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Reseña: My Spy – Una película rota y divertida

| 19 de marzo de 2020
A pesar de sus bromas tontas y referencias forzadas, conservo una impresión positiva de Grandes espías.

Los caminos de la vida no son como yo pensaba… A veces uno se lleva agradables sorpresas, y déjenme decirles que  My Spy (Grandes espías) fue una enorme sorpresa para mí. “¿Cómo pude divertirme y hasta sentirme conmovido en una película protagonizada por el luchador de la WWE Dave Batista (Blade Runner 2019), una mole de dos metros y más de cien kilos?” me preguntaba al salir de la sala. Porque, no lo duden: entré esperando lo peor. Me sentí tranquilo y hasta en paz al salir de la película y decidí esperar un poco para volver a pensar en ella y repasar las escenas más divertidas. Pasaron unos minutos y luego de meditarlo tendidamente me di cuenta de lo mucho que le perdoné a la película: pésimas bromas, referencias forzadas y bobas, momentos cursis y cringie, una historia floja y absurda… y la lista continúa. Por alguna razón conservo una impresión positiva de Grandes espías aunque eso sí, cien por ciento como una película palomera y dominguera.

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Una película rota que funciona

(MWM Studios)

Si tuviera que describir Grandes espías en una sola palabra diría: rota. Y no, no lo digo en mal sentido. Al estar viendo la película nunca me di cuenta de las transiciones abruptas a las que te somete. Primero estás en una balacera en la que Batista destruye a treinta militares y terroristas de acento ruso, y después lo ves comiendo helado y patinando sobre hielo acompañado de una niña de nueve años. Luego, hay por ahí otras escenas de acción y persecuciones y un poco de romance bastante estándar y paren de contar. La película está rota porque nunca te das cuenta de los cortes abruptos en la historia, y sin embargo nada de eso importa porque lo único que quieres saber es lo que sigue. Lo descocido y lo predecible se perdonan porque la cinta es, a pesar de todos sus defectos, extremadamente divertida. No importa mucho saber que al final siempre ganan los buenos, que el héroe castiga a los malotes y que siempre defiende a los suyos. Si de diversión se trata, ciertas fórmulas siguen funcionando.

Así, no importa cuán rota y desmembrada esté la historia, ni cuántos momentos y diálogos ad hoc tenga, uno ya conoce la fórmula. La película apenas nos da un empujoncito y sigue su rumbo como si nada. No hay ninguna consecuencia entre una pésima broma sobre Facebook y un comentario como sacado de la manga sobre el papel del ejército norteamericano en la conservación de la Paz Mundial, pero nada de eso importa porque solo queremos saber cómo se librará Batista de una niña de nueve años que lo chantajea para que le enseñe cosas de espías. Spy stuff, dicen.

(MWM Studios)

Grandes espías nunca oculta que es una película que sigue la fórmula al pie de la letra, pero no por eso se rinde. Es curioso cuánto le debe a su “ironía”, esa vaga sensación y recurso que usan interminables películas, series y memes para aparentar indiferencia o estoicismo frente a las más diversas y adversas situaciones. En realidad, creo que funciona sólo porque le confía todo a su pretendida ironía y acepta su ligereza e intrascendencia. Creo que uno se inclina a perdonar todos los churrazos de la película por la capacidad que tiene de mostrarse autoconsciente. Si la cinta misma no se toma en serio, tomarla de otra forma sería ridículo o excesivo. A pesar de toda esta ligereza, siguen siendo interesantes algunos mensajes ideológicos esparcidos por aquí y por allá en la trama.

Cringe al por mayor

(MWM Studios)

Toda la película gira en torno a que una niña de nueva años descubre al espía profesional Batista y, en lugar de decirle a su mamá o a todo el mundo, decide chantajearlo para que haga lo que ella manda. En una escena, la niña le pide que vaya a su clase para el día de los amigos y padres porque su mamá tiene que trabajar. La mamá accede y dos segundos después todos los padres en el salón de clases están contando a qué se dedican. Cuando llega el turno de JJ teme revelar su verdadera identidad y la labor que desempeña, en este vecindario, vigilando a unos terroristas. Sin embargo al final accede y con toda la solemnidad del mundo dice que trabaja para la CIA manteniendo la seguridad nacional de los terroristas y los enemigos del pueblo. En un arrebato de inspiración y patriotismo todos le aplauden y la vida sigue como si nada.

Perdón por esa larga digresión, pero esa escena me perturbó particularmente. Es curioso cómo JJ acepta renunciar a su identidad encubierta por un momento para decir la verdad, y todo esa escena es como un descanso de la ficción en la que la película le habla de tú a tú al espectador para llenarlos de mensajes vagamente patrióticos. Ésta no es, tampoco, una fórmula desconocida en las chapucerías ideológicas de Hollywood. Hemos visto este tipo de escenas en Kindergarten Cop (1990) y The Pacifier (2005): Arnold Schwarzenegger, Vin Diesel o Batista cumplen el mismo rol de hombres rudos que trabajan, encubiertos, para la policía, la armada y la CIA, respectivamente; y en estas tres películas encontramos las mismas ideas de sacrificio y ternura de hombres excepcionales que quieren mantener intacta la perfecta vida suburbana americana.

Los límites de la ironía

(MWM Studios)

Creo que en este punto hay que preguntarnos si la ironía se ha convertido la norma en la industria del entretenimiento. Prácticamente no hay comedia que no la abracen desde la estructura (ya sea como Bojack en una torpe y divertida forma de retorcer los sentidos figurados y las narrativas, o como en el viejo Scott Pilgrim que hacía de su historia una película que es un cómic pero que también es un diario en la que los personajes son todos narradores). No es que sea algo malo, sino que puede ser una señal de tedio y falta de creatividad. La cultura del meme y del mame nos han acostumbrado a burlarnos de todo, y parece que la risa es más bien una reacción desesperada y espontánea a algo que va más allá de nosotros. O podría ser que la risa sea “el más allá de la filosofía” como dicen por ahí. Uno nunca sabe: estas cintas siempre oscilan entre un producto bien pensado con mensajes que nos superan o una absoluta banalidad que no tiene nada más que decir fuera de sus esquemas repetitivos.

Lo bueno
  • Te la vas a pasar bien si sabes que verás una película palomera.
  • A pesar de sus chistes malos la disfrutas.
  • Una historia torcida y absurda que no quiere impresionar, sino entretener.
  • Sin importar donde la empieces a ver la entenderás, algo así como Rayuela.
  • Hay un poco de Batista para todos los gustos.
Lo malo
  • Abusa de la ironía.
  • No hay nada nuevo en ella.
  • Uno que otro mensaje ideológico.
  • Pésimas secuencias de persecuciones.
  • Dura 99 minutos y no 90.
  • Si eres un erudito del cine la odiarás.
Veredicto

Grandes espías es una película palomera decente. No es la próxima revolución en el cine de comedia, ni mucho menos un bonito producto fílmico, pero hace lo suyo. A pesar de sus malos momentos no puedo decir que no la disfruté de vez en cuando. Y bueno, si buscas algo que ver en familia, probablemente encuentres en Batista un buen aliado. Nada menos y nada más.

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