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Reseña: Gretel y Hansel – la reinvención frustrada de un clásico infantil

| 4 de febrero de 2020
Una película gótica y preciosista que encierra una historia mal contada que puedes encontrar en muchas otras partes.

Cuando los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm publicaron sus dos tomos consabidos de cuentos de hadas, su intención no era la de escribir un par de historias llenas de florituras literarias, al contrario, apegados a la tradición romántica de inicios del siglo XIX –donde la exaltación del folclore y el nacionalismo eran característicos del espíritu artístico de la época–, decidieron viajar por toda Alemania para recolectar, de voz viva, las historias fantásticas de la población.

A propósito de la aparición del primer volumen de cuentos en 1812 los Grimm explican:

“No hemos añadido nada de nuestra cosecha, ni hemos intentado embellecer ninguna situación o rasgo de la tradición, sino que nos hemos esforzado en reproducir su contenido tal como nos ha sido transmitido; la expresión es nuestra, huelga decirlo, así como la exposición de cada detalle; pero procurando siempre conservar todas las particularidades observadas… Las repeticiones de frases, rasgos y transiciones deben considerarse como fórmulas épicas que se repiten de suyo cada vez que se pulsa la tecla correspondiente”.

Ese espíritu popular fue el que permitió que los cuentos de los hermanos Grimm no se quedarán arraigados en una época sino que trascendieran hasta nuestros días, ya sea en sus versiones íntegras o en diferentes adaptaciones como es el caso de Hansel y Gretel o como lo llaman en algunos traductores, Juanito y Margarita. Sin duda, éste es uno de los cuentos de hadas más famosos de todo el mundo. En el cine, por ejemplo, ha recibido un sinfín de adaptaciones desde la película muda The Babes in the Woods de 1917 de Chester M. Franklin y Sidney Franklin, hasta la espantosa Hansel & Gretel: Witch Hunters de 2013, dirigida por Tommy Wirkola; y la más reciente Gretel and Hansel (2020) de Oz Perkins, película de la que hablaremos hoy acá, en Código Espagueti, para tratar de dilucidar porque es una mala reinvención del clásico de los hermanos Grimm.

(Wikimedia)

Había una vez…

Empecemos por recordar la historia de Hansel y Gretel. Junto al bosque vivía un leñador con dos niños llamados Hansel y Gretel, y su segunda esposa. Eran tiempos de hambruna y no tenían qué comer. La malvada madrastra convence al leñador de llevar a los niños al bosque y abandonarlos ahí, pero ellos escuchan la conversación y entonces, a la mañana siguiente, Hansel se levanta muy temprano, toma unas piedras y se las echa en los bolsillos. Mientras se van adentrando en el bosque el pequeño Hansel va dejando un rastro de piedras que le permitirá volver a casa.

La madrastra vuelve a convencer al leñador de llevar a los pequeños al bosque, pero esta vez Hansel no tiene piedras así que, con una hogaza de pan, deja un rastro de migajas que los pájaros devoran y entonces no pueden volver. De repente se encuentran perdidos en medio de la nada y deambulando por un bosque tenebroso cuando ven un pájaro blanco que los conduce a una casa hecha de pan y cubierta de bizcocho, los niños arrancan un pedazo y lo devoran, de pronto sale una bruja de la casa, los invita a pasar, los atiende bien y les ofrece una cama.

Al otro día, la bruja despierta a Gretel y la pone a acarrear agua y hacer diversas diligencias, mientras Hansel está encerrado en un establo en estado de engorda. Cada día la malvada bruja iba al establo y le pedía a Hansel que sacara el dedo para ver si estaba gordito, pero el astuto niño siempre sacaba un pedazo de huesito para que la mujer no se diera cuenta de que estaba subiendo de peso y no se lo pudiera comer. ¿Cómo era que la mujer no se daba cuenta? Aquí vale la pena citar la descripción de las brujas recabada por los Jacob y Wilhelm Grimm:

“La vieja aparentaba ser muy buena y amable; pero, en realidad, era una bruja malvada que acechaba a los niños para cazarlos, y había construido la casita de pan con el único objeto de atraerlos. Cuando uno caía en su poder, lo mataba, lo guisaba y se lo comía; esto era para ella un gran banquete. Las brujas tienen los ojos rojizos y son muy cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino, como el de los animales, por lo que desde muy lejos ventean la presencia de las personas”.

Cansada de que Hansel no engordara, la bruja decide cocinarlo y le pide a Gretel que se meta para encender el horno, pero la niña sabe que si entra ahí, morirá, entonces engaña a la bruja y le dice que no sabe prender el horno, la bruja se enoja y le dice que es lo más fácil del mundo, se mete, lo enciende y Gretel cierra la puerta y la mata.

Hansel y Gretel recorren la casa de la bruja y encuentran joyas, se las meten a los bolsillos y emprenden el regreso a casa, llegan a un río, pero no saben como cruzarlo y un cisne enorme aparece y los ayuda a cruzar. Cuando llegan a su hogar el leñador los espera con ansias, la madrastra ha muerto y los niños entregan las joyas, lo que les permite vivir felices para siempre.

(Foto: Pinterest)

Y ese es básicamente Hansel y Gretel, un cuento que, en un análisis proyectivo nos permite entrever algunas cosas de la conducta humana, a saber: la infancia tardía, autonomía, socialización, la tentación del regreso, la colaboración mutua, volver al punto de partida transformado con nuevas expectativas y actitudes. Además del triunfo de la inocencia sobre el mal. Pero entonces, ¿qué pasa cuando el discurso actual imperante en la industria cinematográfica del siglo XXI se transforma en una especie de discurso progresista que trata de empoderar la figura de la mujer desde una perspectiva del capitalismo más rapaz? Aparece Gretel y Hansel, una película bella en su forma y pobre en su fondo y, la cual, desde el título, pretende anunciarnos que la protagonista será la adolescente Hansel, interpretada en esta ocasión por Sophia Lillis, a quien ya hemos visto como Beverly Marsh en IT de Andy Muschietti.

 

(Orion)

Una historia contada a medias

Si bien la película guarda algunas similitudes con el cuento de los Grimm, la historia se enfoca en el personaje de una Gretel adolescente que tiene que lidiar con el acoso, la orfandad y la responsabilidad de cuidar a un hermano menor que derrama inocencia. Desde luego que Oz Perkins y Rob Hayes tenían que actualizar la historia y crear una obra capaz de dialogar con nuestros tiempos y los discursos preponderantes de un Hollywood que no puede esconder la culpa bajo ninguna alfombra roja. Sin embargo, esta actualización del relato se queda corta y termina siendo un relato de iniciación que me atrevo a calificar de bastante flojo.

Es posible que en la película encontremos referencias a The Witch (2015) de Robert Eggers, a la legendaria Häxan (1922) de Benjamin Christensen e incluso a The Blair Witch Project (1999) de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, sólo que, a diferencia de estas joyas, en la película de Perkins la mitología de la brujería sirve como pretexto para contar la historia de una adolescente que se descubre como una mujer poderosa, libre de ataduras y dispuesta a comerse el mundo a puños. Con todo esto, y se presiente a todas luces, la película queda despojada de toda responsabilidad (síntoma del discurso político imperante de las ideologías neoliberales).

(Orion)

¿Por qué parece molestarme esto si se trata de una película comercial? Porque me parece que se trata de un discurso reduccionista y políticamente correcto, que no hace una crítica profunda de los síntomas del patriarcado (insisto, si hablo en estos términos es porque la propia película lo sugiere, no me lo estoy inventando). Veamos, Gretel está entrando a la madurez tal como lo demuestra el discurso gastado de la sábana manchada de sangre, Hansel es un niño que no entiende muy bien lo que pasa pero que su inocencia lo salva, Holda –la bruja– adopta a los pequeños y pone a Hansel a realizar diversas tareas del hogar, mientras que educa a Gretel en la disciplina de las artes oscuras, las cuales al final resulta que no son tan oscuras sino fórmulas de la emancipación.

(Orion)

Holda está más relacionada a las artes naturales de las wiccas que a la idea de la bruja cristiana que establece un pacto con el Diablo. Es decir, las brujas de Hansel y Gretel, en teoría, tendrían que rendir culto a la gran Diosa Madre o Diosa Trilpe, y al Gran Dios Padre o Dios Astado.

Ahora, lo que podría ser una película realmente propositiva, se queda a medias en la ejecución. No hay tensión, todo permanece mayormente en un plano contemplativo y ésta es la mayor virtud de la película: la fotografía, los planos, el lenguaje de la cámara. De hecho, esa parece ser la verdadera historia de esta cinta: un cineasta que encontró una estética gótica para contar un relato a modo. Pienso, a expensas de que me linchen, que Oz Perkins peca como Todd Phillips en Joker y se dejan llevar por el atractivo estético de las cintas presentando guiones –ciertamente– medianos.

(Orion)

Lo bueno
  • Sophia Lillis es como siempre una buena actriz.
  • El pequeño Sammy Leakey promete convertirse en un buen actor.
  • Ver nuevamente a Alice Krige, una nueva estrella de las películas de terror, es todo un lujo.
  • La estética de la cinta es muy buena.
  • Atreverse a contar una historia conocida por todos siempre tiene su grado de valentía.
  • Hay un momento donde los niños comen hongos y se la pasan bien.
Lo malo
  • El guión es flojo.
  • La reinvención de la historia de los hermanos Grimm se queda a la mitad.
  • Hay muchas cosas que no quedan claras.
  • La idea de hacer una especie de metacuento de hadas es frustrante.
  • Que toda la historia esté contada desde la voz de Gretel es chocante.
  • La inocencia de Hansel lo hace parecer por momentos más un papanatas que un niño puro.
  • El discurso de un feminismo blandengue y atravesado por el capitalismo es muy evidente.
  • Se huele la culpa de Hollywood a kilómetros.
Veredicto

Al final,  pareciera que, en Gretel and Hansel, estamos viendo una película muy larga donde el clímax no termina por llegar y, cuando estamos en el desenlace, entendemos que la solución final está mal ejecutada y sales de la sala pensando en que bien pudiste verla en otra parte. 

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