Neil Blomkamp estrenó su tercer largometraje con muchas promesas y algunas decepciones. El carismático director que saltó a la fama con District 9 no deja de ser un referente en la ciencia ficción contemporánea –y más ahora que ya se encamina para dirigir la quinta entrega de Alien. Sin embargo, con todo lo que promete este joven sudafricano, todavía no puede igualar lo que hizo en su debut.

Tal vez sea una cosa totalmente falaz esto de comparar simplemente entre películas y sé que debería criticar a Chappie por sus defectos y alabar sus virtudes sin andar viendo por el retrovisor. El problema es que el sello de Blomkamp es muy distintivo y parece difícil, con un autor que firma sus películas con lenguaje propio y estilo, no comparar entre todas sus producciones. Y más aún cuando se considera que lo que pasó con District 9 nos sorprendió a todos y marcó para siempre las historias de extraterrestres en pantalla grande. Esa película logró mezclar las tramas completamente alocadas de invasiones alienígenas con un realismo social crudo que jamás se había visto. En eso era pura ciencia ficción dura: encontrar un argumento imposible para desplegarlo en toda su realidad ficticia, en toda la posibilidad de la imaginación, con todo realismo. Nadie había hecho eso así… y a esa escala. Mezclando las intromisiones documentales, las entrevistas, las apariciones de cadenas de noticias (tomando la batuta del genial Verhoeven), Blomkamp logró recrear una situación tan creíble como descabellada. Y claro, los extraterrestres (y aquí siguió otro legado único, el de Spielberg) no tienen que ser necesariamente grandes genios maquiavélicos que buscan nuestra extinción sino algo muy parecido a nosotros: algo bajo, gandalla, tierno y tambaleante en un mundo hostil.

Y claro que la imagen que uno tiene de esa enorme película que nos hizo vivir los barrios bajos nigerianos, el tráfico de partes extraterrestres y el devenir siempre violento de la otredad absoluta, se va a quedar en la memoria. Y claro que fue un golpe muy bajo ver después Elysium, con toda la promesa de un presupuesto inflado y de un casting apelativo (aunque sigo sin verle el atractivo a Matt Damon… o la lógica a Diego Luna tratando de ser gángster), con el recuerdo vivo de la película anterior, con las expectativas de un mundo post-apocalíptico filmado aquí mismo en la Ciudad de México. Y claro que, finalmente, uno acaba comparando este tercer largometraje con esos dos extremos anteriores de logro absoluto y fracaso completo.

Virtudes discretas

Chappie-4

En esto Chappie se distingue sin separarse. En efecto reconocemos el estilo tan propio del director. Está el regreso a Sudáfrica y la presencia constante, en lo musical y en lo cultural, de Die Antwoord; también está esa mezcla de ciencia ficción visualmente impactante con un toque de intimidad cariñosa. District 9 termina en una nota completamente trágica y tierna con Sharlto Copley convertido en extraterrestre dejándole flores a su familia abandonada. Y aquí la misma tensión emocional que vuelve íntimo un evento extraordinario (en vez de invasión por error de alienígenas, en Chappie es la creación de una inteligencia artificial altamente desarrollada) la mantiene el mismo actor, amigo íntimo y constante colaborador de Blomkamp. Es evidente que está hecho para estos roles empáticos, tiernos, de personajes muchas veces pasivos, bulleados, que se levantan de la tierra para conquistar su dignidad. (Su pésimo papel de villano en Elysium muestra bien esta tendencia a personajes empáticos).

Copley hace un trabajo estupendo recreando a Chappie. Se vuela completamente la barda, al mítico estilo de Andy Serkis, para lograr una actuación tan convincente como conmovedora. Ese robot es una genialidad de ternura y de simpatía, diseñado perfectamente con el movimiento ligero de las orejas que lo acerca a la gestualidad animal de un perro fiel, Chappie se roba, durante dos horas, la pantalla y los corazones. Todas sus reacciones no son nada más creíbles y motivadas, sino francamente arrebatadoras: esa voz robótica con encanto infantil y pesado acento sudafricano de barrio bajo blanco quedará guardada para la posteridad como el mejor personaje, hasta la fecha, en las creaciones de Blomkamp. Y los problemas de la película no están ahí. No están en ese sello tan propio del director sudafricano, no están en la ternura de su personaje, ni en los intentos ambiciosos de hacer ciencia ficción dura que pueda también apelar a un cariño familiar (sin llegar a la lágrima de homenaje a Spielberg que fue, por ejemplo, Super 8).

El equilibrio perdido

Chappie-6

No, los problemas de esta película están en un equilibrio que no ha logrado restablecer Blomkamp desde District 9, esa fina línea entre el alcance global de una reflexión amplia sobre el mundo y la empatía que se puede tener por personajes específicos. Y no digo esto por Chappie que es un personaje entrañable, ni por Dev Patel que hace un papel completamente convincente y entregado. El asunto está más bien en que, fuera de estos personajes, todo se vuelve un poco caricaturesco. Ninja y Yo Landi de Die Antwoord no son verdaderamente actores. Y aquí salen representándose a ellos mismos en un idílico encuentro de gángster sudafricano diluido por MTV.

En el intento de trasladar las personalidades magnéticas de los dos raperos se perdió algo del realismo crudo de District 9: los sets parecen marcos para sus diseños alebrestados, todo se pinta de colores fluorescentes, camisetas autorreferentes, logos y grafitis perfectamente delineados; las pistolas están hechas a la medida, los coches al estilo, y la música se vuelve forzosamente redundante. Y bueno, en realidad, estos raperos podían salir de fondo o Blomkamp los hubiera podido usar como lo hizo Harmony Korine: buscando su completa extrañeza, su lejanía de nuestra lógica, sus sueños etéreos de fondo de bong rebotados en nuestra pantalla, confrontándonos por su rareza. Pero aquí son, por el contrario, las figuras por las que tenemos que sentir una cierta empatía dramática para que funcione la cinta. Y en realidad se nota la incomodidad que les causa estar en pantalla tratando de crear vínculos emocionales. La dificultad que tienen para actuar (sobre todo Ninja) y el malestar de todo eso se traduce en un desbalance extraño. Porque Chappie sí es entrañable y el personaje del creador queda tremendamente interpretado por Patel. Pero ni los integrantes de Die Antwoord ni el muy caricaturesco Hugh Jackman con Mullet, ni siquiera la mítica Sigourney Weaver, logran transmitir esa misma energía.

Chappie-1
Ninja y Yo Landi de Die Antwoord salen representándose a ellos mismos en un idílico encuentro de gángster sudafricano diluido por MTV

Y la impresión que queda es que Blomkamp se agotó en el concepto, en todo el diseño del personaje principal y en la maquetación de la idea sólo para quedarse corto en muchos otros aspectos. La historia es interesante aunque algo convulsa y torpe. Un creador de inteligencias artificiales se harta de fabricar simplemente robots de uso policial que no tienen mayor potencial que el de acatar órdenes. Conflictuado entre su responsabilidad como trabajador de una importante empresa de robótica y sus ambiciones científicas, el insospechado genio se roba un androide de caducidad firmada al que sólo le quedan unos días de vida y le infunde la inteligencia más desarrollada jamás creada por el hombre. El resultado es Chappie, una inteligencia que comienza a criarse con los secuestradores de su creador, que empieza a aprender de los gángsters las malas y las buenas lecciones de la vida baja sudafricana. Y todo empieza a complicarse cuando un colaborador celoso (interpretado por Jackman) trata de balconear la traición a la empresa por parte del creador de Chappie y maquina un plan para ser él el salvador de la paz pública con su creación de robots de transmisión sináptica (un especie de ED-209 que se controla a distancia por conexiones neuronales).

Todo esto nos remite a muchas otras creaciones de la ciencia ficción. Por todas partes está Verhoeven (no nada más por la base de la historia de Robocop que aquí se calca, sino por el uso de canales de noticias y la intromisión constante de la televisión en la historia), por todas partes están las referencias a Asimov y las autorreferencias a preocupaciones anteriores del director (como el asunto de la inmortalidad tan mal tratado en Elysium, el de la empatía con seres diferentes, del respeto a la otredad, el del cariño entre especies…). Y al final (no les cuento como acaba para no quemar todo el suspenso), parece que la película trata de abarcar más de lo que puede. El alcance universal de District 9 llegó de forma completamente orgánica y natural, su enseñanza sobre la crueldad humana y el miedo a la diferencia cala hondo porque no tiene que ser explicada. Pero aquí no funciona así.

Al tratar de hablar de demasiados temas desde lo pedestre (la familia, la amistad, la sociedad injusta, la educación, el amor…) hasta lo más abstracto y trascendente (la inteligencia artificial, la relación hombre-máquina, la violencia radical de lo diferente, la inmortalidad del hombre, la transmisión de consciencias, la dependencia humana a la tecnología como extensión del cuerpo, el fascismo, la relación entre gobiernos y corporaciones, el control de la policía…) la película se acaba perdiendo en su propio mensaje y el mensaje acaba disminuido por la trama convulsa.

Chappie-2
La película nos remite a muchas otras creaciones de la ciencia ficción: por todas partes están las referencias a Verhoeven y Asimov

Y aclaro, el resultado no es tanto que sea malo como que resulta frustrante. Hay tanta calidad en esta película, tanta creatividad, tantas referencias que podrían ser más operativas y todo parece desperdiciarse en la falta de balance. En los carteles promocionales reza algo así como “la última esperanza de la humanidad no es un humano” y en esa frase extraña, completamente desplazada, que parece corresponder a otra película, quedan reflejados los pecados de Blomkamp: esta es una historia que no fue suficientemente pensada o que fue pensada demasiado. El resultado es la sombra de un argumento inteligente que se diluye con la ayuda de su ritmo convulso, de las actuaciones acartonadas y de lo caricaturesco de los personajes. Chappie nunca trata de salvar a la humanidad, eso ni siquiera está en juego. Él trata de salvarse, a él y a los suyos. En esa historia íntima, como en el sufrimiento del pequeño burócrata de Distric 9, se encuentra la verdadera fuerza humana de la película. Todos los demás temas trascendentales, operados a la rápida como conclusión, se quedan cortos y no llegan a ser profundos.

El balance se rompe: no hay empatía, no hay equilibrio entre la trama pedestre y las discusiones conceptuales, no queda ninguna reflexión concreta entre todo el relajo y al final todo se poncha un poco volviendo a decepcionar. Y con esto no digo que Chappie haya sido un fracaso como Elysium. No. Creo que Blomkamp va hacia el buen camino para recuperar la integridad balanceada de la obra maestra con la que debutó de la mano de Peter Jackson. Pero, mientras tanto, Chappie es una película de enorme potencial que nunca cumplió con sus propias expectativas y parece que Blomkamp, mejorando después de su segunda entrega, todavía se sigue tropezando con sus propias agujetas.

Chappie-3
El resultado es la sombra de un argumento inteligente que se diluye con la ayuda de su ritmo convulso, de las actuaciones acartonadas y de lo caricaturesco de los personajes

Lo bueno

  • La actuación magistral de Sharlto Copley.
  • El diseño del personaje de Chappie; el personaje de Chappie; todo de Chappie.
  • El intento de reflexión que, aunque no llega a mucho, es sincero y valiente.
  • El hecho de que Blomkamp vaya enderezando poco a poco su camino después del tremendo fracaso que fue Elysium.

Lo malo

  • Que entre tanto concepto pasado a la rápida no quede ninguna reflexión concreta.
  • Que la película apunte tan alto cuando su verdadero impacto estaba en lo cotidiano, en lo pequeño e invisible.
  • Las actuaciones de Die Antwoord como caricaturas de ellos mismos, el personaje de Hugh Jackman como caricatura algo ridícula y solemne, el malo de la historia, el gángster último que sólo es una caricatura violenta (sin el encanto de Kurtwood Smith en Robocop).
  • Lo frustrado que te deja ver un proyecto de gran potencial que no acabó de cuajar.

Veredicto

Chappie-8

En realidad creo en Blomkamp. No puedo pensar que lo que hizo en District 9 haya sido una mera casualidad o suerte de principiante. Elysium fue un error, como todos lo han tenido (si no pregúntenle a Fincher sobre Alien 3 o a Lynch sobre Dune), pero creo firmemente que el camino del director sudafricano se irá enderezando con el tiempo. En ese sentido, Chappie parece una película de aprendizaje, un nuevo ensayo sobre el alcance que puede tener una idea, la paridad de su realización y la realización concienzuda de un casting adecuado. Con todo, como experimento de crecimiento, como otro paso más en la carrera de Blomkamp, la cinta no es un bodrio y puede resultar muy divertida (aunque esto sea, por momentos, de forma involuntaria), el personaje central es entrañable y la trama promete entusiasmos. La decepción que causa esta película nace justamente de ese respeto por Blomkamp, por sentir que ahí atrás, en algún lugar escondido, está todo su potencial y su genio. Esperemos que lo reencuentre en su totalidad para el proyecto más importante de su carrera; esperemos entonces que para la quinta entrega de Alien volvamos a tener algo de la primera entrega de Blomkamp. Esperemos.

Chappie-poster

Título:Chappie

Duración: 120 min.

Fecha de estreno: 6 de marzo de 2015

Director: Neil Blomkamp

Elenco: Sharlto Copley, Sigourney Weaver, Hugh Jackman, Dev Patel, Ninja, Yolandi Visser

País: Estados Unidos

Ver más
Otras reseñas