comerte las uñas o gritar. Al perderse así todo efecto emocional en una película que muestra, con demasiada evidencia, sus intentos por construirse, se pierde cualquier posibilidad de conexión afectiva con la trama o los personajes y, fuera de eso, no queda gran cosa.

Porque ni los protagonistas son rescatables. El diseño de Arlo es muy poco apelativo y su contraparte humana, el pequeño mamífero que le sirve de compañía y alivio cómico no es, tampoco, nada del otro mundo. Digo, comparemos con otros ayudantes memorables de Disney como Baymax en Big Hero 6; o, si todavía queremos irnos más lejos en el tiempo, comparemos a Arlo con un gran diseño de personaje en la maravillosa cinta The Land Before Time de 1988 (producida por Spielberg y Lucas para Sullivan Bluth y Amblin). El héroe de esta cinta es un Brontosaurus (especie bastante parecida a los Apatosaurus de la familia de Arlo) pero su diseño sobrepasa, por mucho, todos los errores del nuevo personaje central de Pixar: los bordes finos, casi frágiles y curveados del rostro de Pie Pequeño, sus arrugas de infancia, la expresividad manifiesta que muestra desde la conmovedora escena de su nacimiento, esa fragilidad valiente y las tonalidades púrpuras de un cuerpo todavía malformado funcionan a la perfección para conformar un personaje al que nos podemos relacionar afectivamente. Pero aquí no pasa lo mismo: no podemos sentir la misma implicación emocional en la torpeza inicial de Arlo, ni en la relación con sus padres y sus hermanos, ni tampoco, cosa que es más grave, frente a la trágica desaparición del jefe de familia. Mientras que la muerte de la madre de Pie Pequeño (calcada de la tragedia de Bambi o del encarcelamiento de la madre de Dumbo) es una de las escenas más tristes y devastadoras de la animación contemporánea, el deceso del padre de Arlo pierde sus tonos afectivos en que se siente rápidamente como una parte necesaria para que avance la trama. Aquí no hay verdadera tragedia sino necesidad de impulso narrativo.

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El diseño de Arlo es muy poco apelativo y su contraparte humana, el pequeño mamífero que le sirve de compañía y alivio cómico no es, tampoco, nada del otro mundo.

Y esto sucede también con los enfrentamientos que tiene el joven Arlo con el mundo exterior que lo espera en su aventura. Porque, al igual que nunca sentimos el peso de la tragedia en la muerte del padre, es difícil percibir la hostilidad del terreno incierto que enmarca sus aventuras. En todas las otras cintas que citamos (o en Pinocchio, por dar otro ejemplo), la lejanía del universo familiar implica adentrarse en un mundo particularmente hostil y terrible. El terror frente a lo desconocido se agrava por la incapacidad que muestran los jóvenes personajes de hacer sentido en una lógica que no conocen (es por lo que Alicia cae en tantas trampas o por lo que la serpiente puede hipnotizar a Mowgli). Pero aquí todo toma sentido rápidamente, los obstáculos se vencen, a la naturaleza se sobrepone el coraje y la invariabilidad de la paleta cromática da la sensación inmediata de que Arlo no deberá caminar mucho para regresar a su hogar. Todo es cercano y habitual, todo es lo mismo y todo es certero: en un mundo tan plano y confortable es difícil sentir verdadero suspenso.

Así, a pesar de los enormes logros de una animación lujosa, de las increíbles texturas que se plasman en la representación del agua, de las nubes y del movimiento fluido de las tormentas, la apatía poco apasionada de una historia que se siente repetitiva y superflua dejan un sabor particularmente soso en la boca. Uno va a ver una cinta de Pixar para sorprenderse y no para buscar maniacamente la sorpresa en alguno que otro detalle; uno va a ver una cinta de Pixar para maravillarse en la originalidad de sus premisas y no para encontrar la historia de siempre, dicha de mala gana y de mala forma; uno va, finalmente, a ver una cinta de Pixar para encontrar algo más allá de la animación, un contenido que juega con la forma y no un intento visual vacuo sin profundidad ni relieve. Como dije, The Good Dinosaur no es una mala película: simplemente no es, ni de cerca, lo que esperábamos.

Lo bueno
  • La animación que, como siempre en Pixar, es espectacular e innovadora.
  • El personaje de Spot que es, dentro del diseño general de los habitantes de este universo, lo más rescatable.
  • Que te hace valorar los verdaderos logros de Pixar.
Lo malo
  • La increíblemente choteada y sosa trama.
  • La dirección que se siente lejana y poco apasionada por el proyecto.
  • El diseño de personajes que es tan monótono como el del paisaje.
  • Que no la proyectaron subtitulada en México (y eso es francamente terrible).
  • La enorme decepción que significa encontrarte una cinta tan poco inspirada al ir a ver algo de Pixar.
Veredicto

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The Good Dinosaur ha gustado en la opinión general de la crítica. La gente va a verla, encuentra una misma historia confortable y habitual y sale, al parecer, satisfecha. Sin embargo, a pesar del disfrute de cada quién, no me pueden negar que la facilidad llana de esta cinta, su dirección desapegada y el soso diseño de personajes es una pobre muestra de insulsa creatividad frente a todas las otras cintas de Pixar. Y no nos vayamos lejos, no citemos joyas inesperadas como Up, Wall-E, Inside/out o Ratatouille, The Good Dinosaur no es competencia ni para la banalidad de Monsters University. Y sí, creo que esta película pasará al olvido frente a todas las otras grandes cintas de animación que la precedieron y que contaron, con originalidad propia, la misma historia de formación juvenil y regreso a casa (desde Bambi hasta Lion King pasando por la inolvidable The Land Before Time). Dentro del memorable horizonte de todas las películas de Pixar ésta es, sin duda, la cinta más decepcionante que ha producido el prolífico estudio. Así, The Good Dinosaur se puede ver y es entretenida sólo a condición de olvidar la genialidad habitual de quien le dio vida.

 

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Título: The Good Dinosaur

Duración: 100 min.

Fecha de estreno: 27 de noviembre de 2015.

Director: Peter Sohn

Elenco: Raymond Ochoa, Sam Elliott, Jack Bright, Frances McDormand, Jeffrey Wright, Steve Zahn

País: Estados Unidos.

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