La actriz ha dejado al descubierto uno de los grandes problemas a los que se enfrenta Twitter.

Todo comenzó esta semana, cuando la actriz Rose McGowan (conocida por la serie Charmed y películas como Grindhouse) usó su cuenta de Twitter para alzar la voz contra el productor Harvey Weinstein, a quien acusó de haberla violado.

McGowan es una de las muchas actrices que, tras una investigación del New York Times, han usado las redes sociales para acusar públicamente a Weinstein de abuso y acoso, en un escándalo que está calando hondo en Hollywood. Y es que además del productor, también se ha señalado a actores de la talla de Ben Affleck y Matt Damon por encubrimiento.

En este contexto fue que el pasado jueves 12 de octubre la cuenta de McGowan en Twitter (con casi 850 mil seguidores) fue suspendida temporalmente por haber violado –supuestamente– las reglas de la plataforma. Luego de ser notificada, la actriz dio a conocer la situación en Instagram con este mensaje: “Twitter me ha suspendido. Hay fuerzas poderosas trabajando. Sean mi voz.”

De inmediato, miles de usuarios en Twitter reaccionaron en solidaridad con McGowan y en contra de lo que parecía ser una acción totalmente arbitraria por parte de Twitter. Así fue que la ingeniera de software Kelly Ellis se le ocurrió crear el hashtag #WomenBoycottTwitter (mujeres boicotean Twitter), como una llamada para que las mujeres boicotearan la red social con un día de silencio.

En unas horas #WomenBoycottTwitter se convirtió en trending topic mundial, con el apoyo de celebridades como Alyssa Milano (compañera de McGowan en Charmed), Anna Paquin y Mark Ruffalo.

En medio del escándalo, Twitter lanzó varios tuits explicando que la cuenta de Rose McGowan había sido suspendida por violar los términos de servicio, ya que en uno de sus tuits la actriz había incluido un número de teléfono privado. Según Twitter, luego de que McGowan borró el tuit en cuestión, su cuenta fue reactivada.

Y claro, también hubo tiempo para ser políticamente correctos y decir que apoyaban a “las valientes mujeres y hombres que usan Twitter para compartir sus historias”.

Incluso el propio Jack Dorsery, CEO de Twitter, se pronunció al respecto y dijo: “Necesitamos ser mucho más transparentes en nuestras acciones para generar confianza.”

El problema es que Jack y compañía no parecen entender (o no quieren entender) que lo que su comunidad pide no es mayor transparencia, sino coherencia.

Porque si Twitter aplica aplica las reglas a rajatabla para una actriz que denuncia una violación, también debería hacerlo con todas las cuentas que incitan al odio o fomentan la violencia, como lo especifica en sus propias políticas. Incluso si llegara a tratarse del mismísimo presidente de Estados Unidos.

Así que no, el verdadero problema aquí no es la transparencia, sino algo mucho más complejo e importante. A otro perro con ese hueso.

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