Tres largas y abrumadoras horas dura el trabajo con el que Aleksey German se despidió. Sin embargo, no es una película que pretenda seguir el canon ruso de extrema solemnidad, aunque tampoco se trata de una película que se pueda ver sin prestarle toda la atención posible.

Esta cinta nos lleva a Arkanar, un planeta casi igual a la Tierra, donde hay una especie prácticamente igual a los humanos. Todo es casi lo mismo, sin embargo la historia de los habitantes de Arkanar se encuentra en plena Edad Oscura. Hay una que otra chispa que sugiere que el Renacimiento está cerca, y por eso se decide hacer una expedición terrícola, donde unos treinta científicos irán a observar y supervisar que estos hombres primitivos lleguen a una nueva era de progreso e intelecto. Con la única condición de no intervenir con violencia, los científicos, percibidos como dioses, descubrirán que no es tan sencillo pretender ser divinidades. Uno de estos personajes estará tentado a romper las reglas en una disputa por el poder con los dos grupos que a su vez se discutan el gobierno local.

Para darnos una idea de la naturaleza de esta cinta, el primer título que se pensó, fue La Historia de la Masacre de Arkanar. Su violencia es siempre visible y siempre evidente, pero se funde con el resto de la ambientación, de tal manera que nunca parece explotar en la película, sino, simplemente bullir.

Qué difícil es ser Dios
Ejército de una de las facciones en pugna por el gobierno de Arkanar.

La película de German tardó 15 años en ser terminada. En 1998, con un guión que el director había trabajado muchos años antes, comenzó la preproducción oficialmente. En 2000 el rodaje arrancó en República Checa y concluyó en el 2008. Todavía faltaron 5 años más para que German y su equipo acabaran de producirla. Finalmente en 2013 se presentó en Roma Qué difícil es ser un dios (2013), aunque el director no pudo estar ahí para ver la película que tantos años le dedicó. Los últimos detalles de posproducción los realizaron la mujer y el hijo de Aleksey German, luego de su muerte el 21 de febrero de 2013.

En México se estrenó hace unas semanas. No es una cinta para todos, sin embargo, como obra monumental de ciencia ficción es un trabajo que no puede ser descartado.

Un mastodonte de la ciencia ficción

Se debe ver por su calidad cinematográfica. Desde la primera toma, uno puede ver que toda la fotografía, toda la dirección de arte y cada toma, fueron cuidadosamente planeados para que el espectador caiga inmerso en la obra maestra de German. La ambientación recuerda a la estética de Andrey Rublev de Tarkovsky, sin embargo, cada toma, con su estilo único, parece una pintura del siglo XVI, llena de detalles y elementos que exigen toda la admiración. Pero estas abrumadoras tomas se convierten en momentos que están al filo entre dejar inmerso y ahogar al espectador.

La audiencia nunca deja de ver algo en la pantalla, pero lo más abrumador es que nunca deja de haber algo, inmediatamente en frente de la cámara. Y todavía ayuda más en la inmersión del espectador la constante convivencia de los actores con la audiencia. No son pocas las escenas en donde los personajes voltean a ver a la cámara, como si buscaran incluir al espectador, dando la impresión de que estamos ahí con ellos.

Qué difícil es ser Dios
Don Rumata en una asfixiante escena para el espectador.

Además de todo lo visible –que incluye a casi todos los personajes sacándose los mocos, orinando, cagando y escupiendo, en un escenario igual o más sucio que las personas– el sonido está cuidadosamente editado para que nos hundamos en el desagradable mundo medieval, invadidos de olores, texturas y sensaciones tan desagradables como recurrentes. Parece que, en este mundo ajeno a la razón y modernidad, lo único que uno puede escuchar es la desgracia.

Se ha dicho en algunas reseñas que su narrativa es difícil de seguir. Y lo es. Sin embargo, no es imposible. No es que no sea lineal, sino que los lapsos de tiempo no son tan fáciles de comprender. Entre una escena y la otra no se puede decir con certeza cuánto tiempo pasó. Eso puede provocar mucha confusión, sobre todo si el subtitulaje no ayuda (del ruso al español nunca es sencillo).

Todavía se vuelve más complicado con la pluralidad de personajes que encontramos. Tenemos a Don Rumata, el protagonista, luego a los científicos, también a los seguidores y protegidos de Rumata. Además, está el mejor amigo arkanaro de Rumata, los intelectuales locales, los miembros de la Iglesia, las fuerzas armadas de Arkanar y tantos personajes en cada uno de los diferentes grupos. Si bien, para nosotros como hispanohablantes es difícil el ruso, memorizarse tantos nombres de sonidos tan desconocidos es todavía más complicado. Son tantos que el único en quien se puede profundizar es en Rumata, pero su personaje se desarrolla simplemente a través de sus acciones. Esto no es malo.

Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla

Esta es una película que se centra en la anécdota, y esa historia, de la mano con todo el trabajo cinematográfico, es extraordinario. Basta con mirar un poco la fotografía para saber la calidad del trabajo que uno se va a encontrar.

La historia, inspirada en la novela homónima de Arkady y Boris Strugatsy, parte de la sencilla idea de hombres del futuro llegando a un mundo a ayudar. ¿Se vuelven locos de poder? ¿Intervienen para dirigir? ¿Someten al pueblo? ¿Les quitan la libertad en pro de un desarrollo “adecuado”?

Qué difícil es ser un dios explora cómo estos personajes intentan ayudar, siempre con la condición de no intervenir de manera directa, es decir, orientando. ¿Pero qué hace un hombre que no es escuchado y de manera impotente ve a una sociedad destruirse a través del fanatismo y la superstición?

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La muerte de un noble de Arkanar.

Se trata de una cinta de violencia que parece más una despedida sin esperanza por parte de German. Nos obliga a repasar nuestra propia historia y hasta dónde hemos llegado. Repasar cómo todo el progreso que hemos logrado en realidad puede que no nos ha llevado a nada.

Es el legado de un cineasta que sugiere que, tras toda la guerra, tras toda la devastación e ignorancia, seguimos estancados en una edad oscura, llena de creencias y manipulaciones orientadas a la miseria y condena humana. Es un trabajo que nos arroja a la más triste realidad, donde la virtud lucha, sola y en desventaja, contra la ignorancia. Arkanar tiene un pueblo miserable que se deja gobernar por sus miedos y supersticiones y chocan con la sabiduría de seres ajenos, dioses, que constantemente muestran su vulnerabilidad, y que tratan de imponer su voluntad sólo usando su astucia, inteligencia y perseverancia. Pero, ¿cómo es eso suficiente y posible cuando se está frente a una sociedad asustada y violentada?

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