No sólo fue la primera programadora de la historia, también es responsable de que las computadoras sean como las conocemos.

En mayo de 1833, a los 17 años de edad, Augusta Ada Byron fue presentada por su madre en la corte real británica. Pese al temor de su madre, Ada “no lo hizo mal” sino por el contrario, encajó a la perfección en el ambiente cortesano. Y aunque en ese momento nadie lo sabía, esa reunión sentó las bases que transformarían la tecnología para siempre.

Esa fue la noche en que Ada conoció a Charles Babbage, el renombrado matemático victoriano que diseño la máquina analítica: raíz primigenia de lo que terminarían siendo las computadoras. Por su parte, Ada se convertiría en la primera programadora de la historia.

¿Qué sería de nuestra vida sin las computadoras? Es una pregunta que seguramente todos nos hemos hecho alguna vez, sobre todo porque rápidamente han pasado de ser, más que una herramienta, parte fundamental de nuestra vida cotidiana. Con estas máquinas aprendemos, nos comunicamos, creamos, nos entretenemos, imaginamos y hasta soñamos a través de ellas.

Estamos tan metidos en un mundo hiperconectado que pocas veces nos ponemos a pensar en lo maravilloso que es disponer de tanta información a través de una computadora. De todo lo que tuvo que pasar para que estas máquinas terminaran, literalmente, en nuestra mano. Cuántas ramas tuvieron que irse entrelazando para formar esta gran jungla de datos a la que llamamos internet.

Una de esas ramas creció en el Londres victoriano, durante la incipiente revolución industrial. Y aunque su corteza fueron las matemáticas, su raíz fue la poesía.

Reatrato de Ada King, Condesa de Lovelace.

El nacimiento de la ciencia poética

El gran poeta Lord Byron sólo tuvo una hija legítima, Ada Byron, en un matrimonio fallido con la baronesa Anne Isabella Byron. Decepcionada por la relación con el poeta, la baronesa decidió que su hija no fuera por el sendero artístico de su padre y la sometió a una intensiva enseñanza de las matemáticas, a las que eventualmente terminó amando y abrazando.

Pero la sangre artística corría por las venas de Ada y logró la forma de unir a las matemáticas con la poesía. El evento se dio durante una de las tertulias de Charles Babbage. El matemático, conociendo los trabajos de Pascal y Leibniz, había creado una máquina para calcular diferencias numéricas y obtener tablas de números, que mostraba en sus reuniones.

Esta máquina causó un impacto en la imaginación de Ada, que siempre se mostraba entusiasmada por las maravillas mecánicas de la época, así comenzó a intercambiar correspondencia con el científico (un término recién acuñado en esa época). Con el tiempo, la ambición de Babbage lo hizo conceptualizar una máquina analítica capaz de ejecutar varias operaciones a la vez.

Retrato de Charles Babbage.

Para Ada Byron, quien había cambiado su nombre por el de Augusta Ada King, Condesa de Lovelace, debido a su matrimonio con William King, las posibilidades que ofrecía una máquina como la que Babbage proponía eran gigantescas. Así, Ada se convirtió en su principal promotora, e incluso le rogó al matemático que la aceptara como ayudante.

La máquina analítica no podía convertirse en una realidad, debido a que Babbage no tenía dinero para construirla (de hecho, nunca lo tuvo y no se construyó). Buscando quién financiera su invento, aceptó una invitación para hablar ante el Congreso de Científicos Italianos, celebrado en Turín. Allí conoció al joven ingeniero militar, Luigi Menabrea, un capitán que más tarde sería el primer ministro de Italia. En octubre de 1842, y con la ayuda de Babbage, Menabrea publicó una descripción detallada de la máquina en francés.

Modelo de la máquina analítica de Babbage, que se puede ver en el Museo de Ciencias de Londres.

Uno de los amigos de Ada le sugirió que tradujera el artículo de Menabrea para Scientific Memoirs, una revista que publicaba trabajos científicos. Aquella era su oportunidad para demostrar su talento. Cuando terminó la traducción se lo informó a Babbage, que se mostró encantado, pero también algo sorprendido.

“Le pregunté por qué no había escrito ella misma un trabajo original sobre un tema que conocía tan íntimamente”, explicaría Babbege

Ada dijo que no se le había pasado por la cabeza hacer su propio texto, pero lo cierto es que en aquella época las mujeres normalmente no publicaban trabajos científicos. Babbage le sugirió a Ada que, además de traducir la obra, hiciera algunos comentarios al texto de Menabrea. Ella aceptó entusiasmada y fue más allá: creó el primer texto sobre programación computacional y conceptualizó las computadoras.

Las notas que cimentaron el futuro

El sesgo de género que domina la historia han hecho que se ponga en duda la maternidad de la programación informática; pero esta pertenece única y exclusivamente a Lady Lovelace. Fueron las 19 mil 136 palabras de sus “Notas”, más del doble que la del articulo original de Menabrea, las destinadas a convertirse en un ícono de la historia de la informática. Y el mismo Menabrea lo confirmó en su momento:

“Discutimos juntos las diversas ilustraciones que podrían introducirse; yo le sugerí varias, pero la sección fue completamente suya. También lo fue el trabajo algebraico de solución de los diferentes problemas, excepto, de hecho, el relacionado con los números de Bernoulli, que yo me había ofrecido a efectuar para ahorrarle la dificultad a lady Lovace. Pero me lo devolvió para que lo corrigiera, tras haber detectado un grave error que yo había cometido en el proceso”, explicó el matemático.

Un siglo antes de que la primera computadora fuera creada, Augusta Ada Lovelace analizaba en sus notas (las cuales firmaba como A. A. L) la creación de una máquina universal no sólo fuera capaz de realizar una tarea predeterminada, sino que pudiera programarse para hacer una serie de tareas ilimitada y variable.

“La máquina diferencial se construyó para tabular la integral de una función concreta (…) La máquina analítica, por el contrario, no está meramente adaptada para tubular los resultados de una función particular y solo una, sino para desarrollar y tabular cualquier función posible”.

Para lograrlo, Ada introdujo la idea de que se hiciera tarjetas perforadas, de la misma forma que ya se hacía con los telares creados por Joseph Marie Jacquard. Así describió el sistema la propia Ada:

“Los límites de la aritmética se vieron superados a la hora de aplicar tarjeta. La Máquina Analítica no tiene nada en común con las meras “máquinas de calcular”. Ocupa un lugar propio. Al permitir a un mecanismo combinar símbolos generales, en sucesiones de variedad y alcance ilimitados, se establece un vínculo de unión entre las operaciones de la materia y los procesos mentales abstractos”.

Con estas líneas, Ada explicaba el alcance de la máquina, de una forma que ni el propio Babbage había concebido: “La máquina analítica teje patrones algebraicos igual que el telar Jacquard teje flores y hojas”, definió en una floritura poética.

Diagrama para el cálculo de los números de Bernoulli, creado por Ada Lovelace.

Es su libro Los Innovadores, Walter Isaacson explica que el segundo concepto significativo de Ada es que supo ver que sus operaciones no tenían por qué limitarse a las matemáticas y los números. “Ada señalaba que una máquina como la analítica podía almacenar, manipular, procesar y ejecutar cualquier cosa que pudiera expresarse con símbolos: palabra, lógica, música y cualquier otra cosa que pusiera expresarse con símbolos”, escribe Isaacson.

La matemática fue incluso más allá de su tiempo al proponer operaciones (composiciones) hechas con notas musicales: “Suponiendo, por ejemplo, que las relaciones fundamentales de los sonidos tonales en la ciencia de la armonía y de la composición musical fueran susceptibles de tal expresión y tales adaptaciones, la máquina podría componer elaboradas y científicas obras musicales de cualquier grado de complejidad”

Este concepto era la cúspide de su idea de “Ciencia poética” y la base para toda una era digital que ahora vemos con tanta normalidad. Cualquier contenido –números, sonidos, imágenes y más– pueden ser capturadas, expresadas y manipuladas por máquinas.

Una viñeta del cómic Thrilling Adventures of Lovelace and Babbage de Sydney Padua.

Finalmente, en su nota final al texto de Babbege, la matemática describió lo que un siglo más tarde se llamaría “programa” o algoritmo informático. Para demostrar cómo la máquina analítica podía programarse, Adda ideó un proceso con el cual el aparato podía calcular números de Bernulli: una serie infinita extremadamente compleja que desempeña un papel destacado en varios aspectos de la teoría de los números.

En un papel, Ada escribió con lápiz una secuencia de operaciones y luego elaboró una tabla y un diagrama (que su esposo paso a tinta) en el que se mostraba cómo se codificaría en la máquina, cada una de esas operaciones, mediante tarjetas perforadas.

Se necesitaron 75 tarjetas para generar cada número. Luego el proceso se volvía reiterativo, dado que dicho número era retroalimentado en el proceso para generar el siguiente.

La primer programadora del mundo

El diagrama de programación fue por completo una idea de Ada. Es por ello que se le puede considerar la “primer programadora informática del mundo” y la razón por las que sus “Notas” se hicieron más famosas que el propio artículo traducido de Babbege.

Las “Notas” de Ada (firmadas con sus iniciales) se publicaron por primera vez en la revista Scientific Memoirs en septiembre de 1843, con el título de Sketch of the analytical engine invented by Charles Babbage. Y no fue hasta 1953 que aparecieron firmadas con su nombre completo.

Las “Notas” de Ada Lovelace.

Desgraciadamente, la máquina analítica nunca fue construida por falta de recursos. Babbage continuó refinando el diseño hasta su muerte en 1871, pero en 1878 un comité de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia recomendó no construir la máquina.

En 1991, el Museo de Ciencias de Londres siguió los planos originales de Babbage y con escasas modificaciones sobre los mismos, construyó primera la máquina diferencial.

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