Reseña: The Call of the Wild – Una aventura que nos devuelve a nosotros mismos

| 3 de marzo de 2020
Una historia dulce que también es, para quien así lo quiera ver, una crítica al capitalismo.

The Call of the Wild es la novela más famosa del escritor norteamericano Jack London y es posible que sea uno de los libros con más adaptaciones a la pantalla grande (y chica). Twenty Century Studios acaba de lanzar la última adaptación de la novela de juventud más madura de London, bajo la dirección de Chris Sanders (Lilo y Stich, Los Croods, How to Train Your Dragon) y con un guión del magnífico Michael Green (Logan, Alien: Covenant, Blade Runner 2049 y Murder on the Orient Express).

La anécdota de The Call of the Wild es sencilla. Buck es un perro hogareño, cruza de San Bernardo y Collie, que, por azares del destino, termina jalando un trineo durante la fiebre del oro en el Yukon del siglo XIX. Durante la travesía, Buck escucha la llamada de la naturaleza y regresa a sus instintos alejándose de las comodidades de la domesticación.

(Foto: 20th Century Studios)

Lo que parece un cuento sencillo para niños o, si se quiere, de juventud, es en realidad una trama rica en matices que habla directamente con el mundo de hoy rebasado por la información, las redes sociales, la tecnología y la exacerbación de un narcisismo que hubiera atribulado a cualquier rey o reina del renacimiento. Desde luego, y esto hay que aclararlo, esta relación se establece directamente con la historia de London. Con la película, algunos de los matices se pierden. De cualquier manera, la forma de esta adaptación logra sacar suficiente fuerza creativa del material original para hacernos olvidar que Buck está enteramente hecho con CGI. 

De llamadas salvajes a llamadas salvajes

The Call of the Wild (traducida muchas veces al español como La Llamada de la Selva) se publicó en 1903 y, tan solo 20 años después, ya estaba recibiendo su primera adaptación al cine con Jack Mulhall como John Thorton. Sin embargo, una de las versiones más recordadas es la protagonizada por Clark Gable y Loretta Young de 1935, aunque cabe decir que la adaptación de la historia es demasiado libre y el protagonismo de Buck pasa a segundo plano.

Otra que vale la pena mencionar es una versión de 1972 protagonizada por Charlton Heston y que fue filmada en Finlandia. La adaptación de 1976 de Jerry Jameson, a partir de un guión del poeta y novelista James Dickey, es un paisaje lingüístico que tiene pertinencia en una época llena de convulsiones históricas para Estados Unidos, sobre todo por parte de la juventud. Y, por supuesto, no podemos olvidar el especial de Peanuts, What a Nightmare (donde Snoopy es Buck); o Arano no Sakebi Koe, la adaptación de Toei Animation… y la lista continúa con algunas adaptaciones más, series y miniseries, llevándonos hasta la versión que nos compete ahora y que encuentra su lugar en hoy, gracias a la inteligencia del guionista Michael Green.

(Foto: 20th Century Studios)

Las buenas historias perduran con el tiempo porque, por un lado, sostienen el peso del pasado sobre sus hombros y, por el otro, son capaces de actualizarse cuantas veces sean necesarias para tratar de explicarnos un rasgo de la condición humana en un momento social determinado. En el caso de The Call of the Wild, no es difícil adivinar que cada adaptación es una respuesta al correlato cultural de una época determinada, y la versión dirigida por Chris Sanders no es la excepción, incluyendo el desafortunado tufo de corrección política que pervive en algunos momentos de la trama.

Jack London vagabundo: trasunto de John Thornton

La vida de Jack London es tan enigmática e interesante como su literatura. Sin embargo, de este lado del charco sólo se le ha considerado como un escritor mediano de novelas juveniles. De cualquier forma, para quien quiera adentrarse en la profundidad literaria de sus propuestas, ahí están “Las muertes concéntricas”, uno de los cuentos policiacos más inquietantes de la literatura universal y que Jorge Luis Borges tuvo a bien recoger en su colección de la Biblioteca de Babel y en la antología del Cuento Policiaco compilada junto con Adolfo Bioy Casares. También, por ahí, se pueden encontrar unas geniales crónicas de box que trascienden cualquier valor meramente documental.

Jack London nació en San Francisco, California en el 12 de enero de 1876. No supo quién era su padre hasta bien entrada la adultez. Fue autodidacta –asistía a la biblioteca pública a leer–. Cuando creció, se embarcó en una goleta que lo llevaría hasta las costas de Japón. London trabajó arduamente en la industria del yute y en la central del ferrocarril de Oakland. Posteriormente, marchó hacia Washington para protestar por los derechos laborales; se declaró socialista; fue vagabundo; y lo encarcelaron. Cuando salió libre, se volvió marinero. Entró y abandonó la universidad. Trabajó en una enlatadora más de dieciocho horas al día. Compró una goleta y se volvió ostrero. Se hizo miembro de la Patrulla Pesquera de California. Fue periodista de boxeo, pero sobre todo escribía y acumulaba libros. Su biblioteca contaba con más de 15,000 volúmenes. Y su colección está llena de controversias. En pocas palabras, podríamos considerar a London como un proto beatnik, un escritor radical para su época, un vagabundo genial.

(Foto: 20th Century Studios)

¿Por qué menciono esto? Porque el personaje interpretado por Harrison Ford en la película, John Thornton, es precisamente un hombre que –a diferencia de la novela– decide aislarse de la vida y partir al Yukón para encontrarse a sí mismo luego de perder a su hija y separarse de su esposa. El personaje interpretado por Ford es, a todas luces, un trasunto de la personalidad de Jack London y, más que importarle la búsqueda del oro, le interesa una vida lejos del mundanal ruido. Ahí, gracias a su contacto con la naturaleza y su amistad con Buck, aprende a lidiar con su pasado y encuentra su propio llamado.

¿Es un perro diseñado en CGI un problema?

Una de las mayores críticas que ha recibido la película es que Buck no es un perro de verdad, aunque en realidad ningún animal que aparece en la cinta lo es. Sin embargo, la razón de que el perro sea generado por computadora se debe, a mi entender, a que entrenar a un animal para realizar varias de las escenas que aparecen en las películas hubiese resultado muy complicado e incluso, por el carácter de varias tomas, el animal habría sido maltratado.

Si bien al principio todo resulta un tanto ideal, basta con que nos adentremos en la fábula, para olvidarnos de que Buck es un perro diseñado en CGI. Al final, lo más importante es lo que la cinta nos quiere decir (nadie critica ahora los efectos especiales del King Kong de 1933 y, en realidad, esa parte importa más como anécdota). Buck deja de ser un perro de casa para convertirse en un digno descendiente de los lobos que aprende, ante todo, a conocer el carácter mezquino de muchos humanos, pero también su bondad. Y esa es la parte del diseño de personaje que perdura en la memoria del espectador.

(Foto: 20th Century Studios)

Aunque las películas con mensaje suelen ser bastante sosas, el mensaje de The Call of the Wild me parece que tiene ciertos méritos. La crítica a la ambición, la lucha que representa para los humanos (y los animales) tomar contacto con ellos mismos y, el sentido de libertad lejos de los bienes materiales son reflexiones interesantes para nuestro mundo de realidades virtuales. Quien no se aventure a descubrir esto en la cinta,  se puede perder de su verdadera profundidad: sólo ver un perro virtual, les impedirá verse como seres digitales en un mundo cada vez más lejano de los bosques y sus salvajes llamados. 

Lo bueno
  • La adaptación tiene una pertinencia contemporánea al mismo tiempo que demuestra que, en el fondo, seguimos siendo los mismos humanos.
  • Acabas, aunque no lo creas, sintiendo gran empatía por Buck.
  • Harrison Ford es el hombre vulnerado ideal para esta película.
  • Los impresionantes paisajes del Yukón.
  • La crítica a la ambición humana.
  • La crítica a la enfermedad que produce el poder.
  • No se trata de un cuento para niños.
Lo malo
  • El tráiler no le hace justicia a la película.
  • A veces los gestos de Buck son demasiado humanos.
  • Tiene un tufo de corrección política hollywodense que termina por hacernos pensar que hay algo inverosímil en la historia.
  • También puede existir un mensaje sobre la supervivencia que puede ser mal entendido y  entenderse como supremacista.
Veredicto

The Call of the Wild es una buena película que se permite fabular en un mundo donde la ficción se parece cada vez más a la realidad. A diferencia de lo que siempre digo, vale la pena verla en el cine. Cuando sales, te sientes un tanto confortado porque hay algo de ti que volvió a conectarse con ciertas emociones que parecían olvidadas. Y que una película logre causar eso es, en este tiempo de espectáculos vacíos, sin duda, un enorme mérito.


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