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Reseña – Stray: Gatos, muerte y robots

| 8 de agosto de 2022
La aventura de un gato en ciudades habitadas por robots es paradójicamente la historia más humana, existencialista y nostálgica de un videojuego en 2022.

Muy poco es lo que ha necesitado Stray para convertirse en uno de los videojuegos más comentados del año. Con un lindo y tierno protagonista ataviado con una pequeña mochila y una dirección de arte prolija, es fácil ver por qué todos hablan de esta aventura desarrollada por Annapurna Interactive para PlayStation 4, Ps5 y PC, en la cual incluso hasta personas ajenas o poco recurrentes en el medio tienen una opinión al respecto.

Dicho esto, también vale decir que esta clase de juegos independientes suelen tener la condición de pirotecnia que explota de forma repentina, como un estruendo luminoso y al mismo tiempo efímero dada su carente profundidad.

Imagen: Annapurna Interactive

Sin embargo, Stray está a la altura de su potencial e incluso logra esconder un par de sorpresas agradables bajo la manga, demostrando que ya es a toda ley uno de los videojuegos más destacados e interesantes del año.

Gatos en un mundo Cyberpunk

Stray te hace jugar el papel de un gato que explora un mundo cyberpunk desolado después de la extinción de toda la humanidad. Solo quedan animales en el exterior de las principales ciudades, una exuberante vegetación creciendo en las grandes murallas y asentamientos llenos de robots como atisbos de una civilización que ha sido totalmente exterminada.

Tú, un gato, caerás accidentalmente de lo alto de una ciudad, y tendrás que encontrar el camino de regreso con tus camaradas felinos y salir a la naturaleza una vez más. Es una premisa simple que está cimentada con la vida de todos los robots extraños que te rodean, y que se irá volviendo más compleja a medida que exploramos con nuestra protagonista los orígenes, consecuencias y dolores de la destrucción que nos rodea, convirtiendo una narrativa de escape en un discurso existencialista que pone al jugador ante un montón de momentos repletos de melancolía y reflexión.

Imagen: Annapurna Interactive

Establecer la historia a través de los ojos de un gato es una forma muy inteligente de contar una historia en un mundo distópico. Eres esencialmente un protagonista sin voz impulsado por la necesidad de volver a algo que no entiendes del todo. En servicio de esto, todos los puntos de referencia están en un idioma que no hablas, toma un tiempo acostumbrarse al mapa y el mundo es bastante confuso. Eres simplemente un gato a la deriva.

O lo eres hasta que encuentras a un compañero robot llamado B-12, que será la clave para entender el mundo que te rodea. Con su ayuda te comenzarás a aclimatar a cada escenario a través de las traducciones y la memoria muscular. Es entonces que la exploración se convierte en el elemento de jugabilidad más distintivo del título: cada paso que das se siente maravillosamente orgánico y cada centímetro recorrido pareciera tener un sentido. Es fácil perderse, pero también es fácil volver a encontrar el camino.

Esto complementa la historia central. Aunque al principio solo buscas salir de la ciudad y volver con tus amigos gatos, pronto te verás envuelto en historias de opresión robótica, una especie invasora mortal y un mundo lleno de extraños que necesitan ayuda, como un padre que se reencuentra con su hijo tras varios años de ausencia. Inspirada en la ciudad amurallada de Kowloon, cada elemento de la arquitectura en los escenarios de Stray está repleta de pequeños secretos. Puedes jugar con extraños robots, molestarlos tirando botellas, pintando sobre ellos o simplemente haciendo cosas propias de un gato, cómo tomar agua de un charco o arañar alfombras, en una forma de implementar la exploración que resulta increíblemente encantadora y creativa.

Imagen: Annapurna Interactive

Las 7 vidas de un gato

La jugabilidad encaja a la perfección con el tono narrativo de Stray. No puedes saltar a voluntad, lo que te obliga a elegir tus caminos con un enfoque más metódico. Aunque restrictivo en cierto modo, permite que tu gato sea un protagonista ágil y preciso con movimientos propios de un felino que se mueve en algún callejón oscuro de nuestra ciudad.

Los gatos no saltan al azar por todas partes, cada uno de sus movimientos tiene una intención, incluso si no siempre aterrizan esa caída. Junto a estas habilidades felinas hay un botón de maullido, en una entrada extrañamente divertida y rebuscada. Darle al jugador la habilidad de maullar a través de las escenas da como resultado el descaro y soberbia propias de un gato. En otro juego, puede ser exagerado, pero aquí encaja, sobre todo porque le han dado una pequeña función: bajo ciertos contextos, maullar te puede ayudar a encontrar el camino a seguir.

El movimiento dentro de Stray es algo fluido, con controles limitados pero efectivos. Durante todo el tiempo que juegues, es probable que solo necesites unos pocos botones para avanzar por los desafíos, pero lo que hace con ellos es interesante.

Imagen: Annapurna Interactive

Además, la mecánica de Stray no se basa en la combinación de botones y en la agilidad que tengas con el control para sortear obstáculos, sino más bien en el ingenio e inteligencia que tengas para afrontar los mismos: es tanto un juego de rompecabezas como de aventuras. Tienes la tarea constante de obtener información de personas nuevas, elaborar códigos y hacer todo lo posible para descubrir un poco más de lo que la historia tiene para ofrecer.

Esto también se incentiva gracias a un sistema de trofeos que es interesante. Eres recompensado por rascar las cosas correctas, golpear una pelota de baloncesto en un contenedor, destruir juegos de ajedrez y mucho más. Estas pequeñas interacciones hacen que todo lo demás se sienta mucho más vivo, aunado a una serie de recuerdos que te irán dando cierto contexto del triste desenlace que han tenido los humanos.

Stray es mucho más lineal de lo que puede esperar, pero lo compensa con un montón de creación de mundos orgánicos y nuevos sitios interesantes. A medida que llegas a cada ciudad, tienes relativa libertad para moverte pero, en general, esas áreas son bastante pequeñas. Dada la premisa de jugar como un gato, es posible que desees explorar un poco más, pero lo que hace con esas vistas puede ser bastante increíble, convirtiéndolo en un juego contemplativo que nos regala algunas postales llenas de luces neón y ciudades decadentes con texturas que explotan en nuestras pupilas. En más de una ocasión, vale la pena quedarse en la azotea de un edificio alto a contemplar el paisaje.

Imagen: Annapurna Interactive

Vestigios de un mundo de humanos

Hay una maravillosa dicotomía entre los personajes de Stray y su mundo. Esas ciudades amuralladas son cínicas y deprimentes, llenas de la decadencia y la podredumbre de la vieja maquinaria que quedó sin un propósito. Dicho esto, sus habitantes robóticos siguen adelante a pesar de todo. Muy pronto, te encuentras con un pequeño mural que simplemente dice “RIP Humans” con un pequeño corazón al lado.

Este sentimentalismo deja un hueco con forma humana en el mundo en el que nuestro gato protagonista encaja muy bien. A pesar de no tener gente, Stray es uno de los juegos más humanos que he experimentado.

La dirección de arte y la música de Stray también cumplen con este propósito. Inspirado en una sensación cyberpunk, el juego es un poco más silencioso de lo que puede parecer. Hay luces de neón en las calles y mucha oscuridad, pero a menudo te ves obligado a explorar mucho más que esto.

Imagen: Annapurna Interactive

Pero el entorno cyberpunk no es solo una excusa para hacer bonitas capturas de pantalla, es una mezcolanza que evolucionó mucho desde el punto de partida. En este sentido, la música es exploratoria e inmersiva, y nos hace sentirnos más cercanos al universo que vamos recorriendo. Y lo mismo sucede con el diseño de audio en general, pues cada efecto de sonido como los pasos de nuestro pequeño felino, sus uñas arañando superficies esponjosas y el ruido emitido por los robots para comunicarse terminan por redondear una maravillosa experiencia.

Desafortunadamente, algunos de los acertijos del juego no son tan interesantes como otros, y sus intentos de agregar tanto al mundo pueden hacer que la historia se sienta un poco corta. Algunos pueden cansarse un poco de la relativa simplicidad del juego pero, si buscas sumergirte en su mundo, lo hace muy bien.

Y es que en ese sentido, la única amenaza latente son los zurk, una especie de ratas cibernética de ojos endemoniados que nos perseguirán por todos lados hasta acabar con nosotros. Hay que ingeniárselas para esquivarlos, huir a toda velocidad de ellos o para derrotarlos con una luz morada que obtendremos en las primeras misiones.

Imagen: Annapurna Interactive

Por último vale decir que el apartado gráfico es otra de las virtudes del juego. El diseño de personajes, particularmente de los robots es destacado y están dotados de cierta personalidad a través de las ropas que usan y los diálogos, mientras que nuestro protagonista es un gato perfectamente recreado, con un pelaje que luce tal y como luciría el de uno real.

Lo bueno
  • Una narrativa de carácter existencialista
  • La exploración
  • El mundo cyberpunk
  • El diseño de personajes y apartado gráfico en general
  • El diseño de audio
  • La resolución de puzzles
  • Historia que nos lleva a reflexionar sobre la condición humana
Lo malo
  • Historia corta
  • Jugabilidad poco desafiante
  • Falta de variedad en los enemigos
Veredicto

La aventura de un gato en ciudades habitadas por robots es paradójicamente la historia más humana, existencialista y nostálgica de un videojuego en 2022. Es en esencia un título que cuida cada uno de los detalles, desde el diseño de arte, pasando por la jugabilidad hasta la historia, y que se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año gracias a este nivel de prolijidad. A esto añade un protagonista carismático y tierno dada su propia naturaleza, y tenemos 6 horas de diversión, desafío y entretenimiento garantizado.

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