En el Pozo es un brillante thriller que retrata los peligros de la masculinidad tóxica.

Como bien señaló el crítico Rafael Paz, En el Pozo recuerda La Caza de Carlos Saura: una locación aislada, cuatro personajes, tensiones que aumentan, la tragedia que puede palpar se. Aquí, por supuesto, no se abarcan los matices políticos complejos de la violencia en el bando franquista. Y, sin embargo, se percibe la misma tensión atascada de testosterona, el mismo peligro ante la humillación masculina, la necesidad de violencia entre machos, la rivalidad, la comprobación.

En el Pozo transcurre en una pequeña cantera abandonada a 10 kilómetros de la ciudad de provincia Sánchez en Uruguay. Éste es el interior y no hay gran cosa que hacer salvo venir a tomar unas cervezas, echar un asado, junto al ecosistema espontáneo que se generó en el pequeño lago artificial al centro de la cantera. Cuatro amigos se encuentran ahí: Alicia y su novio Bruno, un presuntuoso y consentido hombre de la capital y los hermanos Tincho y Tola. Alicia conoce a Tincho y a Tola desde que eran niños, los tres guardan recuerdos hermosos de la cantera, los tres se aprecian como hermanos.

Tincho también tiene una relación intermitente con Alicia que se reavivó cuando, en los últimos tiempos, ella vino a visitar a su abuelita convaleciente. Al principio de la cinta, incluso, vemos que Tincho y Alicia se escapan un momento para tener breves encuentros sexuales. La tensión entre los personajes está puesta: en medio de las birras y el chorizo y el agua, hay un triángulo amoroso entre Tincho, Alicia y Bruno y un alivio cómico con la levedad empática del amoroso Tola.

Los celulares sólo sirven para emergencias, el coche está lejos, los medios son limitados. Y, en ese ambiente, Tincho y Bruno empiezan a picarse las crestas. Los celos comienzan a subir y los dos pretendientes de Alicia se olvidan completamente de ella, de su elección o de su deseo, para confrontarse el uno con el otro. Así, se entablan pequeños juegos de poder y de violencia que aumentan, progresivamente, en intensidad. Un balón pateado, un carrete perdido, un empujón, se convierten pronto en el riesgo de que alguien acabe empalado, acuchillado o ahogado. Como se imaginarán, esto no termina nada bien.

La opera prima de los hermanos Bernardo y Rafael Antonaccio se cuece con templanza y paciencia. Se siente la tensión y se siente la tragedia inevitable, pero, como los protagonistas, todos pretendemos que todo puede seguir bien. Cuando, finalmente, Tola entra en shock después de pegarse en la cabeza, entendemos perfectamente su estado: todos queremos que continúe la tarde de domingo entre cerveza y costillares, que los personajes disfruten su día, regresen a casa y sean felices… pero eso ya es imposible.

La pelea al centro de En el Pozo no es, nada más, una pelea por celos. Ésta es, también, una pelea entre el centro y la periferia; entre el pedante que come sushi cada viernes en un exclusivo restaurante de la capital y los simpáticos campiranos que pescan con carrete; entre el tipo que habla de crueldad animal y los que asan un costillar sin ninguna vergüenza; entre el millennial exitoso que logró salir de su círculo y el otro, resentido, que se quedó atorado en la misma vida de siempre. Entre estas tensiones se concentra toda la toxicidad masculina de las dos puntas del triángulo amoroso: uno representa la estabilidad monetaria, moderna, elegante, hipsterilla; el otro representa la vivencia tosca, del origen, apegada al cuerpo y a la naturaleza. Razón contra fuerza, debilidad estratégica contra tosca resolución.

Aquí, como en la espectacular Burning de Lee Chang-dong, ninguna de estas masculinidades termina ganando, ninguna tiene primacía sobre la otra, ninguna es mejor. Los dos polos de esta confrontación son igual de tóxicos, igual de estúpidos, igual de lejanos de la persona amada y deseada. Porque a ninguno le importa ya Alicia, a nadie le importa el pobre de Tola y el mundo de dos depredadores se convierte en una esfera de dos hombres. Toda tragedia, para ser tragedia tiene que ser fatal y sentirse como tangente. La estupidez aquí es que la organización social que lleva a los espaldas plateadas a confrontarse, entre humanos, siempre puedo evitarse.

Lo bueno
  • Las enormes actuaciones.
  • La dirección paciente y confiada de los Antonaccio.
  • El balance entre lo entrañable y lo odioso.
  • La confrontación de centro periferia.
  • El guión dinámico.
  • La idea brillante.
Lo malo
  • Que no hay más thrillers independientes tan finos como éste.
  • Que no tenga distribución en México.
Veredicto

En el Pozo es un slow burner de enorme intensidad; una pequeña tragedia cotidiana entre tortugas y asados, buenas intenciones y celos; un triángulo amoroso fatal en una generación desesperada; una película absolutamente actual y esencialmente atemporal. Este retrato de la podrida toxicidad masculina es interesante porque no asume ningún lado y deja la mediocridad desbordarse en todo. En ese sentido, es una tragedia de lo cotidiano en la que los grandes héroes se convierten en pobres tipos que no supieron ir más lejos de su básica animalidad.

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