Morgan es una película que trata de mezclar la ciencia ficción con otros géneros como el terror y la acción, pero demuestra que los experimentos no siempre salen como uno quiere.

Cuando vimos el trailer, nos emocionamos. Se trataba de una película de sci-fi de terror que combinaba a un elenco joven de moda (Kate Mara, Anya Taylor-Joy, Rose Leslie) con uno veterano que no nos podría decepcionar (Jennifer Jason Leigh, Michelle Yeoh, Paul Giamatti, Toby Jones). La mezcla era perfecta. Todos metidos en una casa-laboratorio en medio de un bosque espeso que prometía violencia, sangre y suspenso. Además, debo confesar que ver a Anya Taylor-Joy dejando de ser Tomassin, su personaje en The Witch, para convertirse en un biohíbrido sanguinario me entusiasmaba muchísimo. Y si a todo esto sumamos que la película la produjo Ridley Scott, director de Alien y Blade Runner, parecía que nada podía salir mal.

La premisa resultaba muy tentadora: una especialista en medir riesgos empresariales (Kate Mara) es enviada a un laboratorio para evaluar la viabilidad de una nueva forma de vida tras un accidente en las instalaciones. Morgan (Anya Taylor-Joy), el biohíbrido construido a partir de nanotecnología y ADN, es una especie que se desarrolla más rápido que cualquier ser humano. A los cinco años de haberse creado, ya es toda una adolescente que por momentos parece saber mucho del mundo y por otros no tiene idea de nada y se comporta más como un animal berrinchudo en cautiverio.

¿Dónde quedó el terror?

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Al parecer el planteamiento de la película pretendía ser es el mismo que ha asolado al hombre como pensador egocéntrico frente al universo: ¿somos capaces de ser pequeños dioses para infundir el aliento divino a un ser inanimado? Y es que desde tiempos inmemoriales hemos sentido que podemos crear vida. Pensemos en aquella aventura que llevó al Rabbi Judah Loew (Judah Loew ben Bezalel) a defender el gueto de Praga de los ataques antisemitas en el siglo XVI, creando a la mítica y terrible criatura echa de arcilla y barro conocida como el Golem.

Esta trama ha servido de referencia para un sinfín de libros posteriores, películas y cómics. Morgan no es la excepción. Sin embargo, como toda gran historia, conocemos la anécdota como si se tratara de una tradición oral que se transmite de generación en generación. Lo mismo pasa con argumentos como los del Quijote o la Odisea y, mucho más para acá, con Tolkien o Star Wars. Es decir, muchas veces sabemos de qué va, pero no sabemos bien a bien de qué se tratan.

Pero, aunque parece pretenderlo todo el tiempo, el filme nos queda bastante alejado del pensamiento del siglo XIX y la idea de Frankenstein o el divino Prometeo, la novela de Mary Shalley que  transmitía la necesidad de recuperar el paraíso perdido a través de la vida en la naturaleza. En aquel entonces,  lo importante era, después de todo, entender que la ciencia, signo de progreso y la religión, señal de anquilosamiento filosófico, estaban unidas por un hilo conductor común: explicarse el mundo para poder crearlo.

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Uno siente que está ante una película de largo aliento donde la trama se irá complicando a niveles estructurales que exigirán lo mejor del género.

Pero una vez que Lee conoce a Morgan, se percibe una tensión que ya no sabemos si es sexual o de otro carácter. Morgan se comporta con astucia, todos la aman porque contribuyeron a su creación, pero, obviamente Lee (cuya personalidad es fría y calculadora, “demasiado calculadora”) intuye que algo está mal después de entrevistarse con todos los miembros de la casa (acto que por cierto nos va revelando la película en un santiamén y ya sabes, evidentemente, qué va a pasar al final). Luego de una hora, sabemos que Morgan tiene un fin específico, que la monstruosidad está en la voluntad humana por jugar con fuego y quemarse, que las grandes corporaciones nos van a dominar antes que las máquinas, que los sueños de libertad se transfiguran en paisajes límpidos en medio de un riachuelo y que la única forma de ser feliz es que todo se vaya al carajo.

Entonces lo sabemos, Morgan era como la creatura del Dr. Frankenstein, afectuosa y buena pero la desgracia la transformó en un demonio. “Hazme nuevamente feliz y volveré a ser virtuoso”, le reclama el moderno Prometeo a su creador en la novela de Mary Shelley, mientras que Morgan en cautiverio pide a la desequilibrada doctora Amy Menser (Leslie Rose): “cuéntame cómo es el lago”. Y entonces uno siente que está ante una película de largo aliento donde la trama se irá complicando a niveles estructurales que exigirán lo mejor del género. Sin embargo, la película se va volviendo compleja a niveles que nada tienen que ver con la misma trama.

Por ejemplo, existe un énfasis innecesario en denominar a Morgan como “ello” o “esa cosa”, tratando de deshumanizar lo que en sí mismo tiene forma y comportamientos humanos, como un intento por dejar claro que seguimos siendo una especie diferente y superior, cuando, lo que uno esperaría es que el monstruo gestara su personalidad macabra a partir de las complejidades propias del pensamiento humano. Lo que debería invitar a preguntarnos por lo menos –y dentro de los terrenos más comunes y amables–, ¿es inherente el mal en el ser humano o el ser humano se hace malvado de acuerdo a sus circunstancias?, ¿podría por lo tanto un biohíbrido ser malvado por su entorno o está, de antemano prediseñado para la destrucción? Lo que por ende nos haría pensar: ¿podría una máquina cambiar de parecer?, ¿cuál es hálito divino que infunde la vida en este caso? Pero lo cierto es que nada de esto pasa o pasa a medias o no termina nunca de pasar.

El guión, el verdadero híbrido

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El guión no es lo suficientemente fuerte para hacer de Morgan un verdadero personaje de terror. Es decir, tal vez el más grave error sea que desde el principio nos cuentan todo, en menos de diez minutos ya sabemos que antes de Morgan hubo en Helsinki una masacre generada por otro biohíbrido, que son experimentos sumamente violentos pagados por una gran multinacional. La verdad, no hay que poner todos los esfuerzos del comprender de inmediato de que se trata el asunto, sobre todo si pensamos que es lo que más le gusta construir a las empresas norteamericanas en las películas.

En este sentido, podemos considerar que el romanticismo más ramplón, aquel que exigía atmósferas oscuras como reflejo del alma, una belleza pálida que infundiera terror, lo monstruoso como metáfora del espíritu humano y una historia de tintes bucólicos donde el amor sólo encontrara su victoria en la muerte, se encuentran en la base de este guión.

Lo que parecía un filme de ciencia ficción y terror que indagaba en conflictos éticos (o al menos pretendía hacerlo), de a poco se vuelve una película de acción frenética que concluye en cursilería inminente en menos de 20 minutos. Por eso decía que el filme mantiene un cariz romántico, más que actual. El monstruo y su fracaso, el monstruo frente al mundo, el mito de medusa invertido (tras la belleza, subyace la fealdad). Es como leer una y otra vez la misma historia trillada en la frase de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”, monstruos que se llaman Morgan y aquí no me refiero al personaje sino al filme. El monstruo se llama Morgan y es una película que deja mucho que desear.

Lo que parecía un filme de ciencia ficción y terror que indagaba en conflictos éticos (o al menos pretendía hacerlo), de a poco se vuelve una película de acción frenética que concluye en cursilería inminente en menos de 20 minutos.
Lo que parecía un filme de ciencia ficción y terror que indagaba en conflictos éticos. se vuelve una película de acción frenética que concluye en cursilería inminente.

Lo bueno
  • La ambientación es bastante buena y nos sitúa en una atmósfera adecuada para que la historia se desarrolle.
  • Las actuaciones son bastante convincentes.
  • El planteamiento es interesante.
Lo malo
  • Se pierde el foco de la trama a medida que avanza.
  • Es cursi.
  • El maquillaje de Morgan es ridículo por momentos (sobre todo cuando tiene como una especie de sombra plateada alrededor de los ojos).
  • Puede resultar cansada.
  • Es pretenciosa.
  • Se pierde en forma y fondo.
  • Todo es un cliché.
Veredicto

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Morgan es una película que trata de avanzar en la creación de personajes artificiales, y si bien la idea de crear ADN y alimentarlo con nanotecnología es interesante, el resultado se queda corto frente a otros androides como Ava de Ex-Machina y la película termina por volverse un thriller de acción que poco deja a nuestra imaginación. Para el espectador, el final de la cinta es menos sorprendente que otras partes del filme, como ese momento en el que descubrimos que Morgan es una maestra en artes marciales y sabe utilizar armas con una excelente puntería. La recomiendo sólo si no tienes nada más que ver o acabas de salir de la oficina y la única opción compatible con tu horario es esa. También podrías esperar a que llegue a algún servicio de streaming. Si eres fanático de la ciencia ficción, sí la tienes que ver obligatoriamente, pero tampoco hay prisa.

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Título: Morgan.

Duración: 92 min.

Director: Luke Scott.

Elenco: Kate Mara, Anya Taylor-Joy, Rose Leslie, Michael Yare, Toby Jones, Boyd Holbrook.

País: Estados Unidos.

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