The Last Jedi no es una obra maestra… pero sí un maravilloso inicio para el futuro de la saga.

Letras amarillas sobre un fondo estrellado, piel de gallina, espectadores impacientes y cosplays incómodos. Ir a ver una película de Star Wars al cine no es, simplemente, ir al cine. Como generación, tenemos el privilegio único de ir al cine a ver una película nueva de Star Wars todos los años. Y esa es una de las maravillas de la era nostálgica que estamos viviendo.

Por eso, la sensación que me deja Star Wars: The Last Jedi es extraña. No salí del cine conmovido ni emocionado; más bien pensaba, una y otra vez en la peculiar experiencia que fue ver esta película. Ésta no es una cinta efectiva que derrite corazones como The Force Awakens, no es una reinvención realista como Rogue One, no es un bodrio espantoso como Attack of the Clones y no es una clásica secuela como Empire Strikes Back. Es todo eso y nada de eso, es la película más arriesgada de Star Wars y una apuesta valiente que funciona con efectividad desigual.

The Last Jedi merece el hype que se ha ganado por ser una reinvención osada del mito de Star Wars. Con esto, no es la mejor película de la saga, ni de cerca, pero se gana un lugar único en el universo de nuestros cariños galácticos. Éste es el principio del fin, la culminación de una saga familiar, el término de treinta años de espera. Después de la cinta de Rian Johnson, queda un universo renovado en espera de nuevas épicas.

Transición inmediata

A diferencia de muchas otras cintas de Star Wars, The Last Jedi empieza casi inmediatamente después de su antecesora: los rebeldes están atrapados en la base de D’Qar acosados por la Primera Orden, Rey está llegando al final de su peregrinaje para encontrarse con Luke, y Finn se recupera de las heridas de la batalla en la Starkiller Base.

A partir de ahí, la trama se construye en estas tres líneas narrativas: la de la guerra, protagonizada por Poe Dameron (Oscar Isaac), Leia Organa (Carrie Fisher) y la Vicealmirante Amilyn Holdo (Laura Dern); la del aprendizaje en la Fuerza con Rey (Daisy Ridley) y Luke Skywalker (Mark Hamill); y la de Finn (John Boyenga) con su nueva sidekick Rose Tico (Kelly Marie Tran) en una misión para infiltrarse en la nave del Líder Supremo Snoke (Andy Serkis) ayudados por un ladrón de dudosa moral (Benicio del Toro). Paralelamente, se sigue desarrollando la eterna lucha por el cariño paterno de Snoke entre el General Hux (Domhnall Gleeson) y el aprendiz Kylo Ren (Adam Driver).

De ahí, The Last Jedi se construye como una clásica película de Star Wars con la típica edición entrelazada. Y toda la anécdota se fundamenta, básicamente, en una persecución: lo que queda de los rebeldes, después de la destrucción de la República, escapa de la Primera Orden y sus mortíferas armas esperando el regreso de Skywalker para liberarlos.

The Last Jedi no es una película fundacional sino de conclusiones, no es una película de contexto sino de particularidades, no es una cinta de instituciones sino de individuos.

En esta cinta no hay grandes viajes en la galaxia, no hay exploración de distintos mundos y sistemas, no hay una macro escena política. Todo se reduce al drama íntimo de la última persecución de los rebeldes y la última esperanza de una república herida de muerte. Aquí no hay Senado ni diplomacia, no hay instituciones y la jerarquía totalitaria de la Primera Orden es, junto a los estatutos militares de los rebeldes, el único orden que se vislumbra.

Así, esta cinta no crea una densidad de universo sino que se vuelca completamente hacia el drama pequeño de sus personajes. No es una película fundacional sino de conclusiones, no es una película de contexto sino de particularidades, no es una cinta de instituciones sino de individuos.

Novedad y repetición

A diferencia de otras entregas de la saga, nada en esta cinta sale como uno espera. Porque, a pesar de lo sencilla que es la trama, Rian Johnson optó por integrar cosas absolutamente innovadoras… incluso, se podría decir, heréticas, en la mitología galáctica.

The Force Awakens fue, evidentemente, un homenaje a la primera cinta de Star Wars. Con un argumento prácticamente calcado de la cinta de Lucas, Abrams quiso complacer a los viejos fanáticos de la saga al mismo tiempo que volvía familiares los temas para neófitos de estas regiones espaciales. El resultado fue emotivo y conmovedor… pero también gastó la fórmula.

Si el Episodio VIII hubiera sido una calca de Empires Strikes Back, viejos y nuevos fanáticos hubieran abandonado el cariño a la saga. El predicamento de Rian Johnson era seguir los pasos de Abrams sin repetir su fórmula. Y lo logró con creces: esta cinta es una de las más arriesgadas y ambiciosas concepciones de Star Wars y su vieja mitología.

Esta cinta es una de las más arriesgadas y ambiciosas concepciones de Star Wars y su vieja mitología.

A pesar de toda la innovación, Johnson decidió también integrar algunos elementos familiares de la trilogía original. Y The Last Jedi es, a la vez, un homenaje a Empire Strikes Back y Return of the Jedi. En sus relaciones con el Episodio VI, esta cinta calca algunas escenas casi línea por línea; y con el Episodio V tiene algunas reminiscencias de viejos bandidos traicioneros…

Además, como un gesto de máximo respeto, Johnson utiliza marionetas tipo Jim Henson y animatrónicos para dar vida a las numerosas criaturas de este universo: desde Porgs hasta unas extrañas monjas protectoras del legado Jedi. Si esta cinta no explora a fondo el universo, sí juega constantemente con un trasfondo de vida animal y antropomorfa de una riqueza enorme (salvo por el Leprechaun).

Pero la más fuerte influencia de esta cinta no mira hacia el pasado sino que se dirige hacia el futuro de la saga: se trata de Rogue One. Y, si la influencia de Rogue One no fuera evidente, podemos ver en un cameo a su director, Gareth Edwards, en una lucha de trinchera rebelde.

Aquí la guerra se construye como una lucha estratégica paciente, se convierte en algo mucho más crudo y real, los aspectos más maniqueos se diluyen en tonalidades de gris.

Así, la influencia de Edwards está presente en toda la cinta: aquí la guerra se construye como una lucha estratégica paciente, se convierte en algo mucho más crudo y real, los aspectos más maniqueos se diluyen en tonalidades de gris. Hay que recordar que Rogue One fue la primera película que retrató a los rebeldes haciendo crímenes de guerra, asesinando por la espalda y a distancia, robando y destruyendo. Fue la primera cinta de Star Wars en salirse de la dicotomía entre la luz y la oscuridad.

Basándose en los esfuerzos de Edwards, la cinta de Johnson quiere mostrar también otro aspecto de la eterna guerra: el del negocio que representa para los privilegiados que comercian con la guerra y la muerte. En esta cinta en donde prácticamente no hay política (como sí la hay –y mucha– en la segunda trilogía), la única mención a la forma de organización del régimen es sobre aquellos que están encima de toda política y de toda ideología. Los vendedores de armas como los cínicos de este universo que se olvidan de las luchas trascendentales para hacer un muy pragmático negocio.

En este sentido, Johnson quiso empezar a desmitificar toda la construcción de Star Wars como un universo maniqueo en donde sólo importa la lucha trascendente de la luz contra la oscuridad. Esta cinta quiere reformar el universo de Star Wars con otros tonos, con otros conflictos, con nuevas ideas para nuevas generaciones.

La caída de los mitos

En The Last Jedi, Johnson juega con dos de los fetiches más importantes de la saga galáctica: los sables de luz y la Fuerza. En la primera escena en la que sale el mítico sable de luz de Anakin, el mismo que se perdió con la mano de Luke en el Episodio V, Johnson hace una broma. En la segunda escena que sale, vuelve a hacer una broma pero ahora con Porgs. Finalmente, el sable mismo se convierte en un objeto de disputa entre Kylo y Rey…

Con esto se ve que Johnson, como Luke queriendo renegar de la orden Jedi, quiere olvidar las pasadas obsesiones de la mitología de Star Wars. Por eso se permite explorar libremente, también, las posibilidades de la fuerza mostrando poderes que nunca antes se habían visto (y que seguro causarán más de una polémica entre los fanáticos más radicales).

Todo esto muestra, dentro del concepto cíclico de la historia (con “h” mayúscula y minúscula) en esta saga, que la repetición se está diluyendo para dar paso a nuevas posibilidades. El fuerte verdadero de The Last Jedi está en la rebeldía que muestra, la originalidad que busca y la valentía que tiene al jugar con los conceptos más fetichizados de esta pesada mitología.

En The Last Jedi, Johnson juega con dos de los fetiches más importantes de la saga galáctica: los sables de luz y la Fuerza.

Pero Johnson no siempre sale avante con esta apuesta. Esta es una cinta que quiere ser mucho con muy poco; es una trama sencilla que trata de incluir el fin de la saga familiar de los Skywalker y la renovación de un universo. Al final, The Last Jedi, para citar a Bilbo, se siente como poca mantequilla untada sobre demasiado pan.

En las dos horas y media de cinta, Jonhson no muestra la misma maestría de Abrams que, como buen alumno de Spielberg, es un experto en mantener tono y coherencia. Aquí, la historia de Finn puede sentirse, por momentos, como algo accesorio que no aporta gran cosa a la trama y vuelve más pesada una de las cintas más largas de la saga.

En otro sentido, el humor ligero de la cinta puede destantear a algunos que están acostumbrados a la solemnidad habitual de Star Wars o al humor más ácido de Han Solo (snif). Porque esta cinta trata de aligerar considerablemente el tono oscuro de otras entregas (Rogue One, por ejemplo) con constantes alivios cómicos con los personajes principales (y no nada más los androides en su rol tradicional.)

Todas estas deficiencias, sin embargo, puede relacionarse con el mismo espíritu de cambio que comentamos. Porque las rupturas narrativas y de tono son parte de una necesidad de renovación: si The Force Awakens es una película nostálgica sobre el pasado, The Last Jedi es una cinta sobre la destrucción de un legado histórico.

El humor ligero de la cinta puede destantear a algunos que están acostumbrados a la solemnidad habitual de Star Wars.

Luke y Leia tienen apariciones absolutamente memorables pero es la nueva relación entre Rey y Ben Solo la que se lleva la cinta. En la construcción entrelazada de sus identidades en proceso de formación vemos que el balance de la Fuerza no es algo que se logra, que se busca, o que se encuentra en alguien; sino una necesidad misma de la naturaleza. La Fuerza tiende al balance y esa explicación central en la película (que es de una belleza impresionante) tendrá repercusiones en el resto de la saga.

The Last Jedi concluye la saga Skywalker, concluye el mito de los Jedi, asume el pasado legendario y fertiliza la tierra para nuevas creaciones. Si The Force Awakens me parece mejor película, The Last Jedi es esencial en una nueva coyuntura. Johnson pasará a la historia como el hereje que acabó con los viejos mitos para aligerar el pesado fardo del pasado y darle, a una nueva generación, su propia guerra de las galaxias.

Lo bueno
  • El score del eterno John Williams.
  • El esplendor visual de ciertas escenas.
  • La actuación de Carrie Fisher… y lo que significa para la saga.
  • La memorable actuación de Mark Hamill.
  • La genial tensión entre Rey y Kylo Ren.
  • La gran presencia de Andy Serkis como Snoke.
  • La renovada reflexión sobre la Fuerza.
  • El fin de todo un pensamiento mítico.
  • El inicio de una nueva era para Star Wars.
  • Que Chewie es mamá, papá, wookie y luchona a la vez.
  • El uso de animatronics y marionetas.
  • El hermoso final (que es un bello inicio).
Lo malo
  • Las torpezas narrativas.
  • La historia derivativa de Finn.
  • Los pokemones de hielo.
  • El hype que oscureció el valor real de la cinta.
  • La tristeza que da perder a Carrie Fischer.
  • Que faltan dos años para concluir esta parte de la saga.
Veredicto

Rian Johnson no hizo la mejor película de Star Wars, ni de cerca. Pero con esta cinta permite una transición esencial entre las siete anteriores entregas y las muchas otras que vendrán. The Last Jedi es una película valiente que va a incomodar algunas susceptibilidades pero que, estoy seguro, será recordada como el principio de una nueva era para la saga galáctica. Y eso no es poca cosa…

Título: Star Wars: The Last Jedi.

Duración: 152 minutos.

Director: Rian Johnson.

Guión: Rian Johnson.

Fotografía: Steve Yedlin.

Elenco: Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Andy Serkis, Lupita Nyong’o, Domhnall Gleeson, Kelly Marie Tran, Laura Dern, Benicio del Toro.

País: Estados Unidos.

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