Project Almanac tardó más de un año en llegar finalmente a nuestras pantallas. La película estuvo inicialmente prevista para estrenarse en el 2014 y no fue hasta ahora, bronca más, bronca menos con los productores asociados de MTV, que la cinta fue finalmente lanzada al mercado. Y bueno, las expectativas no eran muchas. Pero, como siempre pasa con la utilidad de las bajas expectativas, muchas de ellas acaban por ser superadas. Para bien o para mal…

Porque Project Almanac no es el perfecto bodrio que siempre pensé que sería. Estamos en una época en donde dos cosas esenciales prometían a su absurda realización un marco imposible de vencer: la enorme y genial producción de películas de viaje en el tiempo y la enorme y terrible producción de películas de found footage. En esos dos sentidos, Project Almanac se enfrentaba por un lado a grandes clásicos de la ciencia ficción actual como Primer (2004), Looper (2012) o incluso la muy reciente y perturbadora Predestination (2014); y, por el otro, a fracasos constantes en el género que logró sacarle tanto jugo a la adolescencia en Chronicle (2012) para estrellarse contra un muro en repetidos intentos de terror banal.

Con todo, Project Almanac es una película que muy probablemente pasará al olvido sin pena ni gloria pero que, mientras está en el cine, vale la pena ver. No es la gran revelación para el found footage (como es el caso de algunas de nuestras favoritas del género) ni es tampoco una película sólida de viaje en el tiempo, pero tiene planteamientos interesantes, puede llegar a ser bastante divertida y, fuera de sus múltiples errores, es un intento tan honesto como fallido de integrar el elemento formal de la cámara en mano a la trama de una película de ciencia ficción temporal.

Desaciertos fatales

Project-Almanac-1

La premisa es sencilla: un joven desesperado por encontrar una beca para ingresar al prestigioso MIT en el departamento de física (Jonny Weston), encuentra por error la grabación del último cumpleaños que pasó con su padre en vida. Ahí, encuentra una imagen de él mismo, en su edad actual, por el reflejo de un espejo. Tratando de dilucidar el misterio, él y un grupo de amigos se encuentran con un prototipo militar de máquina del tiempo que estaba produciendo su padre. Una vez que entienden cómo servirse de la máquina la utilizarán de forma cada vez más irresponsable hasta que las consecuencias comienzan a alcanzarlos.

Y hasta aquí todo va muy bien. Toda la primera parte de la película, el marco de referencia familiar y escolar, la búsqueda y construcción de la máquina, se desarrolla con bastante intriga y suspenso además de un interesante elemento ominoso: nunca se sabe qué va a pasar con la máquina, cuáles son sus posibilidades funestas, o si, de pronto, alguien del futuro va a aparecerse en pantalla como mal augurio. Los verdaderos problemas comienzan con la segunda parte de la cinta. Entiendo la necesidad de meter una trama romántica en el asunto. Y no lo digo sólo desde el punto de vista del marketing y sus leyes perversas, sino porque en realidad sirve para la trama (como explico más adelante). Lo que sí no entiendo es cómo pudieron los guionistas pensar tanto la idea del viaje en el tiempo como una plaga de consecuencias (el famoso efecto mariposa) sin darse cuenta de que ellos mismos jugaban con estos viajes sin ninguna consecuencia narrativa.

El viaje a Loolapalooza, punto central en la historia por los vínculos de empatía y amistad que crea, por el desarrollo de la trama romántica y el principio del complejo de Dios del personaje principal, es también el primer gran error de la película. ¿Cómo es posible que aparezcan tan públicamente en el concierto, guarden fotos en Facebook e Instagram si en verdad no fueron a Chicago, si sus verdaderos “yo” del pasado se quedaron tranquilamente en casa? ¿No sería esto, justamente, romper las reglas que se habían planteado y, de paso, crear una ruptura temporal?

Project-Almanac-4

Y claro, una vez que empiezan a salir estas incoherencias comenzamos también a cuestionar muchas de las otras cosas que la película da por sentadas. Por ejemplo, cuando regresan en múltiples ocasiones para que el poco carismático personaje de Quinn (Sam Lerner) tome un examen de Química, ¿no se enteraría de esta forma su “yo” pasado de una anomalía? ¿No te darías cuenta si, después de faltar a un examen, tu profesor y tus compañeros te felicitan por la buena nota y la actuación bufonesca con la que entregaste el reporte?  O también, en asuntos tal vez más relevantes, si David se ve a sí mismo en el espejo, en la fiesta de cumpleaños, quiere decir que esta es la segunda vez que esto ocurre. Si éste es el caso ¿qué pasó la primera vez? ¿Por qué no quedó destruida la máquina desde el primer intento? ¿Por qué el perceptivo padre no ayudó, como la segunda vez, a su hijo? ¿Y por qué no cambió nada del pasado y todo se repite en un loop perfecto si todo lo demás falló?

Todas estas son preguntas que la película no se preocupa en responder. Y claro, ahí está el riesgo de hacer a la ligera una película de viajes en el tiempo: las paradojas se acumulan y sin una mirada aguda, pueden acabar sofocando el argumento. Dos vías para evitar esto han sido tomadas con anterior efectividad: por un lado puedes simplificar la trama de viajes en el tiempo a su elemento más sencillo y concreto y tienes Terminator (1984), por el otro puedes complejizar sus implicaciones hasta las últimas consecuencias y tienes Primer. De cualquier manera las paradojas están ahí y hacen preguntas insistentes sin destruir la trama que las alberga. Desafortunadamente, éste no es el caso en Project Almanach.

Un buen planteamiento desperdiciado

Project-Almanac-6

Digo “desafortunadamente” porque en realidad encuentro cosas muy rescatables en la película. Me gusta que la temática familiar se quede en segundo plano, que no se llegue al melodrama infantil de Spielberg que sólo Spielberg puede lograr de forma genial. En realidad David no intenta nunca rescatar a su padre, sino que continúa buscando la forma de rescatarse a sí mismo. En este sentido la película muestra bien un rasgo fundamental del ser humano, ya sea adolescente, viejo, genio, idiota, americano o tailandés: no vemos más allá de nuestra propia conveniencia, no juzgamos los errores del pasado para mejorar el futuro, pensamos en el presente como lo único que nos atañe. Y claro, hemos visto lo que le ha hecho ese pensamiento a la ecología.

En ese sentido la trama se junta con Chronicle: más allá de las referencias a la adolescencia problemática y la marginación escolar, en los delirios de poder que pueden apoderarse de cualquiera en una circunstancia extraordinaria. El asunto de meter una, en apariencia, inocua historia de romance, sirve justamente para pavimentar este argumento. Todo empieza a tirarse al traste cuando David trata de darse una segunda oportunidad para besar a la chica que le gusta. El medio es extraordinariamente peligroso para lograr algo extremadamente egoísta. Sí, eso suena muy humano. Y después la avalancha de consecuencias, reparaciones y errores hasta la más tremenda persecución en búsqueda del último hidrógeno que solucionaría todo en un salto temporal de 10 años, es sumamente interesante.

El final en sí es bastante bueno y muestra que la intención del found footage se justificaba plenamente dentro de la trama misma. Al encontrar, en el siguiente giro temporal, la cámara en donde se encuentra la evidencia misma, registrada, de los fracasos cometidos, de los horrores vividos, de la angustia y el dolor, David, como lo atestigua la frase final de la cinta, quisiera recomenzar todo, intentarlo todo de nuevo, partiendo tal vez desde cero. En todo caso, utilizando las cintas para demostrar lo imposible y ganar, con eso, notoriedad, o simplemente para conquistar a la chica o para intentar recrear desde la nada el experimento, lo que se muestra es la enorme obstinación del humano que no puede ver más allá de su nariz, que puede matar a cientos inadvertidamente por un beso en el presente, que puede sacrificar a sus más cercanos amigos en vista de un remoto placer.ç

Project-Almanac-5

El found footage, en todo lo que acabamos de ver en pantalla, se convierte en la evidencia de lo que ellos mismos hicieron dentro de la película. Y se empiezan a superponer las cámaras y las filmaciones como las realidades, siempre cuestionando lo que hay en la pantalla como algo completamente efímero porque puede ser reescrito. El problema es que, fuera de la trama misma, mucho de lo que se ve aquí sí debió ser reescrito, reconsiderado, retrabajado por los guionistas. Y no me refiero nada más a los múltiples errores temporales que le quitan algo de fuerza a la película, sino también al concepto mismo en el uso de cámaras. Todo hubiera funcionado muy bien en este formato de no ser por las libertades que se toma. El found footage es un medio que tiene que ser muy cuidado, muy cariñosamente armado para que parezca terriblemente brusco y descuidado. The Blair Witch Project  (1999) lo logra con maestría, al igual que Rec (2007) o, de forma más juguetona, Chronicle. El problema aquí es que se nota el agotamiento del género en los descuidos que se permite.

Todo lo que hablé del final, la interpretación de una película que se vuelve interesante porque cuestiona su propio marco de realidad, se pierde si consideramos que todo lo que vimos no es un material en crudo, tal y como lo encuentran en el desván, sino algo minuciosamente editado, con múltiples cambios de perspectiva y rupturas temporales. El ejemplo que más sirve está en toda la secuencia problemática de Loolapalooza: la edición de nueve horas de festival responde claramente a un montaje de película, con cortes estereotipados del público a las bandas, del tambor de Imagine Dragons a los saltos de la multitud, a los bailes de cada uno de los personajes, al escenario de nuevo. Y todos estos juegos de montaje, que pueden pasar como evidentes en cualquier película, en un asunto tan delicado de viajes temporales en found footage, justamente, termina balconeando la construcción misma de la película y destruyendo la posible creatividad de su final. Todo Loolapalooza es central para el argumento y es también la secuencia más fallida que acaba desgarrando todo el argumento de la película. Desde adentro, en su propio centro, es donde Project Almanac tiró muy arriba, errando el blanco al que le apuntaba, destruyéndose a sí misma en los errores adolescentes que trató de conjurar.

Lo bueno

  • Un intento interesante de tomar el formato del found footage e integrarlo al género de viajes en el tiempo desde la trama.
  • Momentos divertidos, aunque de diversión bastante básica.
  • Buenas actuaciones para ser una comedia dramática de adolescentes.
  • Buen suspenso que por momentos llega a ser verdaderamente inquietante.

Lo malo

  • Que todo esto no resultó para nada.
  • Que el formato se desperdicia por los pecados sencillos del montaje.
  • Que los errores en la trama son demasiado evidentes y muestran que el aspecto del viaje en el tiempo no fue trabajado lo suficiente.
  • Que termina siendo una película anecdótica cuando pudo ser un avance interesante para el género y para el formato.

Veredicto

Project-Almanac-2

Project Almanac es buena diversión palomera, adecuada para una película de adolescentes u otra propuesta más que utiliza el ya tan choteado formato del found footage. Y hasta ahí todo está muy bien. El problema es que las tramas de viajes en el tiempo son sumamente complejas e interesantes (porque necesariamente, por más churrero que sea el argumento –como en la genial Groundhog Day (1993)-, implican una profunda reflexión sobre la fábrica de nuestra realidad), y deben ser tratadas con mayor respeto. La idea detrás de la película es el uso del formato como testimonio para los mimos personajes dentro de la película. Y esa idea es interesantísima, propositiva e intrigante. Pero se queda sólo en la idea. La posibilidad de que esta cinta sea más que la diversión palomera que asegura, se desvanece por sus múltiples errores y eso, de nuevo, es una lástima. Esperemos que al menos pueda inspirar otras aventuras en el género y revivir las esperanzas ya perdidas de un formato que finge realidad y que cada día se vuelve más falso.

Project-Almanac-poster

Título: Project Almanac

Duración: 106 min.

Fecha de estreno: 6 de marzo de 2015

Director: Dean Israelite

Elenco: Jonny Weston, Sam Lerner, Allen Evangelista, Sofia Black D’Elia, Virginia Gardner, Amy Landecker

País: Estados Unidos

Ver más
Otras reseñas