Reseña: Wonder Woman 1984 – Una cinta interesante que no supera la primera

| 16 de diciembre de 2020
Finalmente llegó a los cines Wonder Woman 1984, una película más grande que la primera aventura de la amazona de DC Comics, pero ¿logra superar a su antecesora? Aquí te respondemos.

Por fin llega a las pantallas mexicanas la esperada secuela de la Mujer Maravilla: Wonder Woman 1984. En esta reseña, les platicamos, con un mínimo de spoilers, por qué, a pesar de no ser una película tan interesante como la primera, sigue valiendo la pena.

Los ochenta ejercen una enorme fascinación en el medio del entretenimiento en los años recientes. Y se entiende: muchos directores y productores actuales vivieron su niñez y adolescencia en esa loca década. Por eso, no es raro que actualmente vivamos una ochentasmanía, que nos ha dejado productos tan diversos como Stranger Things, Cobra Kai, Glow, The GoldbergsIt Follows, ITGTA Vice City, Summer of ’84 y hasta una serie sobre Luis Miguel.

Wonder Woman 1984 entra en esta tendencia, y nos muestra una nueva aventura de la amazona de DC Comics en un ambiente (y tono) distinto al de la película anterior. Por un lado, ese es el fuerte de la película; por el otro, esa es su mayor debilidad. Al buscar ser completamente diferente al inesperado éxito de hace dos años, Wonder Woman 1984 parece más un homenaje a las películas comerciales de los ochenta que a una versión cercana a los cómics de Diana Prince.

Esta cinta repite, incluso, muchos de los clichés del cine ochentero y, en ese sentido, se aleja bastante de las grandes historias del personaje. En la secuela de Patty Jenkins, aparece una Wonder Woman más parecida a la serie de mediados de los setenta, con todo y una innecesaria aparición del jet invisible. Lo anterior afecta a los personajes de apoyo y a los villanos que sólo conservan elementos menores de sus contrapartes de las viñetas.

Aun así, la película tiene varios aciertos, es divertida, tiene grandes momentos de acción y cumple con presentarnos una emocionante aventura de la princesa Diana. Por si fuera poco, cierra con un mensaje de esperanza; algo que, todos, en este año tan difícil, necesitamos.

Pedro Pascal como Maxwell Lord se lleva la película (Foto: Warner Bros.)

Una secuela muy diferente

En Hollywood, cuando un proyecto pega, es casi una obligación lanzar una secuela que mantenga el espíritu del éxito inicial. Lo anterior es una tarea titánica, que requiere mucho ingenio, y, por eso, los estudios suelen irse por el camino fácil y realizar continuaciones que parecen calcas de los filmes originales y que buscan mantener el gusto del público corriendo muy pocos riesgos.

Afortunadamente Patty Jenkins, con Wonder Woman 1984, se atreve a lanzar una secuela que no es facilona, y nos presenta una película muy diferente a la primera parte aprovechando que -de acuerdo a la trama- transcurren siete décadas después de los acontecimientos del filme anterior.

Así, si la primera película de Wonder Woman fue una historia de origen con elementos de filme de guerra, esta secuela es una historia de crecimiento y aceptación con muchos elementos de las locas películas de los ochenta. Películas como Me enamoré de un maniquí (Mannequin), Hechizo del tiempo (Groundhog Day) o Cazafantasmas (Ghostbusters), en las que lo importante era la premisa y el carisma de los personajes y no tanto la verosimilitud de lo que se narraba en la historia.

Vamos, en Hechizo del tiempo nunca se explicaba por qué Bill Murray quedaba atrapado en un bucle temporal, y la explicación de la maldición de la edad media de Me enamoré de un maniquí sonaba ridícula incluso en los ochenta. De cualquier forma, en ambos casos, lo importante era cómo se contaba la historia. Y, en ambos filmes, más allá de lo que opinemos de ellos, el resultado fue el mismo: resultaron ser películas muy entretenidas. Eso es lo que tenemos en Wonder Woman 1984: una película divertida, con una premisa completamente inverosímil, pero que nos brinda dos horas y media de mucha acción…

Sin embargo, esta carga de adrenalina y diversión sin sentido reduce el papel de la más fuerte mujer de los cómics a un conflicto que no encaja con la época actual: decidir si sigue siendo una heroína para el mundo o se queda con el hombre de sus sueños. Y este es uno de los grandes problemas de la película: nos muestra a una Diana más madura, con un trabajo estable como arqueóloga, y completamente compenetrada con el mundo del hombre, pero que está dispuesta a dejar todo cuando Steve Trevor (Chris Pine) reaparece en su vida.

Diana llega al rescate en una de las primeras escenas de Mujer Maravilla 1984 (Foto: Warner Bros.)

No lo olvides, ésta es una película de acción

Ok, sí, la película esgrime como moraleja optimista final que, en una situación límite, las personas -sin importar si son musulmanes petroleros, irlandeses borrachines, nerds con dificultades para socializar o latinos despreciados por la comunidad anglosajona- tomarán, incluso en contra de sus intereses egoístas, decisiones adecuadas en pos del bien común. Pero, para llegar a ese final color de rosa, la película nos muestra muchas escenas de acción que, unas más y otras menos, nos alegrarán la pupila.

Si con Wonder Woman Patty Jenkins ya había demostrado que es una maestra para filmar escenas de acción desenfrenada, como la invasión a la isla Paraíso o la icónica escena de Diana en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, ahora la directora da un paso más allá, y llena a la cinta con escenas de impacto cada 15 o 20 minutos.

Y la acción llega desde el principio. La cinta inicia con una escena que nos traslada a la infancia de Diana, cuando todavía vivía en Temiscira en medio de amazonas, y que nos sirve para descubrir cómo aprendió el valor de ser honesta, y que ningún triunfo lo es de verdad si no seguimos las reglas y nos esforzamos por cumplir las leyes. Esta lección moral, que será determinante para la película, se enmarca en una secuencia que es una verdadera maravilla (nunca mejor dicho). En esta competencia olímpica entre amazonas, encontramos, sin duda, una de las escenas más bellas del filme y, aunque sea un poco forzada su importancia para las decisiones futuras de Diana, disfrutarla en pantalla grande vale el precio de la película.

El resto de las escenas de acción son completamente diferentes y variadas, e incluyen persecuciones en auto en el medio oriente, peleas de super mujeres en la Casa Blanca, y una clásica escena de Wonder Woman enfrentando a unos rateros de poca monta en un centro comercial, que -por lo cliché- parece salida de las películas de Superman de Christopher Reeves o de la Wonder Woman de Lynda Carter. Ojo, esto no es nada malo, por el contrario, nos recuerda que, antes que otra cosa, los cómics de superhéroes surgieron como un entretenimiento destinado a los niños; y ver a los chamacos que son rescatados por Diana en esta escena, con todo y guiño, logran que rememoremos nuestra infancia cuando, con Reeves, creíamos que un hombre bueno podía volar.

Aquí el único punto que no me gustó nada -y probablemente solo hará rabiar a los puristas, mientras que el gran público lo amará- es el recurso de usar el lazo de la verdad como una especie de telaraña de Spider-Man. En la cinta vemos a Wonder Woman columpiándose por la ciudad con ayuda de su lazo, en lugar de los super saltos, incluso vuelos, a los que tiene derecho por ser una semidiosa. De entrada, no recuerdo ni una versión de La Mujer Maravilla con este uso para su lazo.

Barbara Minerva lleva al extremo su admiración por Diana hasta volverse Cheetah.(Foto: Warner Bros.)

Los villanos

Las mejores películas de superhéroes tienen grandes villanos. ¿Los tiene Wonder Woman 1984? Puedo adelantar que tiene un gran personaje, Maxwell Lord (Pedro Pascal), que se lleva la película. Desde su primera aparición en pantalla, Pascal demuestra que es un gran actor, y logra dotar de muchos matices a Max Lord, quien es uno de los pocos personajes que tiene un desarrollo a lo largo de la trama. De hecho, toda su historia bien podría formar parte de uno de los segmentos de Al filo de la realidad (Twilight Zone: The Movie) o, por el final feliz, ser un capítulo de Historias Asombrosas (Amazing Stories), esa versión color de rosa de la Dimensión Desconocida que salió de la mente de Spielberg en los ochenta.

En el arco de Maxwell Lord, Geoff Jones y Jenkins -guionistas de la película- cuentan una versión moderna de La pata del mono -ese objeto mágico que muchos ubican por Los Simpson, que te concede un deseo pero con un costo muy elevado-, usando como objeto mágico el poco popular Cristal del Caos (que se presentó en el primer arco del cómic Batman/Superman durante The New 52). Eso sí, el Max Lord de Wonder Woman 1984 se aleja bastante del más reconocible para los fans de los cómics.

A finales de los años ochenta Editorial Vid tuvo a bien publicar, intercaladas en el cómic quincenal de Batman, las aventuras de La Liga de la Justicia post-Crisis, escritas por Keith Giffen con argumentos dignos de una sitcom salidos de la mente de J. M. DeMatteis y con geniales dibujos de un joven Kevin Maguire. En estas aventuras, Max Lord se presenta como el líder de la Liga de la Justicia, un tipo manipulador, neurótico, egocéntrico, y estafador -a la altura del mejor vendedor de autos de acuerdo con Escarabajo Azul y Explosivo Dorado (sí, así le decían a Booster Gold en sus primeras apariciones en México)- que era una especie de Michael Scott antes de The Office.

Para darle más caché, en Invasion!, ese evento que sirvió para introducir el concepto de los “metahumanos” en DC, que no era otra cosa que copiar a los mutantes de Marvel, resultó que Maxwell obtuvo el poder de controlar levemente la mente de las personas, pero al hacerlo le sangraba la nariz, por lo que sus interlocutores -y los lectores- podían saber en qué momento Lord usaba su habilidad. No obstante a ser popular entre los fans de la llamada Liga “BWAHAHA!” (como se le recuerda con cariño a esta etapa de la JLA), cuando DC quiso volver más oscuros a sus personajes, el Maxwell Lord ochentero desapareció, y dio paso a una absurda nueva versión cyborg en los noventa, llamada Lord Havock, que era un villano genérico. Después de subutilizar al personaje, justo antes de la Crisis Infinita, DC retomó al personaje como el líder de la agencia de espionaje Checkmate y lo volvió tan malote y oscuro que, para evitar que controlara a Superman, Wonder Woman lo mató rompiéndole el cuello.

El Max Lord de Wonder Woman 1984 recuerda, de inicio, a la versión BWAHAHA!, siendo solo un vendedor de infomerciales venido a más. Con el paso de los minutos, poco a poco vamos descubriendo que las habilidades para manipular de Maxwell no se perdieron en el traslado de las viñetas al celuloide, y este nuevo Max Lord de Pedro Pascal mantiene su don de gentes, que usa para obtener lo que quiere. Incluso, hay un pequeño guiño al sangrado de la nariz, que queda en un easter egg para los fans. Y sí, no es una versión fiel, pero mantiene mucho de la esencia original de Maxwell Lord.

Por el contrario, la versión de Barbara Minerva/Cheetah de Kristen Wiig se desdibuja muy pronto, inicia siendo un personaje importante y poco a poco es relegada a mero pretexto para que Wonder Woman se agarre a golpes con una contraparte con igual nivel de fuerza. Su desarrollo como personaje recuerda a la Hiedra Venenosa de Batman & Robin combinada con la Cheetah de DC Rebirth: una nerd sin vida social que de la noche a la mañana se vuelve popular por, literalmente, arte de magia.

Sí, este también es un planteamiento que podría salir de una película de los ochenta. Sólo que aquí la, en un principio, parlanchina Barbara Minerva va cediendo paso a una super mujer cruel y vengativa. ¿Por qué el cambio? No queda muy claro. Se supone que, por cada deseo que uno pide al Cristal del Caos, algo muy valioso se pierde. Suponemos, entonces, que lo que perdió Minerva fue su integridad. De ser así, sin embargo, sería difícil explicar cómo toma una decisión fundamental al final de la película…

A pesar de que la confrontación final entre ella y Diana es cumplidora, la resolución de su arco de personaje es muy poco atractiva. Además, al cambiar casi por completo su origen, no queda claro por qué se convierte en una Cheetah, cuando su deseo es ser una copia de Diana Prince.

Su mejor momento es, sin duda, la batalla en la Casa Blanca, y eso ocurre antes de llegar a su forma final. Cheetah se siente un poco desperdiciada, pero ya es algo que había pasado con Doctor Poison en la primera parte.

Por último, la película tiene una escena post créditos, pero Warner no nos dejó verla a los críticos en el pre-estreno de la semana pasada. ¿Qué se traerán entre manos? Lo único seguro es que no puede ser algo tan anticlimático como la “escena” de Birds of Prey.

Lo bueno
  • Gal Gadot nació para ser Wonder Woman.
  • Toda la escena en Temiscira.
  • La química entre Gal Gadot y Chris Pine.
  • Pedro Pascal como Maxwell Lord.
  • La variedad de las escenas de acción.
  • Que ya nos urgía una película que transmitiera un poco de esperanza en un año tan horrible.
Lo malo
  • Que el conflicto central de Diana sea dejar sus poderes por estar con un hombre. ¿Neta?
  • El jet invisible, por no aportar nada a la trama, y sacar de la manga un “nuevo poder” de Diana para volver invisibles las cosas.
  • La armadura de Diana, desde que se presenta parece que va a ser muy importante, y al final no lo es tanto (eso sí, se ve muy bonita).
  • No se justifica el cambio de Barbara Minerva en Cheetah: ella solo admira a Diana.
  • Que no incluye un momento tan épico como la batalla en las trincheras de la primera parte.
  • Que el cameo de Lynda Carter sea tan pequeño.
  • Que Diana se columpie en el cielo colgándose de los rayos que caen de las nubes… ¿Es en serio?
  • El CGI de Cheetah, parece salido de un juego de PS3. Uno pensaría que una película que tuvo un año de retraso tenía tiempo para mejorar en este aspecto…
Veredicto

Era muy difícil lograr estar al nivel de la película anterior que unificó, con una cinta de superhéroes de DC, a la crítica y al público. Aun así, uno esperaba que, con más presupuesto, actores consolidados en sus papeles, y con una Jenkins más “encanchada” con el personaje, tendríamos una secuela más que digna. Pero, en su afán por presentar muchas cosas, incluyendo escenas de acción, desarrollo de los nuevos villanos, guiños a los fans de los cómics, y escenas de humor con un Steve Trevor sorprendido por renacer en los años ochenta, se perdió el centro de la historia. A pesar de todo esto, Wonder Woman 1984 tiene un buen cierre que intenta mandar un mensaje de esperanza a los espectadores, algo que, como ya comenté líneas arriba, todos estamos ansiosos de recibir en un año tan complicado como este 2020.

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