Un estudio dirigido por David Carrier y Michael Morgan, de la Universidad de Utah, sugiere que los huesos del cráneo humano evolucionaron para resistir los golpes. De ser cierto, se confirmaría que nuestros antepasados eran violentos.

Cuando el filósofo y escritor Jean-Jacques Rousseau imaginó a los primeros seres humanos creyó que eran seres mansos y en armonía con su ambiente. En tal caso, sería la civilización y la cultura las que corrompieron a ese inocente humano primigenio y lo convirtieron en el violento ser que hoy conocemos. Desde entonces, biólogos y antropólogos han discutido sobre la naturaleza primigenia de la humanidad, ¿habrán sido agresivos, o por el contrario se inclinaban por la paz?

Cráneo del Sahelanthropus tchadensis, el que pudo haber sido el primer hominini
Cráneo del Sahelanthropus tchadensis, el que pudo haber sido el primer hominini

Según la investigación de David Carrier y Michael Morgan, lo más probable es que nuestros ancestros eran tanto o más violentos que nosotros mismos. La prueba es que evolucionaron preparados para pelear a mano limpia. En su estudio publicado en Biological Reviews, los investigadores sugieren que los huesos de la cara más propensos a romperse en una pelea a mano limpia se engrosaron en nuestra especie. De manera que el Australopithecus, un antecedente de la raza humana, de hecho tenía la cara “más suave” que la nuestra. Según las palabras de Carrier:

“Cuando los humanos modernos pelean a mano limpia la cara suele ser el objetivo principal. Lo que encontramos fue que los huesos que sufren los más altos índice de fractura en las peleas son los mismos que muestran un mayor robustecimiento durante la evolución de los homininis elementales”

Los homininis son una tribu a partir de la cual evolucionaron tanto el género Pan (chimpancés y bonobos), como el género Homo (los seres humanos). De manera que con el paso de los años nuestro rostro se volvió más resistente a los puñetazos. Y no sólo eso, los investigadores encontraron una correlación entre los huesos de la cara y los del puño. En otras palabras, los registros fósiles sugieren que en la medida que los huesos de nuestras manos fueron capaces de cerrarse en un puño contundente, nuestra cara se preparó para resistir mejor los golpes a mano limpia.

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De ser cierto, la teoría de que nuestra cara se hizo fuerte por morder alimentos como las nueces quedaría derruida. En tal caso, nuestros ancestros se habrían aficionado tanto a pelearse a puñetazos, que sus manos y sus caras tuvieron que hacerse más fuertes.

¿Será que en nuestro más temprano origen ya éramos propensos a los golpes, de forma que ser agresivos es “parte de nuestra naturaleza”? Puede ser, desde un punto de vista evolutivo, pero eso no justifica que hoy en día la humanidad se incline a los puñetazos en lugar de a las palabras. Según Carrier:

“Nuestra investigación es sobre la paz. Pretendemos explorar, entender y afrontar las tendencias violentas y agresivas de la humanidad. La paz comienza con nosotros mismos y ulteriormente se logra a través de un disciplinado auto-análisis y el entendimiento de dónde provenimos como especie. A partir de nuestra investigación, esperamos vernos en un espejo y empezar a entender el difícil trabajo de cambiarnos a nosotros mismos para mejorar”

vía U News Center

fuente Biological Reviews

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