Hoy nos damos a la tarea de recordar la forma en la que el iPod nos cambió la vida.

La última vez que los Reyes Magos me trajeron algo, cambio mi vida para siempre. No es una frase que diga a la ligera, literalmente mi vida cambio (creo que para bien) con la llegada de ese walkman amarillo con clip negro que muchos de ustedes seguro también tuvieron en sus manos.

Desde ese 6 de enero mi vida giró en torno a la música ¡todo el tiempo! Ya no iba a estar atado al estéreo de mi casa. Mi mundo se convirtió en un escenario más amplio y con un soundtrack.

“En mi casa son muy melómanos, entonces siempre hubo discos, cassettes, CDs, todos los formatos. Desde muy chiquita yo les pedía a mis papás que me pusieran las canciones que quería de los LPs de vinilo. Escuchábamos mucha música en el auto, también. Me hacía mixtapes para poner en el estéreo del coche” Alejandra Espino, ilustradora e historietista.

Grabar canciones del radio sin que se escucharan los locutores se volvió mi obsesión, cargar kilos de cassettes en la mochila mi calvario, seleccionar las piezas perfectas para un mixtape mi dulce martirio.

“Cassettes había de muchos tipos: algunos de cinta de cromo, que prometían más fidelidad, y los comunes, baratos, que podías conseguir hasta en la ferretería. Al final, debo confesar, no importaba tanto la fidelidad porque acababas comprando los más bonitos, es decir, los que tenían impresos diseños modernos y locochones”: Guillermo Guerrero, periodista. Colaborador de Milenio y MVS Radio.

No miento, hasta la fecha recuerdo con cariño mis selecciones “Música para quemar cosas” y “Cortándome las venas con galletas Marías Vol 1 y 2” que he tratado de reproducir en playlist virtuales sin lograr duplicar el éxito de las primeras (considerando como éxito el gusto que tuve por aquellas cintas).

“Mi primer cassette fue uno de Kiss, fue el único original que tenía. Todos los demás eran (grabados) del radio. Por lo regular siempre cargaba 3 o 4 cassettes en la mochila. Juntaba para comprar los de 120 minutos, eran mejores y tenían más calidad. Faith no More y Pantera me volaron el cerebro. Mi walkman chupaba pilas como loco, me dormía con ellos”: Leonardo Sastré Báez, maestro en biología y uno de los encargados de que aun tengamos Bosque de Chapultepec.

Llego el futuro (eso que hoy llamamos “el pasado”) y con mis ahorros compré un discman. Lo malo del cambio fue que necesité ahorrar más dinero para comprar discos y que tenia que tener más cuidado con la mochila porque las cajitas de CD eran muy frágiles. Lo bueno fue que aprendí a escuchar obras completas.

Con la adultez (inserte trompetilla) y so pretexto de grabar todo sonido extravagante que se me cruzara en el camino, me compré un Sony Net MD. De hecho, si alguien busca una librería con sonidos del viento de Durango o amanecer en la Sierra Norte de Puebla, con gusto les corro mi librería de sonidos personal. Solo déjenme buscar los MiniDisc.

El Net MD resultó muy bueno para lo que lo compre, pero meterle música resultaba un martirio. El software que traía era infernal, complicado y feo. Preferiría haber vuelto a grabar cassettes que invertir 8 horas de mi vida mezclando música en ese pequeño cuadrito.

El mundo giró y giró hasta que por fin llegó el 23 de octubre del 2001, el día que el iPod llegó oficialmente al mundo. 

“Tenía un walkman amarillo, después cambie a discman. Ese lo usaba para mezclar porque no teníamos dinero para comprar reproductores de DJ. De ahí me mude a la USB, que solo te guardaba 512 MB. Incluso aun lo tengo (…) Cuando tuve para un iPod (nano) me compré el de 16 Gigas (…) Aparte era tener algo MAC, ósea, tener algo MAC en esa época era ¡wow!” Hugo Cuevas, antes DJ hoy productor de contenidos multimedia.

Comprender las implicaciones psicológicas, financieras y técnicas que trajo consigo este nuevo invento es materia de tesis de doctorado (estoy casi seguro que ya debe haber varias). No sólo estamos hablando que por primera vez en su historia los melómanos del planeta tenían a su disposición mil canciones en el bolsillo, hablamos de un dispositivo con 5 gigas de almacenamiento (que era muchísimo en ese tiempo), estamos hablando de los Podcast y de una revolución en la forma de hacer negocios en la música.

“De pronto toda tu música está en tu bolsa, solo tienes que ir ahí y escoger la canción que quieras, la que se te ocurra. Eso de alguna manera te ayudaba a conocer más artistas, más música nueva. La velocidad de tu Internet era el límite” Gerardo Vaca, Coordinador de contenidos web de Terra México.

Yo no tuve el primer iPod, ni el segundo. De hecho, el primero que tuve fue el iPod video, me lo regaló mi madre y me lo robaron unos tipos en la colonia Juárez Pantitlán. Mi segundo fue un iPod Nano, era genial. Ese me lo robaron en la Línea B del metro. De allí pase a escuchar música en el celular un par de años, pero la verdad es que no era lo mismo. Regresé al iPod nano cuando llego el color a la franquicia, por allí en 2008. Es curioso, ese no me lo robaron.

https://www.youtube.com/watch?v=hQw3mVWXncg

“Mi primer iPod fue el mini (el que aún era monocromático), luego tuve dos nanos, no recuerdo que generación. Con el iPod todo era más fácil, pero extraño los discos en físico era chingon tenerlos. Dejamos de escuchar discos completos, todo se hizo de una o dos canciones, puro sencillo, pero todo era mucho más fácil de cargar”: David Jacoinde, productor de radio.

Un día estaba sentado en el trabajo con el iPod en el bolsillo (estaba apagado) y se calentó de tal forma que me quemó. No quemar “quemar”, pero ya saben a lo que me refiero. Estaba caliente. La gente de Apple me lo cambio por otro, a ese si le di batalla. Aun lo conservo en algún lugar de mi casa.

“Se hizo común el término “ordeña de iPod” que era, en los primeros modelos, prestarse el gadget para bajar todas las canciones de otra persona. Pero sobre todo, uno pasaba las noches convirtiendo las colecciones de CD que tenías en casa a mp3 por medio de iTunes y de ahí al iPod”: Guillermo Guerrero.

Me actualicé al iPod Touch 4 y 5. Allí me quedé. Lo uso diario y me gusta, incluso hoy que todo esta cambiando de nuevo. Apple Music, Spotify y demás plataformas de música son la opción para escuchar música ¿Quién se negaría a tener toda la música del mundo en el bolsillo? Pues yo, que sigo usando mi iPod con la música que quiero, porque me gusta el proceso de buscar-cargar-escuchar.

“¡Uf! Me hizo amenos los viajes de Santa Fe a Coyoacán, donde estudiaba fotografía. Lo usaba para todo, incluso como disco externo (…) Recuerdo que compré toda clase de accesorios, incluyendo el imprescindible transmisor FM para usarlo en mi auto. Lo cuidé como nunca he cuidado otro gadget, hasta que terminó en la lavadora por un descuido. Me duró unos 3 años” Javier Sánchez, fotógrafo.

ipod-edgar

Debo aclarar que no he tenido un iPhone en mi vida, no me interesa entrarle a esa discusión si iOS es mejor que Android, ni presumirles a todos mi excesiva inseguridad en forma de un AppleWatch. Tampoco estoy dispuesto a pelearme porque las Mac son mejores que la PC sólo porque son 15 mil pesos más caras o escribir post en inglés cuando todos mis amigos hablan español, ni cotizar en dólares cuando gano en pesos. En fin, no soy ni de cerca un fan de Apple, pero si soy un muy buen usuario de iPod. Le agarré el gusto y siempre se me hizo útil (hasta para grabar sonido).

No soy fan de Apple, pero soy un gran devoto del iPod. No lo dejé de usar ni cuando me quemó (no quemar “quemar”, ya les explique).

Nota: Como notaron a lo largo de este texto intercalé partes de entrevistas que realicé a grandes fans del iPod. Me di cuenta que mi historia como melómano es en cierto sentido una historia compartida. Todos queremos tener un soundtrack.

temas