Preguntas sin respuesta: Prostitución y videochats para adultos, nuevas formas de relacionarnos

Jorge Luis Ringenbach regresa, ahora para hablar sobre las nuevas formas de relaciones humanas que surgen desde videochats para adultos.
(Foto: Justin Ruckman)

Gabriel es un buen tripo, de verdad. Padre ya retirado, matrimonio añejo ya fuera de la los vaivenes de la cotianeidad, con duración mucho muy superior al promedio y con perspectivas de que su final sea el de alguno de ellos, dos hijos, cuatro nietos con quienes lleva una relación cariñosa y abierta al diálogo; tuvo un trabajo que le permitió cosechar comodidades suficientes y, en fin, es un buen tipo; virtudes públicas, vicios privados, ninguno de ellos – ni las virtudes ni los vicios son en realidad significativos -; pasa, eso sí, que a veces se aburre un poco; ya se sabe, la rutina, los años que se acumulan, ese interregno entre que ya no se es joven pero la madurez no se ha tornado vejez y no es que no tenga pasatiempos o tenga un ocio extremo, es más bien que, a veces le gustaría un poco más de emoción en una vida a el pasado le va ganando la carrera al futuro. No se buscaría una amante, no la necesita y ya no tiene edad, eso cree, para ellas; las prostitutas no están en su horizonte, por un lado el pudor y la higiene y por la otra el principio ético que le impide explotar el cuerpo de otros, así lo ve él. No se puede decir que sea aficionado al porno, le aburre. Pero puesto así, cuando la mujer se ha dormido, busca en la red alguna emoción que le permita dar juego a su imaginación y también, es cierto, procurarse un poco de satisfacción digamos, personalísima.

Vagando de esta manera topa con una página que no había visto, había oído hablar de ellas pero no las había encontrado. Como parte de los servicios de una página que provee videos porno gratuitos – extractos de videos de otras páginas de pago -, hay una etiqueta que dice “Videochat Adulto”, se asoma y tiene ante sí el sueño de todo hombre, cientos y cientos de mujeres de todo tipo, edad, etnia y nacionalidad, platican gratis con un público que no puede asediarlas porque la plática es vigilada, está libre de violencia; algunas ya están desnudas, pero no la mayoría, así que se da una vuelta e identifica a dos mujeres que concitan todos sus sueños masculinos, son muy diferentes entre sí y en eso radica la maravilla de lo que está admirando. Tiene que registrarse, utiliza un correo electrónico que creó para algunas compras y que ahora puede usar con entera discreción, tiene que dar los datos de una tarjeta de débito o crédito, como en todas las páginas de comercio, para verificar que es mayor de edad – dicen – y también por si en algún momento quiere hacer alguna compra, lee al detalle y verifica que es segura, como en ese instante no le van a hacer ningún cargo, saca su tarjeta de crédito y listo, en diez segundos se ha transformado en “GaboAventura” diseñador mexicano en busca de aventuras cibernéticas – es lo que ha puesto en su perfil – pone su edad, 56 años, y deja todos los demás campos sin contestar. Con su clave, puede regresar a buscar a las dos chicas de sus sueños.

Contacta a la primera, dice ser de la República Checa, “SweetSvetlana” tiene, según ella, 18 años, es delgada, con un rostro de muñequita antigua que tiene embobado a Gabriel; sus formas son tenues, no da la percepción de ser una niña – eso habría asustado al aventurero que tiene sus límites y tampoco ha querido mirar las secciones de hombres, parejas o transexuales – pero sí de una chica muy joven, muy bonita y, él así lo ve, culta. Platica con ella en francés, al instante se da cuenta que ella usa un traductor en línea, mientras que él se esfuerza con su alemán, al menos – él así lo cree, tiene la justificación de practicar el idioma que aprendió en la escuela desde niño -, usa las frases más gentiles y educadas que puede, así cree que puede vencer a otro cliente potencial que pudiera competir con él por los favores de la dulce Svetlana, pero cuando le pide que le muestre más de su cuerpo, ella le indica que tiene un precio de 18 créditos por minuto y que estaría encantada de seguir platicando con él porque le ha parecido muy interesante y siempre ha tenido la ilusión de conocer México.

(Foto: Jakob Montrasio)

Gabriel se excusa como si estuviera en un restaurante y tuviera que ir al baño; abre la pestaña que dice “Créditos” y verifica que puede comprar créditos por un monto entre 20 y 100 dólares americanos, cada dólar le da cuatro créditos; está emocionado, hace sus cálculos mentales y si se provee, digo, para conocer, de unos cuarenta dólares, es probable que pueda pasar un buen momento con su nueva amiga en Praga; recalcula su presupuesto y decide que el modelo del barco de guerra que iba a armar con sus nietos el fin de semana puede esperar una semana más. Ya armado con sus créditos regresa a ver a la chica, alguien le ha ganado el lugar y tiene que esperar a que ella termine otra plática privada. Diez minutos después ella está fresca como una rosa, platicando de nuevo con él, la checa platica con otros, deja en suspenso a Gabriel hasta que él se decide, cuando lo hace no pasa nada, solo una mención en la pantalla le hace saber que la plática es privada; lo vuelven a saludar y la plática continúa como si nada, el pobre mexicano ve como sus créditos se están consumiendo y sigue contestándole que también le gusta mucho Praga, pero que su sueño es conocer Cancún, los minutos pasan y lo que fue gusto se está volviendo angustia así que de plano, sin otro preámbulo, le pide que se desnude; la chica lo hace con una enorme sonrisa; lo disfruta y mucho y cuando salta un aviso de que los créditos están por agotarse, se despide y corta la comunicación. Sin embargo, no se ha quedado satisfecho. Tiene que ir por su otra nueva conquista.

Sin pensárselo dos veces, vuelve a cargar de créditos su cuenta, ahora será más cauto, busca a “GordibuenaMx”, una chica morena, bien formada, 22 años, con formas generosas y una mirada dulce que hacen un fabuloso juego con sus labios carnosos y colorados. Tiene tanto público como en la anterior, esta vez el juego cambia, Gabriel se hace más platicador, se siente en su terreno y en dos minutos tiene abierta la charla privada, la plática introductoria es mucho más breve, de hecho Mirna – dice que así se llama y que vive en Guadalajara y se ayuda con este trabajo para pagar sus estudios de medicina porque además le divierte -, parece también querer entrar rápido en materia. La interacción es más fluida, Gabriel se divierte y descubre el botón de favoritos para apuntar a su amiga, él se satisface, ella, por lo que aparece en la pantalla también y se despiden con un sincero hasta luego. Apaga la computadora, fuma un cigarro y Gabo el aventurero se transforma en el buen Gabriel, que se va a dormir.

En la soledad de su entresueño, se hace algunas preguntas, al mirar a su esposa que duerme plácidamente junto a él. ¿Es prostitución lo que acaba de hacer? su educación católica le dice que sí, ha pagado por placer; pero no las ha tocado, ni siquiera sabe si viven donde dicen o si se llaman como le dijeron; además, él no las ha obligado, no ha visto nada sospechoso, se veían contentas, alegres y dispuestas. Ahora, tenían la edad de la mayor de sus nietas, lo cual bien visto no es desagradable por sí mismo pero no es lo que se espera del buen Gabo, recién jubilado como legendario vendedor de maquinaria pesada. Espanta esos malos pensamientos, tal vez vuelva a verlas, tal vez no. El otro pensamiento es si ha sido infiel a su mujer, de nuevo primero piensa que sí, pero en realidad no lo sabe, no generó ninguna relación con ellas, no tiene sus correos, ni ellas los suyos, no se han hecho confidencias, ni siquiera han concertado una cita – se pregunta si eso puede hacerse, como reservar un tiempo propio -, además, en el momento en el que están las cosas bastaría con no volver a entrar en la página. Cuando se queda dormido, no ha sabido responder a estas preguntas.

Pero hay cosas que Gabriel no sabe o más bien no imagina. Svetlana no es checa ni está en Praga, es rumana y está en Londres; no tiene 18 años sino 16, unos rusos la llevaron con engaños de hacerla modelo desde su natal Brasov y en Inglaterra le quitaron su pasaporte y se lo devolverán cuando haya pagado sus deudas; del dinero que recibe – la cuenta de depósito también está manipulada por sus captores – sólo le entregan lo que necesita para comer, siempre está acompañada y no le permiten comunicarse con su familia. El lugar que Gabriel vio, un coqueto y pequeño departamento, es en realidad un set de televisión en un edificio abandonado en Meadows, Nottigham, el barrio más pobre de la ciudad más pobre de Inglaterra. Es algo que él nunca sabrá.

De Mirna sabe un poco más, es cierto que así se llama, no tiene 22 sino 24 años; entró al negocio por recomendación de una amiga de la escuela, no estudia Medicina sino Matemáticas aplicadas, administra su cuenta que no sólo le ayuda a pagar sus estudios sino hasta para mandar un poco dinero a su familia en Zacatecas; cuando le molesta el trabajo no vuelve por dos o tres días, pero se ha propuesto trabajar cuatro horas diarias, cinco días a la semana. No vive en Guadalajara sino en la Ciudad de México y de hecho, es extraño que no se haya encontrado con Gabriel porque vive a una cuadra de su casa, van al mismo Oxxo y sacan a pasear a sus perros en el mismo parque, a veces a la misma hora. Puede ser que él sí se entere de todo esto.

Preguntas sin respuesta, información truncada, verdades y mentiras a medias, ambas mezcladas con malicia o con miedo. Todo eso es parte de una nueva forma de relacionarse. Una manera de estar en este mundo donde nada es lo que parece y la realidad ya no es devorada por la fantasía sino que caminan juntos buscando a quien se comen.