Ranking: ¿Cuál es la mejor película de Studio Ghibli?

Studio Ghibli cumple 35 años y, para celebrarlo, armamos un ranking con todas las películas que ha hecho el maravilloso estudio de animación.
Fotograma de Only Yesterday (Studio Ghibli)

El más importante estudio de animación de la actualidad se encuentra en Japón. Muchos pueden argumentar la importancia técnica de Pixar o el millonario impacto taquillero que tienen sus películas. Pero nadie, como los genios de Studio Ghibli, nos han hecho sentir experiencias tan estremecedoras y trascendentes. Studio Ghibli, a pesar de estar fincado en una cultura rica en símbolos y de aprovechar al máximo el folklore de su país, nunca ha dejado de ser universal. No importa de dónde seas, las películas de Miyazaki, Takahata y compañía puede retorcerte las tripas.

Studio Ghibli nos ha enseñado que la fantasía está en todos los recovecos de la realidad, detrás de las paredes, en todos los bosques y en los animales, en toda espiritualidad, en viejos romances, en recuerdos del pasado y sueños de porvenir. Studio Ghibli ha marcado a generaciones enteras con las posibilidades desbordadas de una imaginación que parece no agotarse y los reflejos de una realidad que se observa bajo lupa minuciosa.

Con todo esto, Ghibli nos ha formado y, a través de sus enseñanzas, nos ha permitido ver el mundo de otra manera, bajo otro prisma. Ghibli nos muestra la posibilidad de un mundo más compasivo, más humano, más lleno de magia. Por eso y por tanto más, no podemos dejar de agradecer a la gran casa de Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki por haber emprendido la aventura más extraña, más ambiciosa y más riesgosa del cine contemporáneo.

Cada vez que Ghibli saca un nuevo e impresionante éxito, sus creadores anuncian el fin. Miyazaki se ha retirado en innumerables ocasiones y Takahata, por desgracia, ya no está en este mundo. A pesar de que Ghibli siempre termina regresando, es impresionante pensar en el titánico legado que podría dejar si, finalmente, cierra sus puertas. Así, pensando siempre en cuánto les debemos a estos geniales creadores, quería hacer una guía personal de mi experiencia con sus cintas.

Espero que este conteo les sirva como una invitación para regresar a las películas del estudio y ver las que les faltan (la mayoría disponibles en Netflix). Espero también que quieran venir a comentar sobre sus propios rankeos, sus favoritas y las experiencias que han pasado viéndolas. Ésta es una celebración en la que, muy personalmente, les propongo el orden de mis afectos. Pero, por supuesto, este orden no se quiere imponer al placer de nadie. Si algo nos ha enseñado Ghibli, justamente, es el valor de la discusión abierta, de la compasión y de compartir -tal vez alrededor de un delicioso té, un desayuno japonés o un plato de ramen- lo que tenemos en común.

¡Ojalá que disfruten leerme tanto como yo disfruté escribiendo! ¡Y larga eterna vida a la sonrisa de Totoro!

23. The Cat Returns (Neko no ongaeshi) (2002)

Haru es una adolescente normal con problemas de la más normal adolescencia hasta que, en un accidente inesperado, rescata a un elegante gatito de ser atropellado. A partir de ahí, notará extrañas ocurrencias que llegan hasta una procesión nocturna de gatos bípedos. Cuando Haru finalmente accede a visitar el reino de los gatos, las cosas se ponen más complicadas y pronto se dará cuenta que todos estos agradecimientos son un regalo envenenado.

La secuela espiritual de Whisper of The Heart es interesante, pero finalmente no es la película más relevante en el panorama global de Ghibli. Aquí, el mundo evocado, la fantasía, la representación del Tokoyo (la tierra de dioses, de demonios y de hombres muertos), es un poco inmediata y un poco fácil. Es decepcionante ver una película de Ghibli que, en su invención, fue tan poco inventiva. Igual, supera, por mucho, una considerable cantidad de películas de animación occidental.

22. Tales from Earthsea (Gedo Senki) (2006)

Tales from Earthsea cuenta la historia de Arren, el joven heredero a la corona de Terramar que, en un impulso de ira ciega, mata a su padre. Condenado a vagar por la tierra, Arren se encuentra con Gavilán, un poderoso archimago que le ayudará a sortear la amenaza silente de Lord Cob, el nigromante obsesionado con la vida eterna que está desbalanceando la fuerzas místicas de la tierra.

Es una tristeza que esta adaptación de la enorme Ursula K. Le Guin no sea mejor. Es una tristeza que el hijo de Hayao Miyazaki, Goro, tuviera tanto que comprobar y que se viera forzado a compactar cuatro volúmenes en medio de dos horas torpes. Es una tristeza, finalmente, que el resultado no sea mejor. Una película increíble para cualquier otro estudio sigue siendo mediocre para Ghibli.

21. When Marnie Was Here (Omoide no Mānī)(2014)

La segunda película del talentosísimo Hiromasa Yonebayashi no llega siempre a las ambiciosas miras que se propone. Basada en la novela homónima de Joan G. Robinson, When Marnie Was Here cuenta la historia de una melancólica huérfana asmática que es enviada con familiares adoptivos a la isla de Hokkaido al norte de Japón. Ahí, Anna creará una inesperada amistad con una niña rubia que aparece y desaparece en la misteriosa casa del pantano.

La cinta de Yonebayashi entiende muy bien el contexto en donde se emplaza; entiende Japón y entiende su geografía (adaptando muy bien el cambio de locación de la novela que transcurre en Norfolk, Inglaterra); entiende, finalmente, el dolor por el que atraviesa Anna y la posibilidad de culpas heredadas en una dolorosa conclusión para un excelente relato de fantasmas. Aún así, es una de las cintas más torpes, narrativamente hablando, de Ghibli. Eso, de nuevo, no es malo en sí y esta cinta sería la piedra angular de cualquier otro estudio. Pero, entre tantas obras que exploran profundamente recovecos narrativos insospechados, Yonebayashi no se eleva a la altura de los maestros.

20. Ocean Waves (Umi ga Kikoeru) (1993)

La primera cinta para Ghibli de Tomomi Mochizuki es una añadido interesante a la historia del estudio. Ocean Waves cuenta la historia de Yukata y Taku, dos estudiantes de preparatoria que forman una intensa amistad después de oponerse a la decisión de la administración escolar de, arbitrariamente, cancelar un viaje académico. Pero esta amistad empieza a tambalearse cuando llega a la escuela Rikako, una hermosa y talentosa adolescente transferida, a medio año escolar, de una escuela en Tokio. Los modales bruscos de Rikako chocan con lo que conocen estos adolescente de Koshi, un pequeño pueblo costero de la isla de Shikoku. Y la amistad entre los dos estudiantes se pone a prueba cuando el deseo y las habladurías se imponen entre ellos.

Esta cinta es un encantador triángulo amoroso que mostró, después de Only Yesterday, las capacidades de Ghibli para hacer dramas comunes de tono realista. Manteniendo, claro, la identidad del estudio a través de la rica exploración de las tensiones de centro y periferia en la juventud japonesa del momento. Mochizuki conoce bien el shōjo y sabe perfectamente qué hacer con el realismo romántico que propone. A pesar de eso, Ocean Waves no es tan interesante como los dramas realistas de Takahata. Una película para televisión que no tiene todas las enormes ambiciones de otras obras del estudio y que se sostiene bien en sus cortas miras.

19. From Up The Poppy Hill (Kokuriko-zaka Kara) (2011)

La segunda película de Goro Miyazaki es considerablemente mejor lograda que la adaptación que hizo de Ursula K. Le Guin. Y tal vez esto tiene que ver con que la presión era menor y con que su padre, Hayao Miyazaki estuvo muy metido en la producción y escritura de esta cinta. From Up the Poppy Hill es la captura de un momento histórico y el homenaje a una generación. Una película creada para hacer honor a la generación que, alejándose de valores tradicionales y enfocándose en el futuro, reconstruyó la economía Japonesa a partir de los años sesenta. La película, de hecho, está situada en 1964, justo antes de que se organizaran las olimpiadas pospuestas por la guerra en Tokio. Un drama romántico que trata sobre el tabú del incesto, pero que, también, explora los viejos dolores de la guerra y de la invasión americana. Hermosamente dirigida, esta cinta muestra que el hijo de Miyazaki tiene talento a pesar de la enorme responsabilidad que pesa sobre su apellido.

18. Whisper of the Heart (Mimi o Sumaseba) (1995)

Yoshifumi Kondō murió demasiado joven. El director promesa de Studio Ghibli solamente pudo dirigir Whisper of the Heart antes de que una aneurisma terminara con su vida, repentinamente, a los 47 años. Hayao Miyazaki acabó devastado por esta muerte y se cree que es una de las razones principales por las que anunció su retiro en 1998.

Whisper of the Heart cuenta la historia de una niña que quiere ser escritora. Fascinada por la literatura, la heroína de esta historia también está obsesionada por un nombre que encuentra, recurrentemente, en las tarjetas de biblioteca de los libros que renta en la biblioteca pública. Cuando descubre que el adolescente que renta los mismo libros que ella es un aprendiz de lutier que vive en la tienda de antigüedades de su abuelo queda fascinada por el joven hombre, por la tienda, por la casualidad de las tarjetas de biblioteca y por los consejos del sabio abuelo. En esta relación complicada, Shizuku encontrará el valor para explorar nuevos mundos y cumplir sus deseos de vocación, escritura y fantasía.

Una de las únicas películas de Ghibli que trata, de manera directa, el impulso creativo y la terrible presión, en Japón, por alcanzar el éxito, Whisper of the Heart es, además, una hermosa exploración de los recovecos escondidos de Tokio y una carta de amor a la manufactura heredada. Tierna e intrigante propuesta que quedará para siempre en nuestra memoria como el legado de un enorme talento que se nos fue demasiado pronto.

17. Kiki’s Delivery Service (1989)

Basada en los libros infantiles de Kadono Eiko, Kiki’s Delivery Service continúa con la alegría ligera de las primeras películas de Miyazaki. Tanto My Neighbor Totoro como esta cinta son aventuras de crecimiento pensadas para niños y hechas con alegría y capricho. Por supuesto, como todas las cintas de Miyazaki, lo que puede ser para niños, nunca es infantilizante.

En Kiki’s Delivery Service seguimos los años de formación de una joven bruja que debe dejar su casa a los 13 años para encontrar un empleo y un hogar en alguna ciudad de su elección. Acompañada por el fiel gato mágico Jiji, Kiki se enamora de una gran ciudad costera en la que la gente la ve con indiferencia. Pronto, a través de su servicio de entrega de panes, Kiki se ganará el corazón y el respeto de los habitantes de este nuevo hogar.

Cálida, hermosamente dirigida, sensible y visualmente espectacular, Kiki’s Delivery Service puede ser una de las menos interesantes películas de Miyazaki. Aún así, esto significa que es una obra maestra del mundo de la animación y un deleite de sencillas diversiones.

16. Porco Rosso (Kurenai no Buta) (1992)

Como una continuación de obsesiones, Porco Rosso devela el enorme gusto de Miyazaki por el diseño aeronáutico. Desde chico, el creador estuvo cerca de la fabricación de aeronaves por el trabajo de su padre y esta obsesión nunca lo dejó. Es por eso que se siente el enorme placer de Miyazaki por animar imágenes de vuelo (algo que es más que evidente en Kiki’s Delivery Service). Es por eso también, que el director no dudó en dirigir una película para el entretenimiento de los pasajeros encargada por Japan Airways en la que podía explayar los modelos que enviaba, regularmente, a la revista Model Grafix.

Sin embargo, la cinta pasó de durar 30 minutos a ser un largometraje de parte entera que cuenta las aventuras de Marco Pagot, un piloto rebelde con una maldición que lo transformó en cerdo antropomórfico en medio de la Italia de los levantamientos fascistas en los años 20 y 30 del siglo pasado.

El resultado es una película cándida y divertida sobre la abnegación, la valentía y el honor que vive más allá de las guerras y la violencia. Una película de amor y amistad que se complace en imaginar, también, el último viaje de los pilotos muertos en combate como una zona liminal, cercana a nuestro mundo, pero separada por el capricho de los dioses. Una película, finalmente, en la que Miyazaki da una cátedra sobre el olvido del legado, de la vanidad y del reconocimiento mundano.

15. Howl’s Moving Castle (Hauru no Ugoku Shiro) (2004)

Basada en el primer libro de la serie de Howl de la escritora británica de fantasía juvenil Diana Wynne Jones, ésta fue la segunda película, al hilo, que llevó a Miyazaki a una ceremonia de los premios Oscar. A diferencia de Spirited Away, sin embargo, Howl’s Moving Castle no ganó y Miyazaki no pudo coronarse de nuevo. A pesar de no ganar el Oscar, esta cinta es una de las cintas más celebradas, por público y crítica, en la historia de Ghibli (de hecho, en su momento, logró romper todos los récords de taquilla en Japón).

Con una adaptación libre de la novela, Miyazaki simplificó muchos aspectos para centrarse exclusivamente en la relación de Sophie, una fabricante de sombreros maldecida por una bruja que la convierte en anciana y Howl, el mago vanidoso que la contrata a regañadientes para limpiar su castillo vagabundo. Alrededor, en un mundo lleno de magia, hechizos y guerra, todo parece estarse derrumbando…

Una hermosa película de impecable manufactura que muestra la maestría para el diseño de personajes de Miyazaki: la Bruja del Páramo, Calcifer y Nabo son, en efecto, algunos de los personajes más encantadores de su enorme bestiario. Toda una experiencia sobre vanidad, egocentrismo y las máscaras que utilizamos siempre para ocultarnos del otro.

14. Ponyo (Gake no Ue no Ponyo) (2008)

Ésta es la historia de Sosuke, un pequeño niño inquieto de 5 años que descubre a un pez con cara humana. Después de llamarlo Ponyo, Sosuke lo lleva a la escuela y le da de comer jamón. Un vínculo crece entre ellos lo que destroza a ambos cuando Fujimoto, el padre de Ponyo, vuelve por ella y la encierra en su laboratorio marítimo. Pero Ponyo ya probó que quiere ser humana y, con la ayuda de las pociones de su padre, logra escaparse nuevamente y transformarse en una pequeña niña de cinco años para vivir con su amor, Sosuke. Sin embargo, el desbalance que causa una hija de dioses venida a la tierra puede tener graves consecuencias para ambos mundos.

Con Ponyo, Miyazaki logró unir viejas leyendas del folklore japonés con el imaginario de Hans Christian Andersen y su clásico cuento de La Sirenita. Para hacerlo, el director se negó a utilizar cualquier tipo de animación por computadora y, en vez de eso, supervisó la creación de más de 170 mil paneles de animación independientes. El resultado es simplemente hermoso. A pesar de no tener la cantidad de ideas y de oscuridad, de violencia y de profundidad de Princess Mononoke o de Spirited Away, Ponyo es, visualmente hablando, una de las más hermosas películas de Ghibli. Al menos, las secuencias del tsunami y, posteriormente, del renacimiento de criaturas marinas prehistóricas es de las que más intensamente recuerdo en toda la filmografía del estudio.

13. Arrietty (Kari-gurashi no Arietti) (2010)

Otra adaptación cinematográfica de literatura juvenil europea que entró en las creaciones recientes de Ghibli. La primera película que dirigió Hiromasa Yonebayashi para el estudio es una verdadera delicia que narra las peripecias de Arriety, una joven “prestadora” que vive, con su familia, bajo el piso de una vieja casa en la provincia japonesa. Ahí, conocerá a un joven humano con problemas cardíacos que se muda a la casa en espera de una operación altamente riesgosa. El joven hombre empezará a percibir la presencia de Arriety y, mientras ambos entablan una peculiar amistad, otros humanos parecen estar dispuestos a acabar con el modo de vida de la diminuta familia de Arriety.

Una película tierna sobre la importancia de la aceptación del otro y las duras pruebas a las que somete la presencia de los humanos a otras especies con las que compartimos el mundo. Una película que, además, en el diseño de los espacios, es verdaderamente virtuosa: el cambio de perspectivas y la amorosa construcción del mundo de Arrietty es única en la filmografía de Ghibli. Un lujo de intrincada creación de mundo y de amorosos contrastes.

12. Castle in the Sky (Tenkū no Shiro Rapyuta) (1986)

Castle in the Sky fue la primera película oficial de Ghibli y, en ella, Miyazaki explora sus obsesiones habituales: el vuelo, el diseño de aeronaves, la desigualdad social, la perversidad del poder y las relaciones entre el hombre y el medio ambiente. Con fuertes inspiraciones de literatura europea (a pesar de que el castillo de Laputa de Jonathan Swift es particularmente distinto de éste) y, sobre todo, del enorme imaginario de Le Roi et l’Oiseau de Paul Grimault (creada en 1952 y completada en 1980), Castle in the Sky es una película que se siente más cercana al imaginario europeo que al simbolismo animista de cintas como My Neighbor Totoro o, muchos años después, Spirited Away.

La cinta retrata el misterioso viaje de Sheeta, la heredera del mítico poder del castillo volador de Laputa y Pazu, un joven trabajadora de minas en un pueblo empobrecido (que se creó inspirado por los viajes de Miyazaki a Gales en donde vivió las intensas peleas sindicales de los mineros frente a las políticas de Margaret Thatcher). Inventiva, rica en temas y en esplendores visuales, Castle in the Sky es una obra maestra que inauguró, con creces, el brillante camino de Miyazaki, Takahata y Toshio Suzuki en Studio Ghibli.

11. The Tale of Princess Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari) (2013)

La última película de Isao Takahata antes de morir es un regreso, hermoso, a la fantasía. Takahata decidió llevar a la pantalla grande, con un estilo de animación similar al que utilizó en My Neighbors the Yamadas (en donde ya había un retoño de esta fábula), una historia tradicional japonesa del siglo X. Se trata del milenario cuento de la niña encontrada, dentro de un bambú, por un cortador de madera.

Esta película termina con una de las pocas muestras claramente religiosas de Ghibli por la aparición de Amitābha, el buda más importante del budismo de la Tierra Pura. Así, por su origen y referencias es una de las películas más culturalmente situadas del estudio (como también lo son las otras películas tardías de Takahata).

En esta fábula, una humilde familia de cortadores de bambú se encuentran a una pequeña niña dentro de una rama. Ya que no podían tener hijos, la crían como suya. Pronto descubren, comprobando su naturaleza divina, que esta niña viene también con ricos tesoros. Al encontrar una veta de oro y de finas telas en los mismos bambúes en donde encontró a la niña, el cortador decide cambiarse a la ciudad para darle a su hija adoptiva una vida de princesa. Pero este cambio que parecía mandato, terminará por quitarle a su hija y demostrará que la comodidad financiera puede también crear vidas infelices.

Una bellísima carta de despedida de Takahata que nos enseña sobre el desprendimiento, la felicidad de la vida simple y lo poco que todos nosotros importamos.

10. The Wind Rises (Kaze Tachinu) (2013)

La última película de Hayao Miyazaki es, también, su película más realista. Como si se hubieran puesto de acuerdo, en sus últimas cintas Takahata y Miyazaki invirtieron roles: el maestro de la fábula se tornó al realismo y el maestro del realismo se tornó hacia la fábula. De cualquier manera, Miyazaki no abandonó sus obsesiones e hizo aquí una oda a los ingenieros aeronáuticos que tanto admira.

Esta película es una hermosa reimaginación de la vida y obra de Jiro Horikoshi, el importante diseñador de aviones que creó el Mitsubishi A5M, famoso avión con el cual los japoneses tuvieron una enorme ventaja aérea al principio de la Segunda Guerra Mundial.

Contrariamente a lo que muchos asumen, esta película no es una apología de la guerra, del militarismo nacionalista japonés o de las armas de destrucción. Por el contrario, en la visión idealizada de Giovanni Battista Caproni y en la historia de amor inventada de Horikoshi, Miyazaki hace un relato de pasión y obsesión que nada tiene que ver con los horrores de la guerra. Una película verdaderamente hermosa que demuestra la versatilidad de un director tan imaginativo como observador.

09. Pom Poko (Heisei Tanuki Gassen Ponpoko) (1994)

Pom Poko cuenta la historia de una guerra entre los mapaches y los humanos en los años ochenta cuando, por el crecimiento demográfico y económico, se empezaron a planear desarrollos inmobiliarios ambiciosos en los suburbios de Tokio. Los bosques que rodeaban la ciudad empiezan a talarse y los mapaches, seres místicos de enorme importancia simbólica para la cultura japonesa y el sintoísmo, deben balancear cómo luchar contra las ambiciones humanas sin dejar, por ello, de disfrutar su deliciosa comida.

Desde la investigación que realizó sobre los canales de Yanagawa, lo sabemos, Takahata ha mostrado un constante rechazo hacia los desarrollos inmobiliarios que no toman en cuenta las viejas tradiciones y la necesidad de un claro balance entre progreso y salvaguarda de la naturaleza. Aquí, ese punto se demuestra como la dolorosísima exploración de una guerra que los humanos ganaron sin darse cuenta de lo que estaban destruyendo. Por eso, ésta es una película llena de alegría de vida y de belleza natural que termina en una conclusión verdaderamente triste: vivir entre humanos es adaptarse a su poder de destrucción. La película más fantasiosa de Ideo Takahata es también una de las más desgarradoras.

08. Nausicaä of the Valley of the Wind (Kaze no Tani no Naushika) (1984)

Cuenta la leyenda que Miyazaki hizo un viaje a la bahía de Minamata en la costa oeste de Kyushu. En esta bahía, absolutamente contaminada por toxinas de fábricas locales y la inalterable presencia humana, Miyazaki encontró nueva flora brotando entre el veneno. Y eso, en parte, inspiró la idea de un mundo postapocalíptico envenenado en el que la naturaleza tiene que encontrar nuevos cauces. Así, entre imaginarios de destrucción natural y esporas infecciosas, nació la hermosísima película que dio vida al Studio Ghibli. Y, bueno, lo sé, muchos me van a decir que esta película no es propiamente de Ghibli. Lo tengo claro, Nausicaä of the Valley of the Wind se hizo antes de que el estudio siquiera se formara. Pero, sin ella, Miyazaki, Takahata y Suzuki nunca hubieran tenido ni el dinero, ni el reconocimiento, ni las posibilidades de formar un estudio de animación.

Nausicaä, además, es una aventura de ciencia ficción sin precedentes, una enorme obra que se dedica, finamente, a construir un mundo vibrante lleno de resonancias con Dune de Frank Herbert (y su mensaje ecologista y mesiánico, por supuesto), con la enorme estética de Jean Giraud (Moebius) y con la revista Métal Hurlant. Una joya de ciencia ficción contemporánea llena de sincretismos y resonancias vivas que hoy es más relevante que nunca.

07. My Neighbors the Yamadas (Hōhokekyo Tonari no Yamada-kun) (1999)

La primera película que hizo Ghibli enteramente por computadora es también una oda a los dibujos a mano, sencillos, que se publican semana con semana en los periódicos. Porque esta película no se basa en una novela o en un relato de considerable tamaño sino en las tiras cómicas que contaban la vida de la familia Yamada. Se trata de una serie de viñetas costumbristas con personajes estereotípicos que funcionaban a modo de burla enternecedora sobre la clase media japonesa: el padre obtuso, la madre floja, la hija inventiva, el niño impedido, la abuela regañona y sus cotidianas rencillas.

El mayor logro de Takahata es reproducir, en esta cinta, un formato tan difícil de traducir al cine con una enorme inventividad y sin perder la coherencia. Al mismo tiempo, logra retratar a sus personajes con un enorme sentido del humor que nunca parece paternalista o despreciativo. Finalmente, logra una enorme película por episodios mezclando la vida cotidiana japonesa actual con la ancestral sabiduría de los maestros del haiku tradicional, Yosa Buson y Matsuo Bashō. Un logro monumental de empatía lleno de relaciones culturales y un profundo amor por las viñetas que colorearon la vida cotidiana de Japón durante tantos años.

06. My Neighbor Totoro (Tonari no Totoro) (1988)

¿Qué más se puede decir de My Neighbor Totoro? Ésta fue la película que cimentó el imaginario de Ghibli, la que le dio al estudio su mascota, la que más ha quedado grabada como la identidad de sus invenciones. Una película enormemente feliz, alegre, transparente y optimista que nos muestra la niñez bajo un prisma único de nostalgia: ¿Cuándo volveremos a pensar así? ¿Cuándo volveremos a creer en las cosas mágicas que nos rodean?

En esta cinta, vemos un tema clásico de Ghibli en el tránsito entre el campo y la ciudad. Un padre se muda con sus dos hijas a una vieja casa de campo y, ahí, las niñas (en especial Mei, la más pequeña), empiezan a tener contacto con un espíritu del bosque que podría relacionarse muy bien con un kami sintoísta. El dios del bosque es Totoro, extraña mezcla bonachona entre una lechuza, un gato y Guillermo del Toro, que disfruta particularmente la comida, desplazarse con su amigo el gato autobús y disfrutar de la eficiencia de los paraguas como instrumento impermeable.

Una cinta tan sencilla como hermosa, esperanzadora y creativa que no tiene un ápice de conflicto, de disgusto o de maldad. Una película que fue pensada para estrenarse junto a Grave of the Fireflies, la desgarradora maravilla de Takahata. ¿Pueden imaginarse esa doble función? Yo creo que, tal vez, era necesaria: la única película capaz de contrarrestar la misantropía desesperada de Grave of the Fireflies es el máximo optimismo bonachón de Miyazaki y la hermosa sonrisa de Totoro.

05. The Story of Yanagawa’s Canals (Yanagawa horiwari monogatari) (1987)

Portada de The Story of Yanagawa’s Canals (Studio Ghibli)

Después del maravilloso estreno rompedor de récords de Nausicaä of the Valley of the Wind, Miyazaki, Takahata y Suzuki tenían 60 millones de yenes en el banco. Así que tenían que decidir cuál sería su próximo proyecto y, como Nausicaä había nacido de la visita de Miyazaki a la bahía de Minamata y Castle in the Sky a su visita las minas de Gales, el director pensó que debía partir de un lugar específico para crear la siguiente cinta del estudio. Así que le propuso a Takahata que visitara Yanagawa, una ciudad conocida turísticamente por ser “la Venecia japonesa”.

Ahí, en la ciudad fincada en un complejo laberinto de canales, el progreso del boom económico japonés trajo también pesadillas: contaminación, malos olores, enfermedades, etc. Takahata se enamoró del lugar y de la idea poderosa de un político que, decidido a cambiar el estado de los canales de Yanagawa, propuso un regreso a viejas tradiciones. Frente a esto, una película animada no bastaba y el obstinado creador le pidió 30 millones de yenes a Miyazaki para hacer un documental. Evidentemente, se pasó de tiempo, grabó demasiadas horas y casi quebró a los tres amigos cuando se acabó su dinero. Cuando se estrenó, casi nadie vio la película.

Al mismo tiempo, algunos argumentan que Studio Ghibli no existiría sin la obstinación maniaca de Takahata con los canales de Yanagawa. Si Miyazaki y Suzuki no hubieran estado apurados por la presión económica mientras Takahata gastaba dinero a lo loco, nunca se hubieran aliado para concretar el nacimiento de un nuevo estudio y nunca hubieran apurado la creación de la doble función que, en 1988, consolidaría su fama: Grave of the Fireflies y My Neighborg Totoro.

A pesar de que nadie la recuerda, la cinta es impresionante y comprobó que las intuiciones de Takahata siempre fueron correctas: es posible regresar a una vida más sencilla, más apegada a las tradiciones, más cercana a la naturaleza y a la comunidad, lejos del desperdicio y del individualismo contemporáneo. En los canales de Yanagawa, Takahata, hijo de un pintor socialista, encontró un ideal que, durante años, intentaría predicar. De paso, hizo un espléndido documental de casi tres horas que es, sin duda, la joya perdida de Ghibli.

04. Princess Mononoke (Mononoke-hime) (1997)

Princess Mononoke es una de las películas más evidentemente combativas de Ghibli, una de las más violentas y una de las más oscuras. En esta cinta, seguimos las aventuras de Ashitaka, uno de los últimos príncipes del desaparecido linaje de los Emishi (la milenaria tribu que, en la historia de Japón, se enfrentó al poder imperial). Ashitaka mató a un dios jabalí convertido en demonio que amenazaba con destruir su pueblo. El problema es que, al salvar a su gente, contrajo una maldición que lo condena a una dolorosa y horrenda muerte. Así que Ashitaka emprende un viaje para encontrar el origen del mal que pudrió las entrañas del dios jabalí con la esperanza de evitar el mismo destino.

Una película que ha sido interpretada, de forma apresurada, como una crítica al nacionalismo imperial japonés y que, más bien, es un canto de amor a las viejas tradiciones de respeto sintoísta por los dioses que habitan en todas las cosas. Una compleja visión que entiende, también, en el enorme personaje de Lady Eboshi, que el progreso económico puede salvar la vida de los parias y los pestilentes, de las prostitutas y de los leprosos. El balance, así, es tan complejo como las acciones de Ashitaka: ¿debemos salvar a la naturaleza pagando el precio de vidas humanas? ¿O debemos encontrar la forma de salvarnos antes de salvar al mundo? La respuesta a esta pregunta no es evidente y, por eso, esta cinta siempre le pareció a Miyazaki una obra incómodamente oscura y nihilista. Por suerte, también, es uno de los alegatos ecologistas más impactantes que se hayan hecho en animación y un logro impresionante de Ghibli.

03. Grave of the Fireflies (Hotaru no Haka) (1988)

La película más desgarradora de toda la historia de Ghibli es también una de las más grandes joyas de la animación histórica. Una cinta tan dolorosa como impactante que reelabora la historia real de un superviviente huérfano de la Segunda Guerra Mundial. En esta película, Takahata no quiso tratar la guerra desde el frente, desde el combate o sobre una aeronave, sino mostrar sus despojos. Más allá de Nagasaki e Hiroshima, los americanos, guiados por personas como Robert S. McNamara, decidieron atacar las grandes ciudades de Japón con bombas incendiarias. Las casas tradicionales de madera y papel se prendieron en segundos matando a cientos de miles de personas. Las tradiciones japonesas y el uso de materiales ajenos al concreto fueron la perdición de muchos y la violencia de este gesto, de la destrucción activa de hogares y de tradiciones, es parte del horror que quería mostrar Takahata.

Grave of the Fireflies cuenta, en un relato retrospectivo narrado por el personaje principal después de su muerte, la historia de cómo perdió a sus padres, de cómo sintió el peso terrible de una responsabilidad y de cómo dejó morir, por orgullo y estupidez, a su pequeña hermana. A partir de ahí, la culpa es insoportable.

La culpa que deja la película, como un rastro imborrable, es tan insoportable que vence a la muerte; es tan insoportable que atraviesa la ficción; es tan insoportable que se queda con nosotros y perdura. Una dolorosísima experiencia y una de las más interesantes películas sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial en Asia. Como dije, la única cura para haber visto esta película -fuera de una botella de whisky- es ver My Neighbor Totoro en una función doble que, con algo de suerte, puede regresarte un poco de esperanza y de amor por la humanidad.

02. Spirited Away (Sen to Chihiro no Kamikakushi) (2001)

En Spirited Away seguimos a Chihiro en un terrible viaje pesadillesco que empieza cuando sus egoístas, despreocupados e individualistas padres atraviesan un umbral sagrado y acaban atrapados por una bruja en un mundo de espíritus. En este viaje de crecimiento, Chihiro aprenderá a abrazar viejos traumas, a dejar ir, a amar y apreciar las poderosas fuerzas invisibles de este universo.

La obra maestra de Miyazaki fue también la coronación del reconocimiento internacional de Ghibli: esta película le dio el Oscar al creador y el Oso de Oro en Berlín, además de muchos otros premios en un fenómeno cultural y de taquilla sin precedentes. Pero, más allá de eso, este cuento de crecimiento es una muestra del virtuosismo de Miyazaki para diseñar personajes y tejer historias.

No hay nada, en la filmografía de Ghibli, como esta representación impresionante de los visitantes del Tokoyo sintoísta, de los kami que llegan a la casa de baños con el hermoso desfile del marebito (el momento del año nuevo lunar, en pleno verano, en el que los kami visitaban a los fieles). Y, por eso, suponemos que estas criaturas fantásticas, dioses de otro reino, vienen al balneario para purificarse. Encontramos entre ellos a los Ushioni con cabezas de vaca, un dios rábano -que algunos relacionan con los Oshira-sama-, los Namahage con colmillos y cuernos, los Otori-sama representados como polluelos gigantes de ojos saltones, dioses del río contaminados y pequeños dioses de cosas cotidianas como platos y cucharones de cocina. En este desfile de personajes hay un profundo respeto por las tradiciones sintoístas. Y, sin embargo, esta película mantiene vivas sus dicotomías: respeta la cultura japonesa, pero no busca exotismos baratos; es un viaje de crecimiento infantil pero que nunca infantiliza; es una película que muestra toda la fuerza de las pesadillas para decirnos que el mundo es hermoso. Un viaje oscuro que, finalmente revela los secretos que esconden nuestros miedos, nuestros afectos y nuestra capacidad de conectarnos con las entidades que todo lo habitan.

01. Only Yesterday (Omoide Poro Poro) (1991)

En el primer puesto de mi recuento tengo que poner la obra maestra temprana de Takahata. Only Yesterday es una narración profundamente nostálgica sobre el regreso al campo, a las tradiciones y a la comodidad. Una película que retrata toda una generación de japoneses enajenados con el trabajo y con una idea de progreso que los aleja de la exuberante naturaleza a su alrededor, de la idea reconfortante de la solidaridad social, del trabajo manual en un campo bañado de sol.

Una película de forma compleja, tejida con una maestría narrativa como pocas que muestra la enorme capacidad de Ghibli de hacer relatos sociales, realistas, que expresen un momento cultural de Japón. La diferencia de la animación entre las dos épocas que componen la historia (1966 y el principio de los ochenta) muestra la maestría de Takahata para dirigir a animadores: por un lado los tonos difusos de pastel permiten una ensoñación distante; y, por el otro, como nunca habían hecho en Ghibli, el realismo del relato más contemporáneo es de una precisión impresionante.

Una inesperada adaptación del manga josei de Hotaru Okamoto y Yuko Tone que entiende muy bien la fuente original y la transforma para trascender las viñetas del slash of life y darles vida en un relato coherente de crecimiento, aprendizaje y frustraciones. Una película que trata lo que significa crecer como mujer en el muy conservador Japón de los años sesenta y lo que significaba para el desarrollo futuro de las personas las exigencias de una sociedad monolítica. Una hermosa película que demostró, al ser la primera cinta de realismo contemporáneo de Ghibli, que el estudio podía transitar entre la fantasía más elevada y la realidad más contundente.

Con eso, además, Takahata logró mostrar que la animación sirve también para desplazar la realidad hacia otro lado, desautomatizarla, lograr que se configure de una forma distinta para que la podamos ver con ojos críticos.

Si Miyazaki logró lo impensable y nos hizo creer en mundos imposibles, nos hizo amar a personajes inexistentes, y nos llevó a alturas inimaginables; Takahata nos enfrentó con este mundo para cambiarlo. El creador nunca se rindió, porque nunca dejó de querer en esta existencia, porque siempre pensó que podía aportar algo, un dibujo a la vez, y el corazón en la mano. Por eso y por todo, le estaremos eternamente agradecidos.