Reseña de First Man, película de Neil Armstrong

First Man es una cinta única que muestra, como nunca se había hecho, la imposible misión de llegar a la luna. 

En First Man: The Life of Neil A. Armstrong, su cuantiosa biografía de Armstrong, James R. Hansen cita lo que decían los comentaristas antes del despegue del Apollo 11:

“Sientes que la gente piensa que estos hombres no son sólo hombres superiores sino que son criaturas distintas. Son como gente que ha ido a otro mundo y ha regresado, y sientes que llevan secretos que nunca sabremos enteramente… y que nunca podrán verdaderamente explicar.”

Ese era el halo de misterio que cubría a los astronautas en la cima de la carrera espacial; y esa era la idolatría que siempre portó, con una sonrisa ecuánime, Neil Alden Armstrong, un joven ingeniero de Ohio que logró uno de los más insospechados logros de la humanidad. En esta cinta, Damien Chazelle, el cineasta más joven en ganar un Oscar como director, trata de romper este velo de misterio y adentrarse en otro: el de la enorme barrera emocional que separaba a este astronauta del mundo.

Con una impecable factura y un cambio de perspectivas sin precedentes, Chazelle logra su mejor película a la fecha: una biografía dislocada, fragmentaria, compleja, anti épica, cursi por momentos, pero profundamente intrigante. Ésta no es una explicación de un personaje. Ésta es la cinta de un director que se pregunta, como lo hicieron más de 750 mil espectadores reunidos en Cape Kennedy ese miércoles 16 de julio de 1969, ¿Por qué esos hombres de carne y hueso parecen tan lejanos? ¿Cuál es su magia? ¿Y en dónde compartimos una humanidad?

(Universal)

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La historia

La historia del viaje a la luna ha sido contada en innumerables ocasiones. Es una de las historias recurrentes de sueños modernos en el cine y la imaginación literaria: Cyrano de Bergerac soñó con sus imperios elevándose por el rocío de la mañana, Julio Verne la alcanzó con un cañón americano, Wells desafió la gravedad con una materia imposible y los hermanos Méliès le picaron el ojo con un cohete. Como bien dijo Chazelle en el FICM:

“Siempre hemos soñado con viajar a la luna; es un viaje milenario que nació como fantasía y que, de pronto, por un grupo inesperado de hombres dispuestos a sacrificar sus vidas, se convirtió en realidad. Somos una generación que no nació pensando que llegar a la luna era un sueño imposible, para nosotros ya está dado. Pero, durante siglos, este viaje perteneció a la ficción.”

Después de la llegada del hombre a la luna, la ficción se borró detrás de la realidad. Las imágenes que se transmitieron por televisión ese día —otra proeza técnica poco recordada— mostraban lo incontrovertible, la realidad sin filtros, y convirtieron a los espectadores en testigos de la historia desde sus hogares. La televisión se convirtió en un aparato para presenciar al mundo y la ensoñación se trasladó a otros de sus rincones.

Es por eso que las películas sobre la carrera espacial son escasas y, muchas veces, se apoyan en elementos heroicos, patrióticos o de justicia social para transmitir la vivencia de una época. Se recrea todo lo que sucedió alrededor y nunca el hecho mismo de la llegada a la luna: ¿Para qué arriesgar convertir en ficción un hecho tan increíble que se ha tornado sospechoso?

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Las tres cintas más importantes de Hollywood en torno a la carrera espacial se sitúan en momentos anteriores o posteriores al alunizaje: The Right Stuff (1983) habla de los pilotos experimentales de Edwards (Armstrong fue uno de ellos) y del programa Mercury anterior al programa Apolo; Hidden Figures (2016) versa sobre las computadoras humanas que permitieron los inmensos cálculos que llevaron al hombre a la luna; y Apolo 13 (1995) de Ron Howard habla sobre el épico fracaso de una misión posterior.

La obra maestra de Philip Kaufman, con el joven talento de Ed Harris, Sam Shepard, Dennis Quaid, Jeff Goldblum y un largo etcétera es, sin duda, la mejor de estas cintas. A pesar de no ser históricamente precisa y de convertir las experimentaciones serias en aerodinámica de Edwards en carreras de vaqueros, The Right Stuff es una gran cinta sobre los logros en la derrota. Apolo 13, por su parte, es una atinada épica patriótica y emocional, como bien le gustan hacer a Howard. Hidden Figures, sin embargo, no es más que un anzuelo de Oscar que trata de convertir al hombre blanco en el campeón de los derechos civiles. Hagan el favor.

En todo caso, la carrera espacial nunca se ha cruzado, en la ficción, con el hombre al centro de todo, el rostro que le dio sentido, el gran ausente siempre presente: Neil Armstrong. First Man es la primera cinta que considera, desde la ficción, la vida del ícono. Y lo hace sin ninguna consideración por las esperadas estructuras del biopic hollywoodense.

De acuerdo, la cinta puede ser profundamente cursi y utilizar los peores tropos de Hollywood. En los momentos en que trata de explicar al personaje, en donde trata de simplificar un retrato creado para la complejidad, la cinta se convierte en un intento algo endeble de emoción fácil (ustedes reconocerán esa escena en un cráter de la luna). Pero estos momentos no definen el lenguaje de la cinta. Siempre hay un retorno a las imágenes sugerentes y, al final, los símbolos hábiles definen más el sentido melancólico de la película que las explicaciones fáciles.

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El hombre

Neil Armstrong es uno de los hombres más famosos de la historia. Tal vez las nuevas generaciones ya no reconozcan su cara, pero todos tienen una idea fija cuando se pronuncia su nombre… y todos pueden recitar una cierta frase suya. Armstrong, en abstracto, se ha convertido en una idea; la idea que acaparó todos los reflectores de la carrera espacial al punto en donde nadie recuerda a Michael Collins, el tercer hombre a bordo del Apollo 11.

Armstrong es una fuerza política poderosa porque fue un engranaje de la historia, un póster, una sonrisa fija y la idea de una victoria. Detrás de esas sonrisa y ese temple de acero, ¿Hay un hombre? ¿O la imagen absorbió a la persona? Este hombre inasible, multifacético y oculto nunca ha sido desentrañado en una cinta por lo que representa; Armstrong es demasiado y demasiado poco.

Ahora, ¿Qué buscamos en Armstrong? ¿Al héroe? ¿Al padre de familia? ¿Al hombre blanco de un pequeño pueblo americano? ¿Al esposo distante? ¿Al ingeniero neurótico? ¿Al piloto experimental? ¿Al astronauta solitario en la luna? ¿O al ídolo que saluda desde un descapotable en un desfile neoyorkino?

La biografía de James R. Hansen en la que se basa esta cinta tiene más de 700 páginas. Es una visión por momentos genealógica de la vida de Armstrong. En esta reconstrucción obsesiva se buscan los orígenes europeos del astronauta, se hurga en las minucias de su crecimiento en Ohio, de la intensa relación con su madre, de sus primeros amoríos, matrimonio y paternidad, para llegar a la carrera espacial y su implicación con la NACA y la NASA. Es un recuento intenso, lleno de entrevistas, referencias y citas directas.

Por supuesto, la adaptación del guión no podía permitirse esta expansión obsesiva. En ese sentido, hay que trazar una certera línea entre los biopics y las biografías literarias. El formato de una película es profundamente limitado para la exploración de una vida tal y como se plantea en los escritos biográficos tradicionales. El cine puede capturar episodios pero no puede, en un sentido abierto de ficción narrativa, acceder a las demostraciones investigativas del escritor biográfico. El cine está más cerca de El Loro de Flaubert de Julian Barnes que de la biografía de James R. Hansen; es más anécdota que biografismo neurótico.

Es por eso que resulta tan interesante y pertinente la elección del guionista en esta cinta. Josh Singer ganó recientemente un Oscar por su trabajo de escritura original con Spotlight y ha escrito, también, otros guiones basados en historias reales como The Post y The Fifth Estate (sobre Julian Assange y Wikileaks). El acercamiento de Singer es siempre profundamente terrestre y apegado a la realidad de una profesión que le es ajena. Aquí, además, la distancia entre un escritor y un periodista se duplica en la que existe entre un escritor y un ingeniero/piloto experimental.

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Aún así, Singer logra algo inhumanamente difícil al escribir el guión de First Man. Este guión fue trabajado y retrabajado durante meses y mese de constantes relecturas y cambios. Singer y Chazelle han admitido que pasaron, incluso, por más de cien drafts. Todo para lograr una cinta construida cronológicamente, desde una perspectiva biográfica y ultrarrealista que conoce muy bien sus prioridades. Singer y Chazelle quieren centrarse en un aspecto particular de Armstrong y, desde ahí, trazar una nueva perspectiva sobre su logro impensable.

Chazelle nos platicó, en el Festival Internacional de Cine de Morelia, que en realidad no tenía ningún interés por la figura de Neil Armstrong hasta que, leyendo su biografía, se enteró de un hecho poco conocido: ocho años antes de pisar la Luna, el astronauta perdió a una hija de dos años por un raro caso de cáncer. La idea vino entonces de pensar a un hombre encima de todos, explorando regiones inexploradas, alcanzando alturas insospechadas, para representar a la humanidad y estar, a pesar de su éxito abrumador, totalmente aislado, triste, solo y perdido.

Damien Chazelle quería emprender una biografía de Armstrong para cambiar la perspectiva de una historia mundialmente conocida. El viaje a la Luna no se cuenta en sus proezas técnicas, ni en su dificultad matemática, sino en la soledad de un hombre. La vida de Armstrong no se explora desde su heroísmo, su patriotismo o su carisma, sino desde el rostro impasible de un hombre empujado por la tristeza y la pérdida.

Este cambio de perspectiva quiere dar una visión única del personaje. Chazelle no quiere contar la historia que cuenta Henson, no quiere contar los entramados reales de la carrera espacial o la vida familiar de Armstrong, sino juntar todo en viñetas que le intrigan para hacer un retrato incompleto de un personaje histórico.

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Las intenciones no están ocultas y quien critique esta película por no “mostrar la complejidad del hombre”, por no “hacer una biografía suficiente”, por no “explorar el personaje”, es que no entendió el punto. Lo que Singer y Chazelle trataron de hacer aquí no fue una biografía completa —lo que sea que eso quiera decir— sino, más bien, la caracterización de un hombre como lo son todos: complejo, incongruente y fragmentario.

Esta decisión afecta, incluso, el lenguaje cinematográfico de la cinta. Porque Chazelle y su cinematógrafo Linus Sandgren (American Hustle) decidieron filmar la película en tres formatos diferentes: desde el 16 mm, uno de los formatos más pequeños, hasta los 70 mm del IMAX, uno de los formatos más grandes del cine. Cada tipo de formato corresponde a una capa de la historia: lo más íntimo se filmó en 16mm como un recuerdo lejano de las películas familiares de la época; lo relativo a lugares históricos terrestres (como las escenas en la NASA) se filmó usando 35mm; y las escenas históricas, espaciales, se filmaron en un pletórico formato de 70mm.

Por supuesto, todos estos formatos se adaptaron para entrar en una proyección de IMAX. El resultado en el grano, el impacto y la sutil exposición de la cinta es simplemente brillante. Porque las transiciones entre viñetas muestran también cambios de texturas. El tiempo pasa, aquí, con cortes abruptos de edición y los espacios se modifican con los personajes y el formato visual. De esta forma, Chazelle quiso mostrar sin necesidad de decir, las intenciones de una cinta impresionista —como una pintura de la experiencia, el movimiento y la luz—, intimista y de viñetas.

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La fragmentación cronológica, la fragmentación en el formato, la fragmentación en el guión se unen para darnos una visión profundamente subjetiva de Neil Armstrong. Éste es, así, un retrato de Armstrong que no oculta la mano del pintor. En este sentido, vemos también la sutil e intrigante música original de Justin Hurwitz, el colaborador musical más cercano de Chazelle desde que formaron el grupo Chester French en Harvard.

Con los mismos elementos de acordes de guitarra, piano lento y un theremin discreto, Hurwitz retoma la sensación de melancolía de las canciones de La La Land para imprimir, nuevamente, el sello de Chazelle en la película. Y si la colaboración con Hurwitz y el regreso de Gosling no parecen suficientes, toda la película es una repetición de los temas que siempre han intrigado al director.

Es por eso que reconocemos más a Chazelle en First Man que al mismo Armstrong. Ésta es una película que, como todo lo que ha hecho Chazelle, gira en torno a ciertas obsesiones: la imposibilidad de la vida en pareja, las locuras únicas, la desrromantización del talento, la apología del esfuerzo, la vida de los desadaptados sociales, la angustia social, la timidez, la excepcionalidad, la soledad.

Y en esa mezcla precisa de las obsesiones del director con la historia real de un personaje icónico, First Man crea un retrato único en Hollywood. Un retrato que no necesita del contexto histórico, que no abusa de las facilidades narrativas épicas, que no busca explicar a un personaje como si pudiera hacerse. Lo que hace de First Man una película tan lograda es que explora tanto al hombre como a las posibilidades de asirlo. Y, así, se convierte en una de las biopics más reflexivas en el árido páramo de un Hollywood cada día más repetitivo.

La perspectiva

Lo importante para Chazelle y Singer no era aquí tratar de crear un nuevo discurso patriotero o dar una visión completa y compleja del personaje, sino cambiar la perspectiva. Esta cinta habla, desde la impactante primera secuencia, de un acercamiento paciente e incompleto. Los puntos de vista focalizados dentro del personaje; las tomas justo encima de su hombro; la forma cercana de la tercera persona, crean un cuadro único, íntimo que, sin embargo, no abusa de la omnipresencia para contarnos todo. Lo vemos de cerca, pero es imposible comprenderlo.

Un ejemplo hermoso de esto es, justamente, la secuencia dentro del avión X-15 al principio de la cinta. Este avión experimental que Armstrong voló siete veces era el avión más rápido jamás construido por la humanidad. Y, en efecto, el más grande error como piloto en la carrera de Armstrong sucedió durante el vuelo 3-4-8 del 20 de abril 1962 cuando su avión tomó una trayectoria balística rebotando en la atmósfera. Ahí pudo ser, fácilmente, el fin de la prometedora carrera del joven de Ohio.

La manera en que está filmada esta secuencia nos permite presenciar la absoluta falta de visibilidad dentro de un X-15, la complejidad de las lecturas, de la situación en un contexto, de perder el piso. La sensación que da es la verdadera vivencia de encerrarse en una lata de metal que puede perforar el Mach 5 y alcanzar velocidades cercanas a los 6 mil kilómetros por hora. Esta perspectiva, rendida en IMAX con todos sus espectaculares colores, sonidos -porque el diseño sonoro de First Man es también notorio- y sensaciones, no nada más es poderosa, sino que sustenta el lenguaje de la película.

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En la cinta Armstrong debe responder a una pregunta en su entrevista para ingresar a la NASA saliendo de Edwards y NACA, ¿Qué significa para ti el viaje espacial? Y su respuesta es el principio mismo, dicho en boca de un personaje, de toda esta representación:

“Cuando uno vuela y perfora la atmósfera se da cuenta de lo frágil que es, de lo delgada que es esa capa que nos separa del vacío. Jamás hubiera pensado eso si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Y los viajes espaciales pueden servir esta función para la humanidad: pueden servir para cambiar nuestra perspectiva.”

La idea de Armstrong en la cinta es evidentemente contemporánea. Lo que quiso decir aquí Singer a través de la lente de Chazelle es que la carrera espacial cambió la perspectiva de una generación… y luego fue olvidada. Somos la generación que verá la destrucción de la capa de ozono y las primeras guerras ecológicas, pero parece que hemos olvidado la fragilidad planetaria, la posibilidad de grandes empresas humanas y la necesidad de reflexionar sobre la tierra.

La idea que expresa Armstrong es la idea misma de la película, porque todo aquí significa un cambio de perspectiva: ver al ícono como hombre, ver a la biografía como incompletud, ver la belleza en lo ínfimo como en lo inmenso, entender la fragilidad de los cuerpos humanos, los logros como muerte y fracaso, el fracaso como nueva vida, la presión como estabilidad y la familia como tragedia. En este cambio de perspectiva tan inesperado, pasan cosas impensadas en una película hollywoodense actual.

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Chazelle no se preocupa por defender a los blancos frente a la segregación racial, ni busca retratar una diversidad que no existe. De hecho, por esta extraña afrenta tuvo críticas de ambos espectros de la política americana. Los conservadores criticaron su falta de patriotismo y los más liberales lo tacharon de conservador. Richard Brody, el gran crítico del New Yorker, planteó que la cinta era incluso una defensa irreflexiva del pensamiento de derecha: al considerar que todas las protestas (incluyendo una aparición de Gil Scott Heron cantando “Withey is on the Moon”), que todos los activistas que se opusieron al vuelo lunar (incluyendo al maravilloso escritor Kurt Vonnegut) eran una traba para una gran obra, Chazelle estaría defendiendo la carrera espacial ideológica frente a la cruenta realidad social de Estados Unidos.

Por mi parte, no creo en ninguno de estos dos extremos. Me parece que, justamente, Chazelle no buscó explicar a Armstrong por su contexto histórico y eso es algo bastante único en el panorama actual del cine americano. La explicación del contexto, las viñetas de las protestas, los políticos que se niegan a apoyar el proyecto espacial, los discursos de Kennedy llenos de promesas en el 62, todo sirve como tela de fondo para presentar el aislamiento de un personaje confinado en la coraza de emociones indescifrables.

Mientras Claire Foy es expansiva en su actuación, irradiando emociones incontrolables, Gosling hace su papel predilecto, el papel que le dio tanta notoriedad en Drive de Nicolas Winding-Refn, el del introvertido lleno de emociones. Un hombre absolutamente impenetrable que se encuentra, de pronto, en la Luna, solo. Un hombre que regresa a la tierra para darse cuenta que la cuarentena es un estado que le resulta natural, que ilustra perfectamente su vida. Porque su existencia siempre ha estado filtrada por un vidrio (en una cabina de jet, un casco o una recamara aislada), siempre viendo a través de una ventana mínima, como celosía, que ve para afuera y que imposibilita que nadie vea para adentro.

La belleza de la cinta de Chazelle está en mostrar esto sin decirlo. Porque es una cinta sobre la duda del retrato y no sobre la certeza del biógrafo, sobre la escritura de la historia y no sobre las pruebas documentales, sobre la complejidad de los hombres y no sobre su evidencia.

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Lo bueno
  • Los cambios de formato que dan una textura visual única.
  • La fotografía.
  • El cuidado diseño de producción.
  • La enorme actuación de Claire Foy.
  • La secuencia del X-15 que es verdaderamente flipante.
  • La perspectiva de una biopic única.
  • La reflexión sobre los relatos de vida.
  • La dedicación en el guión de Josh Singer.
  • La actuación sensible de Ryan Gosling.
  • La falta absoluta de explicaciones fáciles.
Lo malo
  • Que, por momentos, puede ser profundamente cursi.
  • Que muchos interpretaron la falta de contexto como una lectura política.
  • Que no tendrá la misma repercusión que una biopic clásica.
  • Que muchos no la verán en IMAX.
  • Que muchos interpretan la impasividad de Gosling con incapacidad.
  • Que la caricatura de Buzz Aldrin es un poco injusta.
Veredicto

First Man es una película sobre el cambio de perspectivas. Por eso, la película se cuenta desde un enfoque personal, fragmentario y complejo que es absolutamente contrario a las costumbres de Hollywood. Y en este cambio narrativo, descubrimos al hombre detrás de un logro inhumano, la complejidad de los viajes espaciales y las obsesiones de una vida pequeña de enorme resonancia. Esta cinta funciona tan bien porque maneja su lenguaje con fluidez y seguridad, porque no tiene miedo a contar una historia de forma diferente y por la enorme carga simbólica que implica. Sin duda, un hito en la prometedora carrera del joven Chazelle.

Título: First Man.

Duración: 141 min.

Director: Damien Chazelle.

Elenco: Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler
Corey Stoll, Ciarán Hinds, Christopher Abbott, Lukas Haas.

País: Estados Unidos.

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