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Atari, a 50 años de los pioneros del videojuego como industria

Atari nació hace 50 años, y los amantes del mundo de los videojuegos tenemos mucho que agradecerles.
atari 50 años
Un gigante de la industria de los videojuegos | Imagen: Código Espagueti

Para todos aquellos que han nacido en la era de las consolas, y cuya cultura y formación dentro de la industria de los videojuegos proviene de los sistemas fabricados por Nintendo, Microsoft, Sega o Sony, probablemente el nombre de Atari les suene algo difuso, como el viejo rumor de una leyenda que al paso del tiempo se ha ido diluyendo.

A 50 años de su nacimiento, la mítica compañía estadounidense posee una presencia amorfa dentro de la industria gamer: se trata de de una marca legendaria, unos de los pilares angulares del mundo de los videojuegos, un titán de la era de las recreativas que no supo hacer frente a las exigencias de un mercado creciente, y que, tras innumerables fusiones, adquisiciones y bancarrotas encontró un destino trágico.

Sin embargo, y pese a que han pasado 5 décadas, hay una verdad irrefutable: la industria del videojuego que tanto amamos le debe mucho a Atari y a sus dos fundadores. Sin ellos, las cosas habrían sido muy diferentes, y por ello, vale la pena hacer un pequeño recorrido por la historia de la compañía.

Foto: Especial / Atari

El inicio de una era

Atari fue un ente definitorio en la era de los salones recreativos y en el campo del entretenimiento doméstico a lo largo de las décadas de los setentas y primera parte de los ochentas. Una marca que inició una era fundamental dentro de una industria que apenas daba sus primeros pasos y que se encontraba en pañales, dando apenas pequeños atisbos de la repercusión que podían tener los videojuegos dentro de la cultura del entretenimiento y la sociedad de consumo.

La historia de Atari, en esencia, se reduce a dos mentes brillantes y una gran idea. Los dos fundadores de Atari, Nolan Bushnell y Ted Dabney, se conocieron en 1969, mientras ambos trabajaban en una compañía llamada Ampex, ubicada en Redwood City, California. Unos años antes, en su etapa de estudiante de ingeniería electrónica, Bushnell había desarrollado una fascinación adictiva hacia uno de los primeros videojuegos de la historia: Spacewar, desarrollado por el profesor Steve Russell y dos estudiantes en un gigantesco computador del Massachusetts Institute of Tecnology en 1962. Nolan solía colarse por las noches en el laboratorio de computación, dando pie a una pasión que lo acompañaría por el resto de su vida.

Durante esta época de estudiante, Bushnell se sacaba unos dólares extra durante el verano al trabajar en un parque de atracciones, donde tuvo una revelación que lo cambiaría todo: crear videojuegos accionados con monedas, al estilo de otras “máquinas” de la época, como pinballs y tragamonedas. Nolan tuvo una visión premonitoria de lo que años más tarde se convertiría en una realidad: salones recreativos repletos de máquinas en las que los jóvenes se dejaban sus monedas.

Foto: Especial / Atari

Pero volvamos a los años 60, cuando las computadoras tenían las dimensiones de una habitación. A finales de aquella década Bushnell y su compañero Ted Dabney desarrollaron la primera arcade accionada con monedas para una compañía llamada Nutting Associates. Aquella portentosa máquina recibiría el nombre de Computer Space. El juego vería la luz en 1971 y solo se llegaron a vender 1.500 unidades. No fue un éxito rotundo, pero le proporcionó a Bushnell y Dabdney el suficiente dinero para continuar con su negocio de recreativas por su propia cuenta.

Fue así que crearon una nueva compañía, bautizada originalmente como Syzygy Co, fundada en 1971. Sin embargo, tras descubrir que el nombre estaba registrado en California, la pareja  se vio obligada a cambiarlo por Atari Inc, la cual nació un 27 de junio de 1972, hace exactamente 50 años.

La palabra “Ataru” significa “dar en el blanco” en japonés y esta asociada a la buena fortuna. Dabney inventó la tecnología que permitía mover puntos por la pantalla, sin tener que recurrir a una computadora costosa, a la que bautizaron como “Spot Motion Circuit”. Con aquel dispositivo podían mover un punto arriba, abajo, a la izquierda y derecha de la pantalla, abriendo la puerta a un mundo completamente diferente. Ahora, era posible manufacturar placas recreativas a un coste relativamente accesible. Era la semilla de una nueva industria que comenzaría a crecer a pasos agigantados.

Pong, el primer gran éxito

En 1972, Bushnell vio una demostración de la primera consola de videojuegos de la historia: la Magnavox Odyssey. Aquella caja color café causó conmoción dentro del público gracias a su pequeña selección de juegos sin sonido, entre los que se encontraba una especie de tenis de mesa para dos jugadores.

Sin embargo, aquel juego inspirado en el deporte blanco estaba a la altura del Pong de Atari, comercializado en 1972. El responsable de la programación no fue Nolan Bushnell, sino un nuevo empleado de su compañía llamado Allan Alcorn. Aquel ingeniero junior jamás había visto un videojuego hasta que Bushnell le enseñó Computer Space, y támpoco había creado ningún programa hasta esa fecha, sin embargo, tenía el suficiente talento e ingenio para crear uno de los juegos más icónicos y representativos de la historia.

Nadie esperaba gran cosa de Pong. Al Alcorn fue asignado al proyecto para poner a prueba sus habilidades como programador, y ni siquiera estaba conceptualizado como un producto comercial. Pero tras meses de pulir el código, resultó que el juego era muy divertido. A primera vista no parecía haber grandes diferencias entre Pong y el tenis de la Magnavox, pero todo cambiaba a la hora de entrar en el terreno de la jugabilidad. Pequeños detalles hacían grandes diferencias. Por ejemplo, la pelota ganaba velocidad en la disputa por los puntos y rebotaba en un ángulo diferente dependiendo de la parte de la raqueta con la que se impactará. Además, tenía sonido, y por último, resultaba terriblemente adictivo para los usuarios, que no podían sacar las manos de este sencillo pero entretenido juego.

Foto: Especial / Atari

En septiembre de 1972, Atari instaló el prototipo de Pong en un bar llamado Andy Tapp’s Tavern. La química entre los consumidores del bar y el juego fue inmediata, e incluso, en el local comenzó a aparecer gente con la única intención de jugar con la máquina. Alcorn, programador del título recuerda una anécdota en particular:

“Sólo unos pocos días después de instalar la máquina, el dueño del bar me llamó para repararla, ya que había dejado de funcionar. ¿El problema? Las monedas de 25 centavos habían rebosado el receptáculo del dinero, confeccionado a partir de una jarra de cristal.”

Tras este éxito, Bushnell presentó el prototipo de Pong a las compañías Bally y Midway, pero al final decidió que podrían ganar más dinero fabricando ellos mismos la máquina. Tras conseguir el respaldo financiero necesario, Atari se puso manos a la obra, pero la fabricación resultó ser más lenta de lo esperado.

Foto: Especial / Atari

Esto no fue impedimento para que Pong tuviera un éxito arrollador. Una sola máquina era capaz de recaudar alrededor de 40 dólares al día y la compañía empezó a recibir pedidos de la máquina en todos los rincones del país. Fue así que Pong llevó los videojuegos fuera de las universidades y los laboratorios de computación para ponerlos en manos y ojos de un público ávido de una nueva forma de entretenimiento.

Altas y bajas

En 1974, Ralph H. Baer, inventor de la Magnavox Odyssey y considerado como el padre de los videojuegos, convenció a sus jefes para presentar una demanda contra Atari, asegurando que Bushnell plagió su Table Tennis para crear Pong.

El asunto se resolvió fuera del tribunal, con Atari llegando a un acuerdo con Magnavox (fuentes cifran la cantidad en 400.000 dólares, otras en un millón), pero además, Bushnell había hecho un movimiento brillante en el acuerdo: Atari se convertía en licenciataria de Magnavox. De esta forma podían seguir comercializando el Pong, y además dejaban en el terreno de la compañía de Baer la tarea de perseguir a todos aquellos que infringieran la patente de Magnavox. Mientras los creadores de la Odyssey invertirán tiempo y recursos en una montaña de litigios, Atari se dedicó a desarrollar nuevos proyectos, y esto le permitió estar un paso por delante del resto.

Foto: Especial / Atari

Atari no inventó los videojuegos. Tanto Computer Space como Pong estaban inspirados en creaciones de otros, sin embargo, hicieron que está nueva tecnología fuera viable económicamente hablando para millones de usuarios alrededor del mundo. Atari comenzaría a crear una industria que hoy factura miles de millones de dólares al año.

A mediados y finales de los 70 llegaron más lanzamientos de Atari: Space Race, Tank, Gotcha y Breakout. Este último supervisado por Alcorn y programado por dos jóvenes llamados Steve Jobs y Steve Wozniak. Sin embargo, la pareja acabaría abandonando Atari para formar su propia compañía conocida como Apple Computer. Seguro que en algún lugar he escuchado estos nombres.

Foto: Especial / Atari

Atari, el corporativo

En 1976 Bushnell, que ya era socio mayoritario tras haber comprado al cofundador Ted Dabney su parte de la compañía, vendió Atari al conglomerado Warner Communications por 28 millones de dólares. Aquella decisión se convertiría en una sentencia de muerte para Atari. No obstante, había tiempo para una última proeza de este gigante de los videojuegos: la creación de la VCS, consola que acabaría recibiendo el nombre Atari 2600.

Atari tenía como principal objetivo llevar sus éxitos recreativos al mercado doméstico. La aparición del MOS Technology 6052, el primer microprocesador asequible en el mercado, supuso toda una revolución tecnológica que dio paso a los primeros ordenadores domésticos. La Atari VCS recurriría a estos nuevos dispositivos, además del Apple II, la NES, el BBC Micro o el Commodore 64. La clave de todo estaba en los cartuchos ROM que permitían almacenar los programas con costos relativamente bajos.

Sin embargo, Atari no contaba con los recursos para producir la consola por sí misma. Esta necesidad de dinero motivó la venta de la compañía a Warner, y los futuros dueños garantizaron el respaldo financiero a la producción de la nueva VCS.

Foto: Especial / Atari

Comercializada en Estados Unidos en octubre de 1977, la Atari 2600 se acompañaba de dos joysticks cuyo diseño se ha convertido en un icono de la historia de los videojuegos, y además era compatible con mandos tipo raqueta. Costaba 199 dólares y con el tiempo se convirtió en una de las consolas de mayor éxito de la historia, sin embargo, no alcanzó el éxito proyectado por Warner, sobre todo considerando la fuerte inversión que la compañía había realizado en el marketing de la misma. Y esto lo comenzó a pudrir todo.

En 1978, Nolan Bushnell abandonó la compañía. Sus métodos poco ortodoxos al puro estilo de El Lobo de Wall Street chocaron de frente con la mentalidad corporativa y bastante más seria de Warner. En 1979, bajo la dirección del nuevo CEO, Ray Kassar, todo cambió. La aparición de Space Invaders  volvió a desatar una fiebre por las recreativas y los videojuegos, y Warner continuó dilapidando una fortuna en marketing, logrando por fin ese éxito que tanto se les había resistido.

Atari se convirtió en la marca dominante. Poder jugar los éxitos de las salas de arcade en tu propia casa era todo un suceso. Pero la consola de Atari no sólo ofrecía conversiones de de las máquinas recreativas, sino cientos de juegos originales de la propia compañía como de una larga lista de third parties. En 1982 los beneficios de Atari suponían un 70% de las ganancias de Warner. El conglomerado obtenía más dinero dinero de los videojuegos que con otras áreas como la música o el cine.

Foto: Especial / Atari

Sin embargo, Ray Cassar, se encargaría de derrumbarlo todo. El departamento de desarrollo fue mutilado en 1979 al sustituir a los creativos de Atari por ejecutivos acartonados. El objetivo era meter en cintura a los ingenieros que habían trabajado con Bushnell, pero estos nuevos métodos acabaron frustrando al personal por la escasa visión de sus jefes y el poco crédito que obtenían por sus ideas.

En aquel año David Crane, Alan Miller, Larry Kaplan y Bob Whitehead, considerados como cuatro de los mejores ingenieros de Atari, abandonaban la compañía para fundar una propia llamada Activision.

Mientras tanto, la calidad de los juegos que llegaban a la Atari 2600 era mediocre. El mercado se saturó con cartuchos de videojuegos infumables, muchos de ellos procedentes de la propia Atari, como el penoso port de Pac Man de 1982. El crash del videojuego del 83 hizo que la estructura de la compañía se transformara en polvo. Toneladas de juegos sin vender se enterraron en el desierto, incluyendo miles de copias del atroz E.T. The Videogame. Todo se reflejaba en las abismales pérdidas de Atari en el segundo cuarto de 1983: nada menos que 310,5 millones de dólares. El gran coloso caía, mientras la industria de los videojuegos pendía de un hilo al borde del precipicio.

Foto: Especial / Atari

La caída de un coloso

A pesar del desolador panorama, Atari no tenía prisas en presentar un sucesor para la 2600. Warner seguía obsesionada en exprimir el hardware ya existente. La empresa había sido fragmentada en distintas divisiones que trabajaban independientemente las unas de las otras, mientras el mercado recibía nuevas máquinas como el Commodore 64, haciendo de la 2600 un producto caduco.

Aunque los ordenadores domésticos iban ganando más y más terreno, fue la irrupción de la NES lo que sentenció definitivamente a la consola de Atari, y la que paradójicamente, salvaría a la industria de los videojuegos. La máquina de Nintendo cayó como una bomba en el mercado norteamericano en 1985 y toma las riendas de una industria que parecía destinada al fracaso.

Warner no tenía idea de cómo gestionar una compañía tecnológica. Los jefes permanecían ajenos a la necesidad de innovar en el terreno de las consolas, y se aferraban con uñas y dientes al producto que ya tenían. Atrás habían quedado los tiempos donde Atari asumía riesgos y marcaba la pauta. Warner vendió la división de ordenadores domésticos de Atari en julio de 1984 a Jack Tramiel, el fundador de Commodore, que la renombró como Atari Corporation. Mantuvieron durante un tiempo la división de recreativas pero al final acabaron vendiéndosela a Namco en 1985.

Foto: Especial / Atari

La era dorada de Atari había llegado a su fin. Los años 90 traerían nuevos cambios a la industria de los videojuegos. Las consolas volvían a convertirse en las plataformas favoritas de los jugadores y Atari resucitaría dos años más tarde de la mano de Hasbro Interactive. El gigante juguetero pagó 5 millones de dólares para hacerse con la marca, pero en el 2000 le vendería a su división de videojuegos a la compañía francesa Infogrames.

En 2003 los europeos decidieron explotar el legado de la compañía fundada por Bushnell y adoptaron el nombre de Atari a nivel de distribución. El mítico logo de las tres barras blancas sobre fondo rojo acabaría en las carátulas de juegos tan variados como Driv3r o Alone in the Dark.

La herencia recreativa de Atari volvería para nuevas generaciones a través de innumerables recopilaciones para diferentes sistemas, pero la vieja Atari, pionera de la industria y hogar de las máquinas recreativas más geniales de la época jamás volvería. Su muerte definitiva llegaría en enero de 2013, con una nueva bancarrota.

Foto: Especial / Atari

Pese a todas las turbulencias y su fatídico desenlace, el legado de Atari está grabado con tinta indeleble en la historia de los videojuegos. Fueron los creadores de un sello que mantiene vigencia hasta nuestros días: crear juegos fáciles de entender, difíciles de dominar y accesibles para todo el mundo.

Felices 50 años, Atari.

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