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Reseña: Dolittle – Cuando las fábulas se acaban

| 4 de febrero de 2020
El reboot de Dolittle tenía un argumento interesante y grandes posibilidades, pero termina convertido en una fábula simplona.

Dolittle es lo que pasa cuando una historia, unos personajes y los mismos clichés, se exprimen hasta el cansancio. Y los espectadores tienen que rendirse ante la mediocridad. Si me reí con Dolittle fue más por inercia que porque sintiera algo (o porque la risa se contagia más fácil en una sala de cine). Con esto, no quiero decir que sea una mala película. Además del carismático Robert Downey Jr. la cinta cuenta con la participación de grandes figuras del cine hollywoodense, como el mexicano ganador del Oscar Guillermo Navarro en la fotografía. En todos sus aspectos “técnicos” la película se siente bien hecha e incluso con cierto cuidado al detalle. El CGI es tan bueno que da náuseas (en el buen sentido, quiero decir), las actuaciones son sólidas… Aún así, creo que es una película repetitiva y fallida.

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Una fábula que no sabe lo que quiere

(Foto: Universal Pictures)

El reboot de Dolittle nos trae, otra vez, la conocida historia del veterinario que puede hablar con los animales. La única diferencia es que, ahora, está ambientada en la Inglaterra victoriana. Además, le dieron al famoso médico un pasado aventurero y la trágica historia de una linda esposa que pereció en uno de sus arriesgados viajes. (Esto no es un spoiler, literalmente sucede en el primer minuto de la película.) Esta desafortunada situación llevó a John Dolittle a encerrarse en su mansión con sus animales y aislarse de los seres humanos por completo. Sin embargo, una nueva aventura le revelará el verdadero valor de las conexiones humanas (a la Death Stranding), y la importancia de no permanecer en la soledad. Honestamente es un gran argumento, pero se desperdicia y se pierde entre momentos bobos y grandilocuentes.

Lo que parecía una gran historia con infinidad de posibilidades, hasta filosóficas, terminó convertida en una fábula simplona con bonitos vestuarios. Porque Dolittle pretende ser una fábula de principio a fin. No sólo por el obvio hecho de que tiene hordas de animales como protagonistas, sino porque (y más importante) cierra con una moraleja.

(Foto: Universal Pictures)

El problema empieza cuando tratamos de hacernos una idea general de la película. En cada rincón hay algo tan gratuito y ad hoc que, cuando tratamos de entender si eso era necesario, ya apareció otra cosa que nos distrajo y a la vez representa el mismo problema. En ese sentido, Dolittle logra distraerte sin entretenerte y, sorpresa, eso no es entretenimiento. Toda la película se siente como un gigantesco Frankenstein narrativo: hecho de muchas partes que difícilmente tienen coherencia.

Por todos lados hay cabos sueltos que son forzados a incrustarse unos con otros en un conjunto inconexo que quiere llamarse “largometraje.” Dolittle se siente como una parte más de una caótica rutina, que empieza a las siete de la mañana atravesando la Zaragoza inundada y termina a las doce de la noche viendo Cómo entrenar a tu dragón en Netflix.

Pero sería injusto decir que Dolittle “es mala”

(Foto: Universal Pictures)

Por otro lado sería injusto decir que Dolittle está mal hecha. En realidad me parece un perfecto ejemplo de generosidad llegando al derroche y hasta la extravagancia. Es como si hubieran decidido ambientar la película en un vago lugar que recuerda a la Inglaterra del siglo XIX, porque así podían agotar el presupuesto. En cada detalle se puede apreciar el trabajo y el esmero: en el vestuario, en la animación, en la actuación cursi y predecible, pero verosímil. Incluso hay escenas que no duran más de tres minutos cuidadosamente decoradas que nos dan un vistazo a las plazas y calles de la Inglaterra victoriana.

El CGI de Dolittle no está mal. Quizá no es tan realista como el del Rey León, pero no por eso es malo. Además tiene la bondad de que, a diferencia de otros live-action, no abusa (tanto) de este recurso. A pesar de que la animación está tanto en los animales como en varios paisajes, se siente equilibrada con la escenografía. La película no le confía todo a la animación digital, no todos los momentos dependen del asombro que nos causan los detalles en el diseño de los animales.

Cuando la fábulas mueren

(Foto: Universal Pictures)

Dolittle pretende ser una fábula que narra la manera en que el viejo y solitario veterinario vuelve a descubrir la importancia de la compañía humana. La necesidad de salvar a la Reina de Inglaterra lo obliga a salir de su letargo. Una realidad trunca, porque Doolittle decide ayudarla para salvar su vida y la de sus animales. Así, la consigna inglesa de salvar a la reina se convierte en un impulso instintivo, casi animal. En estricto sentido el médico no tiene la oportunidad de decidir, de hecho no le queda otra opción.

Es una situación curiosa, pues la cinta nos vende la historia principal como un acto de benevolencia y empatía. La moraleja (“al ayudar a los demás te ayudas a ti mismo”) incluso es una versión retorcida del bíblico “ayúdate que yo te ayudaré.” Solo que en ella se niega lo que se quiere afirmar. Aunque el mensaje explícito es “ayuda a las personas”, lo que verdaderamente quiere decir es “ayuda a los demás en la medida en que te beneficie a ti mismo.” Una curiosa sentencia que sería más inofensiva si no estuviera en una película para niños.

Lo bueno
  • La escenografía y la decoración son buenas.
  • La película te mantiene tan ocupado que no notarás que estás aburrido.
  • Me reí un poco.
  • Que no llega a las dos horas.
  • Kevin.
Lo malo
  • Es boba y torpe a más no poder, lo suficiente para darte ternura o cringe.
  • Que ni siquiera vale la pena compararla con Dr. Dolittle 2.
  • Que dura más de hora y media.
  • Que la vi en IMAX.
  • Que tiene una moraleja de dudosa pertinencia.
  • Que es un conjunto inconexo que difícilmente se puede llamar largometraje.
Veredicto

Dolittle es un ejemplo más de que los reboots son una excusa para arruinar algo que de por sí era malo. ¿Pensaban que diría que son una excusa para sacar dinero? Quizá lo pensé, pero me ahorraré decirlo. Dolittle puede distraerte y mantenerte ocupado sin llegar a entretenerte ni siquiera un poco. Es un conjunto inconexo de momentos ad hoc que difícilmente puedes llegar a disfrutar. Aunque a veces algo es mejor que nada… supongo.

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