Una selección de lo más peculiar, bello y horrible, del cine geek que cumple dos décadas en este 2015

Para continuar nuestra larga lista, acá les traemos la otra mitad de las veinte películas geek noventeras que cumplen dos décadas en 2015. Esperemos que les guste el resto del conteo y que puedan, con todo esto, hacer un placentero viaje por las grietas del recuerdo.

11. The City of Lost Children (La Cité des Enfants Perdus)

Esta película fue el segundo largometraje de la exitosa mancuerna de directores Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro. Cuatro años antes ya habían dirigido esa excelente e inquietante cinta de postapocalipsis íntimo y humor negro que fue Delicatessen. Con esta segunda locura, tratada con la misma paleta en sepia y tonos de alga, con los extraños ojos de pescado, el arte fantasmagórico y los mismos personajes grotescos, Caro y Jeunet logran un bello cuento infantil de ciencia ficción. Una odisea claustrofóbica en la que se mezclan los sueños de un científico loco con las pesadillas que provoca en infantes raptados. Con la tremenda actuación de Dominique Pinon en roles múltiples de hermanos clonados, la aparición tierna de Ron Perlman y la voz fantasmagórica del legendario Jean-Louis Trintignan como cerebro en una pecera, esta película completa su ambiente oscuro con luminosas presencias. Con todo, La Cité des Enfants Perdus y Delicatessen fueron lo mejor que hizo Jeunet (aunque también se le recordará por su última intromisión a la ciencia ficción con el producto raro que acabó siendo Alien: Resurection, un par de años después). Sea lo que sea, con su imaginación desbordada, este director francés dejó un sello peculiar en el cine de ciencia ficción. Prueba de ello es que, veinte años después, su segundo largometraje mantiene intactos esos oscuros poderes de atracción.

12. Batman Forever

Esto fue el principio del fin. Burton había inaugurado los noventa con una ya clásica interpretación de Batman que, a pesar de ciertas locuras (como el Guasón matando a los padres de Bruce o una canción de Prince que no iba mucho al caso), pasó a ser una favorita de la audiencia. En el 92 regresó con una secuela que tal vez superó a la primera por su oscuridad, violencia y villanos de primera línea. La cosa fue que, tres años después, legó el puesto de director a Schumacher para extender la fiebre del murciélago que quería explotar la Warner Bros. Y todo se fue al traste: la oscuridad buscada de los sets de Burton pasó a la locura caricaturesca de neón, los diálogos fueron hechos con las patas y el tremendo elenco de la cinta quedó completamente desaprovechado en un tratamiento por demás infantil. A pesar de que la película trae buenos recuerdos de una época, dio pie a que se hiciera después el tremendo bodrio de Batman & Robin antes de que Warner entrara en razón y le quitara a Schumacher las riendas de un próximo proyecto. Con todo, este bizarro testimonio de cultura noventera, con su peculiar acercamiento homoerótico a Batman, queda como una serie de clichés extraños bastante divertidos. Igual, volver a ver esta película pone en perspectiva las permisividades de Burton y permite volver a valorar el enorme trabajo de Nolan.

13. Hackers

Hackers, como The Net, tiene todos esos clichés tan noventeros de extraña divulgación sobre el misterioso reino que todavía era el internet. Pero, sobre todo, está la imagen que luego se volvería tan importante del hacker como rebelde, y ya no como un extraño individuo aislado en su ñoñés –normalmente algo más gordo y barbudo que Sandra Bullock-. No miento si les cuento que un viejo conocido incluso compró su primer libro de programación tras ver la película. El atractivo no estaba nada más entonces en la belleza despampanante de una muy joven Angelina Jolie, sino en dar un nuevo nombre, un rostro joven y una peculiar estética skater a los jóvenes piratas del dominio virtual. Con todo y que esta película tiene unos momentos bastante ridículos y simplistas, sigue siendo un enorme documento de la angustia generalizada por la expansión del internet a mediados de los noventa. Para simplificar todo el asunto y volver más épicas las batallas virtuales, todo queda en animaciones extrañas de virus, carpetas y dominios con analogías entre la ciudad que se recorre en patineta y el desplazamiento por el circuito de un motherboard. Por estética, viejos fantasmas virtuales y el gusto por la rebeldía skater de la nueva era que anunciaba el triunfo de lo geek, Hackers sigue siendo un testimonio divertido, con algo de ridiculez kitsch, sobre la visión noventera del reino computacional.

14. Species

Esta película sigue proporcionando placeres. Tal vez no sea, en lo absoluto, la mejor producción de ciencia ficción del año, pero igual tiene cosas muy rescatables. La química de un elenco joven que juntó a figuras como Ben Kingsley, Michael Madsen, Alfred Molina y Forest Withaker con diseños de Giger y la bellísima Natasha Henstridge en su mejor papel, mantiene el atractivo de un guión algo alocado. Al final, el intento de utilizar imágenes por computadora le quita algo de encanto, veinte años después, a una producción que, por lo demás, está bastante cuidada y puede resultar en una mezcla atractiva de erotismo ingenuo y violencia desparpajada. Ahí encontramos todos los miedos de la invasión alienígena a través de los mensajes mandados al espacio y la puesta en crisis de nuestra supervivencia evolutiva cuando llega a nuestro ecosistema algún depredador superior (más todavía si este depredador toma la forma de una mujer despampanante con vistas de seducción en un calenturiento Los Ángeles). Es una lástima que el final abierto dejara tanto espacio para secuelas desafortunadas. De todas formas, nos quedamos con el recuerdo de esta peculiar cinta que todavía puede divertir a los curiosos nostálgicos.

15. Waterworld

Esta película tuvo una cantidad de problemas producción que no matizaron sus encantos y sus desaciertos. Al final, la cinta acabó costado más de 150 millones de dólares; cosa que, para la época, era una completa locura (el chiste acuático costó más que superproducciones recientes como Iron Man 2, Thor: The Dark Worlds o Captain America: The Winter Soldier). En general, la idea fue inspirada, cacho a cacho, de Mad Max 2: The Road Warrior, con el trueque del desierto australiano por las interminables inmensidades del océano. De hecho, algo de lo más rescatable de una cinta que cae por momentos en lo caricaturesco, son los increíbles paisajes fotografiados por el mismo cinematógrafo de la secuela de Mad Max. La actuación por momentos acartonada de Kevin Costner y el desparpajo de Dennis Hopper como villano no dejan de ser divertidos en retrospectiva. Igual, aunque no le llegue a los talones a la oscuridad de la cinta de Mel Gibson, Waterworld sigue siendo una ambiciosa película de ciencia ficción que tiene sus encantos. El miedo al calentamiento global se hace presente cuando todavía no era un hecho científicamente irremediable y los detalles sobre la evolución de los humanos tornándose en anfibios son elementos interesantes para considerar en una cinta que cumple 20 años. De cualquier manera quedan los hermosos paisajes apocalíptico-submarinos, la imagen horrorosa del barquero en el petróleo y el sueño de libertad en el increíble catamarán del marinero.

16. Mortal Kombat

Esta cinta es una locura típica de los noventa que se recuerda con cariño a pesar de ser una historia completamente jalada de los pelos. Un año antes había salido Street Fighter con Jean-Claude Van Damme y la última y épica actuación de Raúl Juliá: la rivalidad de los videojuegos había pegado en el cine también para darnos bellos momentos de unión entre consolas y pantalla. También, por si fuera poca la nostalgia, Christopher Lambert aparece por ahí como un Raven rarísimo en una actuación terrible que marca casi el final de una larga carrera en la ciencia ficción noventera. Y bueno, los efectos totalmente delirantes fabricados con una tecnología insuficiente recuerdan con encanto todos esos momentos de intriga que pasamos pegados a la consola tratando de sacar un fatality. La historia sigue más o menos el desarrollo del juego y la aparición de muchos de sus personajes (hasta entonces sólo habían salido el Mortal Kombat y el Mortal Kombat II) es el verdadero chiste principal de la producción. Entre todos, de Zub-Zero a Kitana, pasando por Reptile, Kano y Johnny Cage, me quedo para siempre con la caracterización de Goro que recuerda la tecnología de stop motion utilizada para traerlo a la vida en el juego de video. Con toda la música desparpajada de arcade y varios de los movimientos insignes que se inauguraron en la segunda entrega para consolas (la invisibilidad de Reptile, la foto autografiada de Cage o la patada bicicleta de Liu Kang), con los picos saliendo del piso y las almas absorbidas por el hechicero Shang Tsung, Mortal Kombat sigue siendo una carta de amor a un videojuego que marcó a una generación.

17. Toy Story

Ésta fue la grandiosa película que inauguró el reino de Pixar como los dominadores incontestables de la animación americana. No nada más fue la primera cinta hecha completamente con animación computarizada, sino que contó con un gran equipo de guionistas (que incluyó al después director de Avengers, Joss Whedon), un carismático grupo de actores (encabezado por Tom Hanks y Tim Allen), un director de animación esencial para Pixar como lo fue John Lasseter, un compositor de la talla de Randy Newman haciendo la música original y un productor ejecutivo legendario como Steve Jobs. La película rompió paradigmas por su atrevimiento y la sensibilidad de un guión construido con cuidadoso cariño. Al final, Toy Story no nada más consiguió múltiples nominaciones al Oscar y una tonelada de premios, sino que logró cautivar la imaginación de la época con una de las preguntas más sencillas, más infantiles, si se quiere, que se esconden en el corazón profundo de toda ficción: ¿qué tal que mis juguetes viven cuando no los veo? ¿Qué tal que sienten y comprenden, en otro nivel, la lógica disparatada de nuestras fantasías (o de nuestro sadismo)? Esta película inauguró una exitosa franquicia y cambió para siempre el mundo de la animación. 20 años después, con los siguientes ambiciosos proyectos del estudio, esperamos con ansias que se le siga haciendo honor a su nombre.

18. GoldenEye

GoldenEye fue la primera película de la era de Pierce Brosnan como el famosísimo personaje de Ian Flemming: el agente 007. Sin embargo, es también la primera película que se escribe sin referencia alguna al material base del escritor inglés. El resultado fue desigual. Es una cinta que tiene toda la nostalgia por un pasado de guerra fría -no tan remoto entonces- en que las tramas de espías tenían más sentido. Aquí tenemos la vieja confrontación del bloque comunista contra las fuerzas liberadoras de Gran Bretaña, las viejas traiciones y las conocidas seducciones, paranoia electrónico-satelital y un tanque destruyendo las calles de San Petersburgo. Igual, Brosnan no fue, en lo absoluto, el mejor James Bond: 10 años mayor que Sean Connery cuando empezó a interpretar al personaje, Brosnan es rígido, sobrado y tira un par de one liners que podrían sonrojar a Roger Moore. De cualquier manera, y a pesar de que las cuatro películas que tuvieron a Brosnan como protagonista fueran bastante malas, GoldenEye es un viaje inmediato al recuerdo del Nintendo 64. Volver a ver la película es reconocer niveles: es pasear con proximity mines por el Facility o disparar una AK-47 en Archive, es regresar a la PPK en Dam o intentar el complicadísimo Aztec; son, finalmente, todas las tardes de multiplayer con variadas reglas y el compadre gandalla que siempre elegía a Oddjob. El tercer juego más vendido en la historia de la consola salió dos años después de la película para regresarnos el placer de ver una de las producciones más sobradas en la larga historia del súper agente.

19. Otomo Katsushiro’s Memories

Esta película es un verdadero monumento del animé. Basada en tres historias escritas por el legendario creador de Akira, Memories es una recopilación de grandes ideas planteadas con diversión y soltura. Cada animación es diferente, imprimiendo la personalidad de los tres directores y marcando la ya consagrada admiración general por el trabajo de Katsushiro. Magnetic Rose, dirigida por el importantísimo Koji Morimoto, es una hermosa obra de ciencia ficción fantasmagórica que lleva a otro nivel la idea del espectro en la máquina. Cuidada, bellamente contextualizada, increíblemente animada y perfectamente tejida entre una trama misteriosa y los sonidos con ecos de Maria Callas y la obsesiva tonada de Mme. Butterfly, esta primera parte abre con clarividencia la película. El segundo capítulo, Stink Bomb, fue dirigido por el artista de manga, videojuegos y experimentado dibujante de storyboards, Tensai Okamura. Se trata de un cuento cómico de tonos oscuramente fatalistas. En el dilema del personaje principal hay algo de todas nuestras obsesiones con el otro: ¿podríamos vivir alejados de todos? ¿Si fuéramos tóxicos para la humanidad, podríamos recluirnos voluntariamente de ella? Con tonos pacifistas y una enorme crítica al espíritu militar tanto japonés como norteamericano, Stink Bomb es una gran reflexión que deja sonrisas inquietantes. Finalmente, como cereza coronando un monumental pastel, está Cannon Fodder dirigida por el mismísimo Katsushiro. Este tercer capítulo es tal vez el más memorable por su animación atípica y la profundidad sencilla de su historia. Hay ahí un canto desesperado a la estupidez de la guerra y a su necesidad económica; también, hay algo más de historia cotidiana y de profundo dolor humano. Redondeando una enorme compilación de intrigantes historias, Cannon Fodder nos deja, sin duda, intensos cuestionamientos sobre el mundo militarizado al que aspiramos. Así, 20 años después, con toda la independencia entremezclada de sus historias, Memories sigue siendo una referencia al poder evocativo y reflexivo del animé.

20. 12 Monkeys

¿Qué se puede decir de la grandiosa adaptación que hizo Terry Gilliam (Brazil) de la legendaria obra de Chris Marker? Como ya mencioné en algún otro lado (con algo de frustración por recientes adaptaciones toscas), La Jetée (1962) es mucho más que una película de culto: la obra de Marker es, sin duda, un verdadero monumento cinematográfico. Y Gilliam lo tomó sin respeto, cambiándolo, moldeándolo, según sus propias locuras, para adaptarlo a un mundo actual que no es menos oscuro. El resultado fue una producción tan arriesgada como bien realizada; tal vez incluso, la última gran película de ciencia ficción que haría el legendario director surgido de las locas animaciones del Monty Python’s Flying Circus. Las actuaciones de Bruce Willis, Brad Pitt, Madeleine Stowe e, incluso, John Leguizamo, encajan perfectamente en ese Baltimore alucinante que predice el fin del mundo. Película de apocalipsis, de amor entre los lazos de la historia, de cariño desesperado por el poco tiempo que tenemos, de violencia gratuita, sanidad y locura, 12 Monkeys permanecerá siempre como uno de los grandes clásicos contemporáneos de la ciencia ficción. Una adaptación que se construyó como su propio monumento y que, 20 años después, resiste, con particular firmeza, al paso del tiempo.

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Así quedó entonces nuestro recorrido nostálgico por veinte películas de viejo recuerdo geek que cumplen dos décadas. ¿Alguno se sintió aludido? ¿Alguien por ahí recorrió en la memoria los viejos Videocentros y la gloria del VHS? Sin duda el tiempo vuela y el placer de estos testimonios de la media década noventera durarán todavía mucho tiempo en nuestros cariños. Esperemos todavía, con el recuerdo siempre vivo de sus glorias y ridiculeces, para ver qué nos deparan los próximos veinte años.

Ver también: 20 películas geek que cumplen 20 años (Parte I)

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