Reseña: Soul – una atropellada reflexión sobre el ser y la muerte

| 30 de diciembre de 2020
Soul, la más reciente cinta de Disney Pixar, es una extraña reflexión sobre el ser y la muerte que se ahoga en sus propias ambiciones

En medio de Nueva York, en donde el jazz es parte del paisaje, como también lo son las pizzas y los grafitis, la vida cotidiana es un extraño para el ojo de la cultura pop, que solo conoce sus grandes historias, ya sean las de miseria o las de grandeza. Soul, la nueva película de Disney Pixar, se adentra en ese mundo y lo revierte en uno en donde, con tropiezos, busca darle un sentido a esas vidas que se pasean por el metro como sombras, entre una fábula de la vida y un cuestionamiento de la identidad.

Fuente: Pixar

Soul nos lleva por la vida Jeo Gardener, un maestro de música de secundaria con sueños frustrados en la escena jazz (como todos los músicos de jazz, para ser honestos) que consigue el gig (tocada, diría tu tío) de su vida en el club nocturno de mayor renombre de Nueva York.

Mientras camina eludiendo todas las trampas que una ciudad puede tener, entre la obra pública, el tránsito y las conglomeraciones, Joe muere y pierde, ahora sí, el que era su sueño de toda la vida desde que descubrió el jazz.

Al morir, Joe descubre que existen dos planos alternativos dentro de lo que se puede considerar el “más allá”. Un lugar a donde van los muertos y otro donde están los no vivos. En su intento por regresar a tener su presentación, termina yendo a este mundo de los “pre-vivos” donde conoce a 22, un alma que no ha encontrado la forma de irse hacia la Tierra.

Esa es la premisa de Soul. Otro mundo burocratizado de algún plano existencial intangible o fantástico, como lo fue también Intensamente y Monsters Inc., curiosamente las tres dirigidas por Pete Docter.

*A partir de este momento se discutirá información que puede ser considerada spoiler de Soul*

La existencia y el no ser

En el momento en que Joe Gardner muere se encuentra con un plano extraño que sustituye las concepciones religiosas de la muerte. Aquí no existe el cielo o el infierno. La muerte es, tal cual, un solo fenómeno que implica a todas las personas que lo hacen.

Estas están destinadas a ir hacia la existencia (o su símil) que los absorberá y los convertirá en una gran masa blanca, en donde no hay… nada (?). Por otro lado, en su intención de escapar de este destino y de ese final, Joe busca escapar y llega al plano contrario de ese Gran Después, que es el (convenientemente) el Gran Antes.

Las dos concepciones de existencia que existen dentro de Soul son complejas, porque presentan visiones sumamente contrarias y, es verdad, ambiciosas sobre lo que representa la existencia. No podemos olvidar que esta es una película infantil y como tal busca explicar todos estos temas (la muerte, en primer lugar) a un público que sigue en búsqueda de preguntas y respuestas como una necesidad de formación.

Fuente: Pixar

Aunque en un principio vemos a Joe aferrándose a la vida y lo que ella emana, teniendo en cuenta que el pináculo de su existencia estaba por llegar, conforme avanzamos hacia un punto en el que Joe decide dejarse morir por darle su vida a 22, su “pase” a la Tierra. Lo que vemos en sí, no es su camino hacia retomar su vida, sino el preámbulo de Joe aceptando su muerte, aceptando el hecho de que su vida está acabada y que lo que hubo en ella fue eso y no más.

Para Epícuro, la muerte es la nada. Por eso mismo, el temor a la desparición de la existencia es algo irracional. Si no hay nada en la muerte, entonces el temor se convierte en bilis que arrastra al sujeto de su propia vida. Pareciera que en un primer momento Soul toma esta dirección, pasando también por las concepciones de Ortega y Gasset o Heidegger, incluso con algunos pensamientos existencialistas, que podemos ver claramente en el monólogo que 22 tiene en la barbería.

“Y cuando llegué al mentor 246 me pregunté seriamente: ¿por qué tanto alboroto? ¿Vale la pena morir para tener esta vida? -¿comprendes?-. Dicen que naces para hacer algo, pero ¿cómo sabes que es esa cosa? ¿Qué pasa si eliges la incorrecta? O la de otra persona. Quedas atrapado”

Fuente: Pixar

En el mismo momento que 22 comienza a cuestionar el propósito de la burocracia que administra el Gran Antes, se abre también posibilidad de que la vida, ese punto intermedio entre los dos planos superiores que propone Soul sean tan arbitrarios como la vida misma. Una que no se rige bajo reglas operantes como un sistema social, sino bajo la simple y llana aleatoriedad, un caos juguetón que encierra a todos tratando de controlarlo. Una vida como la de Joe, desapercibida por lo fortuito, no es otra cosa que una simple muestra más de ese destino no escrito que la religión o las ideologías marcan.

Una vida en las calles de Queens, sin miseria y sin éxito, es lo mismo que una vida ruidosa, dramática y llena de obstáculos grandilocuentes. La existencia es tal cosa solo por sí misma, por ser o por no ser, por las decisiones que uno embarca que al final no forman parte de un gran plan, sino simplemente de lo que uno es y sus consecuencias. Nacemos y morimos por casualidades.

Sin embargo, hacia al final, sobre todo después de que Joe comienza aceptar su vida como fue, toma el giro Disney (que se veía venir, para ser sinceros) y revierte esto. Joe adquiere otra oportunidad para “no desperdiciar” su vida. Una que había asumido como correcta, como concreta y había llegado al final de ella reconociéndola como lo que fue: una vida más y la única que a él le tocaba vivir y morir.

Esto lo podemos encerrar en la fábula que Dorothea Williams le cuenta a Joe después de su show en el Half Note:

“Escuché esta historia sobre un pez. Se encuentra con un pez viejo y le dice: ‘Amigo, estoy buscando esa cosa a la que le llaman océano’. ‘¿El océano?’, le dice el otro pez. ‘Es donde estás ahora mismo’. ‘¡¿Esto!?’, le dice el otro pez. ‘Esto es agua, lo que quiero es el océano’. Te veo mañana”

Fuente: Pixar

El planteamiento principal y misma crítica a las concepciones de la muerte, a los sistemas sociales y a las ideologías religiosas adoctrinantes se revierte. Esta vida es así porque tú la quieres. Joe decidió que su vida fuera así, decepcionante. Él mismo estaba desperdiciando su vida por no ver “el océano”. Ahora, el monólogo de 22 solo tiene sentido como una duda sobre el valor de sistema que le asigna características predefinidas a las almas, que se acentúa y se refuerza al determinar sí, que en realidad la chispa está ahí y esa chispa mueve a los seres humanos. No existe el libre albedrío y menos existen las vidas sin sobresaltos. El drama de la vida es necesario porque así se decidió.

El dogma y la práxis

Cuando corrieron los créditos de Soul me pregunté seriamente: “¿realmente me gustó esta película?”. Es decir, esta película propone temas bastante interesantes para la niñez, pero como cualquier enseñanza, esta está mediada por quien la expone. No será lo mismo entender la conquista de América en México o Perú, que el descubrimiento de América en España o Portugal. Ambos narran el mismo hecho, pero las visiones son sumamente diferentes.

En su todo conjunto, Soul comienza presentando una duda al dogma. 22 no está atrapada porque no pueda encontrar su chispa, sino porque existe una organización en las almas no nacidas que les asigna valores determinados sin que estos puedan ser explorados a cabalidad por las almas no nacidas. Es la misma duda que pone encima el inicio de la película cuando Connie comienza a tocar un solo de trombón. Ella comienza a expresarse desde sí misma, pero el entorno la acorrala y la retrae. Lo mismo pasaba con 22 y la duda que plantea sobre cómo las almas tienen que ser asignadas a chispas y deseos que son sumamente arbitrarios.

Fuente: Pixar

Sin embargo, hacia el final, la duda de 22 termina en el dogma religioso por excelencia: un hechicero lo hizo. O dicho de otra forma: dios así lo quiso. La intervención divina, en este caso mágica de los Terrys y Jerrys, asegura que uno está hecho para lo que está hecho, y aunque puedas hacer otra cosa, para lo que estás hechos es eso. No existen dudas y si no estás aprovechándolo no es más que tu culpa, así como era culpa de Joe seguir siendo un maestro de secundaria en vez de un pianista en un renombrado cuarteto.

Por supuesto, tratar de insertar estos temas en un público infantil es una apuesta arriesgada. No porque no se pueda hacer desde el entretenimiento masivo, sino porque toda percepción filosófica apreciada desde el dogma no es otra cosa más que eso mismo: una presentación monolítica de lo que es ser (o no ser, en este caso).

Pese a esto, Soul logra de una manera muy natural comenzar a plantear, al menos, dudas que se quedan flotando pese al final Disney que se marca. Es, también, una buena forma de mostrar que la vida es y existen en la tranquilidad de la monotonía. La vida sucede entre las calles y entre las personas que, por alguna razón, se quedan en el medio mayoritario de ser olvidadas, de ser simplemente sombras urbanas que se pasean entre moles de cemento y serpientes de metal.

Podríamos decir, también, que Soul es el intento último de Pete Docter por experimentar la duda de la personalidad y la muerte. En Inside Out, de una manera bastante visual, exploró las emociones y la constitución de la identidad desde presupuestos psicológicos modernos basados en el conductismo; por otro lado, en Up, buscó mostrar una historia en la que la reflexión sobre la muerte y el olvido se mezcla con la juventud y la construcción de recuerdos.

Fuente: Pixar

Soul sí logra un poco consolidar estas dos premisas en una sola obra que reta por momentos muy brillantes la propia esencia de Disney, que no es otra cosa que la proyección más dócil del esnobismo estadounidense mediante lo pedagógico y la animación. Tratar de formar niños bajo los estatutos liberales corrientes.

Estoy jazzeando

Finalmente, no quería dejar de lado el componente sobre el que Soul pretende avanzar: el jazz. Este género es una industria y una disciplina en sí mismo; y una bastante rígida, bastante complicada y muy agridulce. Mientras que es, por excelencia, el género que marca la historia sonora de Nueva York y gran parte de la costa este de los Estados Unidos, su representación en los escenarios masivos, como lo es Hollywood y la cultura popular, siempre ha estado marcada y encerrada en clichés bastante marcados.

Sin embargo, en Soul encontramos una visión mucho más natural, orgánica y cercana de lo que es el jazz. Tan solo al comenzar escuchamos “When You Wish Upon a Star” en una perfecta desafinada y descoordinada melodía, llena de intervalos picosos, crujientes y ritmos sincopados con violencia. No es un demo de John Coltrane experimentando con disonancias o una sesión imposivisada de Charles Mingus, es solamente una banda de secundaria tocando lo mejor que puede.

Fuente: Pixar

Frente a ellos, solo está Joe, intentando lo más posible dirigirlos. Los niños son niños, y los niños no disfrutan el jazz. Los niños disfrutan lo que les es satisfactorio, no lo que les es impuesto. Entre ellos, el rimo famélico avanza y de la desidia, sale Connie, que comienza a hacer un pequeño solo de trombón ante la mirada emocionada de Joe y la burla de sus compañeros.

El jazz es una disciplina compleja. No puede ni pretende hacerse de magos de la inspiración. Todos ellos, por más virtuosos que sean, son hijos de la práctica incansable, de la maestría del hobbie, que siempre se adereza del componente artístico y humano. En Connie está el jazz en una manera bastante pura, porque así como disciplina incansable, esta siempre se alimenta de la interminable novatez de todos sus intérpretes, como después Joe explicaría:

“Recuerdo la vez que mi papá me llevó a uno de estos clubes de jazz. Ese era el último lugar del mundo donde quería estar, pero después vi a este sujeto. Estaba tocando estos acordes, con cuartas y luego en menores. Luego su yo interior habló y uno sentía que él cantaba. Y lo juro, lo siguiente que supe… sentí que él flotaba en el escenario. El tipo se perdió en la música, estaba en ella y nos llevó a todos con él y yo quería tocar así, cantar igual que él y ahí fue cuando supe que lo mío era la música. Connie sabe de qué hablo”

Connie, la única niña que merece regalos de día de reyes | Fuente: Pixar

Dentro de todas las concepciones del jazz, lejos del drama sumamente infantil que se inventó Damien Chazelle en Whiplash, es esta posiblemente la mejor de todas. No hay secreto en las palabras de Joe. El jazz es eso mismo, un conocimiento abrumador de la música que no puede ser interpretado sin la necesidad creativa de sus intérpretes. Es por eso que el “Giant Steps” de Coltrane es así de grande aún; o el por qué el Continuo de Mark Guilliana es una obra tan importante para la percusión en el jazz tan solo a 14 años de haber sido lanzado.

La capa brillante con la que se cubre el jazz en el mundo pop no es otra cosa que eso: una capa. Es un cliché que se ha extendido bajo la pedantería académica y el glamour Hollywoodense y siempre se pierde entre esas dos paredes que son solo extremos. La bigband de Buddy Rich y las medias luces Louis Amstrong. Es por eso que al representarse en la cultura popular queda solamente una caricatura de ella.

Pero no en Soul. Aquí podemos apreciar dos cosas centrales: conocimiento y familiaridad. Los nombres grandes jazzistas como Herbie Hancock, Roy Haynes, Dave Brubeck o Terri Lyne Carrington no son usados solo para llenar espacio en el guion y hacer referencias rápidas a una escena que no se conoce realmente, sino que suenan naturales, están en la boca de gente que se llena de ese conocimiento ñoño que funge como una especie de código entre la gente que escucha, toca o vive el jazz.

Fuente: Pixar

Tanto los animadores como los guionistas prestaron especial cuidado a las formas de hablar y a los lugares donde el jazz toma lugar y para Disney, una empresa que se sirvió durante décadas del racismo para encantar a las audiencias liberales blancas de Estados Unidos, ya es decir bastante que la representación de la cultura afrodescendiente urbana sea precisa y respetuosa.

Las películas sobre jazz sobra en Hollywood. Tan solo en los últimos años tuvimos con Damien Chazelle La La Land y Whiplash; la primera, un musical que infantiliza el jazz y la segunda una película que es el equivalente jazz de The Fast and the Furious; después vino Green Book, que para la familia de Don Sherley no hizo otra cosa que lavar el racismo estadounidense de la época con una historia que ni siquiera fue aprobada por ellos.

Estos ejemplos nos pueden servir no solo para entender la importancia de la representación de Joe Gardner y su relación entorno al jazz como un hito en la cultura pop afrodescendiente, sino también para entender qué tan mancillado está este género dentro del cine.

Fuente: Pixar

Finalmente, Soul tomó el mejor camino: hablar de jazz con jazz. No con fuegos artificiales o máscaras. El jazz es eso mismo en Nueva York, una escena que se mueve en clubes pequeños, con nombre gigantes escondidos en carteles de 1 metro que dan shows rutinarios para poder sobrevivir, presentándose siempre para la misma gente, que comúnmente también es la que estará en el escenario dentro de dos días.

Los shows, así como los grupos e intérepretes, no están conformados por genios que beben whisky hasta el cansancio y que se quedaron el en Beatnik. Es, más bien, una escena llena de, en su mayor parte, nerds que aman lo que hacen y buscan sobrevivir a su propio amor por ello siendo maestros de secundaria, músicos de sesión o el as bajo la manga de algún artista que sí llega al Billboard Hot 100.

Lo bueno
  • El riesgo de presentar temas polémicos sin miedo
  • Algunos cuantos monólogos
  • La animación
  • El jazzzzzzzzz
  • Las referencias a la vida neoyorkina
  • Los pobres Knicks
  • Los Jerrys
Lo malo
  • La tibieza con la que se abordan las dudas que plantea el mismo guion
  • Su falta de distribución por la pandemia
  • Terry
Veredicto

Soul no parece que por ahora pueda coronarse como “la mejor película de Disney Pixar” como la efusividad colectiva ha dictaminado. Sin embargo, sí queda como uno de los trabajos más ambiciosos de Pete Docter con resultados bastante mezclados. Por un lado, sus aciertos resaltan y brillan bastante… pero solo porque terminan enfocados o recayendo sobre su propia tibieza. El riesgo se diluye al momento de aceptar que la duda no es más que reafirmación en la crítica.

Por otro lado, es un trabajo increíble y completamente logrado en animación y como representación cultural de los grupos afrodescendientes de Nueva York. Un retrato cultural que, realmente, nunca antes se había visto dentro de Disney que evidentemente se merece señalar como un acierto.

Finalmente, la representación de lo que es el jazz contemporáneo, como arte, cultura e industria es sin duda gigante. Me puedo atrever a decir que es sencillamente la mejor película sobre jazz que haya salido de Hollywood (aunque también es verdad que no hay mucha competencia).

***

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