Reseña: Evangelion: 3.0+1.0 Thrice Upon a Time — Una carta de amor que nos propone encontrar la paz y nuestro lugar en el mundo

| 16 de agosto de 2021

Casi diez años tuvimos que esperar para ver el regreso de los personajes de Evangelion tras el estreno de Evangelion: 3.0 You Can (Not) Redo, pero para fortuna de todos los entusiastas de los mechas y aquellos que aman los dilemas existenciales, Thrice Upon a Time ha llegado para concluir la tetralogía de Hideaki Anno que, en principio, se trataría solo de un remake de Neon Genesis Evangelion, pero que con el tiempo fue adquiriendo personalidad propia hasta convertirse en un producto independiente que funciona como una especie de secuela espiritual.

La espera ha valido completamente la pena, y el resultado Thrice Upon a Time ha satisfecho a la mayoría de los espectadores: y es que la cuarta película de Rebuild of Evangelion no solamente sirve como conclusión de su propio Universo ficcional, también ha logrado resignificar a otras obras como la ya citada Neon Genesis Evangelion o el manga de esta serie escrito e ilustrado por Yoshiyuki Sadamoto, además de conferirle una nueva perspectiva a obras dirigidas por Anno como la épica espacial Gunbuster o el clásico de steampunk Nadia: el Secreto de la Piedra Azul.

Pero quizá lo más interesante es el proceso de crecimiento a nivel personal que muchos de los seres de Evangelion (y fuera de Evangelion) lograron alcanzar con esta cinta. Lo que tiene todo el sentido del mundo considerando que esta obra data de 1995, y desde entonces numerosas generaciones de fanáticos nos hemos ido sumando a las aventuras de Shinji y compañía, creciendo junto a estos personajes… sufriendo y siendo dichosos por igual.

Robots, melodrama, fanservice y metaficción

Imagen: Khara

A nivel técnico y narrativo, con Thrice Upon a Time nos enfrentamos a la mejor obra de todo Evangelion. Visualmente se encuentra a un nivel muy superior de sus predecesoras (nunca Hideaki Anno había dejado tan en claro que él es el alumno más avanzado que dio Studio Ghibli), pues además de experimentar con la animación tradicional, la cinta incorporó a su producción animaciones en tercera dimensión e imagen real. 

Tal vez la única pega de Thrice Upon a Time visualmente hablando sea el excesivo contenido fanservice ecchi, ya que cada dos o tres fotogramas se nos presenta algún personaje femenino con muy poca ropa, o la cámara los fija utilizando encuadres que favorecen la admiración de su anatomía. Claro: esta no es más que una valoración subjetiva, y lo que pudo molestarme como espectador seguramente se convertirá en la alegría de cualquier otro.

Imagen: Khara

Por otro lado, es bastante interesante ver la manera en la que Anno logró resolver la mayoría de las tramas abiertas que había dejado con la confusa You Can (Not) Redo, una obra que nos situaba 15 años en el futuro después de los acontecimientos de Evangelion: 2.0 You Can (Not) Advance. Sin embargo, Thrice Upon a Time no es una obra perfecta, y al final, lamentablemente, aunque personajes como Shinji, Asuka, Rei, Gendo o Misato tuvieron el peso narrativo y el desarrollo que esperábamos, otros personajes como Mari, Ritsuko o Fuyutsuki apenas fueron tocados.

Pero todos los aparentes errores de la cinta se los podemos perdonar a Anno solo por el bellísimo despliegue de metaficción que mostró al final de Thrice Upon a Time: una serie de secuencias en donde lo real y lo irreal se funden entre autorreferencias, guiños al espectador más avezado y personajes conscientes de su papel en el drama creado por alguien superior a ellos: un desborde de imaginación como pocas veces hemos visto en el anime.

¿Estas son lágrimas?

Imagen: Khara

Dice Fernando Pessoa que todo arte consiste en hacer real la vida, y Hideaki Anno ha logrado con Evangelion dar voz de una manera tan precisa y hermosa a nuestras más oscuras y alegres emociones. En este sentido, Thrice Upon a Time funciona como el punto culmen de un proceso de autoconocimiento que a Shinji Ikari (y también un poco a nosotros) ha costado más de dos décadas alcanzar.

Es por ello que la sensación de cierre que nos brinda esta obra se siente más consiste y ciertamente más agradable a nuestra sensibilidad que la que nos ofreció The End of Evangelion, pues mientras la cinta de 1997 concluía los eventos vistos en el anime de una forma desgarradora y completamente deprimente, Thrice Upon a Time, aún reutilizando elementos de The End of Evangelion, nos ha ofrecido una carta de amor a todos los personajes con un final que nos anima a mirar con alegría el porvenir.

Imagen: Khara

Durante años Hideaki Anno se vio afectado por la depresión, y todo su sentir lo plasmó en Neon Genesis Evangelion. Advertimos ahora que su postura ha cambiado, y tal vez por eso escuchamos a Toji decirle a Shinji frases como “Nuestro deber es aceptar la tristeza y la ira y seguir adelante”, o a Kaworu animando al tercer niño elegido con la siguiente sentencia: “Tenemos que encontrar la paz y nuestro lugar en el mundo”.

Somos dichosos en la alegría, y las cosas buenas que nos suceden se graban en nuestra memoria, pero son al final los malos momentos y lo que decidimos hacer con ellos lo que verdaderamente le da forma a nuestra existencia. Como el poeta Isidore Lucien Ducasse lo hizo hace más de un siglo, con Thrice Upon a Time Hideaki Anno ha decidido sustituir la melancolía por el valor, la duda por la certeza y la desesperación por la esperanza. Es por ese motivo que Evangelion es, además de un gran anime, toda una lección de vida.

Imagen: Khara

Lo bueno
  • La mejor animación de todo Evangelion
  • El cierre de muchas tramas abiertas en películas anteriores
  • El tema One Last Kiss de Utada Hikaru
Lo malo
  • Exceso de fanservice
  • El casi nulo desarrollo de Mari Illustrious Makinami
Veredicto

Thrice Upon a Time es la conclusión de una hermosa saga que ha durado más de veinte años y que se ha alzado no solo como una de los grandes relatos de la ficción japonesa, sino como una de las obras más importantes de ciencia ficción a nivel mundial en los últimos 50 años. Aunque tal vez el logró más importante del filme sea el de recordarnos que la vida se puede abrir paso en el mundo sin importar las adversidades, tal y como lo hacen las flores que horadan el concreto y crecen entre las paredes y banquetas.

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