No hay duda que la historia periodística más importante del 2013 fue la de Glenn Greenwald en relación a las filtraciones de Edward Snowden sobre vigilancia y espionaje de EEUU. En este libro no sólo nos habla de su experiencia personal al conocer a Snowden y publicar artículos derivados de su información, también nos habla del estado actual del periodismo en Norteamérica y del nivel de vigilancia del gobierno sobre sus ciudadanos.

Ya ha pasado un año desde que Greenwald sorprendiera al mundo con su artículo sobre PRISM y el espionaje gubernamental en empresas como Google, Facebook, Apple o Microsoft. Desde ese día han aparecido numerosos artículos periodísticos que analizan y ordenan los documentos secretos de la NSA (National Security Agency) filtrados por Edward Snowden. Algunas de las consecuencias de dicho trabajo ya son palpables hoy en día, pero aún queda mucho por decir al respecto y es seguro que después de lo sucedido internet y el mundo ya no serán los mismos.

En nuestro afán, a veces enfermizo, de personalizar las noticias, Snowden se ha convertido en el héroe favorito de los defensores de la privacidad y en el villano recurrente de las autoridades estadounidenses. ¿Pero realmente merece ser elevado a personaje protagónico del mundo? El acercamiento de Greenwald a Snowden es quizá el único testimonio real que tenemos desde una perspectiva completamente humana. El periodista conoció al informático antes de que se volviera una figura famosa, lo trató de cerca y trabajó junto con él para dar a conocer la información secreta que poseía.

Glenn Greenwald. Foto: Gage Skidmore
Glenn Greenwald. Foto: Gage Skidmore

 

En el relato que aparece en este libro, Edward Snowden es algo más que un filtrador casual y algo menos que un elegido de los dioses. Según Greenwald se trata de un hacker brillante que no terminó la secundaria, pero que de alguna manera terminó trabajando para agencias gubernamentales. El autor insiste en proyectar al filtrador no como un ser de excepción, sino como un cualquiera con un compromiso ético irreductible. Así, Snowden aparece como un tipo como tú o como yo, pero que llevó su compromiso ético y sus creencias más allá de lo imaginable.

“Este tema, este constructo moral para aquilatar la identidad y el valor de uno, aparecía una y otra vez en su recorrido intelectual, aparte, añadió con cierta vergüenza, de los videojuegos. La lección aprendida por Snowden de su inmersión en los videojuegos, decía, era que una persona sola, incluso la menos poderosa, puede enfrentarse a una gran injusticia. «El protagonista suele ser una persona corriente que se ve frente a grandes injusticias causadas por fuerzas poderosas y tiene la opción de huir asustado o luchar por sus creencias. Y la historia también pone de manifiesto que personas aparentemente normales con la suficiente firmeza pueden triunfar ante los adversarios más temibles»” (p. 63)

No es poca cosa. Perseguido por las autoridades de EEUU, la libertad de Snowden resulta bastante relativa. Todavía vociferantes presentadores de televisión piden su cabeza cada semana, y la mayoría de sus simpatizantes no pueden sino seguir su rastro y enterarse de su situación. No hay duda de que el autor de la mayor filtración en la historia de EEUU ha sacrificado su propia vida. La mejor opción para él sigue siendo ocultarse y permanecer con un perfil bajo, mientras su familia, su novia y sus amigos están en su país sin poder comunicarse con él.

Foto: Marcus Winkler
Foto: Marcus Winkler

 

Como apunta el propio Greenwald, era de esperarse que las autoridades estadounidenses perseguirían a Snowden y lo acosarían a él. Lo que sí es una sorpresa poco grata en este caso, es el nivel de persecución que la misma prensa ha llevado a cabo. Los grandes medios anglosajones han tratado al filtrador de psicópata narcisista y han pedido que se procese al periodista (¡periodistas piden cárcel para uno de su gremio por hacer su trabajo!).

Desde afuera es difícil juzgar el papel que medios como The Guardian, The New York Times o The Washington Post han jugado en esta historia. Por ello el recuento de Greenwald y su irrefrenable impulso a decir lo que piensa resulta fundamental en un momento de redefinición de los medios estadounidenses. Sin un ápice de temor, el autor cita declaraciones de Bill Keller, antiguo director ejecutivo del New York Times, respecto a su relación con la administración Obama y WikiLeaks:

“Keller aireó orgullosamente la relación de su periódico con Washington también en otras ocasiones. En 2010, durante una aparición en la BBC en la que analizaba los telegramas obtenidos por WikiLeaks, explicó que el Times seguía directrices del gobierno de EEUU sobre lo que debía publicar y lo que no. Incrédulo, el presentador preguntó: «¿Está diciendo más o menos que ustedesn van antes al gobierno y dicen ‘qué tal esto, qué tal lo otro, está bien esto, está bien aquello’ y luego consiguen autorización?»” (p. 287)

Según Greenwald, la prensa corporativa que domina el país del norte ha provocado un pacto de no agresión con el gobierno. Algo completamente antinatural. Y el panorama en el Reino Unido no es mejor, luego de que agencias gubernamentales hayan obligado a The Guardian a destruir sus discos duros.

Foto: nolifebeforecoffee
Foto: nolifebeforecoffee

 

Justamente en tiempos en los que la vida privada y la vida pública están en crisis, el papel de la prensa es fundamental. Con gran parte de nuestras comunicaciones proclives a ser interceptadas, hoy más que nunca es importante considerar lo que se da a las prensas, lo que se opina, lo que se lanza a la plaza pública. No podemos poner en duda el valor de la privacidad, opina Greenwald, en momentos de crisis como éste. Como él apunta, el que está siendo vigilado constantemente se comporta distinto al que tiene una vida privada.

Así la prensa estadounidense pide a los ciudadanos que subestimen su privacidad y se comporten mesuradamente, como para complacer al gobierno. Si las agencias de seguridad deciden a quién arrebatar su vida privada, y aseguran que si “eres bueno” no tienes nada que temer, es natural concluir que “ser bueno” implica no sólo no opinar en contra de EEUU, sino tampoco de su gobierno. ¿Qué democracia es posible en un país donde el gobierno se adjudica la capacidad de decidir quién ha sido bueno y merece tener vida privada?, ¿de qué democracia estamos hablando si al menos la mitad de los ciudadanos intervenidos son inocentes, y ni siquiera tienen opiniones que el gobierno podría considerar “malas”?

El libro Snowden: Sin un lugar en donde esconderse presenta un panorama preciso y extraño en la era digital. Por un lado, un gobierno capaz de robar una enorme cantidad de las comunicaciones del mundo y una prensa dispuesta a disimular el escándalo; y por el otro la valentía de un sólo ser humano que fue capaz de sacrificar su modo de vida para dar a la luz un caso grave de agresión de la administración Obama al mundo. Sin lugar a dudas, el testimonio de Glenn Greenwald, el periodista que tuvo contacto con Snowden para publicar sus filtraciones, es fundamental para entender estos tiempos complejos.

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Título: Snowden: Sin un lugar donde esconderse

Autor: Glenn Greenwald

Edición: Barcelona, Ediciones B

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