Pese a tener algunas fallas, la nueva película de Hiromasa Yonebayashi es de lo mejor que verán en el cine este año.

En cuestión de contenidos todo mundo quiere “pensar en los niños”, pero la verdad es que a la mayoría de las grandes productoras de cine les importan un comino los niños. Si no, vean la mayoría de las películas animadas o live action destinadas al público infantil. Son tristemente básicas y vulgares, llenas de albures y referencias escondidas para los adultos que acompañan a los infantes. Es el llamado cine “apto para toda la familia”. Historias estúpidas, para amantes de los colores chillantes y los personajitos balbuceantes. Afortunadamente, Mary y la flor de la bruja (Meari to Majo no Hana?) no es el caso.

La nueva película del maestro Hiromasa Yonebayashi, se ha estrenado en nuestro país y simplemente no podemos con tanta belleza. Es una cinta animada que continúa con el legado que el Studio Ghibli fundó, pero con espíritu propio. Es una de esas películas que ya nadie se atreve a crear, pero afortunadamente el Studio Ponoc decidió producir esta adaptación de The Little Broomstick de Mary Stewart. Es su primera película y, ahora que la hemos visto, tengo algunas cosas que contarles al respecto.

Inicia la magia de Mary Stewart

(Studio Ponoc)

La trama de Mary y la flor de la bruja es inteligente, aunque no muy complicada. Cuenta las andanzas de Mary, una niña pelirroja que vive en el campo junto a su abuela Charlotte y los otros viejos que hay en su pueblo. Ella es una de los dos niños que viven allí, pues el verano ha provocado que todos los otros niños estén fuera del pueblo. Un día, sigue a un gato al interior del bosque, donde encuentra una vieja escoba y una flor que sólo florece cada siete años.

Al contacto con la piel, la flor le otorga a la pequeña poderes mágicos por un día completo. Esto le ayuda a traer de vuelta a la vida a la escoba, que pertenecía a una bruja. La escoba la lleva volando a un mundo mágico, donde encuentra una escuela para hechiceros, con unos excéntricos profesores que buscan llevar las artes de la transmutación más allá de todo límite. A partir de este punto, Mary debe decidir si será una chica ordinaria o sucumbir ante los poderes sobrenaturales de la flor, aunque la vida de sus amigos y familia corran peligro.

La película es la primera producción del estudio Ponoc que, pese a ser nuevos, no son novatos. Hiromasa Yonebayashi, el director de Mary y la flor de la bruja, fue el director más joven en crear una película de Studio Ghibli (Arrietty y el mundo de los diminutos). Su segunda película, El recuerdo de Marnie, estuvo nominada a los premios de la academia en el 2016, y perdió ante Inside Out. Con ese currículo bajo el brazo, tomó a algunos compañeros de la casa de Hayao Miyazaki y se fue a crear Ponoc y esta película. Una decisión valiente, porque eligió seguir la tradición en lugar de caer en el encanto de la novedad computarizada.

Por eso,Mary y la flor de la bruja es una película que no habla del logro de la tecnología, sino del esfuerzo humano; del artista enfrentándose a la hoja en blanco y conjurando un universo lleno de colores y personajes peculiares para llenar de magia hasta el objeto más trivial. De hecho, esta sensación penetra la historia misma, haciendo que la ciencia sea la evolución natural de la magia y al final, los conversos (magos que experimentan con la tecnología) son el enemigo a vencer.

El primer vuelo duró poco

(Studio Ponoc)

Resulta interesante comparar a Mary y la flor de la bruja con una bocanada de aire fresco para el cine animado, que toma elementos del pasado y, aunque no tiene la maestría de Studio Ghibli, sí mantiene su espíritu y su fuerza. Por eso es que compararla con cintas como El viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki es absurdo e injusto. Son dos historias mágicas completamente diferentes, con visiones que no se cruzan, aunque compartan elementos. Por ejemplo, Mary, al igual que Chihiro, es una niña que vive en la modernidad (décadas más, décadas menos), y que se enfrenta a los misterios de lo sobrenatural (aunque tal vez esté más cerca de la saga de Harry Potter que de la fantasía japonesa).

Mary, la protagonista, es un personaje fuerte. Una niña comprometida con sus decisiones, honesta y amable, con los problemas de alguien que está entrando a la pubertad. Le gustan los niños y no sabe muy bien cómo comportarse frente a ellos, se aburre fácilmente, odia su cabello pelirrojo, pero se siente feliz cuando descubre que las brujas más poderosas lo tienen de ese mismo color.

La película la puede disfrutar todo el mundo, claro, pero dudo que sean los niños los que la disfruten más. Quizá algún infante perdido alejado de los videojuegos, de los smartphones, ávido (u ávida) de aventuras la descubra y se enamore, pero serán los menos.

Con todo lo bueno también viene lo malo y Meari to Majo no Hana?, sufre de esta maldición. Los vicios clásicos de Ghibli se colaron hasta la película, convirtiéndola en una obra predecible, lo cual es muy triste y a la larga es muy posible que esto le cueste caro, pues se irá rezagando con el tiempo. Algunos personajes son entrañables, pero no todos. Por ejemplo, la escoba tiene buenos momentos, pero realmente nunca adquiere una presencia que valga la pena destacar, como en Fantasía por ejemplo; los robots y profesores parecen familiares a otras películas del género que ya hemos visto, caso contrario son el diseño de Mary o de los animales capturados y sus mutaciones.

En general, la película de Yonebayashi comete errores legados de Ghibli. Y, sin embargo, tiene todos los puntos fuertes de la mítica casa de animación japonesa. Al final, son las bondades las que ganan en una película honesta que también es inigualablemente hermosa.

(Studio Ponoc)

Lo bueno
  • El diseño de personajes es fenomenal, con criaturas fantásticas entrañables
  • La animación es hermosa, logran mucho sin contar con los recursos de Ghibli
  • La música de Muramatsu Takatsugu es precisa y te transporta de escena a escena
  • La historia del anime japonés bien podría darle un espacio en su Olimpo a la escena inicial de la película.
  • Es un homenaje a la animación tradicional
Lo malo
  • La historia es predecible desde que llega al mundo fantástico
  • No queda claro sin los gatos son animales o personajes parecidos a humanos
  • en una obra predecible
  • Algunos personajes no aportan nada o son genéricos

(Studio Ponoc)

Veredicto

Pese a algunos puntos malos, es una cinta honesta y espectacular cuyo único objetivo es contar un cuento de hadas en el que conviven la nostalgia, la magia y el inevitable miedo a crecer. Y, sin duda, es de lo mejor que verás en el cine en lo que resta del año.

Título: Meari to majo no hana.

Duración: 1 hr 43 min.

Director: Hiromasa Yonebayashi.

Elenco: Hana Sugisaki, Yūki Amami, Fumiyo Kohinata, Jiro Sato, Shinobu Otake.

País: Japón.

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