Macabro-Festival-Film-Festival-2019-Why-Don’t-You-Just-Die-Papa-sdokhni-Reseña-Pelicula-Film, Ciudad de México, 28 de agosto 2019

Why Don’t You Just Die? es una delirante comedia negra de acción que, entre litros sangre, guarda un romántico secreto.

Kirill Sokolov tenía 27 años y estudiaba una maestría en física cuando se dio cuenta de que tenía un peculiar talento: era bueno grabando videos de comedia negra paródica. Después de filmar algunos cortos de amor a Tarantino y a los westerns de los italianos, Sokolov decidió tomarse en serio la idea de ser cineasta, ingresó a una escuela de cine en Moscú y se tituló con el corto The Flame. Ahora, su primer largometraje llega a México en la edición XVIII del Festival Macabro y es algo verdaderamente sorprendente.

Why Don’t You Just Die? empieza con un timbre y la promesa de sangre: Matvey, armado de un martillo, toca a la puerta de Andrey Gennadievitch, un veterano policía corrupto y golpeador. Matvey es el novio de Olya, la hija de Andrey y está ahí para matar al detective. Olya lo convenció de que Andrey la había violado de niña y él, impulsivo y violento, toma cartas en el asunto. Pero la cosa se complica y Andrey muestra no ser una víctima dócil. Con constantes flashbacks y giros en la trama, Sokolov nos va contando la historia de una tragedia con una bolsa de dinero al centro: mentiras, violencia, viejas rencillas y resentimientos se acumulan para llegar al más delirante standoff que he visto en años.

Por supuesto, toda esta trama nos hace pensar en Tarantino y sus westerns contenidos en una habitación (Reservoir Dogs y The Hateful Eight en particular), nos hacen pensar en el descarnado Sam Peckinpah y en el grandilocuente Sergio Leone, nos hacen pensar en la violencia cruda de Park Chan-Wook y en la edición maniaca de las dos primeras películas de Guy Ritchie (las únicas de ese director venido a menos que, en mi opinión, merecen todas las alabanzas). Sin embargo, a pesar de la fuerza de las influencias en esta cinta, Sokolov logra adueñarse de medios ajenos para hacer algo muy propio.

Con un cuidadísimo diseño de producción y una verdadera locura en la postproducción de audio, Sokolov retrata toda la violencia de una sociedad que no se habla. La claustrofobia del departamento en que transcurre toda la película contrasta con los movimientos de cámara que atraviesan paredes. Todo parece, aquí, al mismo tiempo público y privado. De la misma manera, vemos cómo se rompen los huesos, cómo regresa la memoria física, como está acondicionado el cuerpo de los que se desgarran frente a nuestros ojos. Sus intestinos están dispersos como un triste discurso de despedida; sus memorias se dispersan ante nuestros; su intimidad está desparramada como sangre en el piso de un matadero.

En este mundo en donde lo privado se vuelve público, la fragilidad de las mentiras es una promesa de violencia. Estos personajes se ocultan el uno del otro porque, aquí, todos se miran de reojo y toda revelación significa guerra. Por eso, los recursos que tienen estos personajes, encima del sentido común, son la mentira y el asesinato. Y toda la espiral de violencia que se desencadena aquí parte de la inmensa y generalizada desconfianza de todos con todos. A esto, se suma un contexto muy ruso de corrupción en la policía, de enorme disparidad de ingresos y de desesperación atolondrada frente a un juventud perdida entre deseos de Instagram y abrumadora apatía.

Sokolov utiliza el mismo recurso que utilizó Fede Álvarez en Don’t Breathe para un género diferente; hablo, claro, de la bolsa de dinero en medio de la pobreza. En la película del español, el dinero de una compensación revela la macabra separación de ingresos en Detroit; en la película del ruso, el dinero de la corrupción policial pudre las relaciones dentro de una familia. Y todo esto muestra la imposibilidad de ascenso social y la violencia que acompaña los sueños de progreso.

En la película de Sokolov, sin embargo, hay un rayo de esperanza en el personaje principal; ese Perceval moderno, vestido con una hoodie de Batman. Porque, en esta película, al menos, está la esperanza de un ser romántico que nunca persiguió el dinero, que nunca quiso otra cosa más que vengar a su amada. La representación de un caballero desconectado de este podrido mundo, capaz de engañar a la muerte, lleno de una vital sorna ante todo y ante todos, cambia el giro cínico de una película que retrata con desesperanza a la sociedad rusa. De pronto, a través del martirio de este joven, hay una esperanza más allá de la enajenación, más allá de la apatía, más allá de la corrupción y más allá de nuestra tan común violencia.

Lo bueno
  • La tremenda dirección de Sokolov.
  • Que las influencias no se comen su estilo.
  • El cuidado en la edición de sonido y el diseño de producción.
  • Los enormes efectos visuales.
  • La violencia coreográfica.
  • Las brutales actuaciones.
  • La visión que nunca se deja ser cínica.
  • La crítica áspera a la realidad corrupta de Rusia.
Lo malo
  • Que parece difícil que tenga distribución en México.
  • Que, de pronto, puede pegar demasiado cerca a sus influencias.
  • Que pocos la van a ver en estos lares.
  • Que el género de acción parece seguir muriendo en excepciones.
Veredicto

Why Don’t You Just Die? es un síntoma de desesperanza, un síntoma de influencias americanas en el cine ruso, un síntoma de una nostalgia generacional. Pero, también, es una película hecha con tremenda personalidad y con tremendo aplomo; una cinta que busca ir más allá de lo evidente y una cinta que, además, plantea un rayo de esperanza en el cinismo ambiente de nuestro mundo desgarrado. Con todo, esta película homenaje, formalmente intrigante, es una tierna representación de una esperanza romántica que no se vence entre violencia y luchas generacionales.

Título: Why Don’t You Just Die? (Papa, sdokhni)

Duración: 100 min.

Directora: Kirill Sokolov

Elenco: Aleksandr Kuznetsov, Vitaliy Khaev, Evgeniya Kregzhde, Michael Gor, Elena Shevchenko, Igor Grabuzov, Aleksandr Domogarov.

País: Rusia

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